Crítica de ópera ‘Siegfried Autor Richard Wagner Intérpretes Clay Hilley (Siegfried), Wolfgang Ablinger-Sperrhacke (Mime), Michael Volle (El caminante), Elisabet Strid (Brünnhilde), Wolfgang Koch (Alberich), Falk Struckmann (Fafner), Anna Kissjudit (Erda), Lysa Menu (Pájaro del bosque), Orchestra dell’Accademia Nazionale di Santa Cecilia Director musical Daniel Harding Director de escena Vincent Hugue Lugar Auditorium Parco della Musica di Roma Fecha 24 de octubreEn 2026 se cumplen 150 años del estreno completo de ‘El anillo del nibelungo’ , que inauguró el Festspielhaus de Bayreuth. Desde entonces la interpretación íntegra de la ‘Tetralogía’ wagneriana, aunque se haga en temporadas consecutivas, ha sido una demostración de autoridad en cualquier teatro. En ese contexto, París tiene su gran cita en noviembre. La Ópera Bastille ofrecerá dos ciclos completos de la producción de Calixto Bieito, con Pablo Heras-Casado en la dirección musical y Andreas Schager como Siegfried. Tras su triunfal actuación en el último Festival de Bayreuth, con un ‘Rienzi’ poderosamente heroico y exigente, actúa este lunes en Madrid, en el Ciclo de Lied del CNDM. En Múnich, Tobias Kratzer completa su ciclo en la Bayerische Staatsoper. La producción llegará al Liceo en febrero de 2027 con Jonathan Nott en su debut operístico como nuevo director musical del teatro. También hay otros lugares, desde Milán a Viena, Zúrich o San Francisco.Desde el año pasado, Roma se ha unido al grupo con su propio ciclo. El impulso llegó desde la Academia Nacional de Santa Cecilia , que es una de las organizaciones musicales más antiguas del mundo y sede de la orquesta sinfónica de referencia en Italia. Surge como hecho singular en la capital romana, que no ha visto una producción teatral de la ‘Tetralogía’ desde 1961, y cuya única representación completa en la historia de la Academia se hizo entre 1988 y 1991, dirigida por Giuseppe Sinopoli, pero en formato de concierto. Al director, compositor y arqueólogo italiano se le dedica una pequeña pero sustanciosa exposición fotográfica en el vestíbulo de la sala Santa Cecilia del Parco della Musica, en la que se ahonda en la relación con la Academia y con Wagner. El actual ‘Anillo’ recupera el aspecto escénico que no tuvo aquel y mantiene el propósito de hacerlo en una sala de conciertos. Si Wagner quiso en Bayreuth que la orquesta fuera invisible, que se hundiera bajo el escenario en el llamado ‘foso místico’, en Roma hay una clara inversión de los términos con la orquesta a la vista, en el centro, y los cantantes actuando en un nivel superior. No es un mero accidente escénico, sino casi una tesis. La orquesta no comenta la acción desde la sombra, sino que la protagoniza, en una clara reivindicación del gran auditorio que el arquitecto Renzo Piano incluyó en el Parco della Musica, en cuya definición acústica asesoró el compositor Luciano Berio.Las representaciones comenzaron el año pasado con ‘La valquiria’, primera jornada de la ‘Tetralogía’, cuya ejecución fue calificada de ‘histórica’, y sigue en este con ‘Siegfried’ como inauguración de temporada. El prólogo de ‘El oro del Rin’ se reserva para el final según una lógica propia. En 2028, como clausura, la primera ópera funcionará como revelación final, como quien reconstruye la historia desde las ruinas y entiende los motivos: el robo del oro, la maldición y el pacto. Quizá no haya mejor forma de contar el ‘Anillo’ en una ciudad que ha visto caer hasta tres imperios, el romano, el de los Estados Pontificios y el colonial italiano en las décadas de 1930 y 1940. Esa es la opinión del director de escena, Vincent Huguet , que ahora da forma a ‘Siegfried’ y a su aprendizaje. La forja de la espada, la muerte del dragón Fafner y la conquista del Anillo marcan un camino de crecimiento, que culmina en el encuentro con Brünnhilde. Huguet lo ve en el Renacimiento, con el Palatino hundido y