La fuente de mercurio que el Gobierno republicano presentó en el Pabellón de España en la Exposición Internacional de París en 1937 tiene una historia desconocida de la que brota el nombre del escultor Enrique Arévalo Cruz , asesinado en Madrid por las milicias gubernamentales en agosto de 1936. Fue el autor de la fuente de mercurio presentada en 1929 en la Exposición Internacional de Barcelona, la misma que el Gobierno republicano envió en 1937 a la capital francesa para el Pabellón de España y que finalmente reutilizó Alexander Calder para crear su obra. Una nueva herramienta digital de búsqueda en los archivos, vistik.es , me ha permitido encontrar y encajar una pieza desconocida en la historia del Pabellón de la República española en la Exposición Internacional de París de 1937. Una pieza que hace justicia, noventa años después, a un gran escultor madrileño, de trágico destino en la Guerra Civil, como el de uno de sus hijos. Su nombre aparece borrado de aquel pabellón legendario, pero su obra sirvió de base a una de las creaciones más célebres expuestas en él: la fuente de mercurio de Alexander Calder.Noticia relacionada reportaje No No El País Vasco y el ‘Guernica’: ¿una reclamación imposible? Jaime G. MoraEn el pabellón español, diseñado por los arquitectos Josep Lluís Sert y Luis Lacasa , se darían cita, desde su apertura en junio de 1937, el ‘Guernica’ de Picasso ; la escultura ‘El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella’, de Alberto Sánchez; ‘Payés catalán en la revolución’, de Joan Miró; y ‘La Montserrat’ de Julio González.La idea de instalar una fuente de mercurio no fue original del escultor norteamericano Alexander Calder. La idea partió del entonces presidente del consejo de administración de las Minas de Almadén y Arrayanes, Marino Saiz Sánchez , diputado socialista por Ciudad Real, que solicitó en marzo de 1937 al ministro de Hacienda, Juan Negrín, que autorizara el envío al pabellón español en París de la fuente de mercurio que se había exhibido en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.150.000 francos«A toda costa y sin perder tiempo hay que organizar la presencia del mercurio de Almadén en el gran concurso de París», escribió Saiz Sánchez, revelando que la razón de esta presencia no era tanto artística como comercial, mientras el enclave minero se veía amenazado por las tropas de Franco. «Nuestros competidores italianos no estarán ausentes del certamen», aseguraba el presidente de Minas de Almadén a Negrín en un informe conservado en el Archivo Histórico Nacional. «Para ello –continuaba Saiz– se nos debe ceder un departamento del pabellón de España y con la ayuda o colaboración del Ministerio de Propaganda, debemos instalar la soberbia fuente de azogue que figuró en la exposición de Barcelona y que conservamos en Almadén en estado de perfecto funcionamiento».Informe del presidente Minas de Almadén, Marino Sáiz, al ministro de Hacienda, Juan Negrín, para el envío de la fuente a París. Retrato de Enrique Arévalo, cortesía del archivo familiar. ABC/ Archivo Histórico NacionalEl presidente de Minas de Almadén ofrecía organizar el transporte y montaje del surtidor en el pabellón español, para lo que contaba con una aportación de 150.000 francos que había concedido la Casa Roura & Forgas, concesionaria exclusiva para la venta mundial del mercurio de Almadén.El arquitecto Josep Lluís Sert recordaba en una entrevista a Manuel Vicent, en ‘El País’ del 31 de octubre de 1981, la llegada a París en un camión de la fuente de mercurio de 1929, aunque erróneamente señala que fue la de Sevilla, cuando en realidad era la de Barcelona:El mercurio era entonces un material estratégico, se utilizaba para baterías antiaéreas«Un día se recibió un telegrama del presidente Negrín en que se nos decía que por cuestiones de política internacional había que dar importancia a la posible ocupación de las minas de mercurio de Almadén por las tropas franquistas. El mercurio era entonces un material estratégico, se utilizaba para baterías antiaéreas. En España estaba la famosa fuente de mercurio de la exposición, en el parque de María Luisa, en Sevilla, que era de piedra artificial con una cascada de mineral mediante un sistema de bombeo. El mercurio es carísimo y pesadísimo. Se trasladó con un camión a París con la orden expresa de Negrín de que había que darle prioridad en el pabellón». El arquitecto confirmaba en la misma entrevista que el escultor norteamericano reutilizó