Hace años, en un cuestionario de ‘Declaraciones íntimas’ que ABC le hizo rellenar de su puño y letra, Juan Tamariz se retrató mejor de lo que podría hacerlo cualquier obituario: el rasgo principal de su carácter era la «Elengancia», así, mal escrito a propósito, con esa «n» de más que ya anunciaba al ilusionista travieso incluso en un formulario serio. Confesaba sus principales defectos como una lista completa de los pecados capitales: «soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula…», en sus ratos libres prefería escuchar música clásica, y su sueño dorado era la desaparición de las armas. A la pregunta de cómo quería morirse, respondió con una sola palabra: «sano». Ese formulario es también el retrato de un hombre que nació en Madrid el 18 de octubre de 1942, que actuó por primera vez para sus amigos del colegio, que con solo dieciocho años logró entrar a la Sociedad Española de Ilusionismo, que estudió cuatro años de Ciencias Físicas, que llegó a ingresar en la Escuela Oficial de Cine (cerrada diez días antes de que consiguiera su licenciatura) y que acabó llevando la magia a la televisión con programas como ‘Por arte de magia’, ‘Magia potagia’ y ‘Tiempo de magia’.Junto a su féretro, este miércoles, dos coronas de flores resumían su forma de entender la vida y el oficio. En una podía leerse: «Magia, alegría, vida». En la otra, una frase que él mismo repitió durante décadas sobre los escenarios: «Esto es para divertirse». El Mago More, que acudió a despedirle, recuerda todavía uno de sus consejos favoritos: «Cuando termine la actuación, vete al baño. Enciérrate y escucha lo que realmente la gente dice de ti, no lo que te dicen a la cara». Sus discípulos lamentan su pérdidaJorge Blass atendió a esta entrevista telefónica en mitad de un trayecto en taxi directo al tanatorio. No pudo disimular la tristeza en su voz desde la primera pregunta: «Nunca te acostumbras a que se vaya un genio», confiesa. «Era el último gran maestro que teníamos, y bueno, todos los magos del mundo estamos de luto hoy porque no queda otra persona de su nivel, de su genialidad».«Si vemos ahora vídeos suyos, ves que es un goce compartido. Vivía el arte de una forma muy entusiasta y transmitía mucha alegría. Era real, honesto, y era verdad» El mago Jorge Blass sobre Juan TamarizA Mag Lari la noticia le llegó horas antes de subirse a un escenario, en pleno Summer Fest, y confiesa que le costó recomponerse. «Me enteré de la noticia justo antes de la función y me dio un bajón muy grande. No me lo esperaba», alega. «Tamariz era un amor de persona, no solo como mago. Era muy cariñoso y cuidaba de todos los magos de España», relata. Logró sacar la función adelante y quiso rendirle un homenaje sobre el escenario: «Al final del espectáculo se lo dediqué a él, y todo el público aplaudió muy emocionado».Juan Tamariz en uno de sus espectáculos de magia EPCuando el Mago Yunke conoció la muerte de Tamariz tenía dos actuaciones en el museo de magia de Peñíscola. Como parte del espectáculo, pidió a uno de los espectadores que eligiera y escondiera una carta sin que él supiera cuál era. Antes había mostrado una fotografía de Tamariz sosteniendo una baraja entre las manos; en ella, la última carta visible era la jota de corazones. Cuando el espectador sacó finalmente su carta, era precisamente esa. «Se pierde un pilar importante», dice, y recuerda «las horas y horas y horas» que pasó con él. «Hay cosas que puedes aprender, pero otra cosa es la personalidad. Y la personalidad de Juan era irrepetible».Al Mago More, en cambio, la noticia no le pilló por sorpresa. Acababa de llegar de vacaciones a Madrid cuando le encontramos, y llevaba más de un año hablando con Ana, la hija de Tamariz, sobre la salud de su padre. « Tenía pensado ir a visitarle a la residencia en breve. No me ha sorprendido la noticia, sabía más o menos cómo estaba su salud». Aun así, admite que el golpe ha sido duro: «Sabía que antes o después nos íbamos a quedar sin él».Horas después de concretarse la noticia, el Mago Pop había querido despedirse públicamente a través de una ‘story’ de Instagram junto a una fotografía de Tamariz. «Un genio que ha sido inspiración para generaciones de magos e ilusionistas de todo el mundo», añadió, antes de despedirse: «Maestro de maestros, te echaremos muchísimo de menos (…) Tu violín invisible seguirá sonando. Hasta siempre, Juan Tamariz».