Listillo sembró el pánico en el segundo tercio. No era para menos, salió ya orientado, sólo quería quitarse la vara, y en banderillas no hacía caso a los engaños, yendo directamente por los subalternos. Así, cogió a los dos banderilleros: un volteretón se llevó Omar Guerra, que pudo continuar en el ruedo, mientras que sí hirió a Miguel Ángel Ramírez, que se llevó una paliza en unos segundos eternos en los que le zarandeó muy feo. Con los dos rehileteros en la enfermería, se las tuvo que ver Tomás González con semejante alimaña. Era para perder los papeles, pero no le ocurrió al dispuesto turolense, que estuvo valiente e inteligente, llevándolo en línea recta en tandas cortas. La verdad es que el nombre le iba como anillo al dedo: qué bichejo, qué mala leche tenía el condenado, siempre pendiente del hombre , y que o iba por el bulto, o de la pañosa salía desentendido y sin humillar ni una sola vez. En una de esas, hizo caso omiso al trapo y fue directamente por el chaval, que esta vez no se libró de ser prendido en el muslo tras un arreón del manso. Intentó quedarse Tomás en el ruedo, pero se lo tuvieron que llevar a la enfermería , de la que ya no pudo salir a dar muerte a su segundo, al ser trasladado al hospital. Y con esa perlita se quedó Víctor Barroso, que bastante hizo metiéndole la espada, aunque fuera a la última, porque era para que sonaran tres avisos, y ni un pito se habría oído. Le daba un toque fuerte en la muleta el joven , pero al de Los Maños le daba igual e iba directamente por el porteño, por lo que cazarlo fue toda una proeza.Con los quirófanos operando a los heridos, anunció entonces la megafonía que había que había que esperar a que se quedara libre alguno. Veinte minutos de espera, hasta que terminaron la intervención del subalterno. Entre el público aún se oían suspiros por las aviesas intenciones de Listillo , y la tensión y el miedo que había causado entre los presentes, cuando sonaron, al fin, los clarines. Visto lo visto, era para que al novillero siguiente no le llegara la camisa al cuerpo. Pues no fue así, con una larga cambiada recibió López Ortega al tercero, y dejó después unas verónicas de buen trazo hasta los medios. Y, de nuevo, el mexicano se plantó de hinojos en un explosivo inicio que puso al público en pie. Una vez recuperó el chaval la vertical, estuvo muy firme, muy por encima de un Platillero que salía desentendido y con la cara alta, aunque alguna vez se equivocaba y la cogía por abajo en el inicio. Pero fueron muy pocas veces. «Toca fuerte», le gritaba Encabo -un poco más bajo, seguro que el chico le escuchaba igual-. Efectivamente, el novillo lo necesitaba y así lo recetaba el mexicano, técnicamente perfecto, que hizo un final por bajo, abrochado por un precioso trincherazo. «Ha estado hecho un tío», comentaban, y así había sido. Se tiró a matar perfecto, dándole el de Los Maños un golpe en el muslo izquierdo, por lo que quedó ligeramente defectuosa la tizona, pero tuvo mucho mérito. Y ahí cayó la primera oreja de la tarde. Cerca de cortar otra estuvo en el quinto, un bonito ensabanado, que sólo tenía fachada: era mansillo, deslucidote y sin entregarse lo más mínimo. Lo brindó López Ortega a la enfermería -era el segundo del lote de González-, y estuvo valiente y dispuesto, hasta el punto de terminar por manoletinas de rodillas . Pero Cupletero estaba ya parado y no decía nada. Volvió a tirarse bien, pero no entró la espada a la primera, porque el animal le echó la cara arriba en la suerte suprema.Pero el premio a la entrega de toda la tarde llegó en el sexto, al que recibió de rodillas en el tercio de capa. El bueno de Corbeto volvió a mostrar los primeros tercios que la bravura no estaba presente en este encierro, doliéndose en banderillas, tras lo que se desmonteró Marcos Prieto, aunque ha puesto pares mejores habitualmente. Muy torero López Ortega, se caló la montera para comenzar por ayudados por alto. Los toques fueron perfectos, suaves, a veces casi imperceptibles, pero con la sutileza necesaria para alargar el viaje del cierraplaza, sacando un muletazo casi circular por la diestra. Algo mejor iba por la zurda -aunque humillar era algo impensable para el animal-, y por ahí lo bordó Santiago, dándole la distancia que pedía el cárdeno y con mucho temple . Y, tras otra estocada a la primera, las dos orejas fueron a sus manos.Vid de Oro Plaza de toros de Arganda del Rey Martes, 8 de septiembre de 2026. Lleno de No hay billetes. Novillos de Los Maños, mansos todos; deslucidos primero, cuarto y quinto; orientado y alimañoso el segundo; el de más opciones el sexto, ovacionado en el arrastre. Víctor