para su obra el surtidor llegado de España: «Sobre esa fuente trabajó Calder. Realizó una cascada de mercurio con formas abstractas y las pintó con alquitrán para que resaltara el relumbre de plata. Bajaba el mercurio y movía una varilla con el nombre de Almadén. Todas las mañanas, por el mercurio pasábamos el plumero, la gente echaba monedas y flotaban».Planos y foto de la fuente de mercurio de la Expo de Barcelona de 1929 enviada en 1937 al Pabellón de España en París. Archivo Histórico de las Minas de Almadén y ArrayanesEl hecho desconocido hasta hoy es que las fuentes de mercurio presentadas en 1929, tanto en la Exposición Iberoamericana de Sevilla como en la Exposición Internacional de Barcelona, eran del mismo autor: el escultor Enrique Arévalo Cruz, discípulo de Mariano Benlliure , nacido en Madrid el 5 de marzo de 1875. Su padre, originario de Jaén, había establecido su negocio de escultura y mármol en Madrid en 1860. En el primer tercio del siglo XX, Arévalo Cruz fue un artista de renombre, con obras en las principales exposiciones nacionales y abundantes creaciones de estatuaria religiosa y funeraria, como el paso del ‘Beso de Judas’ de Cuenca, destruido en la contienda de 1936-1939.Distintos costesEl testimonio de su nieto Juan Antonio Arévalo Díaz de Quijano, así como la investigación sobre este escultor por parte de la Venerable Hermandad de El Prendimiento de Jesús de Cuenca, a través de María José Hortelano, confirman que en los años 20 y 30 del siglo pasado sólo existía en España la firma Arévalo de escultura en mármol.En febrero de 1929, la firma Arévalo fue contratada por la empresa Minas de Almadén y Arrayanes para crear las fuentes de mercurio exhibidas ese mismo año en las exposiciones de Sevilla y de Barcelona. En 1929 también se inauguró en el Hospital Militar de Carabanchel, actual ‘Gómez Ulla’, su monumento a los jefes y oficiales de Sanidad Militar caídos en la guerra de África.Las actas que se conservan en el Archivo Histórico de las Minas de Almadén y Arrayanes indican que sus fuentes de mercurio, fabricadas en mármol y piedra artificial, tuvieron distinto coste: 3.450 pesetas la de Sevilla y 13.200 la de Barcelona. Esta última, después de terminada la muestra en la Ciudad Condal en julio de 1930, fue embalada y enviada a la localidad minera.Ambas fuentes se convirtieron en grandes atracciones en sendas exposiciones, también en las sesiones inaugurales por los reyes Alfonso XIII y Victoria EugeniaAmbas fuentes se convirtieron en grandes atracciones en sendas exposiciones, también en las sesiones inaugurales por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. En Sevilla, las infantas Beatriz y Cristina, así como las princesas Margarita y Esperanza, llegaron a jugar con el mercurio metiendo sus manos en el estanque de la obra de Arévalo Cruz, según las crónicas de la época.Arévalo Cruz tenía su negocio de marmolista en la calle Concepción Jeronima 6, y poseía sus talleres en la calle Toledo 157. En el negocio le ayudaban sus dos hijos, Enrique y Carlos Arévalo Calvet. El segundo, también escultor, se dedicaría después de la contienda civil al cine, siendo el realizador de títulos tan célebres como ‘Rojo y negro’, sobre el amor en aquellos tiempos fratricidas, y ‘¡Harka!’. Curiosamente, la mujer de Carlos Arévalo, Rosalía Díaz de Quijano, era pariente de Josep Lluís Sert.Cuando llegó la fuente de mercurio de la firma Arévalo a París, el escultor llevaba muerto nueve meses. Arévalo Cruz fue detenido el 11 de agosto de 1936 en su tienda de Concepción Jerónima 6 por milicias leales al Gobierno republicano, según denunció su viuda, Ángeles Calvet Benito . Su cadáver se encontró días después en la carretera de Toledo. El escultor no estaba afiliado a ningún partido ni se le conocían afinidades políticas.Arévalo Cruz fue detenido en 1936 en su tienda de Concepción Jerónima 6 por milicias leales al Gobierno republicano. Su cadáver se encontró días después en la carretera de Toledo. El escultor no estaba afiliado a ningún partido ni se le conocían afinidades políticasUn miembro del Ateneo Libertario de los Barrios Bajos, en la calle de la Encomienda, señalaría como culpables del crimen a dos compañeros de esta checa de la CNT: el miliciano José Torrens, que luego murió por un bombardeo franquista en Barcelona, y un conductor con el nombre de Mariano.La suerte trágica del escultor la correría también su hijo Enrique Arévalo Calvet, fundador de la organización