Ernest Urtasun llegó al Ministerio de Cultura dispuesto a librar una guerra cultural contra la derecha y, si su objetivo era dividir, en eso puede darse por satisfecho. El también portavoz de Sumar –durante estos tres años ha dedicado más energía a esta labor– quedará como el ministro que persiguió los toros, avaló los discursos descolonizadores e impulsó las cancelaciones. Urtasun concluye su etapa sin haber sido capaz de aprobar una sola ley, sin resolver problemas de fondo como los que sufren los museos y sin dar respuesta a una oleada de robos que acabó con la pérdida del tesoro de Villena . La decisión más controvertida fue la supresión del premio Nacional de Tauromaquia. El ministro no ha dudado en calificar los toros como «maltrato animal» o «vergüenza». Decidido a no destinar un euro a la Fiesta, pese a la obligación legal del Estado de protegerla, eliminó el galardón que el ministerio concedía desde la etapa de Zapatero. También excluyó la tauromaquia de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Diplomático de carrera, incluso le negó el aplauso a El Juli en un acto. Urtasun respaldó además una iniciativa legislativa popular que pretende retirar la protección patrimonial de la tauromaquia. El mundo del toro respondió llenando de nuevo las plazas y atrayendo a una generación de aficionados jóvenes. Antes que los toros, fue la descolonización . En su primera comparecencia ante el Congreso –no se ha prodigado demasiado– anunció que impulsaría la descolonización de los museos estatales. Partía de la premisa, extendida en una parte de la izquierda, de que su relato era racista, machista y poco integrador. Así, destinó 13,6 millones de euros a renovar las museografías de los museos de América y Antropología. También retiró restos humanos, incluidas momias, de varios centros adscritos a Cultura. A esta línea descolonizadora, que ya había impulsado el Reina Sofía bajo la dirección de Manuel Borja-Villel, se ha unido esta legislatura el Thyssen. Urtasun coqueteó asimismo con la devolución del tesoro Quimbaya a Colombia, sugirió que el litigio sobre el cuadro de Pissarro debía abordarse de otro modo y participó en una operación de Estado para pedir disculpas a México por la Conquista. Contra IsraelDecidido a ocupar lo que la izquierda entiende como el lado bueno de la historia, apoyó a figuras como Karla Sofía Gascón, por ser una actriz con proyección internacional y además transexual, para después rechazarla cuando se hicieron públicos unos tuits polémicos. Urtasun ha alentado el boicot a Israel. La Biblioteca Nacional de España vetó a una empresa israelí cuyo contrato había renovado dos meses antes . Cultura cerró además las puertas al fondo KKR, presente en varios macrofestivales de música, y Urtasun avaló el boicot de una treintena de artistas contra la participación de Allianz en el Festival de las Ideas. Lo suyo es la «cultura de la paz»: ha estrechado lazos con Ucrania y se ha entregado a la defensa de Palestina. Su gran proyecto, los derechos culturales, acabó reducido a un plan de medidas y ayudas públicas alineadas con los objetivos programáticos de SumarUrtasun es el ministro más longevo con Pedro Sánchez como presidente, y ni con esas ha sido capaz de aprobar una sola ley. Su gran proyecto, los derechos culturales, acabó reducido a un plan de medidas y ayudas públicas alineadas con los objetivos programáticos de Sumar. El ministro reforzó las cuotas de género, con una arquitectura de ayudas reforzadas a las mujeres que por primera vez han empezado a recibir críticas. Urtasun implantó una unidad contra las violencias machistas ante un conato de ‘Me too’ español que nunca llegó a explotar. La ley del Cine corrió la misma suerte. Urtasun llevó al Congreso el texto que había redactado Miquel Iceta, con la intención de acelerar su aprobación, pero la norma ha quedado en el limbo. Mientras tanto, las salas denuncian que han perdido buena parte de las ayudas presupuestadas. La Oficina de Derechos de Autor tampoco ha salido adelante, como ya ocurrió en la legislatura anterior. Las industrias