Barroso, de azul marino y oro. Tres pinchazos y estocada baja (silencio). Estocada corta tendidísima, media atravesada, pinchazo, media atravesada y caída (silencio). Estocada baja y tendida (silencio). Tomás González, de azul y oro. Herido. López Ortega, de lila y oro. Estocada muy tendida y delanterita (oreja). Pinchazo y estocada suelta tendida y atravesada (vuelta tras petición no mayoritaria). Estocada trasera y desprendidilla (dos orejas). Parte médico de Tomás González: Herida por asta de toro en región perianal posterior con afectación de piel. Esfínter no afectado. Parte médico de Miguel Ángel Ramírez: herida por asta de toro en axila, con trayecto hacia adentro de 8 cm. Puntazo en cara anterior, lado derecho del abdomen, con rotura parcial de músculo recto anterior sin penetrar. Puntazo corrido en cadera derecha y en cara interna muslo izquierdoAbrió la tarde un animal que ya nos iba preparando para lo que iba a ser la corrida entera : ni humillaba, ni se entregaba -en ninguno de los tercios-, ni decía nada. Y por ahí estuvo Víctor Barroso. El cuarto era una pintura, a la que se picó de aquella manera, y algo empujó Serrano. Pero hasta ahí llegó su gran bravura: se quedaba mirando a chiqueros tras la mínima interacción con cualquier capote, y cortaba en banderillas. Por bajo se lo sacó el porteño, pero el novillo miraba a cualquier parte menos a él. Muy deslucido, sólo quería ir a toriles , y ahí tuvo que acabar el gaditano, porque el animal estaba completamente aculado y acobardado. Listillo sembró el pánico en el segundo tercio. No era para menos, salió ya orientado, sólo quería quitarse la vara, y en banderillas no hacía caso a los engaños, yendo directamente por los subalternos. Así, cogió a los dos banderilleros: un volteretón se llevó Omar Guerra, que pudo continuar en el ruedo, mientras que sí hirió a Miguel Ángel Ramírez, que se llevó una paliza en unos segundos eternos en los que le zarandeó muy feo. Con los dos rehileteros en la enfermería, se las tuvo que ver Tomás González con semejante alimaña. Era para perder los papeles, pero no le ocurrió al dispuesto turolense, que estuvo valiente e inteligente, llevándolo en línea recta en tandas cortas. La verdad es que el nombre le iba como anillo al dedo: qué bichejo, qué mala leche tenía el condenado, siempre pendiente del hombre , y que o iba por el bulto, o de la pañosa salía desentendido y sin humillar ni una sola vez. En una de esas, hizo caso omiso al trapo y fue directamente por el chaval, que esta vez no se libró de ser prendido en el muslo tras un arreón del manso. Intentó quedarse Tomás en el ruedo, pero se lo tuvieron que llevar a la enfermería , de la que ya no pudo salir a dar muerte a su segundo, al ser trasladado al hospital. Y con esa perlita se quedó Víctor Barroso, que bastante hizo metiéndole la espada, aunque fuera a la última, porque era para que sonaran tres avisos, y ni un pito se habría oído. Le daba un toque fuerte en la muleta el joven , pero al de Los Maños le daba igual e iba directamente por el porteño, por lo que cazarlo fue toda una proeza.Con los quirófanos operando a los heridos, anunció entonces la megafonía que había que había que esperar a que se quedara libre alguno. Veinte minutos de espera, hasta que terminaron la intervención del subalterno. Entre el público aún se oían suspiros por las aviesas intenciones de Listillo , y la tensión y el miedo que había causado entre los presentes, cuando sonaron, al fin, los clarines. Visto lo visto, era para que al novillero siguiente no le llegara la camisa al cuerpo. Pues no fue así, con una larga cambiada recibió López Ortega al tercero, y dejó después unas verónicas de buen trazo hasta los medios. Y, de nuevo, el mexicano se plantó de hinojos en un explosivo inicio que puso al público en pie. Una vez recuperó el chaval la vertical, estuvo muy firme, muy por encima de un Platillero que salía desentendido y con la cara alta, aunque alguna vez se equivocaba y la cogía por abajo en el inicio. Pero fueron muy pocas veces. «Toca fuerte», le gritaba Encabo -un poco más bajo, seguro que el chico le escuchaba igual-. Efectivamente, el novillo lo necesitaba y así lo recetaba el mexicano, técnicamente perfecto, que hizo un final por bajo, abrochado por un precioso trincherazo. «Ha estado hecho un tío», comentaban, y así había sido. Se tiró a matar perfecto, dándole el de Los Maños un golpe en el muslo izquierdo, por lo que quedó ligeramente defectuosa la tizona, pero tuvo mucho mérito. Y ahí cayó la primera oreja de la tarde. Cerca de cortar otra estuvo en el quinto, un bonito ensabanado, que sólo