empresarial Bloque Patronal y que se dedicaba a la gestión de la empresa familiar. Fue encarcelado y procesado a finales de 1936 como desafecto al régimen republicano, pero resultó absuelto al demostrar que militaba en Unión Republicana. El 1 de abril de 1937, cuando se gestionaba por el Gobierno republicano el envío de la fuente de mercurio de su firma a París, Enrique Arévalo Calvet sería detenido de nuevo en su domicilio de Fuencarral 15 por tres individuos de paisano que dijeron ser agentes de policía.Su mujer, Margarita Martínez González, denunció su desaparición, lo que motivó la apertura de una causa judicial que fue archivada en octubre sin que fuera hallado el cuerpo ni identificados los autores del crimen. Alexander Calder, que acaba de llegar a París desde Nueva York, visitó en mayo de 1937 el pabellón español con su amigo Joan Miró. El escultor norteamericano se ofreció a colaborar en lo que fuera, como cuenta en su autobiografía, pero el arquitecto del pabellón, su también amigo Josep Lluís Sert, se opuso en principio porque no era español.«Pero más tarde, cuando recibió de Almadén una fuente de mercurio que parecía una simple fuente de agua potable, me llamó para que lo sacara del aprieto», relata Calder en sus memorias, confirmando la llegada a París de la obra de la firma Arévalo, tal y como había ordenado el ministro Juan Negrín.El surtidor de azogue de Calder se convirtió en una de las grandes atracciones del pabellón de la República en ParísNi Sert ni mucho menos Calder podían saber del asesinato en Madrid, a manos de milicias leales a la República, del propietario de la firma que había realizado la fuente de mercurio enviada a la capital francesa por el Gobierno republicano. Su rechazo para exhibirla se basó en criterios estéticos, pues su composición tradicional contrastaba con el sello de modernidad que se quiso imprimir a la participación española, empezando por el diseño del propio pabellón.Las imágenes de las fuentes de Arévalo y Calder hacen presumir que se conservó finalmente en la exposición de París el basamento circular del surtidor de 1929, que rodea el estanque y la obra del artista estadounidense. Asimismo, se mantendría el mismo sistema de canalización del mercurio, con una bomba y un depósito que se ubicaron en un armario debajo de una escalera.El surtidor de azogue de Calder se convirtió en una de las grandes atracciones del pabellón de la República en París, como lo habían sido los de Arévalo en Sevilla y Barcelona ocho años antes del asesinato por las milicias gubernamentales del escultor dueño de la firma madrileña.Los visitantes que disfrutaron de la fuente de mercurio del escultor norteamericano nunca pudieron imaginar que estaban también ante un símbolo del desgarro fratricida de España, como el ‘Guernica’ que se exponía a unos pocos metros de distancia, pues el autor de la fuente de azogue enviada originariamente para ser expuesta en París era una víctima de la represión en la retaguardia republicana.___Pedro Corral es autor de ‘Cómicos en guerra’ (La Esfera de los Libros) La fuente de mercurio que el Gobierno republicano presentó en el Pabellón de España en la Exposición Internacional de París en 1937 tiene una historia desconocida de la que brota el nombre del escultor Enrique Arévalo Cruz , asesinado en Madrid por las milicias gubernamentales en agosto de 1936. Fue el autor de la fuente de mercurio presentada en 1929 en la Exposición Internacional de Barcelona, la misma que el Gobierno republicano envió en 1937 a la capital francesa para el Pabellón de España y que finalmente reutilizó Alexander Calder para crear su obra. Una nueva herramienta digital de búsqueda en los archivos, vistik.es , me ha permitido encontrar y encajar una pieza desconocida en la historia del Pabellón de la República española en la Exposición Internacional de París de 1937. Una pieza que hace justicia, noventa años después, a un gran escultor madrileño, de trágico destino en la Guerra Civil, como el de uno de sus hijos. Su nombre aparece borrado de aquel pabellón legendario, pero su obra sirvió de base a una de las creaciones más célebres expuestas en él: la fuente de mercurio de Alexander Calder.Noticia relacionada reportaje No No El País Vasco y el ‘Guernica’: ¿una reclamación imposible? Jaime G. MoraEn el pabellón español, diseñado por los arquitectos Josep Lluís Sert y Luis Lacasa , se darían cita, desde su apertura en junio de 1937, el ‘Guernica’ de Picasso ; la