La escritora, traductora y profesora francesa Clémentine Beauvais (París, 37 años) reconoce que la primera vez que escuchó hablar sobre la posibilidad de ampliar el derecho al voto a los niños desde su nacimiento se echó a reír. Así que comprende que esa sea la misma reacción de quienes se encuentren en librerías y bibliotecas con el pequeño ensayo que acaba de publicar en España sobre ese asunto. “Es una reacción que me interesa: ¿por qué la risa? Nos reímos de lo que es ridículo, imposible, impensable, de lo que sorprende. Pero, ¿por qué sorprende? ¿Y es realmente imposible e impensable? Cuestionarse la propia risa plantea preguntas importantes”, sostiene. Por el derecho al voto desde el nacimiento (Wonder Ponder, traducción de Silvia Moreno Parrado, 2026) llega a España en una preciosa y llamativa edición tras el éxito obtenido en Francia, donde el debate generado alrededor del ensayo incluso ha llevado a Beauvais a exponer su tesis en la Asamblea Nacional del país.
La profesora ha abierto un debate tras el éxito de su ensayo ‘Por el derecho al voto desde el nacimiento’, una tesis que ha defendido incluso en la Asamblea Nacional francesa. “Es imposible pensar en una sola medida política que no tenga consecuencias para los niños”, sostiene
La escritora, traductora y profesora francesa Clémentine Beauvais (París, 37 años) reconoce que la primera vez que escuchó hablar sobre la posibilidad de ampliar el derecho al voto a los niños desde su nacimiento se echó a reír. Así que comprende que esa sea la misma reacción de quienes se encuentren en librerías y bibliotecas con el pequeño ensayo que acaba de publicar en España sobre ese asunto. “Es una reacción que me interesa: ¿por qué la risa? Nos reímos de lo que es ridículo, imposible, impensable, de lo que sorprende. Pero, ¿por qué sorprende? ¿Y es realmente imposible e impensable? Cuestionarse la propia risa plantea preguntas importantes”, sostiene. Por el derecho al voto desde el nacimiento (Wonder Ponder, traducción de Silvia Moreno Parrado, 2026) llega a España en una preciosa y llamativa edición tras el éxito obtenido en Francia, donde el debate generado alrededor del ensayo incluso ha llevado a Beauvais a exponer su tesis en la Asamblea Nacional del país.
La escritora explica que le sorprendió gratamente la acogida de los diputados de todas las ideologías, pues pensaba que su discurso solo sería bien recibido por los partidos de la izquierda. “Creo que hay algo profundamente transpartidista en esta idea. Muchísima gente vive con niños o cerca de ellos y los valora enormemente como individuos”, sostiene. “La mayoría nunca ha reflexionado sobre la posibilidad de abrirles el voto, pero cuando lo hacen se ven rápidamente invadidos por una forma de alegría y esperanza”, reflexiona.
PREGUNTA. “En todo el mundo, lo único que tiene de universal el sufragio que así denominamos es que los niños están universalmente excluidos de él”, escribe. Sin embargo, poca gente se cuestiona esta realidad. ¿Por qué cree que es así?
RESPUESTA. Porque, en lo que respecta a los niños, muchas cosas nos parecen obvias: es obvio que los menores no son competentes, es obvio que no deben participar en la vida política. Se da por sentado, por tanto, que están excluidos de lo universal, hasta el punto de que los propios niños ni siquiera se cuestionan su propia exclusión.
P. En el libro sostiene que el hecho de que el 20% de la población tenga prohibido participar en las elecciones es una incoherencia en un régimen democrático.
R. Me parece que el pacto democrático se cumpliría de facto mejor si se permitiera votar a los niños. Si se parte del principio de que una democracia es un régimen que intenta, bien que mal, hacer que cada cual pueda ver sus intereses representados al más alto nivel del poder decisorio, entonces una de las primeras cosas que debe hacer una democracia es, en efecto, asegurarse de que cada persona tenga un voto. Es lo mínimo. No digo que sea lo único que haya que hacer, por supuesto, pero me parece que es por ahí por donde hay que empezar.
P. Que no nos cuestionemos que los niños voten puede tener que ver con la idea de que no tienen nada que ver con la política. Sin embargo, usted argumenta que ellos también sufren las decisiones políticas tanto o más que los adultos.
R. Me parece extremadamente difícil pensar en una sola medida política que no tenga consecuencias para los niños. Por lo tanto, debemos interesarnos por lo que su experiencia vivida nos puede enseñar. ¿De qué manera las decisiones sobre, por ejemplo, los transportes públicos afectan a la salud, a la jornada escolar o a la socialización de los niños? ¿De qué manera tal o cual nuevo impuesto puede tener repercusiones tangibles en su alimentación, el juego o su salud mental? Ese conocimiento no surge de la nada; podemos involucrar a los niños en estas decisiones que les conciernen interesándonos por su experiencia vivida, que ya constituye una forma de experiencia política.
P. Que los niños participasen en las elecciones, ¿cree que obligaría de alguna forma a los políticos a tomar en cuenta a la infancia en sus decisiones?
R. Si los niños participasen en las elecciones sería imposible para los partidos políticos declararse neutrales ante esta cuestión. Ya no podrían ignorarla. Además, me parece que la propia temporalidad de las decisiones políticas se vería modificada.A menudo se considera la política como la asignación, en el presente, de recursos limitados, con una cierta preocupación por el futuro, evidentemente. Tener en cuenta el presente y el futuro de los niños en las decisiones políticas obliga a una temporalidad totalmente diferente.
P. Muchos y muchas se estarán echando las manos a la cabeza con sus reflexiones, preguntándose cómo va a votar un recién nacido o un bebé de 18 meses.
R. A mí no me parece problemático conceder un derecho a personas que no necesariamente pueden ejercerlo todavía. Ya hay muchísimo público que tiene derecho a voto y no está en capacidad de utilizarlo por razones cognitivas, o bien se niega a ejercerlo. Los bebés, la categoría de niños más discriminada, deben ser incluidos. Además, el derecho a voto desde el nacimiento significa para mí algo muy potente: la edad no es una variable pertinente cuando se trata de la toma de decisiones políticas.
P. En España, cada poco tiempo, surge el debate público de adelantar la edad de voto a los 16 años. ¿Puede ser un primer paso en la reivindicación que realiza en su ensayo?
R. Rebajar la edad de voto a los 16 años parte de una buena intención, pero no hace más que trasladar un poco más abajo el edadismo del sistema. Intervengo mucho en aulas con estudiantes de Secundaria que están convencidos de que ellos sí podrían votar a los 15 o 16 años, ¡pero desde luego no su hermano pequeño de 10 años! Mi propuesta es mucho más radical: la edad no es un buen criterio. Y punto.
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