«Con 15 años veía ‘Magia Potagia’, lo grababa en cintas de VHS», recuerda el Mago More. «Intentábamos adivinar cómo hacía los trucos, y eso fue lo que hizo que nos hiciéramos magos, tanto yo como Jandro, como Luis Piedrahíta, como cualquier mago que te puedas imaginar ahora, conocido o no», cuenta. «No ha habido persona que haya visto más horas de televisión que yo viéndole a él».«Todos hemos salido de la misma hornada de Juan Tamariz», asegura Yunke. Su legado permanece también en una forma de entender el escenario que dejó una huella profunda en quienes le conocieron. La última gran enseñanza que Yunke conserva de él es «hacer las cosas con pasión y con verdad». Porque, como repetía Tamariz, cuando uno ama lo que hace y es capaz de transmitirlo, se ve desde el patio de butacas.Para Blass, la dimensión de Tamariz trascendía las fronteras españolas. Recuerda cómo, allá donde viajaba, el simple hecho de mencionar su nombre bastaba para despertar la admiración de otros magos. «Si decía que era alumno de Juan se quedaban alucinados, en Asia, en Estados Unidos, en Sudamérica… en todo el mundo», dice. «Su magia era una gran fiesta, sí, pero su forma de pensar, de crearla, su estructura… ha creado una filosofía más allá de los trucos, ha escrito libros traducidos a más de 17 idiomas que han sido estudiados en todo el mundo».«Le gustaba hacer tertulias por las noches en el hotel donde estaba, y todos estábamos ahí hasta las 8 de la mañana hablando con él. Nos explicaba técnicas, historias de magia, historias de magos. Era una maravilla» Mag Lari acerca de Juan TamarizLa influencia de Tamariz en la vocación de Blass se remonta a la infancia. «Le vi en la televisión cuando tenía 6 años y quise aprender magia», recuerda. El encuentro llegaría en 1992, cuando Blass, de apenas 12 años, leía unos fascículos de magia que Tamariz publicaba semanalmente en los quioscos. Blass se fijó en la promoción de la escuela de Ana Tamariz. «Fui con mi madre, entré, y lo vi en el mostrador. Me quedé alucinado. Estaba escribiendo un libro y sustituyendo a su hija, que estaba dando a luz en ese preciso momento» , cuenta. Al hablar con él, Tamariz le invitó a una de sus actuaciones en el Galileo Galilei.La vocación de Mag Lari nació también gracias a un libro de Tamariz. «Yo tenía 14 años y me regalaron ‘Secretos de Magia Potagia’. Me lo leí en un verano y en septiembre me apunté a la Asociación de Magos de Barcelona», recuerda. «Tamariz se presentó un día en la Sociedad de Magos y fue muy amable conmigo, que yo era un chavalín». Su reencuentro llegaría en el terreno profesional, en el Llantiol , el histórico cafeteatro de Barcelona donde, según Lari, «empezamos todos los magos de Barcelona».El mago Juan Tamariz en el Galileo Galilei, en el año 2009 Daniel G. LópezEl Mago More vivió tertulias muy parecidas cuando llegó a Madrid desde Ávila con 18 años y entró en la Sociedad Española de Ilusionismo. «Después de las charlas nos íbamos a cenar. Imagínate: tenía 18 años y me iba a cenar con Juan Tamariz, que era mi gran ídolo. Terminaba la cena, se ponía a hacer magia hasta las 2 o 3 de la mañana, y luego se iba al Café de Ingenuada y se estaba hasta las 8 de la mañana haciendo magia», recuerda. Esa generosidad, asegura, no se apagó con los años. Hace apenas doce meses, More cenó con Tamariz y Blass en un restaurante de la Castellana. «Había unos señores al lado y le reconocieron. Se levantó y les hizo magia: ya tenía 82 años, le temblaban las manos porque tenía como principio de Parkinson. Les dejó flipados. No desaprovechaba ninguna ocasión», cuenta, todavía sobrecogido.Un maestro generoso hasta el finalSi algo destacan los distintos magos