Aunque la semana de Eurovisión parecía tranquila, la cuenta atrás comenzó a complicarse y no es para menos, porque ha sido una de las ediciones más polémicas de la historia del festival. La presencia de Israel parecía que iba a provocar un terremoto y salidas inminentes de países, pero lo cierto es que fueron solo España, Países Bajos, Irlanda y Eslovenia los que no quisieron acudir a la cita. A veces, la realidad supera la ficción y es que, más allá de las manifestaciones a favor de Palestina en la ciudad de Viena y la posible vuelta de Rusia al festival, ya que, según el director de Eurovisión, Martin Green, «la invasión de otro país no es motivo de exclusión de Eurovisión», quien brilló en la gran noche fue Bulgaria , representada por Dara con su ‘Bangaranga ‘ con 516 puntos. Es su primera victoria en el festival.Noticia relacionada general No No De Bulgaria a Reino Unido: consulta la clasificación final de Eurovisión 2026 Inés RomeroEn Eurovisión siempre hay sorpresas y es que, conforme la gala arrancó, hubo un país, más bien una propuesta, que comenzó a crecer como la espuma en las casas de apuestas. Hablamos de ella, de Dara con su ‘Bangaranga’, que decidió que la sutileza es para cobardes. Apareció en el escenario como si acabara de salir de una rave cyberpunk en los Balcanes: luces por todas partes, humo, bailarines completamente desquiciados y una base electrónica que parece diseñada para reventar los altavoces de media Europa. Iba mandando en el escenario con una energía de «sé que estoy loca, ¿y qué pasa?», mientras gritaba el estribillo como si estuviera invocando algo peligrosísimo. Todo rapidísimo, exagerado y un poco caótico. Y detrás de toda esa locura, la canción habla de dejar de pedir perdón por ser demasiado intensa y empezar a vivir exactamente como te da la gana.Desde hace unos años Eurovisión pasó de ser un festival de música pop a ser, entre otras muchas cosas, un escaparate de una agenda social marcada por los países que participan, o no, y los temas que abundan en redes sociales o están de actualidad. Anoche tocaba, como el año pasado, y el anterior, y el otro, la participación de Israel. Tras las quejas, críticas, salidas de países y manifestaciones en las calles , RTVE tenía que manifestarse, claro está, y lo hizo justo antes del arranque de la gala y, en su caso, de los informativos, con un mensaje parecido al del año pasado: ‘El festival de Eurovisión es un concurso, pero los derechos humanos no lo son. No hay espacio para la indiferencia. Paz y justicia para Palestina’. El revuelo no fue suficiente.Seguir la gala de Eurovisión desde el canal de YouTube del festival te obliga a ver también los comentarios de los espectadores en el chat. Y allí ya se podía intuir que Israel podía tener un buen resultado, al menos en el televoto. Y así ha sido. Noam Bettan con ‘Michelle’ quiso hablar del amor tóxico, del que duele, pero del que al final consigues sacar una lección. Y eso parece haber hecho también el mismo Bettan, que quiso dejar a un lado su lengua y el inglés para representar a Israel cantando esta vez en francés. Mientras cinco bailarinas vestidas de blanco y negro bailaban sobre una especie de diamante gigante, el público alzaba multitud de banderas israelíes con euforia. También, abucheos monumentales cuando recibió el televoto, quedando en segunda posición con 343 puntos . También se quedó sin su micrófono de cristal Italia , con Sal Da Vinci y su ‘Per sempre sì’. Ha vuelto a hacer eso que se les da tan bien: convertir una actuación aparentemente sencilla en algo intensísimo. La propuesta jugaba con una estética muy elegante y cinematográfica, llena de luces cálidas, planos cerrados y una banda sonando casi como si estuvieran en directo en medio de una película romántica italiana. No hay grandes explosiones ni locuras visuales porque Italia sabía perfectamente que su arma secreta es hacerte sufrir emocionalmente con una mirada y un estribillo. Hasta hace unos días, la noche estaba reñida entre Finlandia y Grecia, pero conforme se acercaba la noche de la gran gala, Australia comenzó a hacerse con los primeros puestos del ranking en las principales páginas de apuestas. Finalmente quedó la cuarta con 287 puntos . Delta Goodrem entró pisando fuerte en el escenario con ‘Eclipse’. Parece que decidieron que menos nunca es más y directamente llevó un piano, veinte kilos de oro líquido y fuego suficiente como para calentar toda Basilea. La actuación parecía una mezcla entre los ‘Juegos del Hambre’ y una gala de los Óscar: todo brilla, todo arde. Más allá de eso, quienes se quedaron a las puertas del premio fueron Linda Lampenius x Pete Parkkonen con su ‘Liekinheitin’ , que se quedaron en 279 puntos representando a Finlandia. Todo estaba lleno de fuego, humo y drama nórdico