Como cada vez es más difícil separar lo real de lo virtual, quise creer que había una IA desequilibrada tras la última polémica del Xokas. Influencer, para quien tenga la suerte de no conocerle, cuyos hitos mediáticos han sido congelar basura para no tener que bajarla a diario y considerar “un crack” a un amigo que se mantenía sobrio para aprovecharse de “pibas colocadas”. Pero no era IA, ha pasado. Les ilustro. Después de que la actriz Ester Expósito dijese en el podcast de La Pija y la Quinqui que no quiere dialogar con nazis, el streamer, no sabemos si dándose por aludido, respondió que no merece la pena estar con alguien como ella por su “pensamiento político”. Que “es mejor estar con un seis”. Como si hubiese una posibilidad de que sucediese, cuando solo juntar sus nombres en la misma frase provoca que se ericen los vellos. Ya no digo nada de que les ponga número a las mujeres, pero me intriga qué cifra se pondría a sí mismo.
Quiero creer que esas personas que vemos a diario en pantallas soltando desvaríos, algunos muy peligrosos, lo hacen porque la alternativa es comer mierda, como nos recordó esta semana Marta Gómez Montero. Y antes que comerla, prefieren esparcirla
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado
Quiero creer que esas personas que vemos a diario en pantallas soltando desvaríos, algunos muy peligrosos, lo hacen porque la alternativa es comer mierda, como nos recordó esta semana Marta Gómez Montero. Y antes que comerla, prefieren esparcirla


Como cada vez es más difícil separar lo real de lo virtual, quise creer que había una IA desequilibrada tras la última polémica del Xokas. Influencer, para quien tenga la suerte de no conocerle, cuyos hitos mediáticos han sido congelar basura para no tener que bajarla a diario y considerar “un crack” a un amigo que se mantenía sobrio para aprovecharse de “pibas colocadas”. Pero no era IA, ha pasado. Les ilustro. Después de que la actriz Ester Expósito dijese en el podcast de La Pija y la Quinqui que no quiere dialogar con nazis, el streamer, no sabemos si dándose por aludido, respondió que no merece la pena estar con alguien como ella por su “pensamiento político”. Que “es mejor estar con un seis”. Como si hubiese una posibilidad de que sucediese, cuando solo juntar sus nombres en la misma frase provoca que se ericen los vellos. Ya no digo nada de que les ponga número a las mujeres, pero me intriga qué cifra se pondría a sí mismo.
No lo había procesado todavía cuando el algoritmo me castigó con dos periodistas divagando sobre mujeres tatuadas. “Conmigo no tienen ninguna oportunidad”, decía uno con aspecto de no llegar al aprobado en la lista Xokas de hermosura. Angelina, Scarlett, Pataky… ni lo intentéis. El otro, en idéntica línea de tristeza estética —¿por qué no juzgar el físico de los que lo juzgan?—, asentía. “El tatuaje en las mujeres tiene un punto de profesionalización, no diría cercano a la prostitución, pero…”. ¿PERO? Mientras se venían arriba, podía ver el vacío en sus ojos.
Qué duro tiene que ser vivir de alimentar con tus opiniones a un ejército de hombres tristes que consideran a las mujeres con criterio propio su peor enemigo.
Quiero creer que cuando apaga la cámara, el Xokas se ducha y vuelve a ser Joaquín Domínguez Portela. Que se embute en un batín de seda, abre un Vega Sicilia y cocina rosbif a baja temperatura mientras medita presentarse a unas oposiciones del Estado. Y que esos dos señores de mediana edad que tienen que soltar disparates de youtuber con acné para tener relevancia, al terminar el directo, se lanzan sollozando a los brazos tatuados de novias, hermanas o amigas, les piden perdón y lamentan haber elegido una mala época para vivir de opinar. Quiero creer que esas personas que vemos a diario en pantallas soltando desvaríos, algunos muy peligrosos, lo hacen porque la alternativa es comer mierda, como nos recordó esta semana Marta Gómez Montero. Y antes que comerla, prefieren esparcirla.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Archivado En
Feed MRSS-S Noticias