dispuestos a participar en este reportaje, es su generosidad absoluta con quienes querían aprender. «Se desvivía si alguien quería aprender. No se guardaba nada. Al contrario. Incentivaba, te enseñaba, te guiaba», asegura Blass. «No era un artista egocéntrico, no quería que le aplaudiesen, quería compartir con los demás, y esa alegría se ve en sus actuaciones», añade. «Era real, honesto, y era verdad».Juan Tamariz en un espectáculo de magia Daniel G. LópezApenas un mes antes de su muerte, Tamariz seguía volcado en ayudar a sus discípulos. «Hace un mes estuve hablando con él de un nuevo proyecto que estaba haciendo y me dio cuatro ideas valiosísimas», cuenta Blass. Mag Lari, por su parte, no duda en situarlo en lo más alto del escalafón mundial. «Él, que creó la Escuela Mágica de Madrid, es la influencia número uno en magia de cerca a nivel mundial. Era el mago de magos y no ha habido nadie como él», asegura.«Esto no es porque haya muerto: es que ya antes de morir estaba considerado por todos los magos de magia de cerca del mundo como el mejor», asegura. Mago, maestro y eterno niño, dedicó su vida a hacer soñar y enseñar que la magia era para divertirse. Hace años, en un cuestionario de ‘Declaraciones íntimas’ que ABC le hizo rellenar de su puño y letra, Juan Tamariz se retrató mejor de lo que podría hacerlo cualquier obituario: el rasgo principal de su carácter era la «Elengancia», así, mal escrito a propósito, con esa «n» de más que ya anunciaba al ilusionista travieso incluso en un formulario serio. Confesaba sus principales defectos como una lista completa de los pecados capitales: «soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula…», en sus ratos libres prefería escuchar música clásica, y su sueño dorado era la desaparición de las armas. A la pregunta de cómo quería morirse, respondió con una sola palabra: «sano». Ese formulario es también el retrato de un hombre que nació en Madrid el 18 de octubre de 1942, que actuó por primera vez para sus amigos del colegio, que con solo dieciocho años logró entrar a la Sociedad Española de Ilusionismo, que estudió cuatro años de Ciencias Físicas, que llegó a ingresar en la Escuela Oficial de Cine (cerrada diez días antes de que consiguiera su licenciatura) y que acabó llevando la magia a la televisión con programas como ‘Por arte de magia’, ‘Magia potagia’ y ‘Tiempo de magia’.Junto a su féretro, este miércoles, dos coronas de flores resumían su forma de entender la vida y el oficio. En una podía leerse: «Magia, alegría, vida». En la otra, una frase que él mismo repitió durante décadas sobre los escenarios: «Esto es para divertirse». El Mago More, que acudió a despedirle, recuerda todavía uno de sus consejos favoritos: «Cuando termine la actuación, vete al baño. Enciérrate y escucha lo que realmente la gente dice de ti, no lo que te dicen a la cara». Sus discípulos lamentan su pérdidaJorge Blass atendió a esta entrevista telefónica en mitad de un trayecto en taxi directo al tanatorio. No pudo disimular la tristeza en su voz desde la primera pregunta: «Nunca te acostumbras a que se vaya un genio», confiesa. «Era el último gran maestro que teníamos, y bueno, todos los magos del mundo estamos de luto hoy porque no queda otra persona de su nivel, de su genialidad».«Si vemos ahora vídeos suyos, ves que es un goce compartido. Vivía el arte de una forma muy entusiasta y transmitía mucha alegría. Era real, honesto, y era verdad» El mago Jorge Blass sobre Juan TamarizA Mag Lari la noticia le llegó horas antes de subirse a un escenario, en pleno Summer Fest, y confiesa que le costó recomponerse. «Me enteré de la noticia justo antes de la función y me dio un bajón muy grande. No me lo esperaba», alega. «Tamariz era un amor de persona, no solo como mago. Era muy cariñoso y cuidaba de todos los magos de España», relata. Logró sacar la función adelante y quiso rendirle un homenaje sobre el escenario: «Al final del espectáculo se lo dediqué a él, y todo el público aplaudió muy emocionado».Juan Tamariz en uno de sus