tenía fachada: era mansillo, deslucidote y sin entregarse lo más mínimo. Lo brindó López Ortega a la enfermería -era el segundo del lote de González-, y estuvo valiente y dispuesto, hasta el punto de terminar por manoletinas de rodillas . Pero Cupletero estaba ya parado y no decía nada. Volvió a tirarse bien, pero no entró la espada a la primera, porque el animal le echó la cara arriba en la suerte suprema.Pero el premio a la entrega de toda la tarde llegó en el sexto, al que recibió de rodillas en el tercio de capa. El bueno de Corbeto volvió a mostrar los primeros tercios que la bravura no estaba presente en este encierro, doliéndose en banderillas, tras lo que se desmonteró Marcos Prieto, aunque ha puesto pares mejores habitualmente. Muy torero López Ortega, se caló la montera para comenzar por ayudados por alto. Los toques fueron perfectos, suaves, a veces casi imperceptibles, pero con la sutileza necesaria para alargar el viaje del cierraplaza, sacando un muletazo casi circular por la diestra. Algo mejor iba por la zurda -aunque humillar era algo impensable para el animal-, y por ahí lo bordó Santiago, dándole la distancia que pedía el cárdeno y con mucho temple . Y, tras otra estocada a la primera, las dos orejas fueron a sus manos.Vid de Oro Plaza de toros de Arganda del Rey Martes, 8 de septiembre de 2026. Lleno de No hay billetes. Novillos de Los Maños, mansos todos; deslucidos primero, cuarto y quinto; orientado y alimañoso el segundo; el de más opciones el sexto, ovacionado en el arrastre. Víctor Barroso, de azul marino y oro. Tres pinchazos y estocada baja (silencio). Estocada corta tendidísima, media atravesada, pinchazo, media atravesada y caída (silencio). Estocada baja y tendida (silencio). Tomás González, de azul y oro. Herido. López Ortega, de lila y oro. Estocada muy tendida y delanterita (oreja). Pinchazo y estocada suelta tendida y atravesada (vuelta tras petición no mayoritaria). Estocada trasera y desprendidilla (dos orejas). Parte médico de Tomás González: Herida por asta de toro en región perianal posterior con afectación de piel. Esfínter no afectado. Parte médico de Miguel Ángel Ramírez: herida por asta de toro en axila, con trayecto hacia adentro de 8 cm. Puntazo en cara anterior, lado derecho del abdomen, con rotura parcial de músculo recto anterior sin penetrar. Puntazo corrido en cadera derecha y en cara interna muslo izquierdoAbrió la tarde un animal que ya nos iba preparando para lo que iba a ser la corrida entera : ni humillaba, ni se entregaba -en ninguno de los tercios-, ni decía nada. Y por ahí estuvo Víctor Barroso. El cuarto era una pintura, a la que se picó de aquella manera, y algo empujó Serrano. Pero hasta ahí llegó su gran bravura: se quedaba mirando a chiqueros tras la mínima interacción con cualquier capote, y cortaba en banderillas. Por bajo se lo sacó el porteño, pero el novillo miraba a cualquier parte menos a él. Muy deslucido, sólo quería ir a toriles , y ahí tuvo que acabar el gaditano, porque el animal estaba completamente aculado y acobardado.
Listillo sembró el pánico el segundo tercio. No era para menos, salió ya orientado, sólo quería quitarse la vara, y en banderillas no hacía caso a los engaños, yendo directamente por los subalternos. Así, cogió a los dos banderilleros: un volteretón se llevó Omar Guerra, … que pudo continuar en el ruedo, mientras que sí hirió a Miguel Ángel Ramírez, que se llevó una paliza en unos segundos eternos en los que le zarandeó muy feo. Con los dos rehileteros en la enfermería, se las tuvo que ver Tomás González con semejante alimaña. Era para perder los papeles, pero no le ocurrió al dispuesto turolense, que estuvo valiente e inteligente, llevándolo en línea recta en tandas cortas. La verdad es que el nombre le iba como anillo al dedo: qué bichejo, qué mala leche tenía el condenado, siempre pendiente del hombre, y que o iba por el bulto, o de la pañosa salía desentendido y sin humillar ni una sola vez.
En una de esas, hizo caso omiso al trapo y fue directamente por el chaval, que esta vez no se libró de ser prendido en el muslo tras un arreón del manso. Intentó quedarse Tomás en el ruedo, pero se lo tuvieron que llevar a la enfermería, de la que ya no pudo salir a dar muerte a su segundo, al ser trasladado al hospital. Y con esa perlita se quedó Víctor Barroso, que bastante hizo metiéndole la espada, aunque fuera a la última, porque era para que sonaran tres avisos, y ni un pito se habría oído. Le daba un toque fuerte en la muleta el joven, pero al de Los Maños le daba igual e iba directamente por el porteño, por lo que cazarlo fue toda una proeza.
