Crítica de teatro musical ‘El alma al aire’ Música original Alejandro Sanz Libreto Álvaro Tato Dirección Jonathan Kent Dirección musical, arreglos y orquestaciones Nick Skilbeck Dirección y supervisión musical Xavier Torras Coreografía Lynne Page Escenografía Tom Pye Iluminación Hugh Vanstone Sonido Nevin Steinberg Vestuario Jack Galloway Principales intérpretes Pepe Nufrio, Amanda Digón, Natán Segado, Lydia Fairén, Antonio MM, Inma «La Carbonera», Miriam Madrid, Inés León, Hugo Ruiz Lugar Teatro Coliseum, Madrid ****Los musicales ‘jukebox’ (creados a partir de las canciones de un determinado artista o grupo) se pusieron de moda hace algo más de dos décadas en la escena internacional gracias, especialmente, al éxito de títulos como ‘ Mamma Mia! ‘ (ABBA) o ‘ We Will Rock You ‘ (Queen). En España, el ejemplo más destacado fue ‘Hoy no me puedo levantar’, sobre canciones de Mecano. Ahora le ha tocado el turno a Alejandro Sanz , y en torno a sus canciones, muchas de ellas convertidas en verdaderos himnos, se ha creado ‘ El alma al aire’ , estrenado en Madrid con una arrolladora producción de corte internacional (buena parte de su equipo creativo es anglosajón).Para envolver las canciones de Alejandro Sanz se ha elegido a Álvaro Tato , bien conocido por su trabajo en Ron Lalá, Ay Teatro y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. El dramaturgo madrileño ha escrito un cuento naíf, melodramático, con personajes y situaciones arquetípicas (algunas recuerdan precisamente a ‘Mamma Mia!, incluso en la puesta en escena), con elementos poéticos y mágicos que adornan el relato, especialmente la conversión en personaje del viento del Levante – la historia transcurre en un imaginario pueblo del sur de España llamado Gazulea -, y su encarnación en una cantaora flamenca, de tanta enjundia además como Inma ‘La Carbonera’.’El alma al aire’ cuenta la historia de un pequeño pueblo pesquero del sur y de sus habitantes, alrededor de un viejo vagón de tren convertido en un popular chiringuito de playa, que regenta Soledad junto a su hijo, Ale -que sueña con convertirse en un gran cantante-, y el Capitán, su padre, obsesionado con encontrar a una sirena que, según él, un día le salvó la vida. Una inmobiliaria quiere hacerse con el terreno para crear un complejo turístico, y para ello llega al pueblo una mujer, Alma, con sus dos hijas, Ella y Sandy. La visita altera absolutamente la vida de sus habitantes.Amanda Digón y Pepe Nufrio Isabel PermuyTato trufa la historia de sentimentalismos (las historias de amor, a veces inesperadas, una amenaza de desahucio, los sueños de los protagonistas…), que crecen conforme transcurre el espectáculo -también lo hace la fuerza dramática del relato- para concluir en un previsible e inevitable final feliz . Pero Tato tiene un indudable mérito, no pequeño, que es lograr que las canciones encajen sin chirriar e incluso parezcan, en algún caso, que han sido escritas para el espectáculo.De las canciones de Alejandro Sanz poco hay que decir: el tiempo ha determinado su posición cimera dentro de la historia de la música pop española. En ‘El alma al aire’ se han incluido más de una veintena; entre ellas, naturalmente, ‘ Corazón partío’, ‘Amiga mía’, ‘¿Y si fuera ella?’, ‘Mi soledad y yo’, ‘La fuerza del corazón’, ‘No es lo mismo’, ‘El alma al aire’ , e incluso ‘Aprendiz’, que el músico escribió para Malú y que luego incorporó a su repertorio. Suenan de una manera completamente nueva gracias al espléndido trabajo de Nicholas Skilbeck, con una larga experiencia en la escena británica, que las ha vestido de épica y teatralidad y les ha dado una dimensión dramática (coro externo incluido). Le ayudan, claro, el sonido impecable -algo absolutamente imprescindible en el teatro musical hoy en día- de Nevin Steinberg y la orquesta dirigida por Xavier Torras.La producción, ya se ha dicho, es monumental y deslumbrante, con momentos de verdadero impacto, especialmente en la segunda parte. La escenografía de Tom Pye -que aprovecha el escenario completo: las paredes del fondo, convertidas en un enorme ciclorama- y la iluminación de Hugh Vanstone crean un marco grandioso para un espectáculo dirigido con sabiduría por Jonathan Kent , que sigue al pie de la letra las reglas tácitas del teatro musical anglosajón.En el notable capítulo interpretativo, y además de la irresistible fuerza telúrica de la cantaora Inma ‘La Carbonera’, destacan -junto a los dos vitalistas protagonistas, Amanda Digón y Pepe Nufrio – la presencia y el empaque de Inés León y Miriam Madrid , la entrañabilidad de Antonio M.M. y la energía de Lydia Fairén . Crítica de teatro musical ‘El alma al aire’ Música original Alejandro Sanz Libreto Álvaro Tato Dirección Jonathan Kent Dirección musical, arreglos y orquestaciones Nick Skilbeck Dirección y supervisión musical Xavier Torras Coreografía Lynne Page Escenografía Tom Pye Iluminación Hugh Vanstone Sonido Nevin Steinberg Vestuario Jack Galloway Principales intérpretes Pepe Nufrio, Amanda Digón, Natán Segado, Lydia Fairén, Antonio MM, Inma «La Carbonera», Miriam Madrid, Inés León, Hugo Ruiz Lugar Teatro Coliseum, Madrid ****Los musicales ‘jukebox’ (creados a partir de las canciones de un determinado artista o grupo) se pusieron de moda hace algo más de dos décadas en la escena internacional gracias, especialmente, al éxito de títulos como ‘ Mamma Mia! ‘ (ABBA) o ‘ We Will Rock You ‘ (Queen). En España, el ejemplo más destacado fue ‘Hoy no me puedo levantar’, sobre canciones de Mecano. Ahora le ha tocado el turno a Alejandro Sanz , y en torno a sus canciones, muchas de ellas convertidas en verdaderos himnos, se ha creado ‘ El alma al aire’ , estrenado en Madrid con una arrolladora producción de corte internacional (buena parte de su equipo creativo es anglosajón).Para envolver las canciones de Alejandro Sanz se ha elegido a Álvaro Tato , bien conocido por su trabajo en Ron Lalá, Ay Teatro y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. El dramaturgo madrileño ha escrito un cuento naíf, melodramático, con personajes y situaciones arquetípicas (algunas recuerdan precisamente a ‘Mamma Mia!, incluso en la puesta en escena), con elementos poéticos y mágicos que adornan el relato, especialmente la conversión en personaje del viento del Levante – la historia transcurre en un imaginario pueblo del sur de España llamado Gazulea -, y su encarnación en una cantaora flamenca, de tanta enjundia además como Inma ‘La Carbonera’.’El alma al aire’ cuenta la historia de un pequeño pueblo pesquero del sur y de sus habitantes, alrededor de un viejo vagón de tren convertido en un popular chiringuito de playa, que regenta Soledad junto a su hijo, Ale -que sueña con convertirse en un gran cantante-, y el Capitán, su padre, obsesionado con encontrar a una sirena que, según él, un día le salvó la vida. Una inmobiliaria quiere hacerse con el terreno para crear un complejo turístico, y para ello llega al pueblo una mujer, Alma, con sus dos hijas, Ella y Sandy. La visita altera absolutamente la vida de sus habitantes.Amanda Digón y Pepe Nufrio Isabel PermuyTato trufa la historia de sentimentalismos (las historias de amor, a veces inesperadas, una amenaza de desahucio, los sueños de los protagonistas…), que crecen conforme transcurre el espectáculo -también lo hace la fuerza dramática del relato- para concluir en un previsible e inevitable final feliz . Pero Tato tiene un indudable mérito, no pequeño, que es lograr que las canciones encajen sin chirriar e incluso parezcan, en algún caso, que han sido escritas para el espectáculo.De las canciones de Alejandro Sanz poco hay que decir: el tiempo ha determinado su posición cimera dentro de la historia de la música pop española. En ‘El alma al aire’ se han incluido más de una veintena; entre ellas, naturalmente, ‘ Corazón partío’, ‘Amiga mía’, ‘¿Y si fuera ella?’, ‘Mi soledad y yo’, ‘La fuerza del corazón’, ‘No es lo mismo’, ‘El alma al aire’ , e incluso ‘Aprendiz’, que el músico escribió para Malú y que luego incorporó a su repertorio. Suenan de una manera completamente nueva gracias al espléndido trabajo de Nicholas Skilbeck, con una larga experiencia en la escena británica, que las ha vestido de épica y teatralidad y les ha dado una dimensión dramática (coro externo incluido). Le ayudan, claro, el sonido impecable -algo absolutamente imprescindible en el teatro musical hoy en día- de Nevin Steinberg y la orquesta dirigida por Xavier Torras.La producción, ya se ha dicho, es monumental y deslumbrante, con momentos de verdadero impacto, especialmente en la segunda parte. La escenografía de Tom Pye -que aprovecha el escenario completo: las paredes del fondo, convertidas en un enorme ciclorama- y la iluminación de Hugh Vanstone crean un marco grandioso para un espectáculo dirigido con sabiduría por Jonathan Kent , que sigue al pie de la letra las reglas tácitas del teatro musical anglosajón.En el notable capítulo interpretativo, y además de la irresistible fuerza telúrica de la cantaora Inma ‘La Carbonera’, destacan -junto a los dos vitalistas protagonistas, Amanda Digón y Pepe Nufrio – la presencia y el empaque de Inés León y Miriam Madrid , la entrañabilidad de Antonio M.M. y la energía de Lydia Fairén .