espectáculos de magia EPCuando el Mago Yunke conoció la muerte de Tamariz tenía dos actuaciones en el museo de magia de Peñíscola. Como parte del espectáculo, pidió a uno de los espectadores que eligiera y escondiera una carta sin que él supiera cuál era. Antes había mostrado una fotografía de Tamariz sosteniendo una baraja entre las manos; en ella, la última carta visible era la jota de corazones. Cuando el espectador sacó finalmente su carta, era precisamente esa. «Se pierde un pilar importante», dice, y recuerda «las horas y horas y horas» que pasó con él. «Hay cosas que puedes aprender, pero otra cosa es la personalidad. Y la personalidad de Juan era irrepetible».Al Mago More, en cambio, la noticia no le pilló por sorpresa. Acababa de llegar de vacaciones a Madrid cuando le encontramos, y llevaba más de un año hablando con Ana, la hija de Tamariz, sobre la salud de su padre. « Tenía pensado ir a visitarle a la residencia en breve. No me ha sorprendido la noticia, sabía más o menos cómo estaba su salud». Aun así, admite que el golpe ha sido duro: «Sabía que antes o después nos íbamos a quedar sin él».Horas después de concretarse la noticia, el Mago Pop había querido despedirse públicamente a través de una ‘story’ de Instagram junto a una fotografía de Tamariz. «Un genio que ha sido inspiración para generaciones de magos e ilusionistas de todo el mundo», añadió, antes de despedirse: «Maestro de maestros, te echaremos muchísimo de menos (…) Tu violín invisible seguirá sonando. Hasta siempre, Juan Tamariz».«Con 15 años veía ‘Magia Potagia’, lo grababa en cintas de VHS», recuerda el Mago More. «Intentábamos adivinar cómo hacía los trucos, y eso fue lo que hizo que nos hiciéramos magos, tanto yo como Jandro, como Luis Piedrahíta, como cualquier mago que te puedas imaginar ahora, conocido o no», cuenta. «No ha habido persona que haya visto más horas de televisión que yo viéndole a él».«Todos hemos salido de la misma hornada de Juan Tamariz», asegura Yunke. Su legado permanece también en una forma de entender el escenario que dejó una huella profunda en quienes le conocieron. La última gran enseñanza que Yunke conserva de él es «hacer las cosas con pasión y con verdad». Porque, como repetía Tamariz, cuando uno ama lo que hace y es capaz de transmitirlo, se ve desde el patio de butacas.Para Blass, la dimensión de Tamariz trascendía las fronteras españolas. Recuerda cómo, allá donde viajaba, el simple hecho de mencionar su nombre bastaba para despertar la admiración de otros magos. «Si decía que era alumno de Juan se quedaban alucinados, en Asia, en Estados Unidos, en Sudamérica… en todo el mundo», dice. «Su magia era una gran fiesta, sí, pero su forma de pensar, de crearla, su estructura… ha creado una filosofía más allá de los trucos, ha escrito libros traducidos a más de 17 idiomas que han sido estudiados en todo el mundo».«Le gustaba hacer tertulias por las noches en el hotel donde estaba, y todos estábamos ahí hasta las 8 de la mañana hablando con él. Nos explicaba técnicas, historias de magia, historias de magos. Era una maravilla» Mag Lari acerca de Juan TamarizLa influencia de Tamariz en la vocación de Blass se remonta a la infancia. «Le vi en la televisión cuando tenía 6 años y quise aprender magia», recuerda. El encuentro llegaría en 1992, cuando Blass, de apenas 12 años, leía unos fascículos de magia que Tamariz publicaba semanalmente en los quioscos. Blass se fijó en la promoción de la escuela de Ana Tamariz. «Fui con mi madre, entré, y lo vi en el mostrador. Me quedé alucinado. Estaba escribiendo un libro y sustituyendo a su hija, que estaba dando a luz en ese preciso momento» , cuenta. Al hablar con él, Tamariz le invitó a una de sus actuaciones en el Galileo Galilei.La vocación de Mag Lari nació también gracias a un libro de Tamariz. «Yo tenía 14 años y me regalaron ‘Secretos de Magia Potagia’. Me lo leí en un verano y en septiembre me apunté a la Asociación de Magos de Barcelona», recuerda. «Tamariz se presentó un día en la Sociedad de Magos y fue