culturales siguen sin ese organismo y, además, han perdido la dirección general que las representaba. Regulación de la IATampoco ha habido avances en materia de inteligencia artificial, pues los tres intentos que ha hecho el Gobierno de regularla han fracasado. Con el Estatuto del Artista apenas ha habido avances más allá de la ley de Enseñanzas Artísticas y una actualización del marco laboral de los trabajadores de la cultura. A Urtasun también le salpicó la crisis de las goteras en la Biblioteca Nacional de España. Tras varios episodios de inundaciones en la principal biblioteca del país, el ministro se vio obligado a admitir que había problemas en más de cien bajantes. Presupuestó unas obras por valor de 8 millones de euros que, no obstante, tardaron catorce meses en ponerse en marcha pese a los informes que alertaban del grave riesgo para el patrimonio español. La última crisis con la que ha tenido que lidiar tiene que ver con los museos, que han seguido cerrando por falta de personal. Tras registrarse robos de colecciones en museos de Albacete y Badajoz, y pese a que la Policía había reclamado medidas para evitar nuevos casos, Cultura se puso de perfil y se produjo un tercer robo, el del valioso tesoro de Villena, en Alicante. Mes y medio después, Urtasun sigue sin lamentar lo ocurrido. Se ha limitado a decir que la responsabilidad es de otros. Ernest Urtasun llegó al Ministerio de Cultura dispuesto a librar una guerra cultural contra la derecha y, si su objetivo era dividir, en eso puede darse por satisfecho. El también portavoz de Sumar –durante estos tres años ha dedicado más energía a esta labor– quedará como el ministro que persiguió los toros, avaló los discursos descolonizadores e impulsó las cancelaciones. Urtasun concluye su etapa sin haber sido capaz de aprobar una sola ley, sin resolver problemas de fondo como los que sufren los museos y sin dar respuesta a una oleada de robos que acabó con la pérdida del tesoro de Villena . La decisión más controvertida fue la supresión del premio Nacional de Tauromaquia. El ministro no ha dudado en calificar los toros como «maltrato animal» o «vergüenza». Decidido a no destinar un euro a la Fiesta, pese a la obligación legal del Estado de protegerla, eliminó el galardón que el ministerio concedía desde la etapa de Zapatero. También excluyó la tauromaquia de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Diplomático de carrera, incluso le negó el aplauso a El Juli en un acto. Urtasun respaldó además una iniciativa legislativa popular que pretende retirar la protección patrimonial de la tauromaquia. El mundo del toro respondió llenando de nuevo las plazas y atrayendo a una generación de aficionados jóvenes. Antes que los toros, fue la descolonización . En su primera comparecencia ante el Congreso –no se ha prodigado demasiado– anunció que impulsaría la descolonización de los museos estatales. Partía de la premisa, extendida en una parte de la izquierda, de que su relato era racista, machista y poco integrador. Así, destinó 13,6 millones de euros a renovar las museografías de los museos de América y Antropología. También retiró restos humanos, incluidas momias, de varios centros adscritos a Cultura. A esta línea descolonizadora, que ya había impulsado el Reina Sofía bajo la dirección de Manuel Borja-Villel, se ha unido esta legislatura el Thyssen. Urtasun coqueteó asimismo con la devolución del tesoro Quimbaya a Colombia, sugirió que el litigio sobre el cuadro de Pissarro debía abordarse de otro modo y participó en una operación de Estado para pedir disculpas a México por la Conquista. Contra IsraelDecidido a ocupar lo que la izquierda entiende como el lado bueno de la historia, apoyó a figuras como Karla Sofía Gascón, por ser una actriz con proyección internacional y además transexual, para después rechazarla cuando se hicieron públicos unos tuits polémicos. Urtasun ha alentado el boicot a Israel. La Biblioteca Nacional de España vetó a una empresa israelí cuyo contrato había renovado dos meses antes . Cultura cerró además las puertas al fondo KKR, presente