el Vaticano convertido en el centro católico, con el combate contra el dragón Fafner que evoca a San Jorge, el diálogo de Siegfried con el pájaro del bosque que remite a San Francisco y el ‘éxtasis’ de Brünnhilde que evoca a la ‘Santa Teresa’ de Bernini. El laberinto de columnas y criptas vaticanas se inscribe en el entramado de escaleras que el escenógrafo Pierre Yovanovitch ha construido apurando el espacio tras y por encima de la orquesta. La puesta en escena implica una dificultad añadida al obligar a los cantantes, en lo alto y lejos de los espectadores, a sobrepasar el muro sonoro de la orquesta, lo que en ocasiones dificulta el equilibrio con las voces. Los potentes símbolos visuales propuestos por Vincent Huguet tienen en ocasiones una sustancia más decorativa que significante. Aun así, adquiere una dimensión importante que Wotan/El caminante, el dios soberano, se convierta en un papa derrotado que deambula fuera del Vaticano. Más críptico es que Brünnhilde, dormida desde la Antigüedad, sea descubierta por Siegfried dentro de un sarcófago y aparezca en escena como monja. Aquí las interpretaciones quedan mucho más abiertas y, en el mejor de los casos, hablarían de la hija castigada de Wotan que encaja en el mundo eclesiástico como una religiosa, que traspasa lo divino y se convierte a la carnalidad de lo humano, y al ‘éxtasis’. El símbolo tiene un carácter estético en una producción que preserva con rigor los hechos relevantes del libreto original y salva con dignidad el capítulo más difícil de escenificar de toda la ‘Tetralogía’.Que todo ello se produzca en un espacio reconvertido a la escena implica un hecho fundamental: el director musical, Daniel Harding es, sin duda alguna, el gran hacedor de esta propuesta. Su versión ofrece precisión y método. La segunda sesión de las tres programadas fue demostración de facultades en el plano expresivo. En general, estuvo más orientada al crecimiento de la tensión discursiva, con un punto culminante en el siempre complejo y agotador final, que a la efervescencia del momento. Particularmente interesantes los ‘murmullos del bosque’, la cuidada escena de Erda y la grandeza con que se presentó el dúo final dicho con una intensidad contagiosa. La calidad y el color de la orquesta de la Academia, un conjunto realmente poderoso, bien patentes en el denso y corto preludio del tercer acto, aseguraron el carácter sinfónico de una versión sobresaliente para alguien que hace aquí su primera aproximación al título.El bajo-barítono Michael Volle está en el centro de las miradas. Su Caminante tiene claridad y precisión. Tras su más apurada interpretación en el Festival de Bayreuth de este verano, llega a Roma con la voz fresca y homogénea, con una ancha capacidad declamatoria y la serenidad de todo un veterano. Su presencia es uno de los activos de esta producción, que reúne un reparto sólidamente armado. La frescura y resistencia de Clay Hilley, como Siegfried, dibujan un héroe impetuoso y ágil, lo que significa resolver uno de los papeles más ambiciosos para tenor dramático jamás escritos por Wagner con una solvencia formidable. Su salto a la fama en Bayreuth 2022 en una sustitución de urgencia en ‘El ocaso de los dioses’ no fue ni mucho menos un hecho casual, como se demuestra en Roma. Wolfgang Ablinger-Sperrhacke propone un Mime grotesco sin caer en la caricatura, de timbre afilado y notable presencia escénica, algo valioso en una producción en la que el gesto actoral es el talón de Aquiles. Wolfgang Ablinger-Sperrhacke en el papel de Mime, durante el ensayo general. ANSC/MUSAPoderoso el bajo Falk Struckmann como Fafner, en línea con la voz espesa y muy redonda de la mezzo húngara Anna Kissjudit, quien debutó el papel de Erda con Thielemann en Berlín hace cuatro años. Más inestable fue la actuación de Elisabet Strid quien propuso una Brünnhilde de voz clara, en menoscabo del peso del papel, y