escultura ‘El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella’, de Alberto Sánchez; ‘Payés catalán en la revolución’, de Joan Miró; y ‘La Montserrat’ de Julio González.La idea de instalar una fuente de mercurio no fue original del escultor norteamericano Alexander Calder. La idea partió del entonces presidente del consejo de administración de las Minas de Almadén y Arrayanes, Marino Saiz Sánchez , diputado socialista por Ciudad Real, que solicitó en marzo de 1937 al ministro de Hacienda, Juan Negrín, que autorizara el envío al pabellón español en París de la fuente de mercurio que se había exhibido en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.150.000 francos«A toda costa y sin perder tiempo hay que organizar la presencia del mercurio de Almadén en el gran concurso de París», escribió Saiz Sánchez, revelando que la razón de esta presencia no era tanto artística como comercial, mientras el enclave minero se veía amenazado por las tropas de Franco. «Nuestros competidores italianos no estarán ausentes del certamen», aseguraba el presidente de Minas de Almadén a Negrín en un informe conservado en el Archivo Histórico Nacional. «Para ello –continuaba Saiz– se nos debe ceder un departamento del pabellón de España y con la ayuda o colaboración del Ministerio de Propaganda, debemos instalar la soberbia fuente de azogue que figuró en la exposición de Barcelona y que conservamos en Almadén en estado de perfecto funcionamiento».Informe del presidente Minas de Almadén, Marino Sáiz, al ministro de Hacienda, Juan Negrín, para el envío de la fuente a París. Retrato de Enrique Arévalo, cortesía del archivo familiar. ABC/ Archivo Histórico NacionalEl presidente de Minas de Almadén ofrecía organizar el transporte y montaje del surtidor en el pabellón español, para lo que contaba con una aportación de 150.000 francos que había concedido la Casa Roura & Forgas, concesionaria exclusiva para la venta mundial del mercurio de Almadén.El arquitecto Josep Lluís Sert recordaba en una entrevista a Manuel Vicent, en ‘El País’ del 31 de octubre de 1981, la llegada a París en un camión de la fuente de mercurio de 1929, aunque erróneamente señala que fue la de Sevilla, cuando en realidad era la de Barcelona:El mercurio era entonces un material estratégico, se utilizaba para baterías antiaéreas«Un día se recibió un telegrama del presidente Negrín en que se nos decía que por cuestiones de política internacional había que dar importancia a la posible ocupación de las minas de mercurio de Almadén por las tropas franquistas. El mercurio era entonces un material estratégico, se utilizaba para baterías antiaéreas. En España estaba la famosa fuente de mercurio de la exposición, en el parque de María Luisa, en Sevilla, que era de piedra artificial con una cascada de mineral mediante un sistema de bombeo. El mercurio es carísimo y pesadísimo. Se trasladó con un camión a París con la orden expresa de Negrín de que había que darle prioridad en el pabellón». El arquitecto confirmaba en la misma entrevista que el escultor norteamericano reutilizó para su obra el surtidor llegado de España: «Sobre esa fuente trabajó Calder. Realizó una cascada de mercurio con formas abstractas y las pintó con alquitrán para que resaltara el relumbre de plata. Bajaba el mercurio y movía una varilla con el nombre de Almadén. Todas las mañanas, por el mercurio pasábamos el plumero, la gente echaba monedas y flotaban».Planos y foto de la fuente de mercurio de la Expo de Barcelona de 1929 enviada en 1937 al Pabellón de España en París. Archivo Histórico de las Minas de Almadén y ArrayanesEl hecho desconocido hasta hoy es que las fuentes de mercurio presentadas en 1929, tanto en la Exposición Iberoamericana de Sevilla como en la Exposición Internacional de Barcelona, eran del mismo autor: el escultor Enrique Arévalo Cruz, discípulo de Mariano Benlliure , nacido en Madrid el 5 de marzo de 1875. Su padre, originario de Jaén, había establecido su negocio de escultura y mármol en Madrid en 1860. En el primer tercio del siglo XX, Arévalo Cruz fue un artista de renombre, con obras en las principales exposiciones nacionales y abundantes creaciones de estatuaria religiosa y funeraria, como el paso del ‘Beso de Judas’ de Cuenca, destruido en la contienda de 1936-1939.Distintos costesEl testimonio de su nieto Juan Antonio Arévalo Díaz de Quijano, así como la investigación sobre este escultor por parte de la Venerable Hermandad de El Prendimiento de