en varios macrofestivales de música, y Urtasun avaló el boicot de una treintena de artistas contra la participación de Allianz en el Festival de las Ideas. Lo suyo es la «cultura de la paz»: ha estrechado lazos con Ucrania y se ha entregado a la defensa de Palestina. Su gran proyecto, los derechos culturales, acabó reducido a un plan de medidas y ayudas públicas alineadas con los objetivos programáticos de SumarUrtasun es el ministro más longevo con Pedro Sánchez como presidente, y ni con esas ha sido capaz de aprobar una sola ley. Su gran proyecto, los derechos culturales, acabó reducido a un plan de medidas y ayudas públicas alineadas con los objetivos programáticos de Sumar. El ministro reforzó las cuotas de género, con una arquitectura de ayudas reforzadas a las mujeres que por primera vez han empezado a recibir críticas. Urtasun implantó una unidad contra las violencias machistas ante un conato de ‘Me too’ español que nunca llegó a explotar. La ley del Cine corrió la misma suerte. Urtasun llevó al Congreso el texto que había redactado Miquel Iceta, con la intención de acelerar su aprobación, pero la norma ha quedado en el limbo. Mientras tanto, las salas denuncian que han perdido buena parte de las ayudas presupuestadas. La Oficina de Derechos de Autor tampoco ha salido adelante, como ya ocurrió en la legislatura anterior. Las industrias culturales siguen sin ese organismo y, además, han perdido la dirección general que las representaba. Regulación de la IATampoco ha habido avances en materia de inteligencia artificial, pues los tres intentos que ha hecho el Gobierno de regularla han fracasado. Con el Estatuto del Artista apenas ha habido avances más allá de la ley de Enseñanzas Artísticas y una actualización del marco laboral de los trabajadores de la cultura. A Urtasun también le salpicó la crisis de las goteras en la Biblioteca Nacional de España. Tras varios episodios de inundaciones en la principal biblioteca del país, el ministro se vio obligado a admitir que había problemas en más de cien bajantes. Presupuestó unas obras por valor de 8 millones de euros que, no obstante, tardaron catorce meses en ponerse en marcha pese a los informes que alertaban del grave riesgo para el patrimonio español. La última crisis con la que ha tenido que lidiar tiene que ver con los museos, que han seguido cerrando por falta de personal. Tras registrarse robos de colecciones en museos de Albacete y Badajoz, y pese a que la Policía había reclamado medidas para evitar nuevos casos, Cultura se puso de perfil y se produjo un tercer robo, el del valioso tesoro de Villena, en Alicante. Mes y medio después, Urtasun sigue sin lamentar lo ocurrido. Se ha limitado a decir que la responsabilidad es de otros.
Ernest Urtasun llegó al Ministerio de Cultura dispuesto a librar una guerra cultural contra la derecha y, si su objetivo era dividir, en eso puede darse por satisfecho. El también portavoz de Sumar –durante estos tres años ha dedicado más energía a esta labor– … quedará como el ministro que persiguió los toros, avaló los discursos descolonizadores e impulsó las cancelaciones. Urtasun concluye su etapa sin haber sido capaz de aprobar una sola ley, sin resolver problemas de fondo como los que sufren los museos y sin dar respuesta a una oleada de robos que acabó con la pérdida del tesoro de Villena.
La decisión más controvertida fue la supresión del premio Nacional de Tauromaquia. El ministro no ha dudado en calificar los toros como «maltrato animal» o «vergüenza». Decidido a no destinar un euro a la Fiesta, pese a la obligación legal del Estado de protegerla, eliminó el galardón que el ministerio concedía desde la etapa de Zapatero. También excluyó la tauromaquia de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Diplomático de carrera, incluso le negó el aplauso a El Juli en un acto.
Urtasun respaldó además una iniciativa legislativa popular que pretende retirar la protección patrimonial de la tauromaquia. El mundo del toro respondió llenando de nuevo las plazas y atrayendo a una generación de aficionados jóvenes.