muy amable conmigo, que yo era un chavalín». Su reencuentro llegaría en el terreno profesional, en el Llantiol , el histórico cafeteatro de Barcelona donde, según Lari, «empezamos todos los magos de Barcelona».El mago Juan Tamariz en el Galileo Galilei, en el año 2009 Daniel G. LópezEl Mago More vivió tertulias muy parecidas cuando llegó a Madrid desde Ávila con 18 años y entró en la Sociedad Española de Ilusionismo. «Después de las charlas nos íbamos a cenar. Imagínate: tenía 18 años y me iba a cenar con Juan Tamariz, que era mi gran ídolo. Terminaba la cena, se ponía a hacer magia hasta las 2 o 3 de la mañana, y luego se iba al Café de Ingenuada y se estaba hasta las 8 de la mañana haciendo magia», recuerda. Esa generosidad, asegura, no se apagó con los años. Hace apenas doce meses, More cenó con Tamariz y Blass en un restaurante de la Castellana. «Había unos señores al lado y le reconocieron. Se levantó y les hizo magia: ya tenía 82 años, le temblaban las manos porque tenía como principio de Parkinson. Les dejó flipados. No desaprovechaba ninguna ocasión», cuenta, todavía sobrecogido.Un maestro generoso hasta el finalSi algo destacan los distintos magos dispuestos a participar en este reportaje, es su generosidad absoluta con quienes querían aprender. «Se desvivía si alguien quería aprender. No se guardaba nada. Al contrario. Incentivaba, te enseñaba, te guiaba», asegura Blass. «No era un artista egocéntrico, no quería que le aplaudiesen, quería compartir con los demás, y esa alegría se ve en sus actuaciones», añade. «Era real, honesto, y era verdad».Juan Tamariz en un espectáculo de magia Daniel G. LópezApenas un mes antes de su muerte, Tamariz seguía volcado en ayudar a sus discípulos. «Hace un mes estuve hablando con él de un nuevo proyecto que estaba haciendo y me dio cuatro ideas valiosísimas», cuenta Blass. Mag Lari, por su parte, no duda en situarlo en lo más alto del escalafón mundial. «Él, que creó la Escuela Mágica de Madrid, es la influencia número uno en magia de cerca a nivel mundial. Era el mago de magos y no ha habido nadie como él», asegura.«Esto no es porque haya muerto: es que ya antes de morir estaba considerado por todos los magos de magia de cerca del mundo como el mejor», asegura. Mago, maestro y eterno niño, dedicó su vida a hacer soñar y enseñar que la magia era para divertirse.
Hace años, en un cuestionario de ‘Declaraciones íntimas’ que ABC le hizo rellenar de su puño y letra, Juan Tamariz se retrató mejor de lo que podría hacerlo cualquier obituario: el rasgo principal de su carácter era la «Elengancia», así, mal escrito … a propósito, con esa «n» de más que ya anunciaba al ilusionista travieso incluso en un formulario serio. Confesaba sus principales defectos como una lista completa de los pecados capitales: «soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula…», en sus ratos libres prefería escuchar música clásica, y su sueño dorado era la desaparición de las armas. A la pregunta de cómo quería morirse, respondió con una sola palabra: «sano».
Ese formulario es también el retrato de un hombre que nació en Madrid el 18 de octubre de 1942, que actuó por primera vez para sus amigos del colegio, que con solo dieciocho años logró entrar a la Sociedad Española de Ilusionismo, que estudió cuatro años de Ciencias Físicas, que llegó a ingresar en la Escuela Oficial de Cine (cerrada diez días antes de que consiguiera su licenciatura) y que acabó llevando la magia a la televisión con programas como ‘Por arte de magia’, ‘Magia potagia’ y ‘Tiempo de magia’.
Junto a su féretro, este miércoles, dos coronas de flores resumían su forma de entender la vida y el oficio. En una podía leerse: «Magia, alegría, vida». En la otra, una frase que él mismo repitió durante décadas sobre los escenarios: «Esto es para divertirse». El Mago More, que acudió a despedirle, recuerda todavía uno de sus consejos favoritos: «Cuando termine la actuación, vete al baño. Enciérrate y escucha lo que realmente la gente dice de ti, no lo que te dicen a la cara».
