Hubo un tiempo en el que el trabajo no era el centro de nada. Piensen en lo que ocurrió el 30 de septiembre de 1982. El 30 de septiembre de 1982, se estrenó Cheers, la serie cocreada por James Burrows, el genio de la sitcom recientemente fallecido. En Cheers, el entorno de trabajo —el bar— no era más que una excusa para que un puñado de personajes que de otra forma quizá jamás se habrían encontrado acabasen relacionándose y dando pie a la acción. Esto es, todo tipo de situaciones —de ahí lo de sitcom—. Por supuesto, es algo que no ha dejado de ocurrir —piensen en The Office o en Parks & Recreation—, pero ¿se han fijado de qué forma el trabajo —el proceso en cuestión— se ha convertido en el centro de algunas de las series de cabecera de este siglo XXI? Si la ficción es una especie de oráculo —algo que sabe más que nosotros— del presente, ¿qué creen que está diciéndonos?

El cierre de la intachable serie de Christopher Storer puede leerse como un intento de recuperar el rumbo, el yo perdido en el omnipresente ‘burnout’ contemporáneo, y darle un sentido propio, único, y fuera del sistema, a aquello que hacemos
Hubo un tiempo en el que el trabajo no era el centro de nada. Piensen en lo que ocurrió el 30 de septiembre de 1982. El 30 de septiembre de 1982, se estrenó Cheers, la serie cocreada por James Burrows, el genio de la sitcom recientemente fallecido. En Cheers, el entorno de trabajo —el bar— no era más que una excusa para que un puñado de personajes que de otra forma quizá jamás se habrían encontrado acabasen relacionándose y dando pie a la acción. Esto es, todo tipo de situaciones —de ahí lo de sitcom—. Por supuesto, es algo que no ha dejado de ocurrir —piensen en The Office o en Parks & Recreation—, pero ¿se han fijado de qué forma el trabajo —el proceso en cuestión— se ha convertido en el centro de algunas de las series de cabecera de este siglo XXI? Si la ficción es una especie de oráculo —algo que sabe más que nosotros— del presente, ¿qué creen que está diciéndonos?

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