Coproducción franco hispano portuguesa que pretende narrar la gesta de Fernando Magallanes, navegante que a su vez pretendió en 1520 la primera circunnavegación del planeta, cosas que ninguno de los dos, ni la película ni Magallanes, consiguen. Como la firma el cineasta filipino Lav Díaz, conocido por sus vueltas y vueltas a una narrativa sin fin en películas inacabables, uno ya entiende que no encontrará su historia con ese verbo maravilloso y claro de Stefan Zweig, que biografió la figura del navegante con una enorme profundidad e interés. En favor de este ‘Magallanes’ de Lav Diaz se puede decir que solo dura 160 minutos, una minucia comparada con esas otras suyas de nueve o diez horas. De hecho, uno apostaría doble contra sencillo a que se han caído varias horas en el montaje. Y peor, no se nota.El protagonista es Gael García Bernal , bien barbado para la ocasión, y la historia sigue sin apenas minuciosidad su primer viaje hasta Malaca, su vuelta a Portugal y su nueva aventura con el apoyo de la Corona de España y, tras un viaje horroroso, su llegada la Isla de Cebú, en Filipinas, donde terminó viaje y vida. Lo más reseñable es que la perspectiva desde la que se ve la aventura es la indígena: la cámara lo espera tanto en Malaca como en Cebú como a un conquistador o a alguien enviado por los dioses; también puede uno sacar conclusiones de la forma de narrar el viaje, de la dureza en el interior de las naves y de los modos algo peregrinos con que rodaban las cabezas. En realidad, un viaje peligroso y aburrido tanto dentro como fuera de la pantalla.La cámara de Lav Diaz se coloca a una distancia de la historia en la que es imposible encontrar épica, drama, emociones y lugar por el que penetrar en un relato que debería ser grandioso. Solo su tremendo paso por el Estrecho de Magallanes, aquí eludido o ninguneado, es una cumbre literaria en Zweig . Todo ocurre lejos y de modo convencional, a pesar de que la imagen, la fotografía y la atmósfera tienen interés visual. No da la impresión, visto lo visto, de que Magallanes sea alguien a quien Lav Diaz admire, o de quien pretenda extraer los buenos minerales que tengan él y su aventura. Naturalmente, de Juan Sebastián Elcano , uno de los marinos del viaje y el que terminó la empresa con la nave Victoria, no hay noticia alguna. Pero mejor. Coproducción franco hispano portuguesa que pretende narrar la gesta de Fernando Magallanes, navegante que a su vez pretendió en 1520 la primera circunnavegación del planeta, cosas que ninguno de los dos, ni la película ni Magallanes, consiguen. Como la firma el cineasta filipino Lav Díaz, conocido por sus vueltas y vueltas a una narrativa sin fin en películas inacabables, uno ya entiende que no encontrará su historia con ese verbo maravilloso y claro de Stefan Zweig, que biografió la figura del navegante con una enorme profundidad e interés. En favor de este ‘Magallanes’ de Lav Diaz se puede decir que solo dura 160 minutos, una minucia comparada con esas otras suyas de nueve o diez horas. De hecho, uno apostaría doble contra sencillo a que se han caído varias horas en el montaje. Y peor, no se nota.El protagonista es Gael García Bernal , bien barbado para la ocasión, y la historia sigue sin apenas minuciosidad su primer viaje hasta Malaca, su vuelta a Portugal y su nueva aventura con el apoyo de la Corona de España y, tras un viaje horroroso, su llegada la Isla de Cebú, en Filipinas, donde terminó viaje y vida. Lo más reseñable es que la perspectiva desde la que se ve la aventura es la indígena: la cámara lo espera tanto en Malaca como en Cebú como a un conquistador o a alguien enviado por los dioses; también puede uno sacar conclusiones de la forma de narrar el viaje, de la dureza en el interior de las naves y de los modos algo peregrinos con que rodaban las cabezas. En realidad, un viaje peligroso y aburrido tanto dentro como fuera de la pantalla.La cámara de Lav Diaz se coloca a una distancia de la historia en la que es imposible encontrar épica, drama, emociones y lugar por el que penetrar en un relato que debería ser grandioso. Solo su tremendo paso por el Estrecho de Magallanes, aquí eludido o ninguneado, es una cumbre literaria en Zweig . Todo ocurre lejos y de modo convencional, a pesar de que la imagen, la fotografía y la atmósfera tienen interés visual. No da la impresión, visto lo visto, de que Magallanes sea alguien a quien Lav Diaz admire, o de quien pretenda extraer los buenos minerales que tengan él y su aventura. Naturalmente, de Juan Sebastián Elcano , uno de los marinos del viaje y el que terminó la empresa con la nave Victoria, no hay noticia alguna. Pero mejor.
Coproducción franco hispano portuguesa que pretende narrar la gesta de Fernando Magallanes, navegante que a su vez pretendió en 1520 la primera circunnavegación del planeta, cosas que ninguno de los dos, ni la película ni Magallanes, consiguen. Como la firma el cineasta filipino Lav Díaz, … conocido por sus vueltas y vueltas a una narrativa sin fin en películas inacabables, uno ya entiende que no encontrará su historia con ese verbo maravilloso y claro de Stefan Zweig, que biografió la figura del navegante con una enorme profundidad e interés. En favor de este ‘Magallanes’ de Lav Diaz se puede decir que solo dura 160 minutos, una minucia comparada con esas otras suyas de nueve o diez horas. De hecho, uno apostaría doble contra sencillo a que se han caído varias horas en el montaje. Y peor, no se nota.
El protagonista es Gael García Bernal, bien barbado para la ocasión, y la historia sigue sin apenas minuciosidad su primer viaje hasta Malaca, su vuelta a Portugal y su nueva aventura con el apoyo de la Corona de España y, tras un viaje horroroso, su llegada la Isla de Cebú, en Filipinas, donde terminó viaje y vida. Lo más reseñable es que la perspectiva desde la que se ve la aventura es la indígena: la cámara lo espera tanto en Malaca como en Cebú como a un conquistador o a alguien enviado por los dioses; también puede uno sacar conclusiones de la forma de narrar el viaje, de la dureza en el interior de las naves y de los modos algo peregrinos con que rodaban las cabezas. En realidad, un viaje peligroso y aburrido tanto dentro como fuera de la pantalla.
La cámara de Lav Diaz se coloca a una distancia de la historia en la que es imposible encontrar épica, drama, emociones y lugar por el que penetrar en un relato que debería ser grandioso. Solo su tremendo paso por el Estrecho de Magallanes, aquí eludido o ninguneado, es una cumbre literaria en Zweig. Todo ocurre lejos y de modo convencional, a pesar de que la imagen, la fotografía y la atmósfera tienen interés visual. No da la impresión, visto lo visto, de que Magallanes sea alguien a quien Lav Diaz admire, o de quien pretenda extraer los buenos minerales que tengan él y su aventura. Naturalmente, de Juan Sebastián Elcano, uno de los marinos del viaje y el que terminó la empresa con la nave Victoria, no hay noticia alguna. Pero mejor.
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