«Pronto y en la mano», decía Antoñete para animales como el quinto de la tarde. Y así lo cumplió El Mene . Toreando directamente comenzó, ante un buen Valdefresno, en una faena que fue a más, especialmente sobre la zurda, pegando unos muletazos extraordinarios. Templadísimo anduvo también con la diestra, y daba gusto verlo con su naturalidad y verticalidad características, con ese aire amanoletado, que, al ir de purísima y oro vestido, hacía recordar a los versos de Sabina. Por ambos pitones sacó lo mejor del berrendito, alargándole el viaje con los vuelos, mostrando que está ya a gorrazos con el utrero. Preciosa y perfecta labor, que rubricó tirándose a matar recto, aunque la estocada (eficaz) quedó algo traserita, al atracarse de animal. Que todo quedara en una oreja supo a poco.El Mene con el quinto Luis GalaSe dejó ese Joyero, pero el mejor del encierro fue el cuarto, un buen Yegüesero, que cumplió los primeros tercios, y que tuvo recorrido, duración, movilidad y clase en la muleta. Capdevila se plantó de rodillas en los medios para comenzar con la pañosa, mostrando una disposición que mantuvo hasta las manoletinas , también penitentes, pero no logró que terminara de romper la faena. Ya había mostrado ganas Gonzalo con el que abrió la tarde, al que recibió con una larga cambiada. Lo primero que hizo ese Joyero fue derrumbarse. Y no paró nunca más, hasta que se lo llevaron las mulillas. Era un absoluto inválido que toda la plaza protestó, por si el usía no había advertido que el animal estaba más tiempo echado que en pie. Pues no debió verlo, porque mantuvo al de Valdefresno hasta el final. Y tampoco debió verlo el chaval que, voluntarioso, lo brindó a los presentes. Claro, no pudo haber faena, porque en el primer muletazo el novillo perdía las manos, en el segundo los cuartos traseros, y en el tercero se caía entero. Lo intentó con verdadero ahínco el porteño, pero era tan sumamente tetrapléjico el utrero que no había futuro, aunque quería ir, pero era imposible. Y a la primera mató, aunque la espada hizo guardia.Al menos puso voluntad Capdevila. No como Martín Morilla. Menuda tarde la del chaval… El primero de su lote fue un novillo algo pitorrín que desde que salió pareció decir: «De toriles no me muevo», y no salió. Dos veces lo puso en el caballo Manuel, ya mostrando que no le apetecía mucho verlo. Y en una de esas huidas a chiqueros, se quedó enganchado en los barrotes, en momentos de peligro para los que allí de pie observaban la novillada. Tanto que cada vez que se volvía a acercar el valdefresno, echaban a correr. No era para menos. No sería el de más cara, pero qué fuerza no tendrán estos animales, que abolló un poco uno de los hierros. Cambio de tercio, y por ahí anduvo el sevillano, intentando quitarle las querencias. Como era imposible, y si el animal iba, lo hacía a su aire, desentendidillo, y buscando como un condenado la vuelta por donde había venido, abrevió acertadamente el chico. Con lo que estuvo desastroso fue con la tizona. No porque pinchara mil veces, los novillos tienen hueso y éste no estaba para entregarse en la suerte suprema, sino porque entraba de aquella manera, sin convicción ni nada, llegando a sonarle dos avisos, cuando faena no había habido. Vid de Oro Plaza de toros de Arganda del Rey Miércoles, 9 de septiembre de 2026. Lleno ed No hay billetes. Novillos de Valdefresno Gonzalo Capdevila, de tabaco y oro. Estocada atravesada que hace guardia (silencio). Pinchazo y golletazo contrario (silencio). El Mene, de purísima y oro. Estocada trasera y descabello (silencio). Estocada trasera y contraria (oreja). Martín Morilla, de marfil y oro. Pinchazo, media delantera y perpendicular, casi entera en el mismo sitio, tres pinchazos y estocada atravesada (silencio). Pinchazo, estocada corta perpendicular y contraria, dos pinchazos y seis descabellos (bronca).También hay que valorar las cosas: con ése lo intentó un poquito. Con el sexto ni se puso. Además, Madrileño