Fíbulas, hebillas, broches de cinturón, sarcófagos, vasijas, tremises de oro, anillos, pendientes, cuchillos, piedras de molino, pizarras, lápidas… Más de 700 piezas, en su mayoría inéditas, reconstruyen a partir de este jueves en el Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid (MARPA) uno de los periodos más ignotos y que más interés despierta en la actualidad: el de los ‘ Visigodos en Madrid ‘. «Queríamos transmitir esa apabullante presencia de cultura material de la época visigoda, que es muchísimo y muy desconocido», explica el arqueólogo Manuel Castro, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares y comisario de la exposición junto a Enrique Capdevila, conservador del MARPA. En esos siglos que siguieron a la caída del Imperio Romano, el territorio madrileño fue un lugar de paso estrechamente relacionado con Toledo , la capital del reino visigodo, y con la vecina ciudad Recópolis (Zorita de los Canes, Guadalajara), que estaba poblado por aldeas y granjas agrícolas, como han revelado en los últimos años las excavaciones arqueológicas. El descubrimiento en los años 90 de estos asentamientos rurales supuso un «verdadero salto» en el conocimiento del mundo visigodo, explica Castro, porque «hasta entonces no se conocían en la península ibérica de esta época». Hasta los años 80 se habían excavado las necrópolis de Danganzo de Arriba, Los Afligidos (Alcalá de Henares) o El Jardinillo (Getafe) y Cacera de las Ranas (Aranjuez), pero los hallazgos de la aldea y la necrópolis de Gózquez (San Martín de la Vega) en la década de los 90 permitieron observar una realidad sobre el campesinado de la Alta Edad Media que ya se estudiaba en Europa, pero no se había constatado aún en España. Y a partir de entonces, se detectaron otros poblamientos rurales visigodos en Madrid y otras regiones.En la exposición, abierta al público de forma gratuita hasta el 12 de septiembre de 2027, se muestran materiales hallados en hasta 83 yacimientos arqueológicos de entre los siglos V y VIII. Según explica Enrique Baquedano, director del museo, « la mayor parte de los objetos son fruto de excavaciones de los últimos 30 años ». Algunas proceden de investigaciones sistemáticas, como las de El Rebollar (El Boalo) o La Cabilda (Hoyo de Manzanares) pero la mayoría de intervenciones arqueológicas preventivas llevadas a cabo con motivo de obras, como las del AVE o la construcción del Parque Warner en San Martín de la Vega.La mayoría de las piezas nunca hasta ahora habían sido expuestas. Es el caso, por ejemplo, de los materiales procedentes de la necrópolis de Estevillas, la mayor de la Comunidad de Madrid con 694 tumbas y probablemente, de toda España. «Con el acuerdo de los arqueólogos estamos adelantando el resultado de diversas intervenciones que aún no han sido publicadas y que, además, plantean otras preguntas como la de ¿qué hace una necrópolis tan grande en ese espacio rural? o ¿dónde está la aldea próxima a ese cementerio que perduró durante tanto tiempo?», comenta Castro. Ni siquiera algunos de los objetos de antiguas excavaciones habían sido antes expuestos, como un capitel de Recópolis que identificó el arqueólogo Juan Cabré (1882-1947), por haber sido donado recientemente por un particular.El recorrido de la exposición, profusamente ilustrada con mapas, vídeos y cuidadas recreaciones de Arturo Asensio, comienza con un excepcional conjunto de vasijas cerámicas de Camino de Santa Juana (Cubas de la Sagra) o un interesante sarcófago de plomo de Pelícanos (Arroyomolinos), para mostrar ese convulso mundo tardorromano que dio paso a los visigodos. Antes de adentrarse en su pasado en Madrid, el visitante se asoma al esplendor de Toledo y Recópolis, con grandes capiteles labrados, raros moldes de pendientes o un tesorillo representativo de las monedas acuñadas por Recaredo, Chindasvinto, Recesvinto o Witiza. La gente sin historiaLa riqueza de los materiales de los grandes centros de poder de la época contrasta con la sencillez de las herramientas y