El 12 de octubre de 1965 los Beatles cruzaron la puerta de los estudios de grabación que la compañía EMI tenía en la calle Abbey Road de Londres. Les esperaba su productor George Martin, director del sello Parlophone, como en aquella sesión seminal en la que grabaron ‘Love me do’. Desde esa primera vez habían transcurrido 1224 días. Lo que había ocurrido durante tres años, tres meses y una semana los había convertido en protagonistas de la historia del siglo XX. Ellos cuatro habían modificado las costumbres de la sociedad para siempre: la juventud de Occidente y más allá transformó su sensibilidad al interiorizar la calidad de sus melodías, unas letras sencillas y tiernas y simpáticas, y su actitud desenfada y juguetona al interpretarlas. No era sexo, como Elvis Presley. No era poesía, como Dylan. Era la alegría de vivir. A las dos y media de la tarde empezaron las sesiones de grabación de su sexto disco: Rubber Soul, la primera cumbre. Hacía tres días que John Lennon había cumplido 25 años, la misma edad de Ringo Starr, Paul McCarteny tenía 23 y George Harrison 22.
El 12 de octubre de 1965 los Beatles cruzaron la puerta de los estudios de grabación que la compañía EMI tenía en la calle Abbey Road de Londres. Les esperaba su productor George Martin, director del sello Parlophone, como en aquella sesión seminal en la que grabaron ‘Love me do’. Desde esa primera vez habían transcurrido 1224 días. Lo que había ocurrido durante tres años, tres meses y una semana los había convertido en protagonistas de la historia del siglo XX. Ellos cuatro habían modificado las costumbres de la sociedad para siempre: la juventud de Occidente y más allá transformó su sensibilidad al interiorizar la calidad de sus melodías, unas letras sencillas y tiernas y simpáticas, y su actitud desenfada y juguetona al interpretarlas. No era sexo, como Elvis Presley. No era poesía, como Dylan. Era la alegría de vivir. A las dos y media de la tarde empezaron las sesiones de grabación de su sexto disco: Rubber Soul, la primera cumbre. Hacía tres días que John Lennon había cumplido 25 años, la misma edad de Ringo Starr, Paul McCarteny tenía 23 y George Harrison 22. Seguir leyendo
El 12 de octubre de 1965 los Beatles cruzaron la puerta de los estudios de grabación que la compañía EMI tenía en la calle Abbey Road de Londres. Les esperaba su productor George Martin, director del sello Parlophone, como en aquella sesión seminal en la que grabaron ‘Love me do’. Desde esa primera vez habían transcurrido 1224 días. Lo que había ocurrido durante tres años, tres meses y una semana los había convertido en protagonistas de la historia del siglo XX. Ellos cuatro habían modificado las costumbres de la sociedad para siempre: la juventud de Occidente y más allá transformó su sensibilidad al interiorizar la calidad de sus melodías, unas letras sencillas y tiernas y simpáticas, y su actitud desenfada y juguetona al interpretarlas. No era sexo, como Elvis Presley. No era poesía, como Dylan. Era la alegría de vivir. A las dos y media de la tarde empezaron las sesiones de grabación de su sexto disco: Rubber Soul, la primera cumbre. Hacía tres días que John Lennon había cumplido 25 años, la misma edad de Ringo Starr, Paul McCarteny tenía 23 y George Harrison 22.
La industria del espectáculo había apostado por convertir aquellos cuatro chavales de Liverpool en una poderosísima máquina que producía millones de libras y dólares. 1965 fue un año para pedir socorro. Al cabo de pocos meses del estreno de la exitosa película A Hard Day’s Night, que mostraba la vorágine en la que vivían con humor, empezó el rodaje de un nuevo filme que les tendría ocupados tres meses más: Help. Mientras viajaban desde los Alpes a las Bahamas para avanzar en la filmación, y fumaban marihuana sin parar, grabaron su quinto disco con el mismo título que la película. No bajaban el ritmo. Antes de empezar una gira europea, se hizo público que la Reina Isabel II los nombraba miembros de honor del Imperio Británico. Más conciertos, con parada en Barcelona y Madrid, calcando en cada ciudad la misma actuación. El 6 de agosto Help llegó a las tiendas de discos británicas. Durante la segunda quincena de aquel mes cruzaron Estados Unidos de punta a punta para completar otra gira: la del mítico primer concierto en el Shea Stadium de Nueva York, con directos como los del disco Live at the Hollywood Bowl.