un irregular desarrollo en los registros. Wolfgang Koch como Alberich y Lysa Menu en el papel del pájaro del bosque redondean el solvente reparto.La Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia tendrá una presencia destacada en España en los próximos meses. Concluidos los conciertos romanos, Harding y la orquesta salen de gira europea comenzando en París y acabando en Viena. Entre medias hay dos paradas españolas: en el Palau de la Música de Barcelona el 1 de diciembre y en el Auditorio Nacional de Madrid, dentro del ciclo de La Filarmónica, el día 2. En ambos conciertos actuará el pianista Kirill Gerstein con el primer concierto para piano de Chaikovski, completado con la cuarta sinfonía de Brahms. El verano de 2027 será más intenso porque la Academia viajará con la orquesta y el coro. Tras presentarse en algunos de los principales festivales europeos actuará en la Quincena de San Sebastián , el 23 y 24 de agosto, y en el Festival de Santander , el 25 y el 26. Alternará la interpretación de la sexta sinfonía de Mahler y la ‘Messa da Requiem’ de Verdi, que incluirá la presencia del tenor donostiarra Xabier Anduaga. Queda en marcha otro cambio importante pues desde la temporada 2027-2028 Daniel Harding simultaneará la dirección musical de la Academia con la Filarmónica de Los Ángeles, donde sucederá a Gustavo Dudamel , que acaba de incorporarse como director en la Filarmónica de Nueva York, con la que se presentó hace poco en España. Crítica de ópera ‘Siegfried Autor Richard Wagner Intérpretes Clay Hilley (Siegfried), Wolfgang Ablinger-Sperrhacke (Mime), Michael Volle (El caminante), Elisabet Strid (Brünnhilde), Wolfgang Koch (Alberich), Falk Struckmann (Fafner), Anna Kissjudit (Erda), Lysa Menu (Pájaro del bosque), Orchestra dell’Accademia Nazionale di Santa Cecilia Director musical Daniel Harding Director de escena Vincent Hugue Lugar Auditorium Parco della Musica di Roma Fecha 24 de octubreEn 2026 se cumplen 150 años del estreno completo de ‘El anillo del nibelungo’ , que inauguró el Festspielhaus de Bayreuth. Desde entonces la interpretación íntegra de la ‘Tetralogía’ wagneriana, aunque se haga en temporadas consecutivas, ha sido una demostración de autoridad en cualquier teatro. En ese contexto, París tiene su gran cita en noviembre. La Ópera Bastille ofrecerá dos ciclos completos de la producción de Calixto Bieito, con Pablo Heras-Casado en la dirección musical y Andreas Schager como Siegfried. Tras su triunfal actuación en el último Festival de Bayreuth, con un ‘Rienzi’ poderosamente heroico y exigente, actúa este lunes en Madrid, en el Ciclo de Lied del CNDM. En Múnich, Tobias Kratzer completa su ciclo en la Bayerische Staatsoper. La producción llegará al Liceo en febrero de 2027 con Jonathan Nott en su debut operístico como nuevo director musical del teatro. También hay otros lugares, desde Milán a Viena, Zúrich o San Francisco.Desde el año pasado, Roma se ha unido al grupo con su propio ciclo. El impulso llegó desde la Academia Nacional de Santa Cecilia , que es una de las organizaciones musicales más antiguas del mundo y sede de la orquesta sinfónica de referencia en Italia. Surge como hecho singular en la capital romana, que no ha visto una producción teatral de la ‘Tetralogía’ desde 1961, y cuya única representación completa en la historia de la Academia se hizo entre 1988 y 1991, dirigida por Giuseppe Sinopoli, pero en formato de concierto. Al director, compositor y arqueólogo italiano se le dedica una pequeña pero sustanciosa exposición fotográfica en el vestíbulo de la sala Santa Cecilia del Parco della Musica, en la que se ahonda en la relación con la Academia y con Wagner. El actual ‘Anillo’ recupera el aspecto escénico que no tuvo aquel y mantiene el propósito de hacerlo en una sala de conciertos. Si Wagner quiso en Bayreuth que la orquesta fuera invisible, que se hundiera bajo el escenario en el llamado ‘foso místico’, en Roma hay una clara inversión de los términos con la orquesta a la vista, en el centro, y los cantantes actuando en un nivel superior. No es un mero accidente escénico, sino casi una tesis. La orquesta no comenta la acción desde la sombra, sino que la protagoniza, en una clara reivindicación del gran auditorio que el arquitecto Renzo Piano incluyó en el Parco della Musica, en cuya definición acústica asesoró el compositor Luciano Berio.Las representaciones comenzaron el año pasado con ‘La valquiria’, primera jornada de la ‘Tetralogía’, cuya ejecución fue calificada de ‘histórica’, y sigue en este con ‘Siegfried’ como inauguración de temporada. El prólogo de ‘El oro del Rin’ se reserva para el final según una lógica propia. En 2028, como clausura, la primera ópera funcionará como revelación final, como quien reconstruye la historia desde las ruinas y entiende los motivos: el robo del oro, la maldición y el pacto. Quizá no haya mejor forma de contar el ‘Anillo’ en una ciudad que ha visto caer hasta tres imperios, el romano, el de los Estados Pontificios y el colonial italiano en las décadas de 1930 y 1940. Esa es la opinión del director de escena, Vincent Huguet , que ahora da forma a ‘Siegfried’ y a su aprendizaje. La forja de la espada, la muerte del dragón Fafner y la conquista del Anillo marcan un camino de crecimiento, que culmina en el encuentro con Brünnhilde. Huguet lo ve en el Renacimiento, con el Palatino hundido y el Vaticano convertido en el centro católico, con el combate contra el dragón Fafner que evoca a San Jorge, el diálogo de Siegfried con el pájaro del bosque que remite a San Francisco y el ‘éxtasis’ de Brünnhilde que evoca a la ‘Santa Teresa’ de Bernini. El laberinto de columnas y criptas vaticanas se inscribe en el entramado de escaleras que el escenógrafo Pierre Yovanovitch ha construido apurando el espacio tras y por encima de la orquesta. La puesta en escena implica una dificultad añadida al obligar a los cantantes, en lo alto y lejos de los espectadores, a sobrepasar el muro sonoro de la orquesta, lo que en ocasiones dificulta el equilibrio con las voces. Los potentes símbolos visuales propuestos por Vincent Huguet tienen en ocasiones una sustancia más decorativa que significante. Aun así, adquiere una dimensión importante que Wotan/El caminante, el dios soberano, se convierta en un papa derrotado que deambula fuera del Vaticano. Más críptico es que Brünnhilde, dormida desde la Antigüedad, sea descubierta por Siegfried dentro de un sarcófago y aparezca en escena como monja. Aquí las interpretaciones quedan mucho más abiertas y, en el mejor de los casos, hablarían de la hija castigada de Wotan que encaja en el mundo eclesiástico como una religiosa, que traspasa lo divino y se convierte a la carnalidad de lo humano, y al ‘éxtasis’. El símbolo tiene un carácter estético en una producción que preserva con rigor los hechos relevantes del libreto original y salva con dignidad el capítulo más difícil de escenificar de toda la ‘Tetralogía’.Que todo ello se produzca en un espacio reconvertido a la escena implica un hecho fundamental: el director musical, Daniel Harding es, sin duda alguna, el gran hacedor de esta propuesta. Su versión ofrece precisión y método. La segunda sesión de las tres programadas fue demostración de facultades en el plano expresivo. En general, estuvo más orientada al crecimiento de la tensión discursiva, con un punto culminante en el siempre complejo y agotador final, que a la efervescencia del momento. Particularmente interesantes los ‘murmullos del bosque’, la cuidada escena de Erda y la grandeza con que se presentó el dúo final dicho con una intensidad contagiosa. La calidad y el color de la orquesta de la Academia, un conjunto realmente poderoso, bien patentes en el denso y corto preludio del tercer acto, aseguraron el carácter sinfónico de una versión sobresaliente