los utensilios de la que Castro llama «la gente sin historia» que habitaba hace más de mil años en Comunidad de Madrid. Abundan las ollas y jarras de cerámica (algunas aún intactas), los cencerros de bronce o hierro, las cuentas de collares y las fusayolas de los talleres textiles, pero también se pueden observar piezas singulares, como un juego de dados y objetos con decoraciones no figurativas, como diversos anillos de oro, plata o bronce, fíbulas, apliques y lujosos broches de cinturón. Según el comisario Enrique Capdevila, estas piezas de orfebrería se hallaron en su mayoría en contextos funerarios. «Son pocas las que aparecen en silos o cabañas. Puede que sólo se las pusieran en ocasiones y que sus dueños tuvieran cierto estatus, porque se enterraban con estos materiales que eran valiosos, los amortizaban», comenta.Detalles de la exposición MARPACon todas ellas, el visitante se hace una idea de cómo era el día a día de los campesinos, ganaderos y artesanos en época visigoda, un aspecto hasta ahora muy desconocido. «Tenemos documentación histórica y conocemos bien la realidad institucional, política, los debates religiosos e incluso los linajes -esas listas de los reyes godos que nos hacían estudiar en los años 60 y 70-, pero conocemos muy poco de la realidad de la vida cotidiana del periodo hispanovisigodo y eso es justamente lo que nos ofrece la arqueología. A través de la cultura material podemos conocen cómo vivían en sus poblados, cómo morían, cómo los enterraban y a través de los restos de las iglesias y las necrópolis, cómo pensaban, cuáles eran sus ideas», explica por su parte Baquedano. «Conocemos muy poco de la realidad de la vida cotidiana del periodo hispanovisigodo y eso es justamente lo que nos ofrece la arqueología» Enrique Baquedano Director del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de MadridEn este sentido, para el director del MARPA resulta especialmente interesante la iglesia visigoda que se ha recreado a escala real en el centro de la exposición, con sus arcos de herradura, sus columnas y capiteles y un holograma de un sacerdote en su ábside que representa el rito mozárabe tras un cancel, aunque con el cortinaje abierto para poder verlo. «Nos habla de los grandes debates conciliares que hubo entre la jerarquía eclesiástica y que luego tuvieron una traslación a la realidad cotidiana», resalta.En la muestra, que finaliza con un avance del periodo islámico que se impuso a partir de la conquista musulmana en el 711, han colaborado otras instituciones como el Museo Arqueológico Nacional, el de Santa Cruz (Toledo) y el de Guadalajara. Y aunque son pocas las piezas de metales preciosos que exhibe, Baquedano adelanta que existen fuertes medidas de seguridad y el MARPA cuenta con vigilancia humana las 24 horas. Fíbulas, hebillas, broches de cinturón, sarcófagos, vasijas, tremises de oro, anillos, pendientes, cuchillos, piedras de molino, pizarras, lápidas… Más de 700 piezas, en su mayoría inéditas, reconstruyen a partir de este jueves en el Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid (MARPA) uno de los periodos más ignotos y que más interés despierta en la actualidad: el de los ‘ Visigodos en Madrid ‘. «Queríamos transmitir esa apabullante presencia de cultura material de la época visigoda, que es muchísimo y muy desconocido», explica el arqueólogo Manuel Castro, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares y comisario de la exposición junto a Enrique Capdevila, conservador del MARPA. En esos siglos que siguieron a la caída del Imperio Romano, el territorio madrileño fue un lugar de paso estrechamente relacionado con Toledo , la capital del reino visigodo, y con la vecina ciudad Recópolis (Zorita de los Canes, Guadalajara), que estaba poblado por aldeas y granjas agrícolas, como han revelado en los últimos años las excavaciones arqueológicas. El descubrimiento en los años 90 de estos asentamientos rurales supuso un «verdadero salto» en el conocimiento del mundo visigodo, explica Castro, porque «hasta entonces no se conocían en la península ibérica de esta época». Hasta los años 80 se habían excavado las necrópolis de Danganzo de Arriba, Los Afligidos (Alcalá de Henares) o El Jardinillo (Getafe) y Cacera de las Ranas (Aranjuez), pero los hallazgos de la aldea y la necrópolis de Gózquez (San Martín de la Vega) en la década de los 90 permitieron observar una realidad sobre el campesinado de la Alta Edad Media que ya se estudiaba en Europa, pero no se había constatado aún en España. Y a partir de entonces, se detectaron otros poblamientos rurales visigodos en Madrid y otras regiones.En la exposición, abierta al público de forma gratuita hasta el 12 de septiembre de 2027, se muestran materiales hallados en hasta 83 yacimientos arqueológicos de entre los siglos V y VIII. Según explica Enrique Baquedano, director del museo, « la mayor parte de los objetos son fruto de excavaciones de los últimos 30 años ». Algunas proceden de investigaciones sistemáticas, como las de El Rebollar (El Boalo) o La Cabilda (Hoyo de Manzanares) pero la mayoría de intervenciones arqueológicas preventivas llevadas a cabo con motivo de obras, como las del AVE o la construcción del Parque Warner en San Martín de la Vega.La mayoría de las piezas nunca hasta ahora habían sido expuestas. Es el caso, por ejemplo, de los materiales procedentes de la necrópolis de Estevillas, la mayor de la Comunidad de Madrid con 694 tumbas y probablemente, de toda España. «Con el acuerdo de los arqueólogos estamos adelantando el resultado de diversas intervenciones que aún no han sido publicadas y que, además, plantean otras preguntas como la de ¿qué hace una necrópolis tan grande en ese espacio rural? o ¿dónde está la aldea próxima a ese cementerio que perduró durante tanto tiempo?», comenta Castro. Ni siquiera algunos de los objetos de antiguas excavaciones habían sido antes expuestos, como un capitel de Recópolis que identificó el arqueólogo Juan Cabré (1882-1947), por haber sido donado recientemente por un particular.El recorrido de la exposición, profusamente ilustrada con mapas, vídeos y cuidadas recreaciones de Arturo Asensio, comienza con un excepcional conjunto de vasijas cerámicas de Camino de Santa Juana (Cubas de la Sagra) o un interesante sarcófago de plomo de Pelícanos (Arroyomolinos), para mostrar ese convulso mundo tardorromano que dio paso a los visigodos. Antes de adentrarse en su pasado en Madrid, el visitante se asoma al esplendor de Toledo y Recópolis, con grandes capiteles labrados, raros moldes de pendientes o un tesorillo representativo de las monedas acuñadas por Recaredo, Chindasvinto, Recesvinto o Witiza. La gente sin historiaLa riqueza de los materiales de los grandes centros de poder de la época contrasta con la sencillez de las herramientas y los utensilios de la que Castro llama «la gente sin historia» que habitaba hace más de mil años en Comunidad de Madrid. Abundan las ollas y jarras de cerámica (algunas aún intactas), los cencerros de bronce o hierro, las cuentas de collares y las fusayolas de los talleres textiles, pero también se pueden observar piezas singulares, como un juego de dados y objetos con decoraciones no figurativas, como diversos anillos de oro, plata o bronce, fíbulas, apliques y lujosos broches de cinturón. Según el comisario Enrique Capdevila, estas piezas de orfebrería se hallaron en su mayoría en contextos funerarios. «Son pocas las que aparecen en silos o cabañas. Puede que sólo se las pusieran en ocasiones y que sus dueños tuvieran cierto estatus, porque se enterraban con estos materiales que eran valiosos, los amortizaban», comenta.Detalles de la exposición MARPACon todas ellas, el visitante se hace una idea de cómo era el día a día de los campesinos, ganaderos y artesanos en época visigoda, un aspecto hasta ahora muy desconocido. «Tenemos documentación histórica y conocemos bien la realidad institucional, política, los debates religiosos e incluso los linajes -esas listas de los reyes godos que nos hacían estudiar en