En un ritmo de trabajo similar y frenético, tanto de acción como de creatividad, vivía Bob Dylan, encadenando actuaciones, composición y grabación de obras maestras. En abril de 1965, dos meses después de publicar Bringing it all back home, estaba de gira por Reino Unido, lo acompañaba Joan Baez y le seguía el cineasta Donn Alan Pennebaker que lo grababa en hoteles y conciertos, en fiestas o componiendo. Con ese material montaría Don’t look back, uno de los mejores documentales de la historia según la crítica. En esa gira tocó dos noches en el Royal Albert Hall y los Beatles lo fueron a escuchar. 9 de mayo. Empezó con ‘The times they are a-changin’ y cerró con ‘It’s all over now, baby blue’. Después del concierto Dylan los invitó al Hotel Savoy y allí los cuatro de Liverpool conocieron al poeta Allen Ginsberg, que los vio tiernos e ingenuos (aunque lo más probable es que estuviesen fumados). Al volver a Estados Unidos, desfondado, Dylan escribió del tirón, la letra de ‘Like a rolling stone’, como si fuese un vómito. El 15 de junio hizo las primeras pruebas en el estudio. El día antes Paul McCartney había grabado ‘Yesterday’. Pocas semanas después del mítico incidente en el Festival de Newport, el que cierra el biopic A Complete Unknown, se distribuyó el nuevo disco de Dylan Highway 61 Revisited.
Al final de aquel verano del 65, Lennon y McCartney tuvieron unas semanas para componer. Porque tocaba nuevo disco y la compañía quería comercializarlo antes de las Navidades. Esta vez no estaría ligado a una película ni tampoco sería una recopilación de sencillos. Aunque después de editarlo seguirían haciendo algunos conciertos, no muchos más, iban asumiendo que sus directos no eran buenos y querían salir de la espiral enloquecida en la que estaban instalados. Su decisión profesional sería concentrar energías en la composición y en el estudio de grabación. Habían aprendido qué podía hacerse, guiados por George Martin, y estaban dispuestos a experimentar. Romperían la barrera del sonido Mersey Beat y las letras serían más complejas. Si alguien les inspiraba, era Dylan.

En el relato oficial del grupo, el que ellos propusieron en la serie documental The Anthology (estrenada en 1995, puede verse en Disney), Rubber Soul es caracterizado como su primera obra de madurez. Subrayan la importancia del trabajo que desarrollaron durante las trece jornadas de grabación que empezaron aquel 12 de octubre y acabaron el 11 de noviembre. El 26 de octubre, ante una expectación enorme, se desplazaron hasta Buckingham para que la Reina les condecorase. Cuenta la leyenda que fumaron porros en un baño de Palacio. El disco, que se publicó el 3 de diciembre, reaparecerá este viernes 2 de octubre en una nueva versión que ha dirigido Giles Martin -hijo del productor histórico- y habrá una extractiva versión de lujo de 4 cedés.
El más interesante es el segundo: las 24 piezas reunidas bajo el título Sessions, Demo and the Single. Además del single, que incluía ‘Day tripper’ y ‘We can work it out’, son rarezas: maquetas caseras, versiones instrumentales, tomas descartadas y un borrador de canción inédita de Lennon titulada ‘Little girl’. Incluso se reproducen siete minutos de bromas entre ellos mientras ensayaban las voces de ‘Think for yourself’. Su archivo es una mina que no para de explotarse, cualquier resto es un filón. Y es que, aunque puede parecer café para muy cafeteros, y seguramente comprarlo responda a un “acto de fe”, se trata de una experiencia arqueológica que vale la pena. Permite imaginar el proceso de grabación de un disco deslumbrante: aquel en la mejor banda de pop evolucionó para construir una obra de arte musical.
