Durante 24 años de vida, el sello fundado por Eduardo y Diego Rabasa, Felipe Rosete y Santiago Tobón ha logrado lo que para muchas de las editoriales de corte independiente en México sucede sólo en sueños: ser un referente literario y espejo de su tiempo para una región entera, incluyendo su aterrizaje en España en 2005 con títulos que lo mismo abarcan autores consagrados, noveles, raros, con ángulos y temáticas tan diversas como el mundo que habitamos.
Nueve títulos de artistas con propuestas consolidadas, mismas que van de la pintura, el cine y la fotografía a la escultura y el registro de instalación, dan vida a la primera colección dedicada exclusivamente al arte
Durante 24 años de vida, el sello fundado por Eduardo y Diego Rabasa, Felipe Rosete y Santiago Tobón ha logrado lo que para muchas de las editoriales de corte independiente en México sucede sólo en sueños: ser un referente literario y espejo de su tiempo para una región entera, incluyendo su aterrizaje en España en 2005 con títulos que lo mismo abarcan autores consagrados, noveles, raros, con ángulos y temáticas tan diversas como el mundo que habitamos.
Paralelamente a su historia de aciertos y resistencias, el diseño de sus ejemplares y el arte de sus tapas se ha nutrido y dialogado con el trabajo de artistas visuales de renombre, quienes han resultado clave para delinear la personalidad moderna y evolutiva del sello: Damián Ortega, Abraham Cruzvillegas, Stanley Donwood, Alejandro Magallanes, Eduardo Salles, entre otros. No obstante esta inclinación e interés natural por las expresiones estéticas, los títulos dedicados enteramente al arte contemporáneo no habían figurado entre los planes de Sexto Piso. Hasta ahora.
“Antes ya habíamos trabajado con muchos artistas, con Jis y Trino… En algún momento hicimos ediciones ilustradas de clásicos como El Arte de la Guerra con Damián Ortega, o de El Corazón de las Tinieblas con Abraham Cruzvillegas, algunos títulos enfocados más hacia la ilustración. Pero hace un par de años surgió la oportunidad de trabajar un libro de Pedro Friedberg, que es una especie de libreta de dibujos maravillosos, yo digo que es como un viaje por Alicia del país de las maravillas filtrado por Pedro, que es el que se llama Aterbil Ogolatac”, cuenta Eduardo Rabasa, uno de los fundadores de la editorial, quien apunta hacia ese libro de Friedeberg como el punto de partida para la colección que hoy lleva el nombre de Sexto Piso Arte, está compuesta por nueve títulos de artistas mexicanos.
De la mirada misteriosa y desértica en las fotografías de María José Sesma en Zona del silencio (donde las imágenes entran en contacto con los textos de la escritora Sara Uribe), a la reflexión gráfica de Iván Trueta sobre las distintas formas de representación de violencia en el mundo contemporáneo (Hágalo usted mismo/Do It Yourself), pasando por la fascinación hacia lo cotidiano en el trabajo híbrido de Rodrigo Imaz (Aquí), o la imagen impecable y aérea de Santiago Arau (Territorios), la colección se distingue a su vez por el equilibrio entre accesibilidad y manufactura respecto a los libros de arte de gran formato que coronan el mercado.
Eduardo Rabasa explica que esta colección representa a su vez una aventura no emprendida desde hace ya algunos años, y que a su vez se suma a las demás que tienen más de una década de existencia dentro del catálogo de Sexto Piso. Pese a surgir bajo los mismos criterios del sello, explica Rabasa, la naturaleza misma del proyecto ha marcado su personalidad y dinamismo propio.
“Pasó un poco como al principio del sello, con una estructura bastante similar en el sentido de que sean libros y artistas con propuestas de calidad, interesantes y, en muchos casos, vanguardistas. Y obviamente trasladar eso lo mejor posible a la edición de los libros para que el ejemplar sea un reflejo adecuado de su obra, que sea incluso una pieza artística el libro como tal (…). Un poco el espíritu que nos está animando -y que sí difiere de algunos los conceptos que asociamos normalmente al libro de arte- es que estamos tratando de evitar un libro muy grande, que sí es muy bonito y son espectaculares pero se vuelven un poco inmanejables por un lado, y por otro son muy caros; de pronto son libros de 2.000 pesos 2.500 pesos, pero eso restringe muchísimo su circulación en todos los sentidos”.
Pese a que los ejemplares de esta colección oscilan entre los 450.000 pesos mexicanos, los procesos de edición y uso de materiales se encuentran procurados de forma incluso más acuciosa que otros títulos. “Son autores muy pendientes del proceso de producción, a veces mucho más que algún novelista, que es muy raro cuando te piden el imprenso para revisarlo; los artistas quieren ir y ver las pruebas de color y eso es como un tipo de filtro de calidad adicional”, explica Eduardo Rabasa, quien confiesa que esta accesibilidad pretende también sacar un poco los libros del ámbito de las galerías y las ferias de arte, al tiempo que se apuesta por espacios, públicos y contextos mucho más amplios.
Pese a su corte heterogéneo y diverso, las preocupaciones artísticas expuestas en algunos de los títulos de Arte Sexto Piso tienen puntos de encuentro y atiende el clima sociopolítico del mundo contemporáneo: en el caso de Iván Trueta con la violencia donde ésta se ejerce incluso contra sí mismo, o la evocación que propone María José Sesma con el texto de Sara Uribe mediante paisajes áridos del norte de México, e incluso el libro de Pablo Rasgado (Horizonte) que aborda el tema de Palestina; todos ellos conforman una constelación puntual de los tiempos que se viven actualmente, misma que habita conceptualmente en la mente de Rabasa como una suerte de “metagalería” o “exposición de exposiciones”.
“En mi fantasía pienso que el catálogo acaba siendo como una especie de… No es una galería porque todos los artistas tienen sus galerías obviamente. Pero figurativamente hay una idea de Roberto Calasso que me gusta mucho y ha animado a la editorial desde el principio, que detalla en un ensayo muy bonito que se llama Alegrición como género literario, donde dice Calasso que el máximo objetivo que a él se le ocurre para el catálogo de un editorial es que cada libro publicado sea como un capítulo de un gran libro conformado por todo el catálogo de la editorial; el catálogo como un solo libro y cada libro como el capítulo individual de ese, pues, ese gran libro que es el catálogo. Transpolando esto un poco al mundo del arte, pues a mí me gustaría pensar que la colección fuera como nuestra galería de artistas Sexto Piso y que las exposiciones son los libros, y pues quién sabe, algún día podemos hacer una expo, aunque sea simbólica”, imagina Rabasa, quien adelanta el futuro inmediato de la expansiva colección de Arte Sexto Piso con un par de libros en preparación, uno sobre la artista y pintora Patricia Soriano y otro del artista Carlos Vielma.
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