El nombre de Nao d’amores traslada al espectador, de inmediato, al teatro barroco. Y Ana Zamora, su lideresa, también. Sin embargo, no solo son teatro barroco. De vez en cuando, como ya hicieran con «Penal de Ocaña», en 2013, la compañía segoviana se permite algunas licencias temporales. Es lo que sucede en esta ocasión en la sala pequeña del Teatro Español, la Margarita Xirgu, donde, invitados por Eduardo Vasco, director de la casa, abrazan un texto publicado en 1920.
Y es que «la cabra tira al monte», recuerda la directora: «Siendo nieta de valleinclanista no podía ser otro. Hay algo de una necesidad intrínseca que me despierta esa necesidad de trabajar con Valle», justifica Zamora de esta «Farsa y licencia de la reina castiza», del genio del esperpento. «Es un autor al que hemos intentado hacer justicia con los últimos montajes, pero todavía quedan muchas obras por recuperar y releer», reflexiona.
Visionario para todas las épocas
Nao d’amores apuesta por el «padre» de «Luces de bohemia», al que Zamora define como «un auténtico visionario de su presente y de su pasado», pero también «de nuestro presente y de nuestro futuro». Destaca así su «profundidad y cachondeo a la hora de interpretar el panorama político y social. Algo que, lamentablemente, no termina de cambiar», sostiene.
«No olvidemos que Valle hace crítica a su momento político yéndose al pasado», señala la directora de lo que, en ocasiones, denomina como teatro documento: «Es imposible no reconocernos en la mayoría de las cosas que se ven sobre el escenario. Aquí, la denuncia política y social no se produce en la línea canónica del género teatral que está naciendo en la Alemania de aquellos felices años 20 –continúa–; sino que nos presenta una serie de hechos, más o menos documentados históricamente, desde una convención escénica absolutamente guasona, constituyendo una crítica feroz del reinado de Isabel II, que se refleja en el de Alfonso XIII [coetáneo del autor], y se proyecta vivamente hoy».
Un carnaval grotesco
«Farsa y licencia de la reina castiza» puede condensar en su sinopsis como «una sátira despiadada de la España isabelina, donde la política, la monarquía y el pueblo se funden en un carnaval grotesco». Una pieza que quiso estrenar, en 1921, Cipriano Rivas Cherif en este mismo Teatro Español, pero que la baja venta de entradas terminó por desbaratar sus planes con la cancelación definitiva de la función (pese a que se intentó «colar» la idea de que fue víctima de la censura). En un Madrid de sainete y miseria, Isabel II y su corte desfilan como figuras ridículas, atrapadas en un mundo de corrupción, farsa y doble moral. Valle-Inclán utiliza su esperpento y un lenguaje popular cargado de ironía para desnudar la decadencia de una época, retratando a una sociedad donde lo trágico y lo cómico se confunden. Con ritmo ágil y escenas cargadas de teatralidad, la obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo.
Con ese estilo cuidado que caracteriza los trabajos de los segovianos, esta «Farsa…» también, como es norma en la compañía, cuenta con el protagonismo de la música en directo. Melodías decimonónicas entre las que rescatan el «Trágala» prohibido en la España de Fernando VII. «Un espectáculo cortito en el que los actores [Miguel Ángel Amor, Paula Iwasaki, Alejandro Pau, Aisa Pérez, Rafael Ortiz e Isabel Zamora] se desdoblan constantemente, bailan, cantan y manipulan objetos en una especie de gran teatro de guiñol en el que los intérpretes se convierten en grandes marionetas», resume Zamora, que expone sobre las tablas de la Xirgu, y en verso, el juego de un escritor que, sin perder un ápice de su propia entidad artística, «no deja de ser advertencia hacia un país que se desmorona», incide la directora.
- Dónde: Teatro Español, Madrid. Cuándo: del 30 de junio al 26 de julio. Cuánto: desde 13,50 euros.