los años 60 y 70-, pero conocemos muy poco de la realidad de la vida cotidiana del periodo hispanovisigodo y eso es justamente lo que nos ofrece la arqueología. A través de la cultura material podemos conocen cómo vivían en sus poblados, cómo morían, cómo los enterraban y a través de los restos de las iglesias y las necrópolis, cómo pensaban, cuáles eran sus ideas», explica por su parte Baquedano. «Conocemos muy poco de la realidad de la vida cotidiana del periodo hispanovisigodo y eso es justamente lo que nos ofrece la arqueología» Enrique Baquedano Director del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de MadridEn este sentido, para el director del MARPA resulta especialmente interesante la iglesia visigoda que se ha recreado a escala real en el centro de la exposición, con sus arcos de herradura, sus columnas y capiteles y un holograma de un sacerdote en su ábside que representa el rito mozárabe tras un cancel, aunque con el cortinaje abierto para poder verlo. «Nos habla de los grandes debates conciliares que hubo entre la jerarquía eclesiástica y que luego tuvieron una traslación a la realidad cotidiana», resalta.En la muestra, que finaliza con un avance del periodo islámico que se impuso a partir de la conquista musulmana en el 711, han colaborado otras instituciones como el Museo Arqueológico Nacional, el de Santa Cruz (Toledo) y el de Guadalajara. Y aunque son pocas las piezas de metales preciosos que exhibe, Baquedano adelanta que existen fuertes medidas de seguridad y el MARPA cuenta con vigilancia humana las 24 horas.
Fíbulas, hebillas, broches de cinturón, sarcófagos, vasijas, tremises de oro, anillos, pendientes, cuchillos, piedras de molino, pizarras, lápidas… Más de 700 piezas, en su mayoría inéditas, reconstruyen a partir de este jueves en el Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid (MARPA) … uno de los periodos más ignotos y que más interés despierta en la actualidad: el de los ‘Visigodos en Madrid‘. «Queríamos transmitir esa apabullante presencia de cultura material de la época visigoda, que es muchísimo y muy desconocido», explica el arqueólogo Manuel Castro, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares y comisario de la exposición junto a Enrique Capdevila, conservador del MARPA.
En esos siglos que siguieron a la caída del Imperio Romano, el territorio madrileño fue un lugar de paso estrechamente relacionado con Toledo, la capital del reino visigodo, y con la vecina ciudad Recópolis (Zorita de los Canes, Guadalajara), que estaba poblado por aldeas y granjas agrícolas, como han revelado en los últimos años las excavaciones arqueológicas. El descubrimiento en los años 90 de estos asentamientos rurales supuso un «verdadero salto» en el conocimiento del mundo visigodo, explica Castro, porque «hasta entonces no se conocían en la península ibérica de esta época».
Hasta los años 80 se habían excavado las necrópolis de Danganzo de Arriba, Los Afligidos (Alcalá de Henares) o El Jardinillo (Getafe) y Cacera de las Ranas (Aranjuez), pero los hallazgos de la aldea y la necrópolis de Gózquez (San Martín de la Vega) en la década de los 90 permitieron observar una realidad sobre el campesinado de la Alta Edad Media que ya se estudiaba en Europa, pero no se había constatado aún en España. Y a partir de entonces, se detectaron otros poblamientos rurales visigodos en Madrid y otras regiones.
En la exposición, abierta al público de forma gratuita hasta el 12 de septiembre de 2027, se muestran materiales hallados en hasta 83 yacimientos arqueológicos de entre los siglos V y VIII. Según explica Enrique Baquedano, director del museo, «la mayor parte de los objetos son fruto de excavaciones de los últimos 30 años». Algunas proceden de investigaciones sistemáticas, como las de El Rebollar (El Boalo) o La Cabilda (Hoyo de Manzanares) pero la mayoría de intervenciones arqueológicas preventivas llevadas a cabo con motivo de obras, como las del AVE o la construcción del Parque Warner en San Martín de la Vega.
