Fue un hombre discreto y espartano, extraordinario en su silencio y su biografía. Juan Ramírez de Lucas nació en Albacete en 1917, conoció y amó a Federico García Lorca siendo aún menor de edad , vivió la Guerra Civil vinculado al bando sublevado y se alistó después en la División Azul. Fue periodista, crítico de arte, coleccionista y estudioso de la arquitectura popular. Escribió en ‘ABC’, ‘Goya’ y ‘La Estafeta Literaria’. No hay en Ramírez de Lucas exceso de ninguna clase. Su vida transcurrió con una férrea vocación de discreción.’Recuerdos. Breve historia de un amor’ (Seix Barral) , editado por Christopher Maurer y Víctor Fernández, reúne los manuscritos que Ramírez de Lucas comenzó a escribir en 1996 y revisó hasta 2008. El volumen comprende el estudio introductorio de Maurer, los recuerdos autobiográficos y un conjunto documental con cartas, dibujos, fotografías y poemas. La minuciosa edición permite distinguir el recuerdo personal del documento histórico y reconstruir las circunstancias de una relación sobre la que durante décadas apenas existieron testimonios directos.Ramírez tenía apenas diecinueve años cuando conoció a Lorca en el Club Teatral Anfistora . Mantuvieron una relación entre mayo y julio de 1936. García Lorca insistió en llevarlo a México, donde trabajaba Margarita Xirgu . Pero Ramírez de Lucas necesitaba autorización paterna. Quedaba la posibilidad de enviar una carta para convencer a su padre. Nunca llegó a enviarla. Fue el propio Lorca quien lo conminó a abandonar la idea. Así que el poeta regresó a Granada y Ramírez de Lucas a Albacete. «Dos meses pasan pronto». El 18 de julio recibió una carta del poeta. Semanas después, lo fusilaron.Memorias ‘Recuerdos. Breve historia de un amor’ Autor Juan Ramírez de Lucas Edición Christopher Mauer y Víctor Fernández Editorial Seix Barrall Páginas 232 Precio 21,90 euros Valoración ****Sobrevivir a Lorca significaba también sobrevivir a su personalidad. Federico García Lorca se presenta ante el lector como una criatura expansiva y voraz, un incendio, un grifo abierto de sí mismo, capaz de absorber cualquier otra singularidad. Ramírez de Lucas tenía diecinueve años cuando entró en aquella órbita. Acaso su juventud y la fugacidad de la relación determinaron el lugar que el poeta ocupó en su memoria. Acaso el asesinato fulminó cualquier otra deriva posible. Frente a la exuberancia lorquiana, la contención de Ramírez adquiere especial valor cuando recuerda a un hombre cuya personalidad parecía desbordarlo todo.Estas memorias aportan mucho más que las cenizas de una pira amorosa. Hay en ellas vocación crítica, una exhumación de las circunstancias políticas y personales que rodearon los últimos meses del poeta. Ramírez de Lucas recuerda a un Federico menos vehementemente de lo que sostuvieron algunas interpretaciones posteriores. Señala el empeño de Rafael Alberti y María Teresa León por comprometer. Su testimonio conserva las apreciaciones de alguien que trató íntimamente al poeta y reconstruyó aquellos acontecimientos desde unas convicciones políticas muy distintas y justo por eso interesantes, en su posibilidad de contraste. También resulta significativo su recelo hacia Ian Gibson, a quien se negó a recibir cuando el hispanista intentó entrevistarlo en 1983. Más que su condición de biógrafo, parecía inquietarle su capacidad de pesquisidor, dispuesto a descubrir aquello que Ramírez de Lucas había ocultado o quizá no deseaba descubrir. Christopher Maurer examina esa reserva en «Solo el silencio», un estudio cuya precisión documental y sensibilidad crítica constituyen uno de los grandes aciertos de la edición. Su trabajo permite comprender las resistencias del memorialista sin reducirlas a una explicación sentimental.Hay momentos de estas memorias que corresponden a las preguntas más personales de su autor. Una de ellas aguijona especialmente: ¿fue realmente el último amor de Federico? Víctor Fernández conduce hacia esa incertidumbre al introducir a Rafael Rodríguez Valdivieso, otro joven granadino vinculado al poeta. ¿Pudo tratarse de un escarceo fugaz? El propio Ramírez de Lucas intenta responder a esa pregunta. No interesa urdir en las pequeñeces sentimentales, sino situarse ante el tamaño de esa desazón: la del que ama y se siente parte de una criatura extinta de golpe y a la fuerza, a merced en su memoria de la amplificación y la hipérbole. Fue