En las bibliotecas públicas de Bogotá, agrupadas en torno a BibloRed, es posible presenciar escenas poco habituales en un lugar dedicado a los libros. Por ejemplo, una reunión de mujeres del barrio convocadas para preparar amasijos tradicionales en un horno acondicionado especialmente. En esa oportunidad ellas aportaron las recetas, las compartieron y las hornearon entre todas. Hasta entonces, sólo visitaban la biblioteca para acompañar a sus hijos o a sus nietos. No eran lectoras habituales ni usuarias de sus servicios. Sin embargo, aquella jornada les abrió puertas que no esperaban.
Con cerca de 152 espacios de lectura y cinco millones de visitas al año, la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá es un escenario social de inclusión y transformación. Su apuesta por una alfabetización que reconoce los saberes ancestrales de comunidades indígenas le mereció en 2026 el Premio UNESCO de Alfabetización Rey Sejong
En las bibliotecas públicas de Bogotá, agrupadas en torno a BibloRed, es posible presenciar escenas poco habituales en un lugar dedicado a los libros. Por ejemplo, una reunión de mujeres del barrio convocadas para preparar amasijos tradicionales en un horno acondicionado especialmente. En esa oportunidad ellas aportaron las recetas, las compartieron y las hornearon entre todas. Hasta entonces, sólo visitaban la biblioteca para acompañar a sus hijos o a sus nietos. No eran lectoras habituales ni usuarias de sus servicios. Sin embargo, aquella jornada les abrió puertas que no esperaban.
Entre almojábanas y pandebonos comenzaron a surgir preguntas: de dónde venían las semillas, cómo se cultivaban los ingredientes, qué prácticas tradicionales se estaban perdiendo y qué conocimientos guardaban las señoras presentes. Lo que empezó como un encuentro gastronómico terminó convertido en un grupo de investigación de la biblioteca sobre cocinas tradicionales.
Esa historia ilustra el rumbo que ha tomado la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá: dejar de concebir estos espacios como lugares de consulta y lectura para convertirlos en escenarios donde el conocimiento circula en múltiples direcciones. Allí no solo se aprende de libros; también de las personas, de sus oficios, de sus experiencias y de las historias que cada comunidad tiene para contar.
Esta transformación forma parte de una apuesta que, después de 25 años, ha consolidado a BibloRed como uno de los proyectos culturales más importantes de la capital. La red cuenta hoy con 152 espacios, entre ellos 32 bibliotecas, salas de lectura, bibliotecas escolares y de centros penitenciarios, paraderos para libros, escenarios especializados y una biblioteca digital. En conjunto, recibe alrededor de cinco millones de visitas al año.
Ese proceso evolutivo responde a una pregunta clave: ¿cómo conseguir que una biblioteca responda verdaderamente a las necesidades de las comunidades que viven a su alrededor? Frente a esto, Andrea Victorino (Bogotá, 45 años), actual directora de Biblored, asegura que “la biblioteca no es un centro solamente para unas grandes colecciones; es, sobre todo, un lugar donde las personas pueden acercarse con problemáticas y entre todos buscar soluciones”.
Ese desafío ha implicado ampliar las fronteras de la lectura y reconocer que no todas las comunidades se relacionan igual con la cultura escrita. De ahí surgió Escuela LEO, un programa que recoge un proceso iniciado hace unos seis años con la Escuela de Mediadores y hoy se articula con la política pública de lectura, escritura y oralidad de Bogotá, proyectada hasta 2040. Según Victorino, estas iniciativas existen en BibloRed porque “el conocimiento no solamente está en los libros. También está en los usuarios que se acercan a las bibliotecas”.
La propuesta de desarrollo social de BibloRed también ha desarrollado experiencias con comunidades indígenas, personas sordas, población LGBTI y grupos que, por diferentes circunstancias, han encontrado barreras para acceder a la cultura escrita: “Las bibliotecas tienen que escuchar a la comunidad, tener una apertura sobre los saberes de las personas y, sobre todo, convertirse en lugares donde el conocimiento circula de forma horizontal”, dice la directora.