Jesús de Cuenca, a través de María José Hortelano, confirman que en los años 20 y 30 del siglo pasado sólo existía en España la firma Arévalo de escultura en mármol.En febrero de 1929, la firma Arévalo fue contratada por la empresa Minas de Almadén y Arrayanes para crear las fuentes de mercurio exhibidas ese mismo año en las exposiciones de Sevilla y de Barcelona. En 1929 también se inauguró en el Hospital Militar de Carabanchel, actual ‘Gómez Ulla’, su monumento a los jefes y oficiales de Sanidad Militar caídos en la guerra de África.Las actas que se conservan en el Archivo Histórico de las Minas de Almadén y Arrayanes indican que sus fuentes de mercurio, fabricadas en mármol y piedra artificial, tuvieron distinto coste: 3.450 pesetas la de Sevilla y 13.200 la de Barcelona. Esta última, después de terminada la muestra en la Ciudad Condal en julio de 1930, fue embalada y enviada a la localidad minera.Ambas fuentes se convirtieron en grandes atracciones en sendas exposiciones, también en las sesiones inaugurales por los reyes Alfonso XIII y Victoria EugeniaAmbas fuentes se convirtieron en grandes atracciones en sendas exposiciones, también en las sesiones inaugurales por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. En Sevilla, las infantas Beatriz y Cristina, así como las princesas Margarita y Esperanza, llegaron a jugar con el mercurio metiendo sus manos en el estanque de la obra de Arévalo Cruz, según las crónicas de la época.Arévalo Cruz tenía su negocio de marmolista en la calle Concepción Jeronima 6, y poseía sus talleres en la calle Toledo 157. En el negocio le ayudaban sus dos hijos, Enrique y Carlos Arévalo Calvet. El segundo, también escultor, se dedicaría después de la contienda civil al cine, siendo el realizador de títulos tan célebres como ‘Rojo y negro’, sobre el amor en aquellos tiempos fratricidas, y ‘¡Harka!’. Curiosamente, la mujer de Carlos Arévalo, Rosalía Díaz de Quijano, era pariente de Josep Lluís Sert.Cuando llegó la fuente de mercurio de la firma Arévalo a París, el escultor llevaba muerto nueve meses. Arévalo Cruz fue detenido el 11 de agosto de 1936 en su tienda de Concepción Jerónima 6 por milicias leales al Gobierno republicano, según denunció su viuda, Ángeles Calvet Benito . Su cadáver se encontró días después en la carretera de Toledo. El escultor no estaba afiliado a ningún partido ni se le conocían afinidades políticas.Arévalo Cruz fue detenido en 1936 en su tienda de Concepción Jerónima 6 por milicias leales al Gobierno republicano. Su cadáver se encontró días después en la carretera de Toledo. El escultor no estaba afiliado a ningún partido ni se le conocían afinidades políticasUn miembro del Ateneo Libertario de los Barrios Bajos, en la calle de la Encomienda, señalaría como culpables del crimen a dos compañeros de esta checa de la CNT: el miliciano José Torrens, que luego murió por un bombardeo franquista en Barcelona, y un conductor con el nombre de Mariano.La suerte trágica del escultor la correría también su hijo Enrique Arévalo Calvet, fundador de la organización empresarial Bloque Patronal y que se dedicaba a la gestión de la empresa familiar. Fue encarcelado y procesado a finales de 1936 como desafecto al régimen republicano, pero resultó absuelto al demostrar que militaba en Unión Republicana. El 1 de abril de 1937, cuando se gestionaba por el Gobierno republicano el envío de la fuente de mercurio de su firma a París, Enrique Arévalo Calvet sería detenido de nuevo en su domicilio de Fuencarral 15 por tres individuos de paisano que dijeron ser agentes de policía.Su mujer, Margarita Martínez González, denunció su desaparición, lo que motivó la apertura de una causa judicial que fue archivada en octubre sin que fuera hallado el cuerpo ni identificados los autores del crimen. Alexander Calder, que acaba de llegar a París desde Nueva York, visitó en mayo de 1937 el pabellón español con su amigo Joan Miró. El escultor norteamericano se ofreció a colaborar en lo que fuera, como cuenta en su autobiografía, pero el arquitecto del pabellón, su también amigo Josep Lluís Sert, se opuso en principio porque no era español.