intensísimo mientras Linda Lampenius tocaba el violín como si estuviera invocando una tormenta vikinga y Pete Parkkonen sufría muchísimo porque, aparentemente, enamorarse le ha salido regulero. La actuación tenía tanta llama real que por momentos parecía que habían encendido accidentalmente una sauna finlandesa gigante en medio del escenario. Pero entre toda esa épica exagerada, la propuesta funcionó porque la canción hablaba de una relación tan intensa y tóxica que, aunque sabes que te está destruyendo, sigues acercándote al fuego igualmente. ¿Y España? Cantando también, pero a su manera. Primero, lo han hecho renegando de las palabras del organizador del festival, Martin Green, cuando afirmó recientemente a un periodista que «la invasión de otro país no es motivo de exclusión de Eurovisión» y que, por eso, quizá, Rusia podría estar presente en otras ediciones. «Es un insulto flagrante a los valores europeos. Confiemos en que rechace formalmente estas declaraciones, que destruyen la imagen del concurso y dificultan el regreso de España. Es hora de un tiempo nuevo en Eurovisión». Más tarde cantaron de verdad. Cantaron Manuel Carrasco, Ana Belén, Raphael y hasta hubo un ‘chanelazo’. Quién lo iba a decir. Arrancaron la noche con un mensaje contra el festival alegando que «no hay espacio para la indiferencia», y terminaron bailando a lo grande con la que nos llevó al tercer puesto en el festival hace unos años. Eso sí, con un precio: posiblemente un millón de euros por ‘La casa de la música’. Aunque la semana de Eurovisión parecía tranquila, la cuenta atrás comenzó a complicarse y no es para menos, porque ha sido una de las ediciones más polémicas de la historia del festival. La presencia de Israel parecía que iba a provocar un terremoto y salidas inminentes de países, pero lo cierto es que fueron solo España, Países Bajos, Irlanda y Eslovenia los que no quisieron acudir a la cita. A veces, la realidad supera la ficción y es que, más allá de las manifestaciones a favor de Palestina en la ciudad de Viena y la posible vuelta de Rusia al festival, ya que, según el director de Eurovisión, Martin Green, «la invasión de otro país no es motivo de exclusión de Eurovisión», quien brilló en la gran noche fue Bulgaria , representada por Dara con su ‘Bangaranga ‘ con 516 puntos. Es su primera victoria en el festival.Noticia relacionada general No No De Bulgaria a Reino Unido: consulta la clasificación final de Eurovisión 2026 Inés RomeroEn Eurovisión siempre hay sorpresas y es que, conforme la gala arrancó, hubo un país, más bien una propuesta, que comenzó a crecer como la espuma en las casas de apuestas. Hablamos de ella, de Dara con su ‘Bangaranga’, que decidió que la sutileza es para cobardes. Apareció en el escenario como si acabara de salir de una rave cyberpunk en los Balcanes: luces por todas partes, humo, bailarines completamente desquiciados y una base electrónica que parece diseñada para reventar los altavoces de media Europa. Iba mandando en el escenario con una energía de «sé que estoy loca, ¿y qué pasa?», mientras gritaba el estribillo como si estuviera invocando algo peligrosísimo. Todo rapidísimo, exagerado y un poco caótico. Y detrás de toda esa locura, la canción habla de dejar de pedir perdón por ser demasiado intensa y empezar a vivir exactamente como te da la gana.Desde hace unos años Eurovisión pasó de ser un festival de música pop a ser, entre otras muchas cosas, un escaparate de una agenda social marcada por los países que participan, o no, y los temas que abundan en redes sociales o están de actualidad. Anoche tocaba, como el año pasado, y el anterior, y el otro, la participación de Israel. Tras las quejas, críticas, salidas de países y manifestaciones en las calles , RTVE tenía que manifestarse, claro está, y lo hizo justo antes del arranque de la gala y, en su caso, de los informativos, con un mensaje parecido al del año pasado: ‘El festival de Eurovisión es un concurso, pero los derechos humanos no lo son. No hay espacio para la indiferencia. Paz y justicia para Palestina’. El revuelo no fue suficiente.Seguir la gala de Eurovisión desde el canal de YouTube del festival te obliga a ver también los comentarios de los espectadores en el chat. Y allí ya se podía intuir que Israel podía tener un buen resultado, al menos en el televoto. Y así ha sido. Noam Bettan con ‘Michelle’ quiso hablar del amor tóxico, del que duele, pero del que al final consigues sacar una lección. Y eso parece haber hecho también el mismo Bettan, que quiso dejar a un lado su lengua y el inglés para representar a Israel cantando esta vez en francés. Mientras cinco bailarinas vestidas de blanco y negro bailaban sobre una especie de diamante gigante, el público alzaba multitud de banderas israelíes con