El pasado 12 de agosto se vivió un momento que el rock había dado por perdido. Ritchie Blackmore regresó a Deep Purple después de 33 años de ausencia y décadas de peleas con su gran enemigo, el vocalista Ian Gillan. El encuentro fue breve: apenas seis minutos y medio, los que duró la interpretación de Smoke On the Water, con el fraseo de guitarra más famoso del rock duro, obra de Blackmore. Ocurrió en la parada neoyorquina de la gira de 2026 de Deep Purple. “Histórico reencuentro”, tituló Rolling Stone.
El pasado 12 de agosto se vivió un momento que el rock había dado por perdido. Ritchie Blackmore regresó a Deep Purple después de 33 años de ausencia y décadas de peleas con su gran enemigo, el vocalista Ian Gillan. El encuentro fue breve: apenas seis minutos y medio, los que duró la interpretación de Smoke On the Water, con el fraseo de guitarra más famoso del rock duro, obra de Blackmore. Ocurrió en la parada neoyorquina de la gira de 2026 de Deep Purple. “Histórico reencuentro”, tituló Rolling Stone. Seguir leyendo
El pasado 12 de agosto se vivió un momento que el rock había dado por perdido. Ritchie Blackmore regresó a Deep Purple después de 33 años de ausencia y décadas de peleas con su gran enemigo, el vocalista Ian Gillan. El encuentro fue breve: apenas seis minutos y medio, los que duró la interpretación de Smoke On the Water, con el fraseo de guitarra más famoso del rock duro, obra de Blackmore. Ocurrió en la parada neoyorquina de la gira de 2026 de Deep Purple. “Histórico reencuentro”, tituló Rolling Stone.
El guitarrista, de 81 años, dejó a un lado su rencor y provocó la reunión. “En realidad llamé… bueno, no le llamé directamente; envié a mi paloma con IA a Ian Gillan, que vive en Portugal actualmente. Le dije: ‘¿Qué te parecería si subiera al escenario solo para el bis? Solo una de las canciones. No quiero molestar’. La idea le encantó; se la planteó al resto de la banda y dieron el visto bueno”. Musicalmente no sonó un Smoke On the Water memorable: Blackmore, con su voluminosa peluca, se mostró lento de manos y ejecutó un solo errático; y Gillan, también 81 años, hace tiempo que no llega a las altas notas agudas que definieron su estilo. Los dos acusan el paso del tiempo. Lógico.

Pero lo importante residía en verlos juntos, sonriendo, realizándose bromas y cerrando, por fin, en la última etapa de su vida, una herida del tamaño de un volcán. “Ritchie anda mal de salud: gota, problemas en la espalda, artrosis, migraña… Ha suspendido todos sus conciertos porque apenas puede tocar”, apunta José Galván, especialista en el grupo con dos libros publicados sobre los miembros del grupo británico, Deep Purple: Un Mundo Púrpura y Bajo el Arco Iris. Ritchie Blackmore’s Rainbow (ambos Ed. Lenoir), y un tercero en marcha. Galván cree que el sorpresivo movimiento del guitarrista se debe a “un último deseo, a querer irse en paz arreglando las diferencias con su excompañero”.
Deep Purple, que actúa en Barcelona este lunes y el martes en Madrid (sin Blackmore, claro) para presentar su disco de 2026, Splat!, ha vivido una carrera exitosa a la vez que accidentada, sobre todo en los puestos de cantante y guitarrista. Ritchie Blackmore fundó el grupo en 1968, pero no fue hasta 1969 con la incorporación de Ian Gillan cuando la banda despegó con discos como In Rock (1970), Fireball (1971) y Machine Head (1972), que incluían sus inalcanzables clásicos Speed King, Child In Time (inmensa la voz de Gillan), Highway Star (con uno de los mejores solos del rock duro a cargo de Blackmore), Space Truckin’, Lazy o la citada Smoke On the Water. El guitarrista componía la música y el vocalista escribía las letras. El bajista Roger Glover los apoyaba a ambos, y también aportaban el teclista Jon Lord y el baterista Ian Paice. Los cinco conformaron la formación más icónica de las muchas que tuvo Deep Purple.
En España ese repertorio consiguió notoriedad gracias al doble álbum en directo Made In Japan, editado en 1972. Con el dictador aún vivo, aquel disco, con largos solos instrumentales (The Mule, nueve minutos, seis de ellos dedicados a la batería de Ian Paice), se convirtió en una refugio para el desahogo de melenudos militantes en el rock potente.
En 1972 y ya con la relación entre Blackmore y Gillan resquebrajada, el guitarrista decidió utilizar una de sus venenosas tácticas contra el cantante. Lo cuenta él mismo, sin pudor, en el documental The Ritchie Blackmore Story (2015): “Había visto cantar a Paul Rodgers [vocalista de Free y Bad Company], más cercano a blues, y me encantó. Ian me dijo: ‘Dime lo que quieras que haga, si quieres que cante así lo hago’. Pero yo le contesté: ‘Ian, tú no puedes cantar así, esto es blues’. Creo que después de eso se fue apagando. Es como si hubiese sido rechazado, y fuimos cuesta abajo”.
Y comenzó un rosario de idas y venidas. La primera etapa de Gillan concluyó en 1973, y Ritchie fichó a David Coverdale, que poseía una voz carnosa soul y blues en la línea de la de Paul Rodgers. Lo que él buscaba. Pero en 1975 Blackmore abandonó el grupo y formó Rainbow junto a Ronnie James Dio, otro titán de la voz. Juntos editaron fabulosos discos como Rising o Long Live Rock and Roll, pero otra vez el pulso entre guitarrista y vocalista (esta vez Dio) rompió la sociedad. Blackmore regresó a Deep Purple en 1984, aunque enseguida surgieron las trifulcas. En España las sufrimos: en un concierto en 1985 en el campo del Rayo Vallecano, Blackmore no salió a interpretar el bis, nada menos que Smoke On the Water; Jon Lord debió encargarse, con el órgano, de la famosa secuencia de acordes de guitarra. La relación entre los dos cabecillas se deterioró hasta tal punto que Blackmore convenció a los otros tres para despedir a Ian Gillan en 1989. El cantante regresó en 1992 para intentar enderezar a unos Deep Purple en caída libre. La reunión duró poco más de un año. En noviembre de 1993 Blackmore se marchó para siempre de Deep Purple.