Los musicales ‘jukebox’ (creados a partir de las canciones de un determinado artista o grupo) se pusieron de moda hace algo más de dos décadas en la escena internacional gracias, especialmente, al éxito de títulos como ‘Mamma Mia!‘ (ABBA) o ‘We Will Rock You … ‘ (Queen). En España, el ejemplo más destacado fue ‘Hoy no me puedo levantar’, sobre canciones de Mecano. Ahora le ha tocado el turno a Alejandro Sanz, y en torno a sus canciones, muchas de ellas convertidas en verdaderos himnos, se ha creado ‘El alma al aire’, estrenado en Madrid con una arrolladora producción de corte internacional (buena parte de su equipo creativo es anglosajón).
Para envolver las canciones de Alejandro Sanz se ha elegido a Álvaro Tato, bien conocido por su trabajo en Ron Lalá, Ay Teatro y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. El dramaturgo madrileño ha escrito un cuento naíf, melodramático, con personajes y situaciones arquetípicas (algunas recuerdan precisamente a ‘Mamma Mia!, incluso en la puesta en escena), con elementos poéticos y mágicos que adornan el relato, especialmente la conversión en personaje del viento del Levante –la historia transcurre en un imaginario pueblo del sur de España llamado Gazulea-, y su encarnación en una cantaora flamenca, de tanta enjundia además como Inma ‘La Carbonera’.
‘El alma al aire’ cuenta la historia de un pequeño pueblo pesquero del sur y de sus habitantes, alrededor de un viejo vagón de tren convertido en un popular chiringuito de playa, que regenta Soledad junto a su hijo, Ale -que sueña con convertirse en un gran cantante-, y el Capitán, su padre, obsesionado con encontrar a una sirena que, según él, un día le salvó la vida. Una inmobiliaria quiere hacerse con el terreno para crear un complejo turístico, y para ello llega al pueblo una mujer, Alma, con sus dos hijas, Ella y Sandy. La visita altera absolutamente la vida de sus habitantes.

(Isabel Permuy)
Tato trufa la historia de sentimentalismos (las historias de amor, a veces inesperadas, una amenaza de desahucio, los sueños de los protagonistas…), que crecen conforme transcurre el espectáculo -también lo hace la fuerza dramática del relato- para concluir en un previsible e inevitable final feliz. Pero Tato tiene un indudable mérito, no pequeño, que es lograr que las canciones encajen sin chirriar e incluso parezcan, en algún caso, que han sido escritas para el espectáculo.
De las canciones de Alejandro Sanz poco hay que decir: el tiempo ha determinado su posición cimera dentro de la historia de la música pop española. En ‘El alma al aire’ se han incluido más de una veintena; entre ellas, naturalmente, ‘Corazón partío’, ‘Amiga mía’, ‘¿Y si fuera ella?’, ‘Mi soledad y yo’, ‘La fuerza del corazón’, ‘No es lo mismo’, ‘El alma al aire’, e incluso ‘Aprendiz’, que el músico escribió para Malú y que luego incorporó a su repertorio. Suenan de una manera completamente nueva gracias al espléndido trabajo de Nicholas Skilbeck, con una larga experiencia en la escena británica, que las ha vestido de épica y teatralidad y les ha dado una dimensión dramática (coro externo incluido). Le ayudan, claro, el sonido impecable -algo absolutamente imprescindible en el teatro musical hoy en día- de Nevin Steinberg y la orquesta dirigida por Xavier Torras.
La producción, ya se ha dicho, es monumental y deslumbrante, con momentos de verdadero impacto, especialmente en la segunda parte. La escenografía de Tom Pye -que aprovecha el escenario completo: las paredes del fondo, convertidas en un enorme ciclorama- y la iluminación de Hugh Vanstone crean un marco grandioso para un espectáculo dirigido con sabiduría por Jonathan Kent, que sigue al pie de la letra las reglas tácitas del teatro musical anglosajón.
En el notable capítulo interpretativo, y además de la irresistible fuerza telúrica de la cantaora Inma ‘La Carbonera’, destacan -junto a los dos vitalistas protagonistas, Amanda Digón y Pepe Nufrio– la presencia y el empaque de Inés León y Miriam Madrid, la entrañabilidad de Antonio M.M. y la energía de Lydia Fairén.
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