«Pero más tarde, cuando recibió de Almadén una fuente de mercurio que parecía una simple fuente de agua potable, me llamó para que lo sacara del aprieto», relata Calder en sus memorias, confirmando la llegada a París de la obra de la firma Arévalo, tal y como había ordenado el ministro Juan Negrín.El surtidor de azogue de Calder se convirtió en una de las grandes atracciones del pabellón de la República en ParísNi Sert ni mucho menos Calder podían saber del asesinato en Madrid, a manos de milicias leales a la República, del propietario de la firma que había realizado la fuente de mercurio enviada a la capital francesa por el Gobierno republicano. Su rechazo para exhibirla se basó en criterios estéticos, pues su composición tradicional contrastaba con el sello de modernidad que se quiso imprimir a la participación española, empezando por el diseño del propio pabellón.Las imágenes de las fuentes de Arévalo y Calder hacen presumir que se conservó finalmente en la exposición de París el basamento circular del surtidor de 1929, que rodea el estanque y la obra del artista estadounidense. Asimismo, se mantendría el mismo sistema de canalización del mercurio, con una bomba y un depósito que se ubicaron en un armario debajo de una escalera.El surtidor de azogue de Calder se convirtió en una de las grandes atracciones del pabellón de la República en París, como lo habían sido los de Arévalo en Sevilla y Barcelona ocho años antes del asesinato por las milicias gubernamentales del escultor dueño de la firma madrileña.Los visitantes que disfrutaron de la fuente de mercurio del escultor norteamericano nunca pudieron imaginar que estaban también ante un símbolo del desgarro fratricida de España, como el ‘Guernica’ que se exponía a unos pocos metros de distancia, pues el autor de la fuente de azogue enviada originariamente para ser expuesta en París era una víctima de la represión en la retaguardia republicana.___Pedro Corral es autor de ‘Cómicos en guerra’ (La Esfera de los Libros)
La fuente de mercurio que el Gobierno republicano presentó en el Pabellón de España en la Exposición Internacional de París en 1937 tiene una historia desconocida de la que brota el nombre del escultor Enrique Arévalo Cruz, asesinado en Madrid por las milicias gubernamentales … en agosto de 1936. Fue el autor de la fuente de mercurio presentada en 1929 en la Exposición Internacional de Barcelona, la misma que el Gobierno republicano envió en 1937 a la capital francesa para el Pabellón de España y que finalmente reutilizó Alexander Calder para crear su obra.
Una nueva herramienta digital de búsqueda en los archivos, vistik.es, me ha permitido encontrar y encajar una pieza desconocida en la historia del Pabellón de la República española en la Exposición Internacional de París de 1937.
Una pieza que hace justicia, noventa años después, a un gran escultor madrileño, de trágico destino en la Guerra Civil, como el de uno de sus hijos. Su nombre aparece borrado de aquel pabellón legendario, pero su obra sirvió de base a una de las creaciones más célebres expuestas en él: la fuente de mercurio de Alexander Calder.
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En el pabellón español, diseñado por los arquitectos Josep Lluís Sert y Luis Lacasa, se darían cita, desde su apertura en junio de 1937, el ‘Guernica’ de Picasso; la escultura ‘El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella’, de Alberto Sánchez; ‘Payés catalán en la revolución’, de Joan Miró; y ‘La Montserrat’ de Julio González.
La idea de instalar una fuente de mercurio no fue original del escultor norteamericano Alexander Calder. La idea partió del entonces presidente del consejo de administración de las Minas de Almadén y Arrayanes, Marino Saiz Sánchez, diputado socialista por Ciudad Real, que solicitó en marzo de 1937 al ministro de Hacienda, Juan Negrín, que autorizara el envío al pabellón español en París de la fuente de mercurio que se había exhibido en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.
150.000 francos
«A toda costa y sin perder tiempo hay que organizar la presencia del mercurio de Almadén en el gran concurso de París», escribió Saiz Sánchez, revelando que la razón de esta presencia no era tanto artística como comercial, mientras el enclave minero se veía amenazado por las tropas de Franco. «Nuestros competidores italianos no estarán ausentes del certamen», aseguraba el presidente de Minas de Almadén a Negrín en un informe conservado en el Archivo Histórico Nacional.
«Para ello –continuaba Saiz– se nos debe ceder un departamento del pabellón de España y con la ayuda o colaboración del Ministerio de Propaganda, debemos instalar la soberbia fuente de azogue que figuró en la exposición de Barcelona y que conservamos en Almadén en estado de perfecto funcionamiento».