para alguien que hace aquí su primera aproximación al título.El bajo-barítono Michael Volle está en el centro de las miradas. Su Caminante tiene claridad y precisión. Tras su más apurada interpretación en el Festival de Bayreuth de este verano, llega a Roma con la voz fresca y homogénea, con una ancha capacidad declamatoria y la serenidad de todo un veterano. Su presencia es uno de los activos de esta producción, que reúne un reparto sólidamente armado. La frescura y resistencia de Clay Hilley, como Siegfried, dibujan un héroe impetuoso y ágil, lo que significa resolver uno de los papeles más ambiciosos para tenor dramático jamás escritos por Wagner con una solvencia formidable. Su salto a la fama en Bayreuth 2022 en una sustitución de urgencia en ‘El ocaso de los dioses’ no fue ni mucho menos un hecho casual, como se demuestra en Roma. Wolfgang Ablinger-Sperrhacke propone un Mime grotesco sin caer en la caricatura, de timbre afilado y notable presencia escénica, algo valioso en una producción en la que el gesto actoral es el talón de Aquiles. Wolfgang Ablinger-Sperrhacke en el papel de Mime, durante el ensayo general. ANSC/MUSAPoderoso el bajo Falk Struckmann como Fafner, en línea con la voz espesa y muy redonda de la mezzo húngara Anna Kissjudit, quien debutó el papel de Erda con Thielemann en Berlín hace cuatro años. Más inestable fue la actuación de Elisabet Strid quien propuso una Brünnhilde de voz clara, en menoscabo del peso del papel, y un irregular desarrollo en los registros. Wolfgang Koch como Alberich y Lysa Menu en el papel del pájaro del bosque redondean el solvente reparto.La Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia tendrá una presencia destacada en España en los próximos meses. Concluidos los conciertos romanos, Harding y la orquesta salen de gira europea comenzando en París y acabando en Viena. Entre medias hay dos paradas españolas: en el Palau de la Música de Barcelona el 1 de diciembre y en el Auditorio Nacional de Madrid, dentro del ciclo de La Filarmónica, el día 2. En ambos conciertos actuará el pianista Kirill Gerstein con el primer concierto para piano de Chaikovski, completado con la cuarta sinfonía de Brahms. El verano de 2027 será más intenso porque la Academia viajará con la orquesta y el coro. Tras presentarse en algunos de los principales festivales europeos actuará en la Quincena de San Sebastián , el 23 y 24 de agosto, y en el Festival de Santander , el 25 y el 26. Alternará la interpretación de la sexta sinfonía de Mahler y la ‘Messa da Requiem’ de Verdi, que incluirá la presencia del tenor donostiarra Xabier Anduaga. Queda en marcha otro cambio importante pues desde la temporada 2027-2028 Daniel Harding simultaneará la dirección musical de la Academia con la Filarmónica de Los Ángeles, donde sucederá a Gustavo Dudamel , que acaba de incorporarse como director en la Filarmónica de Nueva York, con la que se presentó hace poco en España.
En 2026 se cumplen 150 años del estreno completo de ‘El anillo del nibelungo’, que inauguró el Festspielhaus de Bayreuth. Desde entonces la interpretación íntegra de la ‘Tetralogía’ wagneriana, aunque se haga en temporadas consecutivas, ha sido una demostración de autoridad en cualquier teatro. … En ese contexto, París tiene su gran cita en noviembre. La Ópera Bastille ofrecerá dos ciclos completos de la producción de Calixto Bieito, con Pablo Heras-Casado en la dirección musical y Andreas Schager como Siegfried. Tras su triunfal actuación en el último Festival de Bayreuth, con un ‘Rienzi’ poderosamente heroico y exigente, actúa este lunes en Madrid, en el Ciclo de Lied del CNDM. En Múnich, Tobias Kratzer completa su ciclo en la Bayerische Staatsoper. La producción llegará al Liceo en febrero de 2027 con Jonathan Nott en su debut operístico como nuevo director musical del teatro. También hay otros lugares, desde Milán a Viena, Zúrich o San Francisco.