un hombre discreto y espartano, extraordinario en su silencio y su biografía. Juan Ramírez de Lucas nació en Albacete en 1917, conoció y amó a Federico García Lorca siendo aún menor de edad , vivió la Guerra Civil vinculado al bando sublevado y se alistó después en la División Azul. Fue periodista, crítico de arte, coleccionista y estudioso de la arquitectura popular. Escribió en ‘ABC’, ‘Goya’ y ‘La Estafeta Literaria’. No hay en Ramírez de Lucas exceso de ninguna clase. Su vida transcurrió con una férrea vocación de discreción.’Recuerdos. Breve historia de un amor’ (Seix Barral) , editado por Christopher Maurer y Víctor Fernández, reúne los manuscritos que Ramírez de Lucas comenzó a escribir en 1996 y revisó hasta 2008. El volumen comprende el estudio introductorio de Maurer, los recuerdos autobiográficos y un conjunto documental con cartas, dibujos, fotografías y poemas. La minuciosa edición permite distinguir el recuerdo personal del documento histórico y reconstruir las circunstancias de una relación sobre la que durante décadas apenas existieron testimonios directos.Ramírez tenía apenas diecinueve años cuando conoció a Lorca en el Club Teatral Anfistora . Mantuvieron una relación entre mayo y julio de 1936. García Lorca insistió en llevarlo a México, donde trabajaba Margarita Xirgu . Pero Ramírez de Lucas necesitaba autorización paterna. Quedaba la posibilidad de enviar una carta para convencer a su padre. Nunca llegó a enviarla. Fue el propio Lorca quien lo conminó a abandonar la idea. Así que el poeta regresó a Granada y Ramírez de Lucas a Albacete. «Dos meses pasan pronto». El 18 de julio recibió una carta del poeta. Semanas después, lo fusilaron.Memorias ‘Recuerdos. Breve historia de un amor’ Autor Juan Ramírez de Lucas Edición Christopher Mauer y Víctor Fernández Editorial Seix Barrall Páginas 232 Precio 21,90 euros Valoración ****Sobrevivir a Lorca significaba también sobrevivir a su personalidad. Federico García Lorca se presenta ante el lector como una criatura expansiva y voraz, un incendio, un grifo abierto de sí mismo, capaz de absorber cualquier otra singularidad. Ramírez de Lucas tenía diecinueve años cuando entró en aquella órbita. Acaso su juventud y la fugacidad de la relación determinaron el lugar que el poeta ocupó en su memoria. Acaso el asesinato fulminó cualquier otra deriva posible. Frente a la exuberancia lorquiana, la contención de Ramírez adquiere especial valor cuando recuerda a un hombre cuya personalidad parecía desbordarlo todo.Estas memorias aportan mucho más que las cenizas de una pira amorosa. Hay en ellas vocación crítica, una exhumación de las circunstancias políticas y personales que rodearon los últimos meses del poeta. Ramírez de Lucas recuerda a un Federico menos vehementemente de lo que sostuvieron algunas interpretaciones posteriores. Señala el empeño de Rafael Alberti y María Teresa León por comprometer. Su testimonio conserva las apreciaciones de alguien que trató íntimamente al poeta y reconstruyó aquellos acontecimientos desde unas convicciones políticas muy distintas y justo por eso interesantes, en su posibilidad de contraste. También resulta significativo su recelo hacia Ian Gibson, a quien se negó a recibir cuando el hispanista intentó entrevistarlo en 1983. Más que su condición de biógrafo, parecía inquietarle su capacidad de pesquisidor, dispuesto a descubrir aquello que Ramírez de Lucas había ocultado o quizá no deseaba descubrir. Christopher Maurer examina esa reserva en «Solo el silencio», un estudio cuya precisión documental y sensibilidad crítica constituyen uno de los grandes aciertos de la edición. Su trabajo permite comprender las resistencias del memorialista sin reducirlas a una explicación sentimental.Hay momentos de estas memorias que corresponden a las preguntas más personales de su autor. Una de ellas aguijona especialmente: ¿fue realmente el último amor de Federico? Víctor Fernández conduce hacia esa incertidumbre al introducir a Rafael Rodríguez Valdivieso, otro joven granadino vinculado al poeta. ¿Pudo tratarse de un escarceo fugaz? El propio Ramírez de Lucas intenta responder a esa pregunta. No interesa urdir en las pequeñeces sentimentales, sino situarse ante el tamaño de esa desazón: la del que ama y se siente parte de una criatura extinta de golpe y a la fuerza, a merced en su memoria de la amplificación y la hipérbole.
Fue un hombre discreto y espartano, extraordinario en su silencio y su biografía. Juan Ramírez de Lucas nació en Albacete en 1917, conoció y amó a Federico García Lorca siendo aún menor de edad, vivió la Guerra Civil vinculado al bando sublevado … y se alistó después en la División Azul. Fue periodista, crítico de arte, coleccionista y estudioso de la arquitectura popular. Escribió en ‘ABC’, ‘Goya’ y ‘La Estafeta Literaria’. No hay en Ramírez de Lucas exceso de ninguna clase. Su vida transcurrió con una férrea vocación de discreción.
‘Recuerdos. Breve historia de un amor’ (Seix Barral), editado por Christopher Maurer y Víctor Fernández, reúne los manuscritos que Ramírez de Lucas comenzó a escribir en 1996 y revisó hasta 2008. El volumen comprende el estudio introductorio de Maurer, los recuerdos autobiográficos y un conjunto documental con cartas, dibujos, fotografías y poemas. La minuciosa edición permite distinguir el recuerdo personal del documento histórico y reconstruir las circunstancias de una relación sobre la que durante décadas apenas existieron testimonios directos.
Ramírez tenía apenas diecinueve años cuando conoció a Lorca en el Club Teatral Anfistora. Mantuvieron una relación entre mayo y julio de 1936. García Lorca insistió en llevarlo a México, donde trabajaba Margarita Xirgu. Pero Ramírez de Lucas necesitaba autorización paterna. Quedaba la posibilidad de enviar una carta para convencer a su padre. Nunca llegó a enviarla. Fue el propio Lorca quien lo conminó a abandonar la idea. Así que el poeta regresó a Granada y Ramírez de Lucas a Albacete. «Dos meses pasan pronto». El 18 de julio recibió una carta del poeta. Semanas después, lo fusilaron.
Memorias
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‘Recuerdos. Breve historia de un amor’

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Autor
Juan Ramírez de Lucas -
Edición
Christopher Mauer y Víctor Fernández -
Editorial
Seix Barrall -
Páginas
232 -
Precio
21,90 euros -
Valoración
****
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Sobrevivir a Lorca significaba también sobrevivir a su personalidad. Federico García Lorca se presenta ante el lector como una criatura expansiva y voraz, un incendio, un grifo abierto de sí mismo, capaz de absorber cualquier otra singularidad. Ramírez de Lucas tenía diecinueve años cuando entró en aquella órbita. Acaso su juventud y la fugacidad de la relación determinaron el lugar que el poeta ocupó en su memoria. Acaso el asesinato fulminó cualquier otra deriva posible. Frente a la exuberancia lorquiana, la contención de Ramírez adquiere especial valor cuando recuerda a un hombre cuya personalidad parecía desbordarlo todo.
Estas memorias aportan mucho más que las cenizas de una pira amorosa. Hay en ellas vocación crítica, una exhumación de las circunstancias políticas y personales que rodearon los últimos meses del poeta. Ramírez de Lucas recuerda a un Federico menos vehementemente de lo que sostuvieron algunas interpretaciones posteriores. Señala el empeño de Rafael Alberti y María Teresa León por comprometer.
Su testimonio conserva las apreciaciones de alguien que trató íntimamente al poeta y reconstruyó aquellos acontecimientos desde unas convicciones políticas muy distintas y justo por eso interesantes, en su posibilidad de contraste. También resulta significativo su recelo hacia Ian Gibson, a quien se negó a recibir cuando el hispanista intentó entrevistarlo en 1983.
Más que su condición de biógrafo, parecía inquietarle su capacidad de pesquisidor, dispuesto a descubrir aquello que Ramírez de Lucas había ocultado o quizá no deseaba descubrir. Christopher Maurer examina esa reserva en «Solo el silencio», un estudio cuya precisión documental y sensibilidad crítica constituyen uno de los grandes aciertos de la edición. Su trabajo permite comprender las resistencias del memorialista sin reducirlas a una explicación sentimental.
Hay momentos de estas memorias que corresponden a las preguntas más personales de su autor. Una de ellas aguijona especialmente: ¿fue realmente el último amor de Federico? Víctor Fernández conduce hacia esa incertidumbre al introducir a Rafael Rodríguez Valdivieso, otro joven granadino vinculado al poeta.
¿Pudo tratarse de un escarceo fugaz? El propio Ramírez de Lucas intenta responder a esa pregunta. No interesa urdir en las pequeñeces sentimentales, sino situarse ante el tamaño de esa desazón: la del que ama y se siente parte de una criatura extinta de golpe y a la fuerza, a merced en su memoria de la amplificación y la hipérbole.
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