Ana Rujas trae algo denso y reposado a nuestra conversación, una escucha y un modo de hablar propio de quienes han atravesado pasiones y se han entregado a explorarlas en su práctica artística. Reflexionar a través de los años, sin límite o tabú, sobre lo que nos enciende y moviliza, deja una especie de calma. Estos días prepara un papel actoral exigente, donde transforma su cuerpo para contar la vida de una deportista.
Ana Rujas no descansa. Se prepara para encarnar a la primera boxeadora española en ganar un campeonato del mundo mientras trabaja en el guion de su proyecto cinematográfico personal.
Ana Rujas trae algo denso y reposado a nuestra conversación, una escucha y un modo de hablar propio de quienes han atravesado pasiones y se han entregado a explorarlas en su práctica artística. Reflexionar a través de los años, sin límite o tabú, sobre lo que nos enciende y moviliza, deja una especie de calma. Estos días prepara un papel actoral exigente, donde transforma su cuerpo para contar la vida de una deportista.
‘La otra bestia’ es el título del libro de Rujas que, tiempo después de su publicación, dio lugar a una obra teatral estrenada bajo el mismo nombre en el espacio Nave 10 Matadero. Ambos trabajos nacen de una pregunta sobre la potencia arrebatadora de algunos cuerpos y los procesos de domesticación que atraviesan para poder formar parte en una comunidad, tanto afectiva como creativa.

El prefacio de su libro abre con la afirmación “no es interesante escribir sobre uno mismo”. Y en verdad Ana no lo encuentra interesante, parece que hay algo violento o incluso sacrificial en vernos obligadas a buscar la representación estable de una idea de yo. La redención en el arte, si la hubiese, tiene que pasar por algo más que el decirse a una misma.
Ambas hablamos de esa exigencia actual de que la obra creativa vaya unida a un ‘perfil’ consumible y comprensible, que suele desarrollarse tanto por redes como por el formato podcast: “Parece que para que te den un lugar, tienes que haber creado un como una identidad tuya que funcione, que sea atractiva. Y entonces te dan el altavoz. A mí esto me ha llegado a dar mucha ansiedad”.
“Para mí ha llegado un momento donde no me parece soportable”. No se siente cómoda con el tener que estar constantemente compartiendo opiniones en las redes sociales: “Me gusta más crear como ficciones que no tengan que ver tanto con lo que yo pienso como actriz o como personaje público, por así decirlo. Mostrar mi opinión como individuo no me interesa tanto. Me interesa más cómo ésta se traduce a nivel creativo”.

Su libro tiene una cita de apertura muy conmovedora, esta vez de Simone Weil: “Cada ser grita en silencio, queriendo ser leído de otra manera”. Me emocionó leerla, creo que tiene un sentido muy concreto traída al presente, con esta espectacularidad obligatoria que hace que cada búsqueda creativa íntima corra el riesgo de ser fetichizada y sintetizada en una versión fácil de consumir. A pesar de que no esté buscando lo biográfico, sin duda la creadora apuesta por la experiencia visceral, es decir, localizada en un cuerpo, cuyas condiciones de existencia están atravesadas por la experiencia del género y de la clase. Ana desarrolla su escritura desde lo carnal y lo explícito y al mismo tiempo realiza un giro crítico, movilizando una ironía que habla de la imposibilidad de distanciarnos cuando nos toca la necesidad, la desigualdad, la violencia, o el amor. Me encanta cómo esto aparece hacia el final de su libro, donde pone a conversar a su padre —que pela con bondad y cuidado unos tomates— y a Michi Panero, cuyo mérito es poco más que el sentirse autorizado a usar la palabra.
Frente a lo que supuestamente es correcto decir y escribir, la bestia de Rujas es quizás esa voz que surge de la localización innegable de lo vivido, que estalla con honestidad, aunque luego se desvíe de sí misma y se conjugue con otros devenires de la imaginación. “Claro, mi película también va a tener algo de eso. Es que es inevitable. No lo puedo evitar. No se puede evitar determinada manera de contar”. En los últimos años ha estado trabajando en su primera película, buscando momentos, entre su labor actoral, para conseguir la conexión que requiere la escritura de guion.
Hablamos de la necesidad de tomar ciertos riesgos para sentir que la escritura no se adormece ni cae en inercias de repetición de imágenes ya conocidas: “Yo siento que, si no me arriesgo en algo, no funcionará. O sea, como si no me pongo un poco yo entre las entre las cuerdas, digamos, algo no va a ocurrir. Eso me pasa tanto a la hora de actuar como a la hora de escribir”. Actuando cree en la importancia de traer la acción al cuerpo para que sea el ser, con toda su profundidad, lo que se desarrolle. Esto lo ve como un acto de generosidad: desocuparse, ceder espacio del yo para poder ser con las historias de las vidas de otras.

Hablamos de cómo su carrera se ha ido desarrollando a través también de conversaciones con otras creadoras. Una experiencia muy valiosa fue la cocreación de la serie Cardo con la guionista Claudia Costafreda, hacia la que siente una gran afinidad. Esta afinidad, junto a otras, repara otro dolor íntimo: el sentimiento de no siempre haber sido acogida por otras mujeres. Queda preciosamente recogido en el siguiente fragmento de su libro:
“Cuando otra mujer te desprecia:
¿Se siente poderosa, en su corazón?
¿O se siente por dentro igual que una
rata de alcantarilla?”
Nos han forzosamente enseñado desde la infancia a competir juiciosamente entre nosotras, bajo la vigilancia de la mirada patriarcal. Ana siente que es en los ojos de las compañeras donde más ha puesto la ilusión de la comunidad y el reconocimiento: “He tenido mucho dolor con eso. De alguna manera está reflejado en esa cita. Yo sentía que el apoyo que más necesitaba era el femenino, pero no siempre ha tenido lugar. Luego ha habido experiencias increíbles con mujeres, como con Claudia, es la primera persona que leyó mi guion, la primera a la que llamo cuando me dan un papel o no me lo dan. Ha sido mi compañera y lo seguirá siendo, ha sido muy bonito el proceso y aprender la una de la otra. Es una persona fundamental en mi carrera y en mi vida”.


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