Me debatía entre un true crime y ‘La casa de los espíritus’ cuando ha saltado la sorpresa en las Gaunas: Zapatero era imputado por el caso Plus Ultra. Y, claro, he puesto inmediatamente el programa de Silvia Intxaurrondo en RTVE. Mientras a ella se le congelaba la sonrisa en directo, una subalterna informaba, con algo de retraso desde que lo sabíamos por la prensa escrita, de que el expresidente era imputado por tres delitos: tráfico de influencias, organización criminal y falsedad documental. En un ejercicio de neutralidad propio de un riguroso, neutral e independiente medio público, han conectado con la magistrada Victoria Rosell , que fue diputada por Podemos y que se ha apresurado a quitar importancia al proceso y poco menos que a afirmar, aun sin haber leído el auto, que esto no es más que otro de esos casos que «ya hemos visto en este país», una de las «persecuciones judiciales clásicas». Que el blanqueo de capitales, oigan, es eso de lo que se acusa cuando se quiere involucrar a alguien («ya el PP está pidiendo explicaciones en el Congreso y sus medios estarán replicando») y que es que aquí «primero se imputa y después se prueba». La todóloga Marta Nebot , desde la mesa de tertulia, tiraba de novio de Isabel Díaz Ayuso (empate) mientras insinuaba que la UCO se daba mucha prisa con las cosas progresistas y muy poquita con las de los malos de verdad. Enseguida ha sido evidente que la consigna hoy era situar el origen de la imputación en una querella de Manos Limpias. Como si toda la investigación posterior no hubiese arrojado pruebas o indicios suficientes para que se justifique tal actuación, como si un juez que hoy ve una entrevista en lo de Iker Jiménez mañana imputa a un progresista al azar. Javier García Vila trataba infructuosamente de defender la pulcritud de la justicia española mientras en la mesa hacían pucheros, entre la indignación y la ofensa. Lawfare. Y daba igual cuántas veces explicase Mateo Balín (otro al que no van a llamar más) que Manos Limpias lo que hizo fue incorporarse a una causa ya existente y que el foco ya estaba puesto en el rescate de Plus Ultra, que la experta global Marta Nebot no entraba en razones porque, en nombre de «mucha gente progresista» defendía que, como ella no entiende ciertas sentencias, no cree que la justicia sea igual para todos. Con un par. Seguí con Mañaneros 365, no crean, no tanto por voluntad propia sino porque uno solo se da cuenta de que el programa ha cambiado cuando en lugar de a Intxaurrondo ve a Javier Ruiz. Un Javier Ruiz tan hiperventilado que me ha preocupado mucho y por poco me pongo en contacto directamente con José Pablo López para asegurarme de que RTVE cuenta con desfibriladores suficientes y una uvi móvil activada. Por lo que pudiera pasar. Más sobrerrevolucionado y enfadado que de costumbre, que ya es, insistía hasta lo difícilmente parodiable en la falacia (otra vez, sí) de que todo parte de una querella de la ultraderecha con base en una entrevista de Aldama en el programa de Iker Jiménez, un artículo en un digital y el vídeo de un Youtuber. Y aquí no había un Balín que explicara por enésima vez cómo es la cosa en realidad, por si a alguien le interesase la verdad, pero sí un sociólogo desconocido que ponía la mano en el fuego por Zapatero y eso le parecía inapelable argumento de autoridad. También lo haría luego Jesús Caldera . Preguntarle a Caldera, exministro del propio Zapatero, si este es inocente es como preguntarle a mi madre si soy yo la más lista y la más guapa. Y así he echado la mañana, entre la estupefacción y el bochorno, preocupadísima por la salud de Javier Ruiz, al que todo le indigna. Todo excepto la desinformación cuando quien la extiende, inicua y desacomplejadamente, es él mismo y sus secuaces desde un medio público y con el dinero de todos. Me debatía entre un true crime y ‘La casa de los espíritus’ cuando ha saltado la sorpresa en las Gaunas: Zapatero era imputado por el caso Plus Ultra. Y, claro, he puesto inmediatamente el programa de Silvia Intxaurrondo en RTVE. Mientras a ella se le congelaba la sonrisa en directo, una subalterna informaba, con algo de retraso desde que lo sabíamos por la prensa escrita, de que el expresidente era imputado por tres delitos: tráfico de influencias, organización criminal y falsedad documental. En un ejercicio de neutralidad propio de un riguroso, neutral e independiente medio público, han conectado con la magistrada Victoria Rosell , que fue diputada por Podemos y que se ha apresurado a quitar importancia al proceso y poco menos que a afirmar, aun sin haber leído el auto, que esto no es más que otro de esos casos que «ya hemos visto en este país», una de las «persecuciones judiciales clásicas». Que el blanqueo de capitales, oigan, es eso de lo que se acusa cuando se quiere involucrar a alguien («ya el PP está pidiendo explicaciones en el Congreso y sus medios estarán replicando») y que es que aquí «primero se imputa y después se prueba». La todóloga Marta Nebot , desde la mesa de tertulia, tiraba de novio de Isabel Díaz Ayuso (empate) mientras insinuaba que la UCO se daba mucha prisa con las cosas progresistas y muy poquita con las de los malos de verdad. Enseguida ha sido evidente que la consigna hoy era situar el origen de la imputación en una querella de Manos Limpias. Como si toda la investigación posterior no hubiese arrojado pruebas o indicios suficientes para que se justifique tal actuación, como si un juez que hoy ve una entrevista en lo de Iker Jiménez mañana imputa a un progresista al azar. Javier García Vila trataba infructuosamente de defender la pulcritud de la justicia española mientras en la mesa hacían pucheros, entre la indignación y la ofensa. Lawfare. Y daba igual cuántas veces