Torrente hace en público muchas cosas que hacemos en privado y que nos gustaría hacer también en público, siendo frenados por la normal educación. Tirarse pedos, eructar, vomitar, llamar a las cosas por su nombre al margen de la ideología, no perder el tiempo en prolegómenos e ir al grano a la hora de ligar. Esto último lo hace muchísima gente con las apps de citas. Y, además, no nos reímos de Torrente, lo hacemos con él, y de nosotros las más de las veces. En el otro arco del pensamiento político tenemos a nuestro Torrente, a Pablo Iglesias, solo que nuestro comunista tiene a bien vivir de forma contraria a la que predica, casoplón y colegio privado para los hijos. Ahí, Torrente no engaña, incluso, en su formación política, cuando le afean que hay una foto de él con unas prostitutas, nuestro falso policía lo celebra. Torrente también es un ser corrupto en lo monetario, solo que lo admite con desparpajo; en la peli nada correcta habla en plata de chistorras, así que nuestro personaje siempre dice la verdad, la suya, lo que echamos de menos en nuestros políticos, que han convertido la mentira en su herramienta favorita. En todos nosotros habita, nos guste menos o nada, uno de los muchos Torrentes que Segura nos muestra con sobrada maestría, el zafio, el libidinoso, el machista y un largo etcétera. Eso engrandece al personaje y nos sirve de licuadora moral. Entonces, desde ahí, es una película necesaria. Torrente, en especial, despierta nuestro cariño como cualquier bufón, solo que aquí el bufón se convierte en el puto amo. Y también como si fuera un familiar que nos incomoda pero que siempre aparece para ayudarnos a resolver problemas. Nunca deja tirado a su extraña patulea de amigos vulnerables porque él, muy a su manera, es vulnerable, aunque no se reconozca, y eso lo hace más encantador. En la última película, los malos, muy malos, pertenecen al partido de ultraderecha Nox, trasunto del patrio, y son asesinos. Sin embargo ni nuestro Abascal ni el personaje Torrente han matado a nadie. Y Otegui sí, estaba siendo investigado por ello. No dejen de ver la película, se partirán el nardo que diría Torrente. Torrente hace en público muchas cosas que hacemos en privado y que nos gustaría hacer también en público, siendo frenados por la normal educación. Tirarse pedos, eructar, vomitar, llamar a las cosas por su nombre al margen de la ideología, no perder el tiempo en prolegómenos e ir al grano a la hora de ligar. Esto último lo hace muchísima gente con las apps de citas. Y, además, no nos reímos de Torrente, lo hacemos con él, y de nosotros las más de las veces. En el otro arco del pensamiento político tenemos a nuestro Torrente, a Pablo Iglesias, solo que nuestro comunista tiene a bien vivir de forma contraria a la que predica, casoplón y colegio privado para los hijos. Ahí, Torrente no engaña, incluso, en su formación política, cuando le afean que hay una foto de él con unas prostitutas, nuestro falso policía lo celebra. Torrente también es un ser corrupto en lo monetario, solo que lo admite con desparpajo; en la peli nada correcta habla en plata de chistorras, así que nuestro personaje siempre dice la verdad, la suya, lo que echamos de menos en nuestros políticos, que han convertido la mentira en su herramienta favorita. En todos nosotros habita, nos guste menos o nada, uno de los muchos Torrentes que Segura nos muestra con sobrada maestría, el zafio, el libidinoso, el machista y un largo etcétera. Eso engrandece al personaje y nos sirve de licuadora moral. Entonces, desde ahí, es una película necesaria. Torrente, en especial, despierta nuestro cariño como cualquier bufón, solo que aquí el bufón se convierte en el puto amo. Y también como si fuera un familiar que nos incomoda pero que siempre aparece para ayudarnos a resolver problemas. Nunca deja tirado a su extraña patulea de amigos vulnerables porque él, muy a su manera, es vulnerable, aunque no se reconozca, y eso lo hace más encantador. En la última película, los malos, muy malos, pertenecen al partido de ultraderecha Nox, trasunto del patrio, y son asesinos. Sin embargo ni nuestro Abascal ni el personaje Torrente han matado a nadie. Y Otegui sí, estaba siendo investigado por ello. No dejen de ver la película, se partirán el nardo que diría Torrente.
Torrente hace en público muchas cosas que hacemos en privado y que nos gustaría hacer también en público, siendo frenados por la normal educación. Tirarse pedos, eructar, vomitar, llamar a las cosas por su nombre al margen de la ideología, no perder el tiempo en … prolegómenos e ir al grano a la hora de ligar. Esto último lo hace muchísima gente con las apps de citas. Y, además, no nos reímos de Torrente, lo hacemos con él, y de nosotros las más de las veces.
En el otro arco del pensamiento político tenemos a nuestro Torrente, a Pablo Iglesias, solo que nuestro comunista tiene a bien vivir de forma contraria a la que predica, casoplón y colegio privado para los hijos. Ahí, Torrente no engaña, incluso, en su formación política, cuando le afean que hay una foto de él con unas prostitutas, nuestro falso policía lo celebra. Torrente también es un ser corrupto en lo monetario, solo que lo admite con desparpajo; en la peli nada correcta habla en plata de chistorras, así que nuestro personaje siempre dice la verdad, la suya, lo que echamos de menos en nuestros políticos, que han convertido la mentira en su herramienta favorita. En todos nosotros habita, nos guste menos o nada, uno de los muchos Torrentes que Segura nos muestra con sobrada maestría, el zafio, el libidinoso, el machista y un largo etcétera. Eso engrandece al personaje y nos sirve de licuadora moral. Entonces, desde ahí, es una película necesaria.
Torrente, en especial, despierta nuestro cariño como cualquier bufón, solo que aquí el bufón se convierte en el puto amo. Y también como si fuera un familiar que nos incomoda pero que siempre aparece para ayudarnos a resolver problemas. Nunca deja tirado a su extraña patulea de amigos vulnerables porque él, muy a su manera, es vulnerable, aunque no se reconozca, y eso lo hace más encantador. En la última película, los malos, muy malos, pertenecen al partido de ultraderecha Nox, trasunto del patrio, y son asesinos. Sin embargo ni nuestro Abascal ni el personaje Torrente han matado a nadie. Y Otegui sí, estaba siendo investigado por ello. No dejen de ver la película, se partirán el nardo que diría Torrente.
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