Natalia Ginzburg (1916-1991) se había consagrado ya en 1963 con su novela ‘ Léxico familiar ‘ cuando, tres años después, debutó como autora teatral con ‘Ti ho sposato per allegria’, escrita para la actriz Adriana Asti. Sesenta años después, la obra, traducida como ‘ Me casé por alegría ‘, se estrena por primera vez en España; la sala Margarita Xirgu del Teatro Español acoge la función entre el 6 de noviembre y el 20 de diciembre, con traducción de Andrés Barba, dirección de Fran Weber y un reparto que componen Lucía Quintana, José Luis Patiño, Puchi Lagarde, Paula Muz y Sáhara Peña .La comedia cuenta, a grandes rasgos, la historia de Giuliana, una joven espontánea y algo excéntrica que se casa impulsivamente con Pietro, un abogado de buena posición social. Pero su matrimonio enfrenta dos formas muy distintas de entender la vida, el amor y las convenciones sociales.Lucía Quintana, la protagonista, estuvo solo hace unos meses en el mismo escenario interpretando ‘ Tras el ensayo ‘, un denso drama psicológico de Ingmar Bergman. Vuelve ahora a una sala que le gusta mucho por su energía y por la cercanía del público con una obra « luminosa y optimista –define–, con esos tintes y esa poesía particular que tiene Natalia Ginzburg. Tiene ese olor de su estilo propio, que tiene mucho que ver con la poesía, con esa manera de entender la vida desde un lugar saludable, sin miedo y con confianza».En un velador de la cafetería del Teatro Español, sonríe: «Yo, cuando llego al teatro, saludo a los actores que me han precedido . ‘Hola, fulanita, menganito. Ya estamos aquí, acompañadnos y ayudadnos’». Y es que los teatros conservan y transmiten la energía de todo lo que allí se ha vivido. «El Teatro Español, como el María Guerrero, son dos sitios en los que hay una muy buena energía. Se ha jugado a muchas historias en el escenario y habrá pasado de todo. Pero eso también es la magia del teatro, y forma parte del respeto por el oficio, por los que nos han precedido en la escena».La obra plantea, en palabras de Lucía Quintana, «vivir desde la alegría y el optimismo, dejar atrás la melancolía, el pesimismo, el miedo y la desconfianza, y buscar ese lugar, que es el que busca mi personaje, Giuliana. Ella cree que, si uno afronta la vida con esa predisposición más amable y optimista, aunque no superficial, todo irá mejor».Asegura la actriz que el texto no tiene una carpintería teatral al uso. «Nos recuerda, de alguna manera, al teatro del absurdo y también al de Eduardo De Filippo … Tiene también un tinte pinteriano, porque ella ya miraba mucho a Harold Pinter ; tiene una mirada muy existencialista y filosófica, pero con mucha ternura y una sonrisa permanente».En ‘Me casé por alegría’, Giuliana y Pietro se conocen casualmente en una fiesta y deciden casarse apenas una semana después. Lucía Quintana cuenta que su personaje se plantea por qué, «si se han precipitado. ¿Vamos a ser a lo mejor desesperadamente infelices? Hay una búsqueda de seguridad; ella pretende un lugar seguro desde donde poder llevarse bien con ella misma y con el mundo».Ambientada en la Italia de los años sesenta del pasado siglo, dice la actriz que es imposible no llevar en la mochila el bagaje de todo lo que ha cambiado el mundo en el tiempo transcurrido ni las ideas políticas de la autora -Natalia Ginzburg fue diputada en el Parlamento italiano por el Partido Comunista-. «No es algo, sin embargo, en lo que se haga hincapié; se cuenta la historia y se juegan la situación, la comedia y los personajes. Pero claro, somos personas de esta época e inevitablemente lo tenemos en la recámara». Natalia Ginzburg retrata dos universos: el de la familia de Pietro, más convencional, representada por su madre y su hermana -esta última, una mujer que podría considerarse feminista tanto para su época como para la nuestra-, y el de Giuliana y Vittoria, la criada, que más que una sirvienta es una verdadera amiga. Ambas proceden de una clase social humilde y, pese a sus diferencias, se hacen amigas».Giuliana, concluye, es « una heroína antiheroína ; ella misma se define como una persona impulsiva, que dice todo lo que se le pasa por la cabeza, literalmente, pero al mismo tiempo reflexiona, intenta plantearse las cosas y ser consciente de ellas. Y tiene un fondo muy bondadoso». Natalia