Sus discípulos lamentan su pérdida
Jorge Blass atendió a esta entrevista telefónica en mitad de un trayecto en taxi directo al tanatorio. No pudo disimular la tristeza en su voz desde la primera pregunta: «Nunca te acostumbras a que se vaya un genio», confiesa. «Era el último gran maestro que teníamos, y bueno, todos los magos del mundo estamos de luto hoy porque no queda otra persona de su nivel, de su genialidad».
«Si vemos ahora vídeos suyos, ves que es un goce compartido. Vivía el arte de una forma muy entusiasta y transmitía mucha alegría. Era real, honesto, y era verdad»
El mago Jorge Blass sobre Juan Tamariz
A Mag Lari la noticia le llegó horas antes de subirse a un escenario, en pleno Summer Fest, y confiesa que le costó recomponerse. «Me enteré de la noticia justo antes de la función y me dio un bajón muy grande. No me lo esperaba», alega. «Tamariz era un amor de persona, no solo como mago. Era muy cariñoso y cuidaba de todos los magos de España», relata. Logró sacar la función adelante y quiso rendirle un homenaje sobre el escenario: «Al final del espectáculo se lo dediqué a él, y todo el público aplaudió muy emocionado».
-U02412227263Adj-680x476@diario_abc.jpg)
(EP)
Cuando el Mago Yunke conoció la muerte de Tamariz tenía dos actuaciones en el museo de magia de Peñíscola. Como parte del espectáculo, pidió a uno de los espectadores que eligiera y escondiera una carta sin que él supiera cuál era. Antes había mostrado una fotografía de Tamariz sosteniendo una baraja entre las manos; en ella, la última carta visible era la jota de corazones. Cuando el espectador sacó finalmente su carta, era precisamente esa. «Se pierde un pilar importante», dice, y recuerda «las horas y horas y horas» que pasó con él. «Hay cosas que puedes aprender, pero otra cosa es la personalidad. Y la personalidad de Juan era irrepetible».
Newsletter
Al Mago More, en cambio, la noticia no le pilló por sorpresa. Acababa de llegar de vacaciones a Madrid cuando le encontramos, y llevaba más de un año hablando con Ana, la hija de Tamariz, sobre la salud de su padre. «Tenía pensado ir a visitarle a la residencia en breve. No me ha sorprendido la noticia, sabía más o menos cómo estaba su salud». Aun así, admite que el golpe ha sido duro: «Sabía que antes o después nos íbamos a quedar sin él».
Noticia relacionada
-
Julio Bravo
Horas después de concretarse la noticia, el Mago Pop había querido despedirse públicamente a través de una ‘story’ de Instagram junto a una fotografía de Tamariz. «Un genio que ha sido inspiración para generaciones de magos e ilusionistas de todo el mundo», añadió, antes de despedirse: «Maestro de maestros, te echaremos muchísimo de menos (…) Tu violín invisible seguirá sonando. Hasta siempre, Juan Tamariz».
«Con 15 años veía ‘Magia Potagia’, lo grababa en cintas de VHS», recuerda el Mago More. «Intentábamos adivinar cómo hacía los trucos, y eso fue lo que hizo que nos hiciéramos magos, tanto yo como Jandro, como Luis Piedrahíta, como cualquier mago que te puedas imaginar ahora, conocido o no», cuenta. «No ha habido persona que haya visto más horas de televisión que yo viéndole a él».
«Todos hemos salido de la misma hornada de Juan Tamariz», asegura Yunke. Su legado permanece también en una forma de entender el escenario que dejó una huella profunda en quienes le conocieron. La última gran enseñanza que Yunke conserva de él es «hacer las cosas con pasión y con verdad». Porque, como repetía Tamariz, cuando uno ama lo que hace y es capaz de transmitirlo, se ve desde el patio de butacas.