euforia. También, abucheos monumentales cuando recibió el televoto, quedando en segunda posición con 343 puntos . También se quedó sin su micrófono de cristal Italia , con Sal Da Vinci y su ‘Per sempre sì’. Ha vuelto a hacer eso que se les da tan bien: convertir una actuación aparentemente sencilla en algo intensísimo. La propuesta jugaba con una estética muy elegante y cinematográfica, llena de luces cálidas, planos cerrados y una banda sonando casi como si estuvieran en directo en medio de una película romántica italiana. No hay grandes explosiones ni locuras visuales porque Italia sabía perfectamente que su arma secreta es hacerte sufrir emocionalmente con una mirada y un estribillo. Hasta hace unos días, la noche estaba reñida entre Finlandia y Grecia, pero conforme se acercaba la noche de la gran gala, Australia comenzó a hacerse con los primeros puestos del ranking en las principales páginas de apuestas. Finalmente quedó la cuarta con 287 puntos . Delta Goodrem entró pisando fuerte en el escenario con ‘Eclipse’. Parece que decidieron que menos nunca es más y directamente llevó un piano, veinte kilos de oro líquido y fuego suficiente como para calentar toda Basilea. La actuación parecía una mezcla entre los ‘Juegos del Hambre’ y una gala de los Óscar: todo brilla, todo arde. Más allá de eso, quienes se quedaron a las puertas del premio fueron Linda Lampenius x Pete Parkkonen con su ‘Liekinheitin’ , que se quedaron en 279 puntos representando a Finlandia. Todo estaba lleno de fuego, humo y drama nórdico intensísimo mientras Linda Lampenius tocaba el violín como si estuviera invocando una tormenta vikinga y Pete Parkkonen sufría muchísimo porque, aparentemente, enamorarse le ha salido regulero. La actuación tenía tanta llama real que por momentos parecía que habían encendido accidentalmente una sauna finlandesa gigante en medio del escenario. Pero entre toda esa épica exagerada, la propuesta funcionó porque la canción hablaba de una relación tan intensa y tóxica que, aunque sabes que te está destruyendo, sigues acercándote al fuego igualmente. ¿Y España? Cantando también, pero a su manera. Primero, lo han hecho renegando de las palabras del organizador del festival, Martin Green, cuando afirmó recientemente a un periodista que «la invasión de otro país no es motivo de exclusión de Eurovisión» y que, por eso, quizá, Rusia podría estar presente en otras ediciones. «Es un insulto flagrante a los valores europeos. Confiemos en que rechace formalmente estas declaraciones, que destruyen la imagen del concurso y dificultan el regreso de España. Es hora de un tiempo nuevo en Eurovisión». Más tarde cantaron de verdad. Cantaron Manuel Carrasco, Ana Belén, Raphael y hasta hubo un ‘chanelazo’. Quién lo iba a decir. Arrancaron la noche con un mensaje contra el festival alegando que «no hay espacio para la indiferencia», y terminaron bailando a lo grande con la que nos llevó al tercer puesto en el festival hace unos años. Eso sí, con un precio: posiblemente un millón de euros por ‘La casa de la música’.
Aunque la semana de Eurovisión parecía tranquila, la cuenta atrás comenzó a complicarse y no es para menos, porque ha sido una de las ediciones más polémicas de la historia del festival. La presencia de Israel parecía que iba a provocar un terremoto y salidas … inminentes de países, pero lo cierto es que fueron solo España, Países Bajos, Irlanda y Eslovenia los que no quisieron acudir a la cita. A veces, la realidad supera la ficción y es que, más allá de las manifestaciones a favor de Palestina en la ciudad de Viena y la posible vuelta de Rusia al festival, ya que, según el director de Eurovisión, Martin Green, «la invasión de otro país no es motivo de exclusión de Eurovisión», quien brilló en la gran noche fue Bulgaria, representada por Dara con su ‘Bangaranga‘ con 516 puntos. Es su primera victoria en el festival.
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En Eurovisión siempre hay sorpresas y es que, conforme la gala arrancó, hubo un país, más bien una propuesta, que comenzó a crecer como la espuma en las casas de apuestas. Hablamos de ella, de Dara con su ‘Bangaranga’, que decidió que la sutileza es para cobardes. Apareció en el escenario como si acabara de salir de una rave cyberpunk en los Balcanes: luces por todas partes, humo, bailarines completamente desquiciados y una base electrónica que parece diseñada para reventar los altavoces de media Europa. Iba mandando en el escenario con una energía de «sé que estoy loca, ¿y qué pasa?», mientras gritaba el estribillo como si estuviera invocando algo peligrosísimo. Todo rapidísimo, exagerado y un poco caótico. Y detrás de toda esa locura, la canción habla de dejar de pedir perdón por ser demasiado intensa y empezar a vivir exactamente como te da la gana.
