Las historias que no dejan registro audiovisual son un material de primera para la creación de mitos y leyendas. En el espacio que se crea entre lo que de verdad sucedió, la transmisión oral del relato y las pizcas de sal que cada juglar le añade, la historia va adquiriendo un empaque y una gracia que vaya a saber usted si realmente tuvo. Un poco como cuando se recuerdan chistes de películas y luego, al volver a verlas varios años después, resulta que no eran tan graciosos. Con la diferencia, claro, de que una película se puede volver a ver. Lo que sucedió y no quedó grabado, no. Pero siempre habrá alguien —suele ser un periodista— capaz de reunir las voces que vivieron la historia, darles forma y convertir todo el material en un relato coherente, contextualizado y, sobre todo, interesante.
La historia de la American Basketball Association contada por Terry Pluto es tan surrealista como entretenida
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
La historia de la American Basketball Association contada por Terry Pluto es tan surrealista como entretenida


Las historias que no dejan registro audiovisual son un material de primera para la creación de mitos y leyendas. En el espacio que se crea entre lo que de verdad sucedió, la transmisión oral del relato y las pizcas de sal que cada juglar le añade, la historia va adquiriendo un empaque y una gracia que vaya a saber usted si realmente tuvo. Un poco como cuando se recuerdan chistes de películas y luego, al volver a verlas varios años después, resulta que no eran tan graciosos. Con la diferencia, claro, de que una película se puede volver a ver. Lo que sucedió y no quedó grabado, no. Pero siempre habrá alguien —suele ser un periodista— capaz de reunir las voces que vivieron la historia, darles forma y convertir todo el material en un relato coherente, contextualizado y, sobre todo, interesante.
Eso fue lo que hizo el estadounidense Terry Pluto cuando decidió contar la historia de la ABA —American Basketball Association—, una competición de baloncesto que convivió con la NBA entre 1967 y 1976. Y eso que, en realidad, a sus fundadores el baloncesto les daba más o menos igual. Lo que importaba era el dinero. “Vi que la NBA tenía doce equipos. Me pareció que había espacio para bastantes más. ¿Por qué? No lo sé, pero, qué demonios, valía la pena intentarlo”, recordaba Dennis Murphy, su principal impulsor, en un resumen sui generis y, al mismo tiempo, certero, de lo que se supone que era el sueño americano. Hay que darle a Murphy el premio al olfato: por aquel entonces, los tres canales de televisión existentes preferían programar bolos antes que los playoff de la NBA.
La ABA, en realidad, sí que tuvo un punto de garaje del que salían ideas locas que luego se convertirían en revolucionarias. En 1976 alguien dijo: ¿por qué no hacemos un concurso de mates? ¿Por qué no un balón de tres colores, rojo, blanco y azul? Y, ya que estamos, una línea para canastas de tres puntos. Así fue. O, al menos, así lo cuenta Pluto en el fantástico libro Bolas perdidas, la loca historia de la ABA contada por sus protagonistas (Contra).
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Archivado En
EL PAÍS