Desde entonces se han evitado y en las entrevistas han optado por el silencio o la descalificación. En 2005, este cronista entrevistó a Ian Gillan y le interrogó sobre cuál fue el origen de los problemas entre él y Blackmore. Solo consiguió respuestas evasivas. Años antes, en 1998, Jon Lord, en un encuentro con EL PAÍS, fue más específico: “Lo único que tengo claro es que no vale la pena intentar tocar con Ritchie Blackmore. Cuando volvió al grupo se empeñó en convertirlo en su propia banda, un error que todavía estamos pagando”. Lord es el único del quinteto de la etapa dorada que falleció, en 2012 con 71 años.
“Para simplificar, diría que el problema entre Blackmore y Gillan es una cuestión de egos”, desliza Galván, aunque la descripción de las personalidades ayuda a conforman una visión más amplia. Colin Hart, manager de carretera de Deep Purple y Rainbow entre 1975 y 2000, describe en su autobiografía el comportamiento de Blackmore: “Como parte de su muy particular personalidad, nunca soportó que la gente estuviese contenta. Si descubría que alguien lo estaba, o que disfrutaba con algo, simplemente se ponía insoportable. Como consecuencia de ello, trataba de sembrar el caos continuamente, ya que solo cuando los demás estaban nerviosos, preocupados o se sentían tristes era él dichoso. Conocedores de este hecho, los managers y los responsables de la logística de la gira, simulaban en su presencia estar ocupados con problemas de difícil solución o discusiones de cualquier tipo, evitando de este modo que Ritchie les pusiera las cosas difíciles. Porque viéndolos sufrir era feliz”.
En The Ritchie Blackmore Story el guitarrista ofrece su visión del origen del conflicto: “Él [Gillan] era un tipo dominante, un macho alfa, yo también. Él quería controlar, yo quería controlar. Así que chocábamos constantemente. No podíamos estar en la misma habitación”. En esa misma película, el guitarrista de Queen, Brian May, coloca a Blackmore entre los mejores hachas de la historia del rock: “Es una bola de fuego. Su técnica es increíble. ¿De dónde viene? No tengo ni idea. Y eso fue antes de Jimi Hendrix…”.

La pregunta que sobrevuela la historia de la banda es qué habría ocurrido si Gillan y Blackmore hubieran permanecido unidos, como Mick Jagger y Keith Richards en los Rolling Stones, a pesar de sus diferencias. El autor de Un mundo Púrpura extrae el lado positivo de la ruptura: “Hemos tenido la carrera de Whitesnake [la banda de David Coverdale], Rainbow y Gillan en solitario. Además, en la etapa como guitarrista de Steve Morse [de 1994 a 2022] grabaron discos brillantes”.
En ese tiempo, Blackmore vistió con túnica, mangas amplias y telas superpuestas de trovador y se dedicó a tocar la mandolina, la zanfona y la guitarra acústica en Blackmore’s Night (con alguna resurrección puntual de Rainbow), un dúo de lo que él denomina “folk medieval” junto a su mujer, Candice Night. De manager ejerció su suegra. Se supone que la táctica de la confrontación que alimentaba el airado guitarrista en Deep Purple aquí dejaría paso a una convivencia más apacible.
EL PAÍS
