¿Es usted de los que sienten desazón cuando el viento comienza a soplar a finales de agosto, de los que ven las nubes en el horizonte como una negra amenaza que viene en la vida adulta, cargada de los miedos que no caben en una película de terror? Facturas médicas, una bajante atascada, y esa comida con “los del pádel”, una pandilla que no sabe de dónde ha salido pero que de algún modo le vigila y reclama. En las próximas dos semanas se estrenarán los platos fuertes de las cadenas generalistas —que Dios nos pille confesados—, siempre con la promesa de una revolución televisiva que, sintiéndolo mucho, ya no es posible. Nos quedan sorpresa, estupor, y rabia, los tres mimbres de la audiencia y la viralidad, que vienen a ser lo mismo.
Chimo Rovira mediaba como podía entre aquellas hienas a las que por otro lado he prestado más atención que a gente de mi familia
¿Es usted de los que sienten desazón cuando el viento comienza a soplar a finales de agosto, de los que ven las nubes en el horizonte como una negra amenaza que viene en la vida adulta, cargada de los miedos que no caben en una película de terror? Facturas médicas, una bajante atascada, y esa comida con “los del pádel”, una pandilla que no sabe de dónde ha salido pero que de algún modo le vigila y reclama. En las próximas dos semanas se estrenarán los platos fuertes de las cadenas generalistas —que Dios nos pille confesados—, siempre con la promesa de una revolución televisiva que, sintiéndolo mucho, ya no es posible. Nos quedan sorpresa, estupor, y rabia, los tres mimbres de la audiencia y la viralidad, que vienen a ser lo mismo.
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