Temo que el futuro del mundo esté en manos de un hombre a punto de lanzar una pelota de papel a la papelera de su despacho. —Venga, esta con los ojos cerrados. —Si la meto, me firmas el acuerdo.—Va.De niños jugábamos a eso: si la meto, apruebo el examen; si la meto, la llamo; si la fallo, me muero; bueno, tengo otro intento; a la tercera va la vencida; y así. Sánchez ha ido a Nueva York a jugar a este baloncesto con Mamdani, en un spot que nos recuerda que es un hombre que viene del baloncesto, que está en el baloncesto, que quizá esté yendo al baloncesto, imbuido por un espíritu odiseico o la simple nostalgia