Con los quirófanos operando a los heridos, anunció entonces la megafonía que había que había que esperar a que se quedara libre alguno. Veinte minutos de espera, hasta que terminaron la intervención del subalterno. Entre el público aún se oían suspiros por las aviesas intenciones de Listillo, y la tensión y el miedo que había causado entre los presentes, cuando sonaron, al fin, los clarines. Visto lo visto, era para que al novillero siguiente no le llegara la camisa al cuerpo. Pues no fue así, con una larga cambiada recibió López Ortega al tercero, y dejó después unas verónicas de buen trazo hasta los medios. Y, de nuevo, el mexicano se plantó de hinojos en un explosivo inicio que puso al público en pie. Una vez recuperó el chaval la vertical, estuvo muy firme, muy por encima de un Platillero que salía desentendido y con la cara alta, aunque alguna vez se equivocaba y la cogía por abajo en el inicio. Pero fueron muy pocas veces. «Toca fuerte», le gritaba Encabo -un poco más bajo seguro que el chico le escuchaba igual-. Efectivamente, el novillo lo necesitaba y así lo recetaba el mexicano, técnicamente perfecto, que hizo un final por bajo, abrochado por un precioso trincherazo. «Ha estado hecho un tío», comentaban, y así había sido. Se tiró a matar perfecto, dándole el de Los Maños un golpe en el muslo izquierdo, por lo que quedó ligeramente defectuosa la tizona, pero tuvo mucho mérito. Y ahí cayó la primera oreja de la tarde.
Cerca de cortar otra estuvo en el quinto, un bonito ensabanado, que sólo tenía fachada: era mansillo, deslucidote y sin entregarse lo más mínimo. Lo brindó López Ortega a la enfermería -era el segundo del lote de González-, y estuvo valiente y dispuesto, hasta el punto de terminar por manoletinas de rodillas. Pero Cupletero estaba ya parado y no decía nada. Volvió a tirarse bien, pero no entró la espada a la primera, porque el animal le echó la cara arriba en la suerte suprema.
Pero el premio a la entrega de toda la tarde llegó en el sexto, al que recibió de rodillas en el tercio de capa. El bueno de Corbeto volvió a mostrar los primeros tercios que la bravura no estaba presente en este encierro, doliéndose en banderillas, tras lo que se desmonteró Marcos Prieto, aunque ha puesto pares mejores habitualmente. Muy torero López Ortega, se caló la montera para comenzar por ayudados por alto. Los toques fueron perfectos, suaves, a veces casi imperceptibles, pero con la sutileza necesaria para alargar el viaje del cierraplaza, sacando un muletazo casi circular por la diestra. Algo mejor iba por la zurda -aunque humillar era algo impensable para el animal-, y por ahí lo bordó Santiago, dándole la distancia que pedía el cárdeno y con mucho temple. Y, tras otra estocada a la primera, las dos orejas fueron a sus manos.
Vid de Oro
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Plaza de toros de Arganda del Rey
Martes, 8 de septiembre de 2026. Lleno de No hay billetes. Novillos de Los Maños, mansos todos; deslucidos primero, cuarto y quinto; orientado y alimañoso el segundo; el de más opciones el sexto, ovacionado en el arrastre.
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Víctor Barroso,
de azul marino y oro. Tres pinchazos y estocada baja (silencio). Estocada corta tendidísima, media atravesada, pinchazo, media atravesada y caída (silencio). Estocada baja y tendida (silencio). -
Tomás González,
de azul y oro. Herido. -
López Ortega,
de lila y oro. Estocada muy tendida y delanterita (oreja). Pinchazo y estocada suelta tendida y atravesada (vuelta tras petición no mayoritaria). Estocada trasera y desprendidilla (dos orejas).
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Abrió la tarde un animal que ya nos iba preparando para lo que iba a ser la corrida entera: ni humillaba, ni se entregaba -en ninguno de los tercios-, ni decía nada. Y por ahí estuvo Víctor Barroso.
El cuarto era una pintura, a la que se picó de aquella manera, y algo empujó Serrano. Pero hasta ahí llegó su gran bravura: se quedaba mirando a chiqueros tras la mínima interacción con cualquier capote, y cortaba en banderillas. Por bajo se lo sacó el porteño, pero el novillo miraba a cualquier parte menos a él. Muy deslucido, sólo quería ir a toriles, y ahí tuvo que acabar el gaditano, porque el animal estaba completamente aculado y acobardado.
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