No está la mirada de Bergman ni la sátira de Woody Allen, ni falta que hace. En ‘El drama’ la referencia más precisa podría ser ‘La ruina’, el podcast de humor en el que un famoso de turno y dos o tres personas del público suben al escenario a contar el momento de su vida en el que bordearon el abismo del ridículo. La cosa es graciosa por inesperada, porque nunca sabes dónde te va a llevar la anécdota de esa profesora de primaria que visitó un restaurante mexicano. Algo así sucede en ‘El drama’ : su director lleva a los personajes y al espectador a ese filo en el que es difícil imaginar el paso siguiente, tan solo se sospecha que la ruina está por llegar. Ahí encontramos a Pattinson y Zendaya, unos pijos de pashminas y loft vintage en Nueva York, muy comprometidos, aunque su mayor preocupación vital es escribir el discurso perfecto para la boda y emborracharse en la prueba del menú. En realidad, es difícil no enamorarse de ellos: son jóvenes, guapos y se van a casar en una semana . Y aunque su boda, comparada con una en España, es como una ermita luterana al lado de la Catedral de Burgos, la parejita está nerviosa. Se le suma que esto se titula ‘El drama’ y no ‘y comieron perdices’, por lo que la primera parte está atravesada por una bruma de que algo no va bien. Será la tensión o será la insistencia del montaje fragmentado y los continuos saltos en el tiempo, ahora adelante ahora atrás, con los que el director Kristoffer Borgli (‘Sick of Myself’ y ‘Dream Scenario’) juega a convertir una tierna comedia romántica en otra cosa. Sobre todo, claro, tras un giro de guion del que no desvelaremos nada y con el que todo cambia para que nada cambie: la pareja sigue siendo joven, guapa y se va a casar en una semana; pero todo se ve ya desde otro lugar. ‘El drama’ se une a esta última moda del cine de ‘autor’ comercial (que no es un oxímoron) en el que el éxito está en hacer que el espectador no pueda ni sospechar por dónde va a ir la cosa. Como en ‘Sirat’ o ‘Parásitos’ , por cerrar un triunvirato lo más en las antípodas posible que, con sus diferencias, se parecen en esta cosa juguetona de sentarse a ver algo inesperado. Todo precedido, en el caso de ‘El drama’, por la mejor campaña de marketing vista en el cine independiente en años y por el estilo de A24, agujero negro de lo alternativo para unos y productora con ansias de llevar algo original a un público masivo para otros. Nada importa esto, en realidad, para quien vaya a ver a Zendaya y Pattinson, estupendos ambos ya despojados del recuerdo de aquellas estrellas juveniles de ‘Spider-man’ (ella) y ‘Crepúsculo’ (él), y que con el tiempo han sabido alternar las megaproducciones con pequeños productos como este, manufacturado y pensado para los asiduos de los cafés de especialidad capaces de adivinar, de un vistazo, los ingredientes del ‘smoothie’ rojo que bebe Zendaya. Tres escenas de ‘El drama’ Diamond FilmsVamos, que esta boda está diseñada para goce de los milenials, aunque quizá los más talluditos puedan también disfrutar desde la barra del bar, café y mollete mediante, mientras toda la pretenciosidad moderna se desmorona ante sus ojos. Incluso con el pellizco de monja del director a esos ‘comprometidos’ de salón que están más preocupados por pecar de pensamiento o palabra que por ser, en realidad, malos de baba. Y que coman perdices, o hamburguesas, pero que bailen en la boda del año, que la situación lo merece. No está la mirada de Bergman ni la sátira de Woody Allen, ni falta que hace. En ‘El drama’ la referencia más precisa podría ser ‘La ruina’, el podcast de humor en el que un famoso de turno y dos o tres personas del público suben al escenario a contar el momento de su vida en el que bordearon el abismo del ridículo. La cosa es graciosa por inesperada, porque nunca sabes dónde te va a llevar la anécdota de esa profesora de primaria que visitó un restaurante mexicano. Algo así sucede en ‘El drama’ : su director lleva a los personajes y al espectador a ese filo en el que es difícil imaginar el paso siguiente, tan solo se sospecha que la ruina está por llegar. Ahí encontramos a Pattinson y Zendaya, unos pijos de pashminas y loft vintage en Nueva York, muy comprometidos, aunque su mayor preocupación vital es escribir el discurso perfecto para la boda y emborracharse en la prueba del menú. En realidad, es difícil no enamorarse de ellos: son jóvenes, guapos y se van a casar en una semana . Y aunque su boda, comparada con una en España, es como una ermita luterana al lado de la Catedral de Burgos, la parejita está nerviosa. Se le suma que esto se titula ‘El drama’ y no ‘y comieron perdices’, por lo que la primera parte está atravesada por una bruma de que algo no va bien. Será la tensión o será la insistencia del montaje fragmentado y los continuos saltos en el tiempo, ahora adelante ahora atrás, con los que el director Kristoffer Borgli (‘Sick of Myself’ y ‘Dream Scenario’) juega a convertir una tierna comedia romántica en otra cosa. Sobre todo, claro, tras un giro de guion del que no desvelaremos nada y con el que todo cambia para que nada cambie: la pareja sigue siendo joven, guapa y se va a casar en una semana; pero todo se ve ya desde otro lugar. ‘El drama’ se une a esta última moda del cine de ‘autor’ comercial (que no es un oxímoron) en el que el éxito está en hacer que el espectador no pueda ni sospechar por dónde va a ir la cosa. Como en ‘Sirat’ o ‘Parásitos’ , por cerrar un triunvirato lo más en las antípodas posible que, con sus diferencias, se parecen en esta cosa juguetona de sentarse a ver algo inesperado. Todo precedido, en el caso de ‘El drama’, por la mejor campaña de marketing vista en el cine independiente en años y por el estilo de A24, agujero negro de lo alternativo para unos y productora con ansias de llevar algo original a un público masivo para otros. Nada importa esto, en realidad, para quien vaya a ver a Zendaya y Pattinson, estupendos ambos ya despojados del recuerdo de aquellas estrellas juveniles de ‘Spider-man’ (ella) y ‘Crepúsculo’ (él), y que con el tiempo han sabido alternar las megaproducciones con pequeños productos como este, manufacturado y pensado para los asiduos de los cafés de especialidad capaces de adivinar, de un vistazo, los ingredientes del ‘smoothie’ rojo que bebe Zendaya. Tres escenas de ‘El drama’ Diamond FilmsVamos, que esta boda está diseñada para goce de los milenials, aunque quizá los más talluditos puedan también disfrutar desde la barra del bar, café y mollete mediante, mientras toda la pretenciosidad moderna se desmorona ante sus ojos. Incluso con el pellizco de monja del director a esos ‘comprometidos’ de salón que están más preocupados por pecar de pensamiento o palabra que por ser, en realidad, malos de baba. Y que coman perdices, o hamburguesas, pero que bailen en la boda del año, que la situación lo merece.
No está la mirada de Bergman ni la sátira de Woody Allen, ni falta que hace. En ‘El drama’ la referencia más precisa podría ser ‘La ruina’, el podcast de humor en el que un famoso de turno y dos o tres personas del … público suben al escenario a contar el momento de su vida en el que bordearon el abismo del ridículo. La cosa es graciosa por inesperada, porque nunca sabes dónde te va a llevar la anécdota de esa profesora de primaria que visitó un restaurante mexicano. Algo así sucede en ‘El drama’: su director lleva a los personajes y al espectador a ese filo en el que es difícil imaginar el paso siguiente, tan solo se sospecha que la ruina está por llegar.
Ahí encontramos a Pattinson y Zendaya, unos pijos de pashminas y loft vintage en Nueva York, muy comprometidos, aunque su mayor preocupación vital es escribir el discurso perfecto para la boda y emborracharse en la prueba del menú. En realidad, es difícil no enamorarse de ellos: son jóvenes, guapos y se van a casar en una semana. Y aunque su boda, comparada con una en España, es como una ermita luterana al lado de la Catedral de Burgos, la parejita está nerviosa. Se le suma que esto se titula ‘El drama’ y no ‘y comieron perdices’, por lo que la primera parte está atravesada por una bruma de que algo no va bien. Será la tensión o será la insistencia del montaje fragmentado y los continuos saltos en el tiempo, ahora adelante ahora atrás, con los que el director Kristoffer Borgli (‘Sick of Myself’ y ‘Dream Scenario’) juega a convertir una tierna comedia romántica en otra cosa. Sobre todo, claro, tras un giro de guion del que no desvelaremos nada y con el que todo cambia para que nada cambie: la pareja sigue siendo joven, guapa y se va a casar en una semana; pero todo se ve ya desde otro lugar.
‘El drama’ se une a esta última moda del cine de ‘autor’ comercial (que no es un oxímoron) en el que el éxito está en hacer que el espectador no pueda ni sospechar por dónde va a ir la cosa. Como en ‘Sirat’ o ‘Parásitos’, por cerrar un triunvirato lo más en las antípodas posible que, con sus diferencias, se parecen en esta cosa juguetona de sentarse a ver algo inesperado. Todo precedido, en el caso de ‘El drama’, por la mejor campaña de marketing vista en el cine independiente en años y por el estilo de A24, agujero negro de lo alternativo para unos y productora con ansias de llevar algo original a un público masivo para otros.
Nada importa esto, en realidad, para quien vaya a ver a Zendaya y Pattinson, estupendos ambos ya despojados del recuerdo de aquellas estrellas juveniles de ‘Spider-man’ (ella) y ‘Crepúsculo’ (él), y que con el tiempo han sabido alternar las megaproducciones con pequeños productos como este, manufacturado y pensado para los asiduos de los cafés de especialidad capaces de adivinar, de un vistazo, los ingredientes del ‘smoothie’ rojo que bebe Zendaya.
(Diamond Films)
Vamos, que esta boda está diseñada para goce de los milenials, aunque quizá los más talluditos puedan también disfrutar desde la barra del bar, café y mollete mediante, mientras toda la pretenciosidad moderna se desmorona ante sus ojos. Incluso con el pellizco de monja del director a esos ‘comprometidos’ de salón que están más preocupados por pecar de pensamiento o palabra que por ser, en realidad, malos de baba. Y que coman perdices, o hamburguesas, pero que bailen en la boda del año, que la situación lo merece.
RSS de noticias de play