Uno de los ejemplos más significativos ocurrió con el cabildo muisca de Suba. Allí, el objetivo de recuperar la lengua propia se convirtió en el punto de partida de un proceso de alfabetización construido con la comunidad. La iniciativa consistió, entre otras cosas, en recuperar palabras y expresiones de la lengua muisca y llevarlas a la vida cotidiana mediante pequeños letreros que ayudaran a sus integrantes a reconocerlas, aprenderlas y transmitirlas.
En los últimos dos años, Escuela LEO ha llegado a cerca de 4.000 personas en localidades como Suba, Chapinero, Santa Fe y Tunjuelito. También contemplan la posibilidad de trabajar en zonas rurales de Bogotá, como Sumapaz y Pasquilla.
Quizá una de las transformaciones más significativas de BibloRed se encuentra en su relación con dos grupos poblacionales que requieren especial atención: los niños y los adultos mayores. En lo corrido de 2026 la red ha atendido cerca de 81.000 niños y niñas entre los cero y los doce años, así como a más de 38.000 personas de más de 60 años.

BibloRed busca que los niños y jóvenes encuentren otras formas de relacionarse con el conocimiento y descubran intereses y vocaciones. Para ello promueve la exploración, la divulgación científica y el acercamiento a disciplinas como la botánica, la ingeniería y las matemáticas.
En el caso de los adultos mayores, la biblioteca se ha convertido en un espacio para conversar, bailar, hacer yoga, bordar, pintar o, sencillamente, encontrarse con otras personas. Como Nelly Ávila (Sogamoso, 71 años), quien ha encontrado en la Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo un espacio para compartir sus conocimientos. “Durante toda mi vida fui profesora de ciencias sociales y hoy puedo decir que lo que me cambió la vida fue este lugar”, asegura. “Desde que empezó la construcción de la biblioteca yo quería saber qué era lo que iban a hacer ahí y ahora mire hasta dónde he llegado”, cuenta emocionada.
Ávila ha dictado clases de yoga y lidera un grupo de danza. Su experiencia refleja una de las apuestas de BibloRed: que las personas mayores no sean vistas solo como usuarias de servicios, sino como sujetos con capacidades, saberes y mucho por aportar. En una ciudad que envejece, asegura Victorino, “los espacios de encuentro adquieren una importancia creciente. Para muchas personas mayores, una visita a la biblioteca puede significar la posibilidad de conversar, participar en una actividad o recuperar una rutina que les permita sentirse acompañadas”.
La pandemia hizo todavía más evidente la importancia de estos espacios. En esa época, BibloRed comenzó a llamar a sus usuarios para saber cómo estaban, especialmente a quienes podían estar atravesando situaciones de soledad. De esas conversaciones surgieron iniciativas como un servicio telefónico de lectura en voz alta y el préstamo de libros a domicilio.
BibloRed ha recibido distinciones nacionales e internacionales. Solo un año después de su creación, recibió el premio Access To Learning, otorgado por la fundación Bill y Melinda Gates por su capacidad para dar acceso gratuito a la tecnología, lo que puso a BibloRed en el mapa mundial de las bibliotecas públicas. También en 2003, la AIPEP (Asociación Independiente de Periodistas, Escritores y Profesionales en Nuevas Tecnologías de la Comunicación de España) le otorgó el Premio Lugares de Cultura Viva.
Además, las sedes Carlos E. Restrepo, Bosa y La Victoria ganaron en 2018, 2021 y 2024 el Premio Nacional de Bibliotecas Públicas Daniel Samper Ortega, el principal galardón del campo en Colombia, lo que testimonia sus resultados sostenidos en el tiempo.
Y como cereza en el pastel, con su programa Escuela LEO, en septiembre de 2026 BibloRed recibió el Premio UNESCO de Alfabetización Rey Sejong. Para Victorino, este reconocimiento se debe a que “los procesos de alfabetización tienen que ser situados, tienen que atender las necesidades de la comunidad y guiarse bajo la lógica comunitaria, cultural, territorial y de identidad de ellos”.
Gracias a BibloRed, las bibliotecas dejan de ser lugares a los que se va exclusivamente a buscar el conocimiento, porque allí también se produce, se comparte y se conserva. Ese es, en últimas, su propósito: entender que una sociedad también se construye cuando sus integrantes tienen un lugar para encontrarse, aprender unos de otros y reconocerse en las historias que comparten.
EL PAÍS