Esa evolución, que se concretó en la ambición de las canciones, ellos mismos la conectaban a una experiencia vital determinante en ese período: el consumo normalizado de marihuana, una droga, por cierto, que les había descubierto Dylan. No es casualidad que en ‘Girl’, una de las baladas del disco, en el estribillo se escuche una fuerte inspiración colocada allí para que fuese interpretada como una libidinosa calada de un porro. La cuestión es si la ampliación de la percepción, tan presente en la portada (en la imagen alargada y las letras psicodélicas), ayuda a comprender la densidad musical de Rubber soul. La piedra de toque es la segunda canción del disco: ‘Norwegian wood’. Su proceso de grabación ahora se conoce mejor porque en la nueva entrega se dan a conocer tres versiones de la canción descartadas. Esa canción de desamor rencoroso, más lírica que las habituales, más ambigua, más dylaniana, tenía un elemento sonoro que era la puerta a un nuevo mundo: el sitar que resaltaba la melodía y que tocó George Harrison. La apuesta de Harrison por el sitar, asociada a su interés creciente por la cultura hindú, fue un acelerador de las diversas formas de la psicodelia.
En pocos meses empezaron a escucharse ecos de aquel disco. ¿El exitazo ‘Paint it, black’ de los Rolling Stones habría incluido el magnetismo del sitar tocado por Brian Jones sin el precedente de “Norwegian wood”? En varias ocasiones Harrison se refirió a la amistad que mantenía con el guitarrista de los Stones y que le animó a tocar ese instrumento. La canción se grabó en marzo de 1966, también los Stones pasaron más horas en el estudio y se decidieron a investigar nuevas sonoridades. Al otro lado del Atlántico otra gran figura de la música pop escuchó obsesivamente Rubber Soul: Brian Wilson, el compositor de los Beach Boys. Le gustaban varias canciones del disco, reveló en sus memorias, pero se detuvo en la descripción de otra pieza de desamor: ‘You won’t see me’. Describió el juego de voces -McCartney graves, Lennon y Harrison agudos- o el acompañamiento casi imperceptible al final de un órgano Hammond que solo toca una nota. “Era casi música artística”, quiso dejar por escrito.
Pero sin duda el eco más interesante es el de ‘Norwegian Wood’ en una canción del nuevo disco de Dylan: ‘4th time around’ de Blonde on blonde. El día que aquel álbum de los Beatles pudo comprarse en Londres, Dylan dio una conferencia de prensa en San Francisco que fue televisada. Periodistas, fans y amigos le hicieron preguntas. La mayoría de las veces respondía con evasivas, escondiéndose tras el humo del cigarro. “¿Has cantado alguna vez con los Beatles?”. Respuesta dylaniana: “No. Bueno, creo que hemos estado tonteando en Londres, pero no, no creo que sea nada serio”. No cantaron juntos, pero Dylan sí escuchó con atención aquel disco. En el pequeño tesoro que es el ensayo Número cero, Eduardo Jordá descifra el método de composición de Dylan: canciones ajenas se instalan en su conciencia y él empieza a darle vueltas y más vueltas, fundiéndolas con todo su imaginario, hasta acabar creando una nueva canción. Es lo que sucedió. No son las melodías de las canciones son primas hermanas, sino que la escena que desarrolla también es la misma: el mecanismo mental que se activa cuando una mujer te abandona en su casa. Y el problema es que Dylan, al pasar las emociones por su máquina literaria, siempre gana. La primera versión grabada es de febrero de 1966.
La sincronía entre los Beatles y Bob Dylan llegó incluso hasta compartir colapso. El 29 de julio de 1966, presuntamente, Dylan sufrió un accidente de moto que lo alejó durante años de los escenarios. Un mes después los Beatles ofrecieron el último concierto de su carrera. Cantaron dos canciones de Rubber Soul -‘If i need someone’ de Harrison y “Nowhere man” y el sencillo ‘Day tripper’. Fue el 29 de agosto de 1966 en San Francisco.

The Beatles
Universal Group con Apple Records
A la venta el 2 de octubre
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