(ABC/ Archivo Histórico Nacional)
El presidente de Minas de Almadén ofrecía organizar el transporte y montaje del surtidor en el pabellón español, para lo que contaba con una aportación de 150.000 francos que había concedido la Casa Roura & Forgas, concesionaria exclusiva para la venta mundial del mercurio de Almadén.
El arquitecto Josep Lluís Sert recordaba en una entrevista a Manuel Vicent, en ‘El País’ del 31 de octubre de 1981, la llegada a París en un camión de la fuente de mercurio de 1929, aunque erróneamente señala que fue la de Sevilla, cuando en realidad era la de Barcelona:
El mercurio era entonces un material estratégico, se utilizaba para baterías antiaéreas
«Un día se recibió un telegrama del presidente Negrín en que se nos decía que por cuestiones de política internacional había que dar importancia a la posible ocupación de las minas de mercurio de Almadén por las tropas franquistas. El mercurio era entonces un material estratégico, se utilizaba para baterías antiaéreas. En España estaba la famosa fuente de mercurio de la exposición, en el parque de María Luisa, en Sevilla, que era de piedra artificial con una cascada de mineral mediante un sistema de bombeo. El mercurio es carísimo y pesadísimo. Se trasladó con un camión a París con la orden expresa de Negrín de que había que darle prioridad en el pabellón».
El arquitecto confirmaba en la misma entrevista que el escultor norteamericano reutilizó para su obra el surtidor llegado de España:
«Sobre esa fuente trabajó Calder. Realizó una cascada de mercurio con formas abstractas y las pintó con alquitrán para que resaltara el relumbre de plata. Bajaba el mercurio y movía una varilla con el nombre de Almadén. Todas las mañanas, por el mercurio pasábamos el plumero, la gente echaba monedas y flotaban».
(Archivo Histórico de las Minas de Almadén y Arrayanes)
El hecho desconocido hasta hoy es que las fuentes de mercurio presentadas en 1929, tanto en la Exposición Iberoamericana de Sevilla como en la Exposición Internacional de Barcelona, eran del mismo autor: el escultor Enrique Arévalo Cruz, discípulo de Mariano Benlliure, nacido en Madrid el 5 de marzo de 1875. Su padre, originario de Jaén, había establecido su negocio de escultura y mármol en Madrid en 1860.
En el primer tercio del siglo XX, Arévalo Cruz fue un artista de renombre, con obras en las principales exposiciones nacionales y abundantes creaciones de estatuaria religiosa y funeraria, como el paso del ‘Beso de Judas’ de Cuenca, destruido en la contienda de 1936-1939.
Distintos costes
El testimonio de su nieto Juan Antonio Arévalo Díaz de Quijano, así como la investigación sobre este escultor por parte de la Venerable Hermandad de El Prendimiento de Jesús de Cuenca, a través de María José Hortelano, confirman que en los años 20 y 30 del siglo pasado sólo existía en España la firma Arévalo de escultura en mármol.
En febrero de 1929, la firma Arévalo fue contratada por la empresa Minas de Almadén y Arrayanes para crear las fuentes de mercurio exhibidas ese mismo año en las exposiciones de Sevilla y de Barcelona. En 1929 también se inauguró en el Hospital Militar de Carabanchel, actual ‘Gómez Ulla’, su monumento a los jefes y oficiales de Sanidad Militar caídos en la guerra de África.
Las actas que se conservan en el Archivo Histórico de las Minas de Almadén y Arrayanes indican que sus fuentes de mercurio, fabricadas en mármol y piedra artificial, tuvieron distinto coste: 3.450 pesetas la de Sevilla y 13.200 la de Barcelona. Esta última, después de terminada la muestra en la Ciudad Condal en julio de 1930, fue embalada y enviada a la localidad minera.
Ambas fuentes se convirtieron en grandes atracciones en sendas exposiciones, también en las sesiones inaugurales por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia
Ambas fuentes se convirtieron en grandes atracciones en sendas exposiciones, también en las sesiones inaugurales por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. En Sevilla, las infantas Beatriz y Cristina, así como las princesas Margarita y Esperanza, llegaron a jugar con el mercurio metiendo sus manos en el estanque de la obra de Arévalo Cruz, según las crónicas de la época.