Para Blass, la dimensión de Tamariz trascendía las fronteras españolas. Recuerda cómo, allá donde viajaba, el simple hecho de mencionar su nombre bastaba para despertar la admiración de otros magos. «Si decía que era alumno de Juan se quedaban alucinados, en Asia, en Estados Unidos, en Sudamérica… en todo el mundo», dice. «Su magia era una gran fiesta, sí, pero su forma de pensar, de crearla, su estructura… ha creado una filosofía más allá de los trucos, ha escrito libros traducidos a más de 17 idiomas que han sido estudiados en todo el mundo».
«Le gustaba hacer tertulias por las noches en el hotel donde estaba, y todos estábamos ahí hasta las 8 de la mañana hablando con él. Nos explicaba técnicas, historias de magia, historias de magos. Era una maravilla»
Mag Lari acerca de Juan Tamariz
La influencia de Tamariz en la vocación de Blass se remonta a la infancia. «Le vi en la televisión cuando tenía 6 años y quise aprender magia», recuerda. El encuentro llegaría en 1992, cuando Blass, de apenas 12 años, leía unos fascículos de magia que Tamariz publicaba semanalmente en los quioscos. Blass se fijó en la promoción de la escuela de Ana Tamariz. «Fui con mi madre, entré, y lo vi en el mostrador. Me quedé alucinado. Estaba escribiendo un libro y sustituyendo a su hija, que estaba dando a luz en ese preciso momento», cuenta. Al hablar con él, Tamariz le invitó a una de sus actuaciones en el Galileo Galilei.
La vocación de Mag Lari nació también gracias a un libro de Tamariz. «Yo tenía 14 años y me regalaron ‘Secretos de Magia Potagia’. Me lo leí en un verano y en septiembre me apunté a la Asociación de Magos de Barcelona», recuerda. «Tamariz se presentó un día en la Sociedad de Magos y fue muy amable conmigo, que yo era un chavalín». Su reencuentro llegaría en el terreno profesional, en el Llantiol, el histórico cafeteatro de Barcelona donde, según Lari, «empezamos todos los magos de Barcelona».
-U54437505572Zbm-680x476@diario_abc.jpg)
(Daniel G. López)
El Mago More vivió tertulias muy parecidas cuando llegó a Madrid desde Ávila con 18 años y entró en la Sociedad Española de Ilusionismo. «Después de las charlas nos íbamos a cenar. Imagínate: tenía 18 años y me iba a cenar con Juan Tamariz, que era mi gran ídolo. Terminaba la cena, se ponía a hacer magia hasta las 2 o 3 de la mañana, y luego se iba al Café de Ingenuada y se estaba hasta las 8 de la mañana haciendo magia», recuerda. Esa generosidad, asegura, no se apagó con los años.
Hace apenas doce meses, More cenó con Tamariz y Blass en un restaurante de la Castellana. «Había unos señores al lado y le reconocieron. Se levantó y les hizo magia: ya tenía 82 años, le temblaban las manos porque tenía como principio de Parkinson. Les dejó flipados. No desaprovechaba ninguna ocasión», cuenta, todavía sobrecogido.
Un maestro generoso hasta el final
Si algo destacan los distintos magos dispuestos a participar en este reportaje, es su generosidad absoluta con quienes querían aprender. «Se desvivía si alguien quería aprender. No se guardaba nada. Al contrario. Incentivaba, te enseñaba, te guiaba», asegura Blass. «No era un artista egocéntrico, no quería que le aplaudiesen, quería compartir con los demás, y esa alegría se ve en sus actuaciones», añade. «Era real, honesto, y era verdad».
-U78631710671Zyc-680x476@diario_abc.jpg)
(Daniel G. López)
Apenas un mes antes de su muerte, Tamariz seguía volcado en ayudar a sus discípulos. «Hace un mes estuve hablando con él de un nuevo proyecto que estaba haciendo y me dio cuatro ideas valiosísimas», cuenta Blass. Mag Lari, por su parte, no duda en situarlo en lo más alto del escalafón mundial. «Él, que creó la Escuela Mágica de Madrid, es la influencia número uno en magia de cerca a nivel mundial. Era el mago de magos y no ha habido nadie como él», asegura.
«Esto no es porque haya muerto: es que ya antes de morir estaba considerado por todos los magos de magia de cerca del mundo como el mejor», asegura. Mago, maestro y eterno niño, dedicó su vida a hacer soñar y enseñar que la magia era para divertirse.
RSS de noticias de cultura