apretaba hacia los adentros de natura, y eso hizo que la cuadrilla pasara momentos de apuro, y más por las características de la plaza. Así que a los medios se fue Martín Morilla, le tocó los costados, y cogió la espada. ¿Era muy deslucidillo el novillo? Sí. Pero no era el Listillo de ayer, era un mansote sosito, que también tienen su lidia. Pues esos nueve minutos que tenía Manuel antes de que sonara el primer aviso, se los pasó pinchando. A veces más perpendiculares, a veces menos, a veces más atravesadas, a veces menos -que en algunas ocasiones no quedaran así sí que era un arte, por cómo entraba el muchacho-. También tuvo mucho mérito, porque hablábamos de nueve minutos… Y diez y once. Sin haber pegado un muletazo, ni uno, logró que le sonara un aviso (y el segundo estaba al caer). Como cayó el valdefresno, muerto del asco.Más acertado con la tizona estuvo El Mene con el segundo, un animal que salió muy abanto, cosa normal en la casa, y al que pegaron un largo puyazo, en buen sitio. Tras un eficaz segundo tercio, en el que el animal mostró poca fijeza, comenzó el maño por bajo, soplando entonces un huracán incomodísimo, notándose un poco descompuesto al novillero. Como Iker se siente más seguro al natural, intentó tirar por ahí de Dudosillo, pero no decía mucho el utrero, y tampoco estaba sobrado de fuerzas. Sin embargo, Arganda pudo verle en el quinto. «Pronto y en la mano», decía Antoñete para animales como el quinto de la tarde. Y así lo cumplió El Mene . Toreando directamente comenzó, ante un buen Valdefresno, en una faena que fue a más, especialmente sobre la zurda, pegando unos muletazos extraordinarios. Templadísimo anduvo también con la diestra, y daba gusto verlo con su naturalidad y verticalidad características, con ese aire amanoletado, que, al ir de purísima y oro vestido, hacía recordar a los versos de Sabina. Por ambos pitones sacó lo mejor del berrendito, alargándole el viaje con los vuelos, mostrando que está ya a gorrazos con el utrero. Preciosa y perfecta labor, que rubricó tirándose a matar recto, aunque la estocada (eficaz) quedó algo traserita, al atracarse de animal. Que todo quedara en una oreja supo a poco.El Mene con el quinto Luis GalaSe dejó ese Joyero, pero el mejor del encierro fue el cuarto, un buen Yegüesero, que cumplió los primeros tercios, y que tuvo recorrido, duración, movilidad y clase en la muleta. Capdevila se plantó de rodillas en los medios para comenzar con la pañosa, mostrando una disposición que mantuvo hasta las manoletinas , también penitentes, pero no logró que terminara de romper la faena. Ya había mostrado ganas Gonzalo con el que abrió la tarde, al que recibió con una larga cambiada. Lo primero que hizo ese Joyero fue derrumbarse. Y no paró nunca más, hasta que se lo llevaron las mulillas. Era un absoluto inválido que toda la plaza protestó, por si el usía no había advertido que el animal estaba más tiempo echado que en pie. Pues no debió verlo, porque mantuvo al de Valdefresno hasta el final. Y tampoco debió verlo el chaval que, voluntarioso, lo brindó a los presentes. Claro, no pudo haber faena, porque en el primer muletazo el novillo perdía las manos, en el segundo los cuartos traseros, y en el tercero se caía entero. Lo intentó con verdadero ahínco el porteño, pero era tan sumamente tetrapléjico el utrero que no había futuro, aunque quería ir, pero era imposible. Y a la primera mató, aunque la espada hizo guardia.Al menos puso voluntad Capdevila. No como Martín Morilla. Menuda tarde la del chaval… El primero de su lote fue un novillo algo pitorrín que desde que salió pareció decir: «De toriles no me muevo», y no salió. Dos veces lo puso en el caballo Manuel, ya mostrando que no le apetecía mucho verlo. Y en una de esas huidas a chiqueros, se quedó enganchado en los barrotes, en momentos de peligro para los que allí de pie observaban la novillada. Tanto que cada vez que se volvía a acercar el valdefresno, echaban a correr. No era para menos. No sería el de más cara, pero qué fuerza no tendrán estos animales, que abolló un poco uno de los hierros. Cambio de tercio, y por ahí anduvo el sevillano, intentando quitarle las querencias. Como era imposible, y si el animal iba, lo hacía a su aire, desentendidillo, y buscando como un condenado la vuelta por donde había venido, abrevió acertadamente el chico. Con lo que estuvo desastroso fue con la tizona. No porque pinchara mil veces, los novillos tienen hueso y éste no estaba para entregarse en la suerte suprema, sino porque entraba de aquella manera, sin convicción ni nada, llegando a sonarle dos avisos, cuando faena no había habido. Vid de Oro Plaza de toros de Arganda del Rey Miércoles, 9 de septiembre de 2026. Lleno ed No hay billetes. Novillos de Valdefresno Gonzalo Capdevila, de tabaco y oro. Estocada atravesada que hace guardia (silencio). Pinchazo y golletazo contrario (silencio). El Mene, de purísima y oro. Estocada trasera y descabello (silencio). Estocada trasera y contraria (oreja). Martín Morilla, de marfil y oro. Pinchazo, media delantera y perpendicular, casi entera en el mismo sitio, tres pinchazos y estocada atravesada (silencio). Pinchazo, estocada corta perpendicular y contraria, dos pinchazos y seis descabellos (bronca).También hay que valorar las cosas: con ése lo intentó un poquito. Con el sexto ni se puso. Además, Madrileño apretaba hacia los adentros de natura, y eso hizo que la cuadrilla pasara momentos de apuro, y más por las características de la plaza. Así que a los medios se fue Martín Morilla, le tocó los costados, y cogió la espada. ¿Era muy deslucidillo el novillo? Sí. Pero no era el Listillo de ayer, era un mansote sosito, que también tienen su lidia. Pues esos nueve minutos que tenía Manuel antes de que sonara el primer aviso, se los pasó pinchando. A veces más perpendiculares, a veces menos, a veces más atravesadas, a veces menos -que en algunas ocasiones no quedaran así sí que era un arte, por cómo entraba el muchacho-. También tuvo mucho mérito, porque hablábamos de nueve minutos… Y diez y once. Sin haber pegado un muletazo, ni uno, logró que le sonara un aviso (y el segundo estaba al caer). Como cayó el valdefresno, muerto del asco.Más acertado con la tizona estuvo El Mene con el segundo, un animal que salió muy abanto, cosa normal en la casa, y al que pegaron un largo puyazo, en buen sitio. Tras un eficaz segundo tercio, en el que el animal mostró poca fijeza, comenzó el maño por bajo, soplando entonces un huracán incomodísimo, notándose un poco descompuesto al novillero. Como Iker se siente más seguro al natural, intentó tirar por ahí de Dudosillo, pero no decía mucho el utrero, y tampoco estaba sobrado de fuerzas. Sin embargo, Arganda pudo verle en el quinto.
«Pronto y en la mano», decía Antoñete para animales como el quinto de la tarde. Y así lo cumplió El Mene. Toreando directamente comenzó, ante un buen Valdefresno, en una faena que fue a más, especialmente sobre la zurda, pegando unos muletazos extraordinarios. … Templadísimo anduvo también con la diestra, y daba gusto verlo con su naturalidad y verticalidad características, con ese aire amanoletado, que, al ir de purísima y oro vestido, hacía recordar a los versos de Sabina. Por ambos pitones sacó lo mejor del berrendito, alargándole el viaje con los vuelos, mostrando que está ya a gorrazos con el utrero. Preciosa y perfecta labor, que rubricó tirándose a matar recto, aunque la estocada (eficaz) quedó algo traserita, al atracarse de animal. Que todo quedara en una oreja supo a poco.
(Luis Gala)
Se dejó ese Joyero, pero el mejor del encierro fue el cuarto, un buen Yegüesero, que cumplió los primeros tercios, y que tuvo recorrido, duración, movilidad y clase en la muleta. Capdevila se plantó de rodillas en los medios para comenzar con la pañosa, mostrando una disposición que mantuvo hasta las manoletinas, también penitentes, pero no logró que terminara de romper la faena.
Ya había mostrado ganas Gonzalo con el que abrió la tarde, al que recibió con una larga cambiada. Lo primero que hizo ese Joyero fue derrumbarse. Y no paró nunca más, hasta que se lo llevaron las mulillas. Era un absoluto inválido que toda la plaza protestó, por si el usía no había advertido que el animal estaba más tiempo echado que en pie. Pues no debió verlo, porque mantuvo al de Valdefresno hasta el final. Y tampoco debió verlo el chaval que, voluntarioso, lo brindó a los presentes. Claro, no pudo haber faena, porque en el primer muletazo el novillo perdía las manos, en el segundo los cuartos traseros, y en el tercero se caía entero. Lo intentó con verdadero ahínco el porteño, pero era tan sumamente tetrapléjico el utrero que no había futuro, aunque quería ir, pero era imposible. Y a la primera mató, aunque la espada hizo guardia.
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Al menos puso voluntad Capdevila. No como Martín Morilla. Menuda tarde la del chaval… El primero de su lote fue un novillo algo pitorrín que desde que salió pareció decir: «De toriles no me muevo», y no salió. Dos veces lo puso en el caballo Manuel, ya mostrando que no le apetecía mucho verlo. Y en una de esas huidas a chiqueros, se quedó enganchado en los barrotes, en momentos de peligro para los que allí de pie observaban la novillada. Tanto que cada vez que se volvía a acercar el valdefresno, echaban a correr. No era para menos. No sería el de más cara, pero qué fuerza tienen estos animales, que abolló un poco uno de los hierros.
Cambio de tercio, y por anduvo el sevillano, intentando quitarle las querencias. Como era imposible, y si el animal iba, lo hacía a su aire, desentendidillo, y buscando como un condenado la vuelta por donde había venido, abrevió acertadamente el chico. Con lo que estuvo desastroso fue con la tizona. No porque pinchara mil veces, los novillos tienen hueso y éste no estaba para entregarse en la suerte suprema, sino porque entraba de aquella manera, sin convicción ni nada, llegando a sonarle dos avisos, cuando faena no había habido.
Vid de Oro
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Plaza de toros de Arganda del Rey
Miércoles, 9 de septiembre de 2026. Lleno ed No hay billetes. Novillos de Valdefresno
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Gonzalo Capdevila,
de tabaco y oro. Estocada atravesada que hace guardia (silencio). Pinchazo y golletazo contrario (silencio). -
El Mene,
de purísima y oro. Estocada trasera y descabello (silencio). Estocada trasera y contraria (oreja). -
Martín Morilla,
de marfil y oro. Pinchazo, media delantera y perpendicular, casi entera en el mismo sitio, tres pinchazos y estocada atravesada (silencio). Pinchazo, estocada corta perpendicular y contraria, dos pinchazos y seis descabellos (bronca).
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También hay que valorar las cosas: con ése lo intentó un poquito. Con el sexto ni se puso. Además, Madrileño apretaba hacia los adentros de natura, y eso hizo que la cuadrilla pasara momentos de apuro, y más por las características de la plaza. Así que a los medios se fue Martín Morilla, le tocó los costados, y cogió la espada. ¿Era muy deslucidillo el novillo? Sí. Pero no era el Listillo de ayer, era un mansote sosito, que también tienen su lidia. Pues esos nueve minutos que tenía Manuel antes de que sonara el primer aviso, se los pasó pinchando. A veces más perpendiculares, a veces menos, a veces más atravesadas, a veces menos -que en algunas ocasiones no quedaran así sí que era un arte, por cómo entraba el muchacho-. También tuvo mucho mérito, porque hablábamos de nueve minutos… Y diez y once. Sin haber pegado un muletazo, ni uno, logró que le sonara un aviso (y el segundo estaba al caer). Como cayó el valdefresno, muerto del asco.
Más acertado con la tizona estuvo El Mene con el segundo, un animal que salió muy abanto, cosa normal en la casa, y al que pegaron un largo puyazo, en buen sitio. Tras un eficaz segundo tercio, en el que el animal mostró poca fijeza, comenzó el maño por bajo, soplando entonces un huracán incomodísimo, notándose un poco descompuesto al novillero. Como Iker se siente más seguro al natural, intentó tirar por ahí de Dudosillo, pero no decía mucho el utrero, y tampoco estaba sobrado de fuerzas. Pero Arganda pudo verle en el quinto.
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