Arévalo Cruz tenía su negocio de marmolista en la calle Concepción Jeronima 6, y poseía sus talleres en la calle Toledo 157. En el negocio le ayudaban sus dos hijos, Enrique y Carlos Arévalo Calvet. El segundo, también escultor, se dedicaría después de la contienda civil al cine, siendo el realizador de títulos tan célebres como ‘Rojo y negro’, sobre el amor en aquellos tiempos fratricidas, y ‘¡Harka!’. Curiosamente, la mujer de Carlos Arévalo, Rosalía Díaz de Quijano, era pariente de Josep Lluís Sert.
Cuando llegó la fuente de mercurio de la firma Arévalo a París, el escultor llevaba muerto nueve meses. Arévalo Cruz fue detenido el 11 de agosto de 1936 en su tienda de Concepción Jerónima 6 por milicias leales al Gobierno republicano, según denunció su viuda, Ángeles Calvet Benito. Su cadáver se encontró días después en la carretera de Toledo. El escultor no estaba afiliado a ningún partido ni se le conocían afinidades políticas.
Arévalo Cruz fue detenido en 1936 en su tienda de Concepción Jerónima 6 por milicias leales al Gobierno republicano. Su cadáver se encontró días después en la carretera de Toledo. El escultor no estaba afiliado a ningún partido ni se le conocían afinidades políticas
Un miembro del Ateneo Libertario de los Barrios Bajos, en la calle de la Encomienda, señalaría como culpables del crimen a dos compañeros de esta checa de la CNT: el miliciano José Torrens, que luego murió por un bombardeo franquista en Barcelona, y un conductor con el nombre de Mariano.
La suerte trágica del escultor la correría también su hijo Enrique Arévalo Calvet, fundador de la organización empresarial Bloque Patronal y que se dedicaba a la gestión de la empresa familiar. Fue encarcelado y procesado a finales de 1936 como desafecto al régimen republicano, pero resultó absuelto al demostrar que militaba en Unión Republicana.
El 1 de abril de 1937, cuando se gestionaba por el Gobierno republicano el envío de la fuente de mercurio de su firma a París, Enrique Arévalo Calvet sería detenido de nuevo en su domicilio de Fuencarral 15 por tres individuos de paisano que dijeron ser agentes de policía.
Su mujer, Margarita Martínez González, denunció su desaparición, lo que motivó la apertura de una causa judicial que fue archivada en octubre sin que fuera hallado el cuerpo ni identificados los autores del crimen.
Alexander Calder, que acaba de llegar a París desde Nueva York, visitó en mayo de 1937 el pabellón español con su amigo Joan Miró. El escultor norteamericano se ofreció a colaborar en lo que fuera, como cuenta en su autobiografía, pero el arquitecto del pabellón, su también amigo Josep Lluís Sert, se opuso en principio porque no era español.
«Pero más tarde, cuando recibió de Almadén una fuente de mercurio que parecía una simple fuente de agua potable, me llamó para que lo sacara del aprieto», relata Calder en sus memorias, confirmando la llegada a París de la obra de la firma Arévalo, tal y como había ordenado el ministro Juan Negrín.
El surtidor de azogue de Calder se convirtió en una de las grandes atracciones del pabellón de la República en París
Ni Sert ni mucho menos Calder podían saber del asesinato en Madrid, a manos de milicias leales a la República, del propietario de la firma que había realizado la fuente de mercurio enviada a la capital francesa por el Gobierno republicano. Su rechazo para exhibirla se basó en criterios estéticos, pues su composición tradicional contrastaba con el sello de modernidad que se quiso imprimir a la participación española, empezando por el diseño del propio pabellón.
Las imágenes de las fuentes de Arévalo y Calder hacen presumir que se conservó finalmente en la exposición de París el basamento circular del surtidor de 1929, que rodea el estanque y la obra del artista estadounidense. Asimismo, se mantendría el mismo sistema de canalización del mercurio, con una bomba y un depósito que se ubicaron en un armario debajo de una escalera.
El surtidor de azogue de Calder se convirtió en una de las grandes atracciones del pabellón de la República en París, como lo habían sido los de Arévalo en Sevilla y Barcelona ocho años antes del asesinato por las milicias gubernamentales del escultor dueño de la firma madrileña.
Los visitantes que disfrutaron de la fuente de mercurio del escultor norteamericano nunca pudieron imaginar que estaban también ante un símbolo del desgarro fratricida de España, como el ‘Guernica’ que se exponía a unos pocos metros de distancia, pues el autor de la fuente de azogue enviada originariamente para ser expuesta en París era una víctima de la represión en la retaguardia republicana.
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Pedro Corral es autor de ‘Cómicos en guerra’ (La Esfera de los Libros)
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