Desde el año pasado, Roma se ha unido al grupo con su propio ciclo. El impulso llegó desde la Academia Nacional de Santa Cecilia, que es una de las organizaciones musicales más antiguas del mundo y sede de la orquesta sinfónica de referencia en Italia. Surge como hecho singular en la capital romana, que no ha visto una producción teatral de la ‘Tetralogía’ desde 1961, y cuya única representación completa en la historia de la Academia se hizo entre 1988 y 1991, dirigida por Giuseppe Sinopoli, pero en formato de concierto. Al director, compositor y arqueólogo italiano se le dedica una pequeña pero sustanciosa exposición fotográfica en el vestíbulo de la sala Santa Cecilia del Parco della Musica, en la que se ahonda en la relación con la Academia y con Wagner.
El actual ‘Anillo’ recupera el aspecto escénico que no tuvo aquel y mantiene el propósito de hacerlo en una sala de conciertos. Si Wagner quiso en Bayreuth que la orquesta fuera invisible, que se hundiera bajo el escenario en el llamado ‘foso místico’, en Roma hay una clara inversión de los términos con la orquesta a la vista, en el centro, y los cantantes actuando en un nivel superior. No es un mero accidente escénico, sino casi una tesis. La orquesta no comenta la acción desde la sombra, sino que la protagoniza, en una clara reivindicación del gran auditorio que el arquitecto Renzo Piano incluyó en el Parco della Musica, en cuya definición acústica asesoró el compositor Luciano Berio.
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Las representaciones comenzaron el año pasado con ‘La valquiria’, primera jornada de la ‘Tetralogía’, cuya ejecución fue calificada de ‘histórica’, y sigue en este con ‘Siegfried’ como inauguración de temporada. El prólogo de ‘El oro del Rin’ se reserva para el final según una lógica propia. En 2028, como clausura, la primera ópera funcionará como revelación final, como quien reconstruye la historia desde las ruinas y entiende los motivos: el robo del oro, la maldición y el pacto. Quizá no haya mejor forma de contar el ‘Anillo’ en una ciudad que ha visto caer hasta tres imperios, el romano, el de los Estados Pontificios y el colonial italiano en las décadas de 1930 y 1940. Esa es la opinión del director de escena, Vincent Huguet, que ahora da forma a ‘Siegfried’ y a su aprendizaje. La forja de la espada, la muerte del dragón Fafner y la conquista del Anillo marcan un camino de crecimiento, que culmina en el encuentro con Brünnhilde.
Huguet lo ve en el Renacimiento, con el Palatino hundido y el Vaticano convertido en el centro católico, con el combate contra el dragón Fafner que evoca a San Jorge, el diálogo de Siegfried con el pájaro del bosque que remite a San Francisco y el ‘éxtasis’ de Brünnhilde que evoca a la ‘Santa Teresa’ de Bernini. El laberinto de columnas y criptas vaticanas se inscribe en el entramado de escaleras que el escenógrafo Pierre Yovanovitch ha construido apurando el espacio tras y por encima de la orquesta.
La puesta en escena implica una dificultad añadida al obligar a los cantantes, en lo alto y lejos de los espectadores, a sobrepasar el muro sonoro de la orquesta, lo que en ocasiones dificulta el equilibrio con las voces. Los potentes símbolos visuales propuestos por Vincent Huguet tienen en ocasiones una sustancia más decorativa que significante. Aun así, adquiere una dimensión importante que Wotan/El caminante, el dios soberano, se convierta en un papa derrotado que deambula fuera del Vaticano. Más críptico es que Brünnhilde, dormida desde la Antigüedad, sea descubierta por Siegfried dentro de un sarcófago y aparezca en escena como monja. Aquí las interpretaciones quedan mucho más abiertas y, en el mejor de los casos, hablarían de la hija castigada de Wotan que encaja en el mundo eclesiástico como una religiosa, que traspasa lo divino y se convierte a la carnalidad de lo humano, y al ‘éxtasis’. El símbolo tiene un carácter estético en una producción que preserva con rigor los hechos relevantes del libreto original y salva con dignidad el capítulo más difícil de escenificar de toda la ‘Tetralogía’.