explicase Mateo Balín (otro al que no van a llamar más) que Manos Limpias lo que hizo fue incorporarse a una causa ya existente y que el foco ya estaba puesto en el rescate de Plus Ultra, que la experta global Marta Nebot no entraba en razones porque, en nombre de «mucha gente progresista» defendía que, como ella no entiende ciertas sentencias, no cree que la justicia sea igual para todos. Con un par. Seguí con Mañaneros 365, no crean, no tanto por voluntad propia sino porque uno solo se da cuenta de que el programa ha cambiado cuando en lugar de a Intxaurrondo ve a Javier Ruiz. Un Javier Ruiz tan hiperventilado que me ha preocupado mucho y por poco me pongo en contacto directamente con José Pablo López para asegurarme de que RTVE cuenta con desfibriladores suficientes y una uvi móvil activada. Por lo que pudiera pasar. Más sobrerrevolucionado y enfadado que de costumbre, que ya es, insistía hasta lo difícilmente parodiable en la falacia (otra vez, sí) de que todo parte de una querella de la ultraderecha con base en una entrevista de Aldama en el programa de Iker Jiménez, un artículo en un digital y el vídeo de un Youtuber. Y aquí no había un Balín que explicara por enésima vez cómo es la cosa en realidad, por si a alguien le interesase la verdad, pero sí un sociólogo desconocido que ponía la mano en el fuego por Zapatero y eso le parecía inapelable argumento de autoridad. También lo haría luego Jesús Caldera . Preguntarle a Caldera, exministro del propio Zapatero, si este es inocente es como preguntarle a mi madre si soy yo la más lista y la más guapa. Y así he echado la mañana, entre la estupefacción y el bochorno, preocupadísima por la salud de Javier Ruiz, al que todo le indigna. Todo excepto la desinformación cuando quien la extiende, inicua y desacomplejadamente, es él mismo y sus secuaces desde un medio público y con el dinero de todos.
Me debatía entre un true crime y ‘La casa de los espíritus’ cuando ha saltado la sorpresa en las Gaunas: Zapatero era imputado por el caso Plus Ultra. Y, claro, he puesto inmediatamente el programa de Silvia Intxaurrondo en RTVE. Mientras a ella se … le congelaba la sonrisa en directo, una subalterna informaba, con algo de retraso desde que lo sabíamos por la prensa escrita, de que el expresidente era imputado por tres delitos: tráfico de influencias, organización criminal y falsedad documental. En un ejercicio de neutralidad propio de un riguroso, neutral e independiente medio público, han conectado con la magistrada Victoria Rosell, que fue diputada por Podemos y que se ha apresurado a quitar importancia al proceso y poco menos que a afirmar, aun sin haber leído el auto, que esto no es más que otro de esos casos que «ya hemos visto en este país», una de las «persecuciones judiciales clásicas». Que el blanqueo de capitales, oigan, es eso de lo que se acusa cuando se quiere involucrar a alguien («ya el PP está pidiendo explicaciones en el Congreso y sus medios estarán replicando») y que es que aquí «primero se imputa y después se prueba».
La todóloga Marta Nebot, desde la mesa de tertulia, tiraba de novio de Isabel Díaz Ayuso (empate) mientras insinuaba que la UCO se daba mucha prisa con las cosas progresistas y muy poquita con las de los malos de verdad. Enseguida ha sido evidente que la consigna hoy era situar el origen de la imputación en una querella de Manos Limpias. Como si toda la investigación posterior no hubiese arrojado pruebas o indicios suficientes para que se justifique tal actuación, como si un juez que hoy ve una entrevista en lo de Iker Jiménez mañana imputa a un progresista al azar. Javier García Vila trataba infructuosamente de defender la pulcritud de la justicia española mientras en la mesa hacían pucheros, entre la indignación y la ofensa. Lawfare. Y daba igual cuántas veces explicase Mateo Balín (otro al que no van a llamar más) que Manos Limpias lo que hizo fue incorporarse a una causa ya existente y que el foco ya estaba puesto en el rescate de Plus Ultra, que la experta global Marta Nebot no entraba en razones porque, en nombre de «mucha gente progresista» defendía que, como ella no entiende ciertas sentencias, no cree que la justicia sea igual para todos. Con un par.
Seguí con Mañaneros 365, no crean, no tanto por voluntad propia sino porque uno solo se da cuenta de que el programa ha cambiado cuando en lugar de a Intxaurrondo ve a Javier Ruiz. Un Javier Ruiz tan hiperventilado que me ha preocupado mucho y por poco me pongo en contacto directamente con José Pablo López para asegurarme de que RTVE cuenta con desfibriladores suficientes y una uvi móvil activada. Por lo que pudiera pasar. Más sobrerrevolucionado y enfadado que de costumbre, que ya es, insistía hasta lo difícilmente parodiable en la falacia (otra vez, sí) de que todo parte de una querella de la ultraderecha con base en una entrevista de Aldama en el programa de Iker Jiménez, un artículo en un digital y el vídeo de un Youtuber. Y aquí no había un Balín que explicara por enésima vez cómo es la cosa en realidad, por si a alguien le interesase la verdad, pero sí un sociólogo desconocido que ponía la mano en el fuego por Zapatero y eso le parecía inapelable argumento de autoridad.
También lo haría luego Jesús Caldera. Preguntarle a Caldera, exministro del propio Zapatero, si este es inocente es como preguntarle a mi madre si soy yo la más lista y la más guapa. Y así he echado la mañana, entre la estupefacción y el bochorno, preocupadísima por la salud de Javier Ruiz, al que todo le indigna. Todo excepto la desinformación cuando quien la extiende, inicua y desacomplejadamente, es él mismo y sus secuaces desde un medio público y con el dinero de todos.
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