Un momento crucial en la Historia de la Escultura fue cuando muchos artistas, a comienzos del pasado siglo, empezaron a interesarse por la estructura del espacio, dejando a un lado la representación más o menos mimética del volumen. Ello supuso un cierto abandono de lo fenoménico (partir de las cualidades físicas del mundo corpóreo que proporcionan los sentidos) para entregarse a una investigación que les condujese a un entendimiento profundo y radical de la forma. De ahí se derivaron desarrollos plásticos totalmente autónomos con respecto de cualquier asunto externo; es lo que vendría a conocerse como abstracción.Inevitablemente, el hecho de que Arturo Berned (1966) emplee en sus títulos el concepto de ‘cabeza’, nos lleva a tratar de advertir cuanto de esa realidad hubiera en sus piezas. Pero, como ya dije con motivo de su anterior exposición en esta galería, la Fernández-Braso, tal denominación solo sirve al espectador para introducir alguna ‘tensión morfológica’ de índole referencial que, si bien pudiese resultar algo provechosa de entrada, no resuelve, ni explica –hermenéuticamente hablando– la complejidad de sus planteamientos. Nos encontramos ante formulaciones tridimensionales, extraordinariamente materializadas, cuya validez procede de su propia lógica constructiva y estructural, lo que las convierte en propuestas espaciales dignas de ocupar un lugar en el mundo sin mayores razones que su plausible constitución. Arturo Berned: ’18+6′ Galería Fernández-Braso. Madrid. C/ Villanueva, 30. Hasta el 21 de febrero. Tres estrellas.No quiero dejar de señalar el magnífico montaje de las esculturas a lo largo de las distintas salas, que componen un todo sumamente dinámico y muy acorde con su presumible proceso creativo. Un momento crucial en la Historia de la Escultura fue cuando muchos artistas, a comienzos del pasado siglo, empezaron a interesarse por la estructura del espacio, dejando a un lado la representación más o menos mimética del volumen. Ello supuso un cierto abandono de lo fenoménico (partir de las cualidades físicas del mundo corpóreo que proporcionan los sentidos) para entregarse a una investigación que les condujese a un entendimiento profundo y radical de la forma. De ahí se derivaron desarrollos plásticos totalmente autónomos con respecto de cualquier asunto externo; es lo que vendría a conocerse como abstracción.Inevitablemente, el hecho de que Arturo Berned (1966) emplee en sus títulos el concepto de ‘cabeza’, nos lleva a tratar de advertir cuanto de esa realidad hubiera en sus piezas. Pero, como ya dije con motivo de su anterior exposición en esta galería, la Fernández-Braso, tal denominación solo sirve al espectador para introducir alguna ‘tensión morfológica’ de índole referencial que, si bien pudiese resultar algo provechosa de entrada, no resuelve, ni explica –hermenéuticamente hablando– la complejidad de sus planteamientos. Nos encontramos ante formulaciones tridimensionales, extraordinariamente materializadas, cuya validez procede de su propia lógica constructiva y estructural, lo que las convierte en propuestas espaciales dignas de ocupar un lugar en el mundo sin mayores razones que su plausible constitución. Arturo Berned: ’18+6′ Galería Fernández-Braso. Madrid. C/ Villanueva, 30. Hasta el 21 de febrero. Tres estrellas.No quiero dejar de señalar el magnífico montaje de las esculturas a lo largo de las distintas salas, que componen un todo sumamente dinámico y muy acorde con su presumible proceso creativo.
ARTE
MADRID
Variaciones sobre un mismo tema, las ‘Cabezas’, son la base de la entrada del escultor en la galería Fernández-Braso y su recurso para ocupar con sapiencia el espacio
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