Julián y Manuel González, los dos hermanos investigados por el crimen de Francisca Cadenas, que desapareció en 2017 a 50 metros de su casa, llegaron esta semana a Hornachos (Badajoz) para ayudar a las autoridades en la reconstrucción de los hechos. Los reporteros a pie de calle cuentan la noticia, destacan la rabia que destilan los vecinos del pueblo e insisten en algo sabido, lo buena persona que era la víctima, amable y querida por todos. Un detalle que explica quizá lo que sucede cuando Julián y Manuel enfilan por la calle Nueva dentro del furgón policial que los trae de la cárcel de Morón de la Frontera. Se escuchan gritos e insultos. “Asesinos”, los llaman, también “guarros”. “No han podido contenerse y han aporreado el vehículo”, narran las crónicas.
Qué dice de nosotros que el carácter, la profesión o la reputación de una víctima condicionen nuestra mirada sobre ella
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Julián y Manuel González, los dos hermanos investigados por el crimen de Francisca Cadenas, que desapareció en 2017 a 50 metros de su casa, llegaron esta semana a Hornachos (Badajoz) para ayudar a las autoridades en la reconstrucción de los hechos. Los reporteros a pie de calle cuentan la noticia, destacan la rabia que destilan los vecinos del pueblo e insisten en algo sabido, lo buena persona que era la víctima, amable y querida por todos. Un detalle que explica quizá lo que sucede cuando Julián y Manuel enfilan por la calle Nueva dentro del furgón policial que los trae de la cárcel de Morón de la Frontera. Se escuchan gritos e insultos. “Asesinos”, los llaman, también “guarros”. “No han podido contenerse y han aporreado el vehículo”, narran las crónicas.
Esta misma semana un hombre de 58 años resultó herido grave por las heridas producidas por un toro durante un encierro en la localidad madrileña de Navalcarnero. La mala suerte quiso que se resbalara de la talanquera a la que se había subido para protegerse y tuvo que ser operado en la misma enfermería de la plaza de toros. Los vecinos, también consternados, a preguntas de los periodistas, destacan la fatalidad del hecho y también la bonhomía del señor. Era uno de los suyos.
A veces, en la narración de los hechos se cuelan otros detalles interesantes. En la agresión a Rubén Rosón y Jorge Fernández en las fiestas patronales de San Mateo, en Oviedo, por parte de un grupo de fascistas, se dice que las víctimas son de izquierdas, y se repite que ambos son médicos. “No es que sean diferentes por ser médicos, pero llama la atención”, cuenta Cayo Lara, excoordinador general de Izquierda Unida, durante una intervención en TVE.
Sabedores del dolor de las familias y de las propias víctimas, y de que en este país ensalzamos muy bien a las víctimas, al menos durante un ratito, me surge una duda. ¿La formación académica o el carácter de uno, la huella que deja a su paso entre las vecinas, hace más doloroso el hecho? ¿Si en vez de aprobar el MIR tuvieran cualquier otro tipo de trabajo, unos cuantos escalones menos en esa cosa llamada prestigio, sería menos grave? ¿Nos llevamos menos las manos a la cabeza si los heridos fueran egocéntricos, directamente insoportables, o parásitos del sistema sin apenas años cotizados? ¿Mejor pobres, o escoria, que la gente de bien? Pregunto.
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