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La mayoría de las piezas nunca hasta ahora habían sido expuestas. Es el caso, por ejemplo, de los materiales procedentes de la necrópolis de Estevillas, la mayor de la Comunidad de Madrid con 694 tumbas y probablemente, de toda España. «Con el acuerdo de los arqueólogos estamos adelantando el resultado de diversas intervenciones que aún no han sido publicadas y que, además, plantean otras preguntas como la de ¿qué hace una necrópolis tan grande en ese espacio rural? o ¿dónde está la aldea próxima a ese cementerio que perduró durante tanto tiempo?», comenta Castro. Ni siquiera algunos de los objetos de antiguas excavaciones habían sido antes expuestos, como un capitel de Recópolis que identificó el arqueólogo Juan Cabré (1882-1947), por haber sido donado recientemente por un particular.
El recorrido de la exposición, profusamente ilustrada con mapas, vídeos y cuidadas recreaciones de Arturo Asensio, comienza con un excepcional conjunto de vasijas cerámicas de Camino de Santa Juana (Cubas de la Sagra) o un interesante sarcófago de plomo de Pelícanos (Arroyomolinos), para mostrar ese convulso mundo tardorromano que dio paso a los visigodos. Antes de adentrarse en su pasado en Madrid, el visitante se asoma al esplendor de Toledo y Recópolis, con grandes capiteles labrados, raros moldes de pendientes o un tesorillo representativo de las monedas acuñadas por Recaredo, Chindasvinto, Recesvinto o Witiza.
La gente sin historia
La riqueza de los materiales de los grandes centros de poder de la época contrasta con la sencillez de las herramientas y los utensilios de la que Castro llama «la gente sin historia» que habitaba hace más de mil años en Comunidad de Madrid. Abundan las ollas y jarras de cerámica (algunas aún intactas), los cencerros de bronce o hierro, las cuentas de collares y las fusayolas de los talleres textiles, pero también se pueden observar piezas singulares, como un juego de dados y objetos con decoraciones no figurativas, como diversos anillos de oro, plata o bronce, fíbulas, apliques y lujosos broches de cinturón. Según el comisario Enrique Capdevila, estas piezas de orfebrería se hallaron en su mayoría en contextos funerarios. «Son pocas las que aparecen en silos o cabañas. Puede que sólo se las pusieran en ocasiones y que sus dueños tuvieran cierto estatus, porque se enterraban con estos materiales que eran valiosos, los amortizaban», comenta.
(MARPA)
Con todas ellas, el visitante se hace una idea de cómo era el día a día de los campesinos, ganaderos y artesanos en época visigoda, un aspecto hasta ahora muy desconocido. «Tenemos documentación histórica y conocemos bien la realidad institucional, política, los debates religiosos e incluso los linajes -esas listas de los reyes godos que nos hacían estudiar en los años 60 y 70-, pero conocemos muy poco de la realidad de la vida cotidiana del periodo hispanovisigodo y eso es justamente lo que nos ofrece la arqueología. A través de la cultura material podemos conocen cómo vivían en sus poblados, cómo morían, cómo los enterraban y a través de los restos de las iglesias y las necrópolis, cómo pensaban, cuáles eran sus ideas», explica por su parte Baquedano.
«Conocemos muy poco de la realidad de la vida cotidiana del periodo hispanovisigodo y eso es justamente lo que nos ofrece la arqueología»
Enrique Baquedano
Director del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid
En este sentido, para el director del MARPA resulta especialmente interesante la iglesia visigoda que se ha recreado a escala real en el centro de la exposición, con sus arcos de herradura, sus columnas y capiteles y un holograma de un sacerdote en su ábside que representa el rito mozárabe tras un cancel, aunque con el cortinaje abierto para poder verlo. «Nos habla de los grandes debates conciliares que hubo entre la jerarquía eclesiástica y que luego tuvieron una traslación a la realidad cotidiana», resalta.
En la muestra, que finaliza con un avance del periodo islámico que se impuso a partir de la conquista musulmana en el 711, han colaborado otras instituciones como el Museo Arqueológico Nacional, el de Santa Cruz (Toledo) y el de Guadalajara. Y aunque son pocas las piezas de metales preciosos que exhibe, Baquedano adelanta que existen fuertes medidas de seguridad y el MARPA cuenta con vigilancia humana las 24 horas.
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