Crítica de teatro ‘Tres noches en Ítaca’ Texto Alberto Conejero Dirección María Goiricelaya Diseño de escenografía y vestuario Pablo Chaves Diseño de iluminación David Alcorta Diseño música original y espacio sonoro Luis Miguel Cobo Coreografía Alberto Ferrero Intérpretes Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde Lugar Nave 10 Matadero, Madrid 4Ítaca no es solo una isla griega; es un lugar que simboliza el hogar al que se desea volver. Ítaca, para Cavafis, representaba la meta que da sentido al viaje y no tanto el destino… No es, por tanto, gratuita la elección de esa pequeña isla con tan solo 120 kilómetros cuadrados de extensión como escenario del nuevo texto dramático de Alberto Conejero, que acaba de estrenarse en Nave 10 Matadero con dirección de María Goiricelaya.Alberto Conejero, una de las voces más firmes y poéticas de nuestra dramaturgia, tiene dos obsesiones conocidas (y reconocidas): Federico García Lorca y Grecia. La tierra de Sófocles, Platón, Aristófanes, Theodorakis o Cavafis es para el propio autor una Ítaca a la que vuelve con regularidad. Lo hace ‘Tres noches en Ítaca’, en el que tres hermanas viajan hasta la isla tras la repentina muerte de su madre, una profesora de griego que decidió un día romper con su vida y refugiarse en aquel lugar. La casa en la que vivió sus últimos años y en la que se reúnen sus tres hijas –una celebrada y estresada científica, una empresaria en horas bajas y una actriz fracasada y alcohólica– es un lugar físico, sí, pero es al mismo tiempo un lugar mental en el que se mezclan los recuerdos –la madre está inspirada en una profesora de griego que le dio clases al propio Conejero hace muchos años–, las ausencias, los silencios, las escuchas, los deseos cumplidos o por cumplir, las mentiras, las cuentas pendientes… Pero Ítaca es también el lugar al que se vuelve para recuperar el amor de una madre, para comprobar lo inquebrantables que pueden ser los lazos familiares, para descubrir la bondad y para ese concepto tan manoseado que es ‘reencontrarse a sí mismo’. Conejero reivindica el derecho a renacer, a decidir el camino a seguir por encima de conveniencias, costumbres o circunstancias vitales. La inevitable pátina poética, simbólica y reflexiva que tiene el texto de Conejero no impide que la obra tenga un latido contemporáneo, un color vivo. Hay mucha emoción, mucha ternura en un texto verdaderamente hermoso con un final reconfortante, optimista y un tanto ‘tramposo’, al que el autor pone rúbrica con los versos del poema ‘Ítaca’, del mencionado Cavafis: «Ten siempre a Ítaca en la mente. / Llegar allí es tu destino./ Pero sin prisa alguna en el viaje» (lujosamente recitados por Julieta Serrano). El autor tiene un espléndido cómplice en la magnífica e inteligente puesta en escena de María Goiricelaya –enmarcada en la preciosa e inspiradora escenografía de Pablo Chaves–. La directora vasca es consciente de la belleza del texto y hace decir a las actrices los textos de las acotaciones, lo que le otorga a la función un poso de hondura; al tiempo, sabe manejar el metrónomo y la temperatura del escenario para lograr un espectáculo lleno de humor y sabiduría, a la que ponen la guinda las tres extraordinarias actrices, Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde, que dan el color exacto a sus personajes. Crítica de teatro ‘Tres noches en Ítaca’ Texto Alberto Conejero Dirección María Goiricelaya Diseño de escenografía y vestuario Pablo Chaves Diseño de iluminación David Alcorta Diseño música original y espacio sonoro Luis Miguel Cobo Coreografía Alberto Ferrero Intérpretes Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde Lugar Nave 10 Matadero, Madrid 4Ítaca no es solo una isla griega; es un lugar que simboliza el hogar al que se desea volver. Ítaca, para Cavafis, representaba la meta que da sentido al viaje y no tanto el destino… No es, por tanto, gratuita la elección de esa pequeña isla con tan solo 120 kilómetros cuadrados de extensión como escenario del nuevo texto dramático de Alberto Conejero, que acaba de estrenarse en Nave 10 Matadero con dirección de María Goiricelaya.Alberto Conejero, una de las voces más firmes y poéticas de nuestra dramaturgia, tiene dos obsesiones conocidas (y reconocidas): Federico García Lorca y Grecia. La tierra de Sófocles, Platón, Aristófanes, Theodorakis o Cavafis es para el propio autor una Ítaca a la que vuelve con regularidad. Lo hace ‘Tres noches en Ítaca’, en el que tres hermanas viajan hasta la isla tras la repentina muerte de su madre, una profesora de griego que decidió un día romper con su vida y refugiarse en aquel lugar. La casa en la que vivió sus últimos años y en la que se reúnen sus tres hijas –una celebrada y estresada científica, una empresaria en horas bajas y una actriz fracasada y alcohólica– es un lugar físico, sí, pero es al mismo tiempo un lugar mental en el que se mezclan los recuerdos –la madre está inspirada en una profesora de griego que le dio clases al propio Conejero hace muchos años–, las ausencias, los silencios, las escuchas, los deseos cumplidos o por cumplir, las mentiras, las cuentas pendientes… Pero Ítaca es también el lugar al que se vuelve para recuperar el amor de una madre, para comprobar lo inquebrantables que pueden ser los lazos familiares, para descubrir la bondad y para ese concepto tan manoseado que es ‘reencontrarse a sí mismo’. Conejero reivindica el derecho a renacer, a decidir el camino a seguir por encima de conveniencias, costumbres o circunstancias vitales. La inevitable pátina poética, simbólica y reflexiva que tiene el texto de Conejero no impide que la obra tenga un latido contemporáneo, un color vivo. Hay mucha emoción, mucha ternura en un texto verdaderamente hermoso con un final reconfortante, optimista y un tanto ‘tramposo’, al que el autor pone rúbrica con los versos del poema ‘Ítaca’, del mencionado Cavafis: «Ten siempre a Ítaca en la mente. / Llegar allí es tu destino./ Pero sin prisa alguna en el viaje» (lujosamente recitados por Julieta Serrano). El autor tiene un espléndido cómplice en la magnífica e inteligente puesta en escena de María Goiricelaya –enmarcada en la preciosa e inspiradora escenografía de Pablo Chaves–. La directora vasca es consciente de la belleza del texto y hace decir a las actrices los textos de las acotaciones, lo que le otorga a la función un poso de hondura; al tiempo, sabe manejar el metrónomo y la temperatura del escenario para lograr un espectáculo lleno de humor y sabiduría, a la que ponen la guinda las tres extraordinarias actrices, Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde, que dan el color exacto a sus personajes.
Crítica de teatro
Alberto Conejero estrena en Nave 10 su nuevo texto, en una función dirigida por María Goiricelaya e interpretada por Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde
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