Nao d’amores da un paso más allá de su habitual teatro barroco y rescata un texto del esperpento en el que se vuelve a retratar a la sociedad española de ayer, hoy y siempre
El nombre de Nao d’amores traslada al espectador, de inmediato, al teatro barroco. Y Ana Zamora, su lideresa, también. Sin embargo, no solo son teatro barroco. De vez en cuando, como ya hicieran con «Penal de Ocaña», en 2013, la compañía segoviana se permite algunas licencias temporales. Es lo que sucede en esta ocasión en la sala pequeña del Teatro Español, la Margarita Xirgu, donde, invitados por Eduardo Vasco, director de la casa, abrazan un texto publicado en 1920.
Y es que «la cabra tira al monte», recuerda la directora: «Siendo nieta de valleinclanista no podía ser otro. Hay algo de una necesidad intrínseca que me despierta esa necesidad de trabajar con Valle», justifica Zamora de esta «Farsa y licencia de la reina castiza», del genio del esperpento. «Es un autor al que hemos intentado hacer justicia con los últimos montajes, pero todavía quedan muchas obras por recuperar y releer», reflexiona.
Visionario para todas las épocas
Nao d’amores apuesta por el «padre» de «Luces de bohemia», al que Zamora define como «un auténtico visionario de su presente y de su pasado», pero también «de nuestro presente y de nuestro futuro». Destaca así su «profundidad y cachondeo a la hora de interpretar el panorama político y social. Algo que, lamentablemente, no termina de cambiar», sostiene.
«No olvidemos que Valle hace crítica a su momento político yéndose al pasado», señala la directora de lo que, en ocasiones, denomina como teatro documento: «Es imposible no reconocernos en la mayoría de las cosas que se ven sobre el escenario. Aquí, la denuncia política y social no se produce en la línea canónica del género teatral que está naciendo en la Alemania de aquellos felices años 20 –continúa–; sino que nos presenta una serie de hechos, más o menos documentados históricamente, desde una convención escénica absolutamente guasona, constituyendo una crítica feroz del reinado de Isabel II, que se refleja en el de Alfonso XIII [coetáneo del autor], y se proyecta vivamente hoy».
Un carnaval grotesco
«Farsa y licencia de la reina castiza» puede condensar en su sinopsis como «una sátira despiadada de la España isabelina, donde la política, la monarquía y el pueblo se funden en un carnaval grotesco». Una pieza que quiso estrenar, en 1921, Cipriano Rivas Cherif en este mismo Teatro Español, pero que la baja venta de entradas terminó por desbaratar sus planes con la cancelación definitiva de la función (pese a que se intentó «colar» la idea de que fue víctima de la censura). En un Madrid de sainete y miseria, Isabel II y su corte desfilan como figuras ridículas, atrapadas en un mundo de corrupción, farsa y doble moral. Valle-Inclán utiliza su esperpento y un lenguaje popular cargado de ironía para desnudar la decadencia de una época, retratando a una sociedad donde lo trágico y lo cómico se confunden. Con ritmo ágil y escenas cargadas de teatralidad, la obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo.
Con ese estilo cuidado que caracteriza los trabajos de los segovianos, esta «Farsa…» también, como es norma en la compañía, cuenta con el protagonismo de la música en directo. Melodías decimonónicas entre las que rescatan el «Trágala» prohibido en la España de Fernando VII. «Un espectáculo cortito en el que los actores [Miguel Ángel Amor, Paula Iwasaki, Alejandro Pau, Aisa Pérez, Rafael Ortiz e Isabel Zamora] se desdoblan constantemente, bailan, cantan y manipulan objetos en una especie de gran teatro de guiñol en el que los intérpretes se convierten en grandes marionetas», resume Zamora, que expone sobre las tablas de la Xirgu, y en verso, el juego de un escritor que, sin perder un ápice de su propia entidad artística, «no deja de ser advertencia hacia un país que se desmorona», incide la directora.
- Dónde: Teatro Español, Madrid. Cuándo: del 30 de junio al 26 de julio. Cuánto: desde 13,50 euros.
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