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Que todo ello se produzca en un espacio reconvertido a la escena implica un hecho fundamental: el director musical, Daniel Harding es, sin duda alguna, el gran hacedor de esta propuesta. Su versión ofrece precisión y método. La segunda sesión de las tres programadas fue demostración de facultades en el plano expresivo. En general, estuvo más orientada al crecimiento de la tensión discursiva, con un punto culminante en el siempre complejo y agotador final, que a la efervescencia del momento. Particularmente interesantes los ‘murmullos del bosque’, la cuidada escena de Erda y la grandeza con que se presentó el dúo final dicho con una intensidad contagiosa. La calidad y el color de la orquesta de la Academia, un conjunto realmente poderoso, bien patentes en el denso y corto preludio del tercer acto, aseguraron el carácter sinfónico de una versión sobresaliente para alguien que hace aquí su primera aproximación al título.
El bajo-barítono Michael Volle está en el centro de las miradas. Su Caminante tiene claridad y precisión. Tras su más apurada interpretación en el Festival de Bayreuth de este verano, llega a Roma con la voz fresca y homogénea, con una ancha capacidad declamatoria y la serenidad de todo un veterano. Su presencia es uno de los activos de esta producción, que reúne un reparto sólidamente armado. La frescura y resistencia de Clay Hilley, como Siegfried, dibujan un héroe impetuoso y ágil, lo que significa resolver uno de los papeles más ambiciosos para tenor dramático jamás escritos por Wagner con una solvencia formidable. Su salto a la fama en Bayreuth 2022 en una sustitución de urgencia en ‘El ocaso de los dioses’ no fue ni mucho menos un hecho casual, como se demuestra en Roma. Wolfgang Ablinger-Sperrhacke propone un Mime grotesco sin caer en la caricatura, de timbre afilado y notable presencia escénica, algo valioso en una producción en la que el gesto actoral es el talón de Aquiles.
(ANSC/MUSA)
Poderoso el bajo Falk Struckmann como Fafner, en línea con la voz espesa y muy redonda de la mezzo húngara Anna Kissjudit, quien debutó el papel de Erda con Thielemann en Berlín hace cuatro años. Más inestable fue la actuación de Elisabet Strid quien propuso una Brünnhilde de voz clara, en menoscabo del peso del papel, y un irregular desarrollo en los registros. Wolfgang Koch como Alberich y Lysa Menu en el papel del pájaro del bosque redondean el solvente reparto.
La Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia tendrá una presencia destacada en España en los próximos meses. Concluidos los conciertos romanos, Harding y la orquesta salen de gira europea comenzando en París y acabando en Viena. Entre medias hay dos paradas españolas: en el Palau de la Música de Barcelona el 1 de diciembre y en el Auditorio Nacional de Madrid, dentro del ciclo de La Filarmónica, el día 2. En ambos conciertos actuará el pianista Kirill Gerstein con el primer concierto para piano de Chaikovski, completado con la cuarta sinfonía de Brahms.
El verano de 2027 será más intenso porque la Academia viajará con la orquesta y el coro. Tras presentarse en algunos de los principales festivales europeos actuará en la Quincena de San Sebastián, el 23 y 24 de agosto, y en el Festival de Santander, el 25 y el 26. Alternará la interpretación de la sexta sinfonía de Mahler y la ‘Messa da Requiem’ de Verdi, que incluirá la presencia del tenor donostiarra Xabier Anduaga. Queda en marcha otro cambio importante pues desde la temporada 2027-2028 Daniel Harding simultaneará la dirección musical de la Academia con la Filarmónica de Los Ángeles, donde sucederá a Gustavo Dudamel, que acaba de incorporarse como director en la Filarmónica de Nueva York, con la que se presentó hace poco en España.
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