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Antes que los toros, fue la descolonización. En su primera comparecencia ante el Congreso –no se ha prodigado demasiado– anunció que impulsaría la descolonización de los museos estatales. Partía de la premisa, extendida en una parte de la izquierda, de que su relato era racista, machista y poco integrador. Así, destinó 13,6 millones de euros a renovar las museografías de los museos de América y Antropología. También retiró restos humanos, incluidas momias, de varios centros adscritos a Cultura. A esta línea descolonizadora, que ya había impulsado el Reina Sofía bajo la dirección de Manuel Borja-Villel, se ha unido esta legislatura el Thyssen.
Urtasun coqueteó asimismo con la devolución del tesoro Quimbaya a Colombia, sugirió que el litigio sobre el cuadro de Pissarro debía abordarse de otro modo y participó en una operación de Estado para pedir disculpas a México por la Conquista.
Contra Israel
Decidido a ocupar lo que la izquierda entiende como el lado bueno de la historia, apoyó a figuras como Karla Sofía Gascón, por ser una actriz con proyección internacional y además transexual, para después rechazarla cuando se hicieron públicos unos tuits polémicos.
Urtasun ha alentado el boicot a Israel. La Biblioteca Nacional de España vetó a una empresa israelí cuyo contrato había renovado dos meses antes. Cultura cerró además las puertas al fondo KKR, presente en varios macrofestivales de música, y Urtasun avaló el boicot de una treintena de artistas contra la participación de Allianz en el Festival de las Ideas. Lo suyo es la «cultura de la paz»: ha estrechado lazos con Ucrania y se ha entregado a la defensa de Palestina.
Su gran proyecto, los derechos culturales, acabó reducido a un plan de medidas y ayudas públicas alineadas con los objetivos programáticos de Sumar
Urtasun es el ministro más longevo con Pedro Sánchez como presidente, y ni con esas ha sido capaz de aprobar una sola ley. Su gran proyecto, los derechos culturales, acabó reducido a un plan de medidas y ayudas públicas alineadas con los objetivos programáticos de Sumar. El ministro reforzó las cuotas de género, con una arquitectura de ayudas reforzadas a las mujeres que por primera vez han empezado a recibir críticas. Urtasun implantó una unidad contra las violencias machistas ante un conato de ‘Me too’ español que nunca llegó a explotar.
La ley del Cine corrió la misma suerte. Urtasun llevó al Congreso el texto que había redactado Miquel Iceta, con la intención de acelerar su aprobación, pero la norma ha quedado en el limbo. Mientras tanto, las salas denuncian que han perdido buena parte de las ayudas presupuestadas. La Oficina de Derechos de Autor tampoco ha salido adelante, como ya ocurrió en la legislatura anterior. Las industrias culturales siguen sin ese organismo y, además, han perdido la dirección general que las representaba.
Regulación de la IA
Tampoco ha habido avances en materia de inteligencia artificial, pues los tres intentos que ha hecho el Gobierno de regularla han fracasado. Con el Estatuto del Artista apenas ha habido avances más allá de la ley de Enseñanzas Artísticas y una actualización del marco laboral de los trabajadores de la cultura.
A Urtasun también le salpicó la crisis de las goteras en la Biblioteca Nacional de España. Tras varios episodios de inundaciones en la principal biblioteca del país, el ministro se vio obligado a admitir que había problemas en más de cien bajantes. Presupuestó unas obras por valor de 8 millones de euros que, no obstante, tardaron catorce meses en ponerse en marcha pese a los informes que alertaban del grave riesgo para el patrimonio español.
La última crisis con la que ha tenido que lidiar tiene que ver con los museos, que han seguido cerrando por falta de personal. Tras registrarse robos de colecciones en museos de Albacete y Badajoz, y pese a que la Policía había reclamado medidas para evitar nuevos casos, Cultura se puso de perfil y se produjo un tercer robo, el del valioso tesoro de Villena, en Alicante. Mes y medio después, Urtasun sigue sin lamentar lo ocurrido. Se ha limitado a decir que la responsabilidad es de otros.
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