El amor . El motor de tanta literatura, tanto arte, tanto cine. La pasión mil veces contada y vivida, inagotable, universal, capaz de atravesar océanos de tiempo y espacio solo para conseguir que alguien logre estar junto a la persona a la que ama.Hay muchos animales con los que compartimos aspectos de un hecho que, en definitiva, tiene un objetivo bien definido: asegurar la continuidad de la especie . Pero, por lo que podemos afirmar a día de hoy, solo nosotros, los humanos, tenemos predisposición para caer en el estado de profunda irracionalidad que, en definitiva, es el enamoramiento. Y, aunque suene paradójico, esa entrega a algo que no tiene ni pies ni cabeza —¿por qué no dejo de pensar en esta persona a la que acabo de conocer en una fiesta, como si de repente fuese la más importante para mí?— es uno de los rasgos que nos hacen una especie única.Ensayo ‘El cerebro enamorado’ Autor Miguel Pita Editorial Periférica Año 2026 Páginas 144 Precio 18,00 euros Valoración ***Por eso, en un momento en el que la neurociencia se ha convertido en una especie de comodín para explicar prácticamente todo, un libro como este es la aportación que merece el proceso del enamoramiento , uno de los más intensos que puede llegar a experimentar alguien en toda su vida. Porque, aunque amor y sexo estén íntimamente relacionados, como no podía ser de otro modo, solo nosotros somos capaces de experimentar el placer —y también, llegado el caso, el dolor— de sentirnos enamorados, que ni siquiera precisa de la culminación sexual para poner patas arriba nuestra más o menos ordenada mente.Miguel Pita , biólogo y experto en genética, así como uno de nuestros más destacados divulgadores, acepta el reto de contarnos los procesos fisiológicos por los que va pasando el cerebro enamorado, y consigue esquivar el principal peligro: que hablarnos de neurotransmisores, de la plasticidad del cerebro, o cómo este literalmente nos secuestra porque decide que esa otra persona pasa a ser lo más importante para nosotros, le quite toda la gracia al amor. Es más, todo lo que nos descubre hace que ese gran misterio —porque aún hay muchas cosas que desconocemos— no solo no mengüe, sino que conserve su capacidad para fascinarnos.En cierta forma, la historia de cómo Raquel e Íñigo —la pareja que encarna en este ensayo a los enamorados tipo—, tras un encuentro fortuito , llegan a tener una relación apasionada, es como asomarse al ‘making of’ de tantas comedias románticas que hemos consumido. Y uno no deja de admirarse, una vez más, de cómo los poetas ya entrevieron gran parte de lo que sucedía cuando se cae en la alucinación del amor. Y es que, en definitiva, cuando la cosa sale mal y uno se admira de haber sido poco menos que abducido, al menos queda el consuelo de que la evolución no nos dejaba otra salida. No eres tú, son tus neurotransmisores. El amor . El motor de tanta literatura, tanto arte, tanto cine. La pasión mil veces contada y vivida, inagotable, universal, capaz de atravesar océanos de tiempo y espacio solo para conseguir que alguien logre estar junto a la persona a la que ama.Hay muchos animales con los que compartimos aspectos de un hecho que, en definitiva, tiene un objetivo bien definido: asegurar la continuidad de la especie . Pero, por lo que podemos afirmar a día de hoy, solo nosotros, los humanos, tenemos predisposición para caer en el estado de profunda irracionalidad que, en definitiva, es el enamoramiento. Y, aunque suene paradójico, esa entrega a algo que no tiene ni pies ni cabeza —¿por qué no dejo de pensar en esta persona a la que acabo de conocer en una fiesta, como si de repente fuese la más importante para mí?— es uno de los rasgos que nos hacen una especie única.Ensayo ‘El cerebro enamorado’ Autor Miguel Pita Editorial Periférica Año 2026 Páginas 144 Precio 18,00 euros Valoración ***Por eso, en un momento en el que la neurociencia se ha convertido en una especie de comodín para explicar prácticamente todo, un libro como este es la aportación que merece el proceso del enamoramiento , uno de los más intensos que puede llegar a experimentar alguien en toda su vida. Porque, aunque amor y sexo estén íntimamente relacionados, como no podía ser de otro modo, solo nosotros somos capaces de experimentar el placer —y también, llegado el caso, el dolor— de sentirnos enamorados, que ni siquiera precisa de la culminación sexual para