En cuestión de unos años, Eurovisión ha pasado de ser un festival de música pop a ser, entre otras muchas cosas, un escaparate de una agenda social marcada por los países que participan, o no, y los temas que abundan en redes sociales o están de actualidad. Anoche tocaba, como el año pasado, y el anterior, y el otro, la participación de Israel. Tras las quejas, críticas, salidas de países y manifestaciones en las calles, RTVE tenía que manifestarse, claro está, y lo hizo justo antes del arranque de la gala y, en su caso, de los informativos, con un mensaje parecido al del año pasado: ‘El festival de Eurovisión es un concurso, pero los derechos humanos no lo son. No hay espacio para la indiferencia. Paz y justicia para Palestina’. El revuelo no fue suficiente.
Seguir la gala de Eurovisión desde el canal de YouTube del festival te obliga a ver también los comentarios de los espectadores en el chat. Y allí ya se podía intuir que Israel podía tener un buen resultado, al menos en el televoto. Y así ha sido. Noam Bettan con ‘Michelle’ quiso hablar del amor tóxico, del que duele, pero del que al final consigues sacar una lección. Y eso parece haber hecho también el mismo Bettan, que quiso dejar a un lado su lengua y el inglés para representar a Israel cantando esta vez en francés. Mientras cinco bailarines vestidos de blanco y negro bailaban sobre una especie de diamante gigante, el público alzaba multitud de banderas israelíes con euforia. También, abucheos monumentales cuando recibió el televoto, quedando en segunda posición con 343 puntos.
También se quedó sin su micrófono de cristal Italia, con Sal Da Vinci y su ‘Per sempre sì’. Ha vuelto a hacer eso que se les da tan bien: convertir una actuación aparentemente sencilla en algo intensísimo. La propuesta jugaba con una estética muy elegante y cinematográfica, llena de luces cálidas, planos cerrados y una banda sonando casi como si estuvieran en directo en medio de una película romántica italiana. No hay grandes explosiones ni locuras visuales porque Italia sabía perfectamente que su arma secreta es hacerte sufrir emocionalmente con una mirada y un estribillo.
Hasta hace unos días, la noche estaba reñida entre Finlandia y Grecia, pero conforme se acercaba la noche de la gran gala, Australia comenzó a hacerse con los primeros puestos del ranking en las principales páginas de apuestas. Finalmente quedó la cuarta con 287 puntos. Delta Goodrem entró pisando fuerte en el escenario con ‘Eclipse’. Parece que decidieron que menos nunca es más y directamente llevó un piano, veinte kilos de oro líquido y fuego suficiente como para calentar toda Basilea. La actuación parecía una mezcla entre los ‘Juegos del Hambre’ y una gala de los Óscar: todo brilla, todo arde.
Más allá de eso, quienes se quedaron a las puertas del premio fueron Linda Lampenius x Pete Parkkonen con su ‘Liekinheitin’, que se quedaron en 279 puntos representando a Finlandia. Todo estaba lleno de fuego, humo y drama nórdico intensísimo mientras Linda Lampenius tocaba el violín como si estuviera invocando una tormenta vikinga y Pete Parkkonen sufría muchísimo porque, aparentemente, enamorarse le ha salido regulero. La actuación tenía tanta llama real que por momentos parecía que habían encendido accidentalmente una sauna finlandesa gigante en medio del escenario. Pero entre toda esa épica exagerada, la propuesta funcionó porque la canción hablaba de una relación tan intensa y tóxica que, aunque sabes que te está destruyendo, sigues acercándote al fuego igualmente.
¿Y España? Cantando también, pero a su manera. Primero, lo han hecho renegando de las palabras del organizador del festival, Martin Green, cuando afirmó recientemente a un periodista que «la invasión de otro país no es motivo de exclusión de Eurovisión» y que, por eso, quizá, Rusia podría estar presente en otras ediciones. «Es un insulto flagrante a los valores europeos. Confiemos en que rechace formalmente estas declaraciones, que destruyen la imagen del concurso y dificultan el regreso de España. Es hora de un tiempo nuevo en Eurovisión». Más tarde cantaron de verdad. Cantaron Manuel Carrasco, Ana Belén, Raphael y hasta hubo un ‘chanelazo’. Quién lo iba a decir. Arrancaron la noche con un mensaje contra el festival alegando que «no hay espacio para la indiferencia», y terminaron bailando a lo grande con la que nos llevó al tercer puesto en el festival hace unos años. Eso sí, con un precio: posiblemente un millón de euros por ‘La casa de la música’.
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