Tomando como premisa la palabra exceso, del latín excesus (pasado de la raya), el periodista y escritor Luis de León Barga se ha aventurado a analizar el término a través de personajes que hicieron de la inadaptación virtud. El propio autor ha sido de alguna manera cómplice en su condición de clásico de las madrileñas noches del bar Cock, hasta el punto de que Juan Carlos Fresnadillo lo escogió como extra, por su imponente físico y elegancia, para su película sobre la noche y los juegos de azar Intacto.
Tomando como premisa la palabra exceso, del latín excesus (pasado de la raya), el periodista y escritor Luis de León Barga se ha aventurado a analizar el término a través de personajes que hicieron de la inadaptación virtud. El propio autor ha sido de alguna manera cómplice en su condición de clásico de las madrileñas noches del bar Cock, hasta el punto de que Juan Carlos Fresnadillo lo escogió como extra, por su imponente físico y elegancia, para su película sobre la noche y los juegos de azar Intacto. Seguir leyendo
Tomando como premisa la palabra exceso, del latín excesus (pasado de la raya), el periodista y escritor Luis de León Barga se ha aventurado a analizar el término a través de personajes que hicieron de la inadaptación virtud. El propio autor ha sido de alguna manera cómplice en su condición de clásico de las madrileñas noches del bar Cock, hasta el punto de que Juan Carlos Fresnadillo lo escogió como extra, por su imponente físico y elegancia, para su película sobre la noche y los juegos de azar Intacto.
En esta época esplendorosa para lo políticamente correcto, cuando prevalecen las dietas y los cuidados, resulta placentero leer estas semblanzas sobre personalidades laterales, lúcidas y, en algunos casos, avanzadas a su tiempo, que vinieron a demostrar que si se tienen los genes adecuados el cuerpo aguanta lo que le echen.
Manejando una considerable bibliografía, De León Barga explica cómo en los últimos cien años la transgresión ha sido motor evolutivo del pensamiento y de las liberaciones sexuales y políticas. Cada momento ha tenido sus excesos y sus desobediencias, pero el autor se centra en cinco nombres del siglo XX. Para empezar, Dorothy Wilde, escritora, traductora y figura del ambiente literario bohemio de París y Londres, además de sobrina de Oscar Wilde, de quien algo heredó. Sigue el autor el rastro de sus amantes, como Natalie Clifford-Barney, rica escritora y mecenas estadounidense, que la sostuvo económica y emocionalmente durante años. La relación fue igual de intensa que conflictiva, marcada por la dependencia, los celos y las adicciones de Dolly. Cuando conoció a Zelda y a Scott Fitzgerald, él se quedó asombrado de “la falta de prudencia” de Dolly, un dato que nos da la medida del personaje. Nunca logró consolidar una obra literaria y su talento quedó opacado por su vida personal. Murió en París, en la pobreza y prácticamente olvidada.
Continúa De Léon Barga con la delirante y novelesca vida de Timothy Leary, en una de las semblanzas más conseguidas del ensayo. La experiencia psicodélica de Leary en México probando, como aperitivo, diez píldoras de psilocibina, es un punto de partida excitante y sin retorno. El LSD que sintetizó Albert Hofmann en 1938 fue introducido por Leary en la cultura popular y académica en los años sesenta como herramienta para la exploración de la conciencia, la psicoterapia y la expansión espiritual. Desde Harvard impulsó estudios y el famoso Harvard Psilocybin Project, aunque acabó expulsado por su radicalidad. Su colección de amantes y su facilidad para saltar de una boda a otra y para escapar de las cárceles y las deudas convierten al Leary de León de Barga en un camaleónico personaje único cuyo lema “Encender, sintonizar y marcharse” cumplió a rajatabla. Vivió el verano del amor de 1967 en San Francisco, pero el suyo duró más que el del resto. El presidente Nixon lo definió como el hombre más peligroso de América.
La búsqueda de placer sexual desdeñando principios morales o causas de amor de Catherine Millet ocupan la tercera parte. La propia Millet lo contó en sus libros más conocidos: La vida sexual de Catherine M. y Amar a Lawrence. De adolescente, Catherine anotó en su diario una frase de Balzac que le acompañaría mucho tiempo, “Nada forja tanto un carácter como un disimulo constante dentro de la familia”. Vale la pena adentrarse en la evolución del primerizo libertinaje a los celos pasando por una sofisticada representación del exceso, pero aún más la devoción de Millet por las novelas de D. H Lawrence, autor de El amante de Lady Chatterley y Mujeres enamoradas.
Sigue la semblanza de Michel Foucault, filósofo y activista que, según el autor, apuntala la élite del pensamiento francés de la segunda mitad del siglo XX junto a Lacan, Barthes, Derrida y Deleuze. Alumno brillante del liceo Henry IV y de la Ecole Normale Superior, Foucault estudió y sobrepasó los límites eróticos influenciado por Bataille y siempre a escondidas, camuflando su orientación homosexual. Se retiró a dar clases en Upsala y acabó una de sus obras maestras, Historia de la locura en la época clásica. Seguidamente analizó el concepto de castigo, desde la tortura hasta el nacimiento de las cárceles modernas de mediados del XIX, y publicó otra de sus obras cumbres: Vigilar y castigar. Como tantos otros, se hizo maoísta (pasó así de criticar las cárceles a ensalzar la cárcel mayor). La vinculación del placer con el cuerpo ocupó un lugar destacado en su Teoría de la sexualidad. El exceso tuvo en su vida un componente intelectual, pues lo practicó y lo estudió a partes iguales. Murió de sida, sin decirlo, en 1984.
El capítulo “Mujeres en fuga” recuerda a figuras femeninas de la movida madrileña como Ana Curra, Blanca Sánchez, Patricia Godes, Mariví Ibarrola o Alaska. Y el ensayo concluye con la medida semblanza de Robert Mapplethorpe y sus inmersiones en los laberintos placenteros y tenebrosos del club Mineshaft, su amistad con Patti Smith y Lissa Lyon, su interesada relación con Sam Wagstaff y su delirante colección de ayudantes. Es una semblanza narrada con nervio y profundidad. La huida hacia adelante de un artista hipersensible y sutil que quiso matar al padre por la vía de los excesos.
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