Ginzburg (1916-1991) se había consagrado ya en 1963 con su novela ‘ Léxico familiar ‘ cuando, tres años después, debutó como autora teatral con ‘Ti ho sposato per allegria’, escrita para la actriz Adriana Asti. Sesenta años después, la obra, traducida como ‘ Me casé por alegría ‘, se estrena por primera vez en España; la sala Margarita Xirgu del Teatro Español acoge la función entre el 6 de noviembre y el 20 de diciembre, con traducción de Andrés Barba, dirección de Fran Weber y un reparto que componen Lucía Quintana, José Luis Patiño, Puchi Lagarde, Paula Muz y Sáhara Peña .La comedia cuenta, a grandes rasgos, la historia de Giuliana, una joven espontánea y algo excéntrica que se casa impulsivamente con Pietro, un abogado de buena posición social. Pero su matrimonio enfrenta dos formas muy distintas de entender la vida, el amor y las convenciones sociales.Lucía Quintana, la protagonista, estuvo solo hace unos meses en el mismo escenario interpretando ‘ Tras el ensayo ‘, un denso drama psicológico de Ingmar Bergman. Vuelve ahora a una sala que le gusta mucho por su energía y por la cercanía del público con una obra « luminosa y optimista –define–, con esos tintes y esa poesía particular que tiene Natalia Ginzburg. Tiene ese olor de su estilo propio, que tiene mucho que ver con la poesía, con esa manera de entender la vida desde un lugar saludable, sin miedo y con confianza».En un velador de la cafetería del Teatro Español, sonríe: «Yo, cuando llego al teatro, saludo a los actores que me han precedido . ‘Hola, fulanita, menganito. Ya estamos aquí, acompañadnos y ayudadnos’». Y es que los teatros conservan y transmiten la energía de todo lo que allí se ha vivido. «El Teatro Español, como el María Guerrero, son dos sitios en los que hay una muy buena energía. Se ha jugado a muchas historias en el escenario y habrá pasado de todo. Pero eso también es la magia del teatro, y forma parte del respeto por el oficio, por los que nos han precedido en la escena».La obra plantea, en palabras de Lucía Quintana, «vivir desde la alegría y el optimismo, dejar atrás la melancolía, el pesimismo, el miedo y la desconfianza, y buscar ese lugar, que es el que busca mi personaje, Giuliana. Ella cree que, si uno afronta la vida con esa predisposición más amable y optimista, aunque no superficial, todo irá mejor».Asegura la actriz que el texto no tiene una carpintería teatral al uso. «Nos recuerda, de alguna manera, al teatro del absurdo y también al de Eduardo De Filippo … Tiene también un tinte pinteriano, porque ella ya miraba mucho a Harold Pinter ; tiene una mirada muy existencialista y filosófica, pero con mucha ternura y una sonrisa permanente».En ‘Me casé por alegría’, Giuliana y Pietro se conocen casualmente en una fiesta y deciden casarse apenas una semana después. Lucía Quintana cuenta que su personaje se plantea por qué, «si se han precipitado. ¿Vamos a ser a lo mejor desesperadamente infelices? Hay una búsqueda de seguridad; ella pretende un lugar seguro desde donde poder llevarse bien con ella misma y con el mundo».Ambientada en la Italia de los años sesenta del pasado siglo, dice la actriz que es imposible no llevar en la mochila el bagaje de todo lo que ha cambiado el mundo en el tiempo transcurrido ni las ideas políticas de la autora -Natalia Ginzburg fue diputada en el Parlamento italiano por el Partido Comunista-. «No es algo, sin embargo, en lo que se haga hincapié; se cuenta la historia y se juegan la situación, la comedia y los personajes. Pero claro, somos personas de esta época e inevitablemente lo tenemos en la recámara». Natalia Ginzburg retrata dos universos: el de la familia de Pietro, más convencional, representada por su madre y su hermana -esta última, una mujer que podría considerarse feminista tanto para su época como para la nuestra-, y el de Giuliana y Vittoria, la criada, que más que una sirvienta es una verdadera amiga. Ambas proceden de una clase social humilde y, pese a sus diferencias, se hacen amigas».Giuliana, concluye, es « una heroína antiheroína ; ella misma se define como una persona impulsiva, que dice todo lo que se le pasa por la cabeza, literalmente, pero al mismo tiempo reflexiona, intenta plantearse las cosas y ser consciente de ellas. Y tiene un fondo muy bondadoso».
Natalia Ginzburg (1916-1991) se había consagrado ya en 1963 con su novela ‘Léxico familiar‘ cuando, tres años después, debutó como autora teatral con ‘Ti ho sposato per allegria’, escrita para la actriz Adriana Asti. Sesenta años después, la obra, traducida como ‘Me … casé por alegría‘, se estrena por primera vez en España; la sala Margarita Xirgu del Teatro Español acoge la función entre el 6 de noviembre y el 20 de diciembre, con traducción de Andrés Barba, dirección de Fran Weber y un reparto que componen Lucía Quintana, José Luis Patiño, Puchi Lagarde, Paula Muz y Sáhara Peña.
La comedia cuenta, a grandes rasgos, la historia de Giuliana, una joven espontánea y algo excéntrica que se casa impulsivamente con Pietro, un abogado de buena posición social. Pero su matrimonio enfrenta dos formas muy distintas de entender la vida, el amor y las convenciones sociales.
Lucía Quintana, la protagonista, estuvo solo hace unos meses en el mismo escenario interpretando ‘Tras el ensayo‘, un denso drama psicológico de Ingmar Bergman. Vuelve ahora a una sala que le gusta mucho por su energía y por la cercanía del público con una obra «luminosa y optimista –define–, con esos tintes y esa poesía particular que tiene Natalia Ginzburg. Tiene ese olor de su estilo propio, que tiene mucho que ver con la poesía, con esa manera de entender la vida desde un lugar saludable, sin miedo y con confianza».
En un velador de la cafetería del Teatro Español, sonríe: «Yo, cuando llego al teatro, saludo a los actores que me han precedido. ‘Hola, fulanita, menganito. Ya estamos aquí, acompañadnos y ayudadnos’». Y es que los teatros conservan y transmiten la energía de todo lo que allí se ha vivido. «El Teatro Español, como el María Guerrero, son dos sitios en los que hay una muy buena energía. Se ha jugado a muchas historias en el escenario y habrá pasado de todo. Pero eso también es la magia del teatro, y forma parte del respeto por el oficio, por los que nos han precedido en la escena».
La obra plantea, en palabras de Lucía Quintana, «vivir desde la alegría y el optimismo, dejar atrás la melancolía, el pesimismo, el miedo y la desconfianza, y buscar ese lugar, que es el que busca mi personaje, Giuliana. Ella cree que, si uno afronta la vida con esa predisposición más amable y optimista, aunque no superficial, todo irá mejor».
Asegura la actriz que el texto no tiene una carpintería teatral al uso. «Nos recuerda, de alguna manera, al teatro del absurdo y también al de Eduardo De Filippo… Tiene también un tinte pinteriano, porque ella ya miraba mucho a Harold Pinter; tiene una mirada muy existencialista y filosófica, pero con mucha ternura y una sonrisa permanente».
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En ‘Me casé por alegría’, Giuliana y Pietro se conocen casualmente en una fiesta y deciden casarse apenas una semana después. Lucía Quintana cuenta que su personaje se plantea por qué, «si se han precipitado. ¿Vamos a ser a lo mejor desesperadamente infelices? Hay una búsqueda de seguridad; ella pretende un lugar seguro desde donde poder llevarse bien con ella misma y con el mundo».
Ambientada en la Italia de los años sesenta del pasado siglo, dice la actriz que es imposible no llevar en la mochila el bagaje de todo lo que ha cambiado el mundo en el tiempo transcurrido ni las ideas políticas de la autora -Natalia Ginzburg fue diputada en el Parlamento italiano por el Partido Comunista-. «No es algo, sin embargo, en lo que se haga hincapié; se cuenta la historia y se juegan la situación, la comedia y los personajes. Pero claro, somos personas de esta época e inevitablemente lo tenemos en la recámara». Natalia Ginzburg retrata dos universos: el de la familia de Pietro, más convencional, representada por su madre y su hermana -esta última, una mujer que podría considerarse feminista tanto para su época como para la nuestra-, y el de Giuliana y Vittoria, la criada, que más que una sirvienta es una verdadera amiga. Ambas proceden de una clase social humilde y, pese a sus diferencias, se hacen amigas».
Giuliana, concluye, es «una heroína antiheroína; ella misma se define como una persona impulsiva, que dice todo lo que se le pasa por la cabeza, literalmente, pero al mismo tiempo reflexiona, intenta plantearse las cosas y ser consciente de ellas. Y tiene un fondo muy bondadoso».
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