Solemos pensar que la tumba es ese lugar donde nuestros restos pasarán el resto de la eternidad. Pero no es así. En ello reparó el escritor Bernardo Atxaga (Asteasu, 75 años) paseando por Zestoa, Gipuzkoa, el pueblo del legendario boxeador Urtain: “Llegamos a un cementerio y le pregunté a un vecino que iba en un tractor si sabía dónde estaba enterrado Urtain. Resulta que habían sido compañeros de colegio, qué casualidad, y me dijo que aquel era el cementerio, pero que habían retirado los restos a los 25 años del entierro”. Esa información tocó ese disparador que tiene Atxaga en la cabeza y que pone en marcha sus novelas. Y de ahí salieron los demonios y las golondrinas.
El escritor, referente de la literatura en euskera, lanza ‘Golondrinas’ (’Enarak’), una novela que parte del entierro del boxeador Urtain para urdir un relato, entre lo cómico y lo fantástico, sobre personajes que se van y no saben volver
Solemos pensar que la tumba es ese lugar donde nuestros restos pasarán el resto de la eternidad. Pero no es así. En ello reparó el escritor Bernardo Atxaga (Asteasu, 75 años) paseando por Zestoa, Gipuzkoa, el pueblo del legendario boxeador Urtain: “Llegamos a un cementerio y le pregunté a un vecino que iba en un tractor si sabía dónde estaba enterrado Urtain. Resulta que habían sido compañeros de colegio, qué casualidad, y me dijo que aquel era el cementerio, pero que habían retirado los restos a los 25 años del entierro”. Esa información tocó ese disparador que tiene Atxaga en la cabeza y que pone en marcha sus novelas. Y de ahí salieron los demonios y las golondrinas.
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