Cuando unos ladrones entran en una casa, en general buscan joyas y dinero en metálico y por su larga experiencia primero se dirigen a las cajas de zapatos, luego a las perolas de la cocina, a los libros de las estanterías, a los radiadores, a los colchones, a la caja fuerte descubierta detrás de un cuadro. Al parecer, existe un orden instintivo a la hora de esconder el dinero, los ladrones lo saben y por supuesto también lo sabe la policía que tiene a su disposición perros amaestrados capaces de señalar un fajo de billetes en cualquier doble fondo, entre las vigas de techo, bajo un ladrillo del salón o enterrado en una fosa del jardín. A la hora de buscar un lugar oficialmente seguro tampoco sirve alquilar la caja de un banco que sería el primero en delatarte si tuvieras un problema con Hacienda. La paranoia de quien guarda en casa gran cantidad de dinero negro debe de ser muy angustiosa. A un escritor especialista en historias de detectives le preguntaron, llegado el caso hipotético en que se viera obligado a esconder un alijo de dinero, qué lugar escogería. Era un escritor de éxito, muy elogiado por la crítica, había sido reconocido por su talento con alguna medalla de oro nacional. Ante una audiencia que le seguía con mucha atención explicó que su plan podría tomarse con humor a la manera de un relato de Agatha Christie. Primero trataría de mantener la fama de persona honesta fuera de toda duda, lo más alejada posible de cualquier hedor a dinero sucio. Para disimular escribiría versos muy líricos. Dada su reputación no tardarían a invitarle a que guardara para la posteridad algunos de sus escritos. Sin duda podría hacerlo en una caja fuerte del Instituto Cervantes donde los autores depositan textos que desean que se lean en el futuro. Aprovecharía esta invitación para guardar en esa caja un millón de euros envuelto en un pliego de sonetos donde permanecería bajo una llave a su disposición. Ni a Hercules Poirot se le ocurriría meter allí la nariz.
Cuando unos ladrones entran en una casa, en general buscan joyas y dinero en metálico y por su larga experiencia primero se dirigen a las cajas de zapatos, luego a las perolas de la cocina, a los libros de las estanterías, a los radiadores, a los colchones, a la caja fuerte descubierta detrás de un cuadro. Al parecer, existe un orden instintivo a la hora de esconder el dinero, los ladrones lo saben y por supuesto también lo sabe la policía que tiene a su disposición perros amaestrados capaces de señalar un fajo de billetes en cualquier doble fondo, entre las vigas de techo, bajo un ladrillo del salón o enterrado en una fosa del jardín. A la hora de buscar un lugar oficialmente seguro tampoco sirve alquilar la caja de un banco que sería el primero en delatarte si tuvieras un problema con Hacienda. La paranoia de quien guarda en casa gran cantidad de dinero negro debe de ser muy angustiosa. A un escritor especialista en historias de detectives le preguntaron, llegado el caso hipotético en que se viera obligado a esconder un alijo de dinero, qué lugar escogería. Era un escritor de éxito, muy elogiado por la crítica, había sido reconocido por su talento con alguna medalla de oro nacional. Ante una audiencia que le seguía con mucha atención explicó que su plan podría tomarse con humor a la manera de un relato de Agatha Christie. Primero trataría de mantener la fama de persona honesta fuera de toda duda, lo más alejada posible de cualquier hedor a dinero sucio. Para disimular escribiría versos muy líricos. Dada su reputación no tardarían a invitarle a que guardara para la posteridad algunos de sus escritos. Sin duda podría hacerlo en una caja fuerte del Instituto Cervantes donde los autores depositan textos que desean que se lean en el futuro. Aprovecharía esta invitación para guardar en esa caja un millón de euros envuelto en un pliego de sonetos donde permanecería bajo una llave a su disposición. Ni a Hercules Poirot se le ocurriría meter allí la nariz. Seguir leyendo
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado
Al parecer, existe un orden instintivo a la hora de esconder el dinero


Cuando unos ladrones entran en una casa, en general buscan joyas y dinero en metálico y por su larga experiencia primero se dirigen a las cajas de zapatos, luego a las perolas de la cocina, a los libros de las estanterías, a los radiadores, a los colchones, a la caja fuerte descubierta detrás de un cuadro. Al parecer, existe un orden instintivo a la hora de esconder el dinero, los ladrones lo saben y por supuesto también lo sabe la policía que tiene a su disposición perros amaestrados capaces de señalar un fajo de billetes en cualquier doble fondo, entre las vigas de techo, bajo un ladrillo del salón o enterrado en una fosa del jardín. A la hora de buscar un lugar oficialmente seguro tampoco sirve alquilar la caja de un banco que sería el primero en delatarte si tuvieras un problema con Hacienda. La paranoia de quien guarda en casa gran cantidad de dinero negro debe de ser muy angustiosa. A un escritor especialista en historias de detectives le preguntaron, llegado el caso hipotético en que se viera obligado a esconder un alijo de dinero, qué lugar escogería. Era un escritor de éxito, muy elogiado por la crítica, había sido reconocido por su talento con alguna medalla de oro nacional. Ante una audiencia que le seguía con mucha atención explicó que su plan podría tomarse con humor a la manera de un relato de Agatha Christie. Primero trataría de mantener la fama de persona honesta fuera de toda duda, lo más alejada posible de cualquier hedor a dinero sucio. Para disimular escribiría versos muy líricos. Dada su reputación no tardarían a invitarle a que guardara para la posteridad algunos de sus escritos. Sin duda podría hacerlo en una caja fuerte del Instituto Cervantes donde los autores depositan textos que desean que se lean en el futuro. Aprovecharía esta invitación para guardar en esa caja un millón de euros envuelto en un pliego de sonetos donde permanecería bajo una llave a su disposición. Ni a Hercules Poirot se le ocurriría meter allí la nariz.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Archivado En
EL PAÍS