poner patas arriba nuestra más o menos ordenada mente.Miguel Pita , biólogo y experto en genética, así como uno de nuestros más destacados divulgadores, acepta el reto de contarnos los procesos fisiológicos por los que va pasando el cerebro enamorado, y consigue esquivar el principal peligro: que hablarnos de neurotransmisores, de la plasticidad del cerebro, o cómo este literalmente nos secuestra porque decide que esa otra persona pasa a ser lo más importante para nosotros, le quite toda la gracia al amor. Es más, todo lo que nos descubre hace que ese gran misterio —porque aún hay muchas cosas que desconocemos— no solo no mengüe, sino que conserve su capacidad para fascinarnos.En cierta forma, la historia de cómo Raquel e Íñigo —la pareja que encarna en este ensayo a los enamorados tipo—, tras un encuentro fortuito , llegan a tener una relación apasionada, es como asomarse al ‘making of’ de tantas comedias románticas que hemos consumido. Y uno no deja de admirarse, una vez más, de cómo los poetas ya entrevieron gran parte de lo que sucedía cuando se cae en la alucinación del amor. Y es que, en definitiva, cuando la cosa sale mal y uno se admira de haber sido poco menos que abducido, al menos queda el consuelo de que la evolución no nos dejaba otra salida. No eres tú, son tus neurotransmisores.
El amor. El motor de tanta literatura, tanto arte, tanto cine. La pasión mil veces contada y vivida, inagotable, universal, capaz de atravesar océanos de tiempo y espacio solo para conseguir que alguien logre estar junto a la persona a la que ama.
Hay … muchos animales con los que compartimos aspectos de un hecho que, en definitiva, tiene un objetivo bien definido: asegurar la continuidad de la especie. Pero, por lo que podemos afirmar a día de hoy, solo nosotros, los humanos, tenemos predisposición para caer en el estado de profunda irracionalidad que, en definitiva, es el enamoramiento.
Y, aunque suene paradójico, esa entrega a algo que no tiene ni pies ni cabeza —¿por qué no dejo de pensar en esta persona a la que acabo de conocer en una fiesta, como si de repente fuese la más importante para mí?— es uno de los rasgos que nos hacen una especie única.
Ensayo
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‘El cerebro enamorado’

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Autor
Miguel Pita -
Editorial
Periférica -
Año
2026 -
Páginas
144 -
Precio
18,00 euros -
Valoración
***
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Por eso, en un momento en el que la neurociencia se ha convertido en una especie de comodín para explicar prácticamente todo, un libro como este es la aportación que merece el proceso del enamoramiento, uno de los más intensos que puede llegar a experimentar alguien en toda su vida. Porque, aunque amor y sexo estén íntimamente relacionados, como no podía ser de otro modo, solo nosotros somos capaces de experimentar el placer —y también, llegado el caso, el dolor— de sentirnos enamorados, que ni siquiera precisa de la culminación sexual para poner patas arriba nuestra más o menos ordenada mente.
Miguel Pita, biólogo y experto en genética, así como uno de nuestros más destacados divulgadores, acepta el reto de contarnos los procesos fisiológicos por los que va pasando el cerebro enamorado, y consigue esquivar el principal peligro: que hablarnos de neurotransmisores, de la plasticidad del cerebro, o cómo este literalmente nos secuestra porque decide que esa otra persona pasa a ser lo más importante para nosotros, le quite toda la gracia al amor. Es más, todo lo que nos descubre hace que ese gran misterio —porque aún hay muchas cosas que desconocemos— no solo no mengüe, sino que conserve su capacidad para fascinarnos.
En cierta forma, la historia de cómo Raquel e Íñigo —la pareja que encarna en este ensayo a los enamorados tipo—, tras un encuentro fortuito, llegan a tener una relación apasionada, es como asomarse al ‘making of’ de tantas comedias románticas que hemos consumido. Y uno no deja de admirarse, una vez más, de cómo los poetas ya entrevieron gran parte de lo que sucedía cuando se cae en la alucinación del amor. Y es que, en definitiva, cuando la cosa sale mal y uno se admira de haber sido poco menos que abducido, al menos queda el consuelo de que la evolución no nos dejaba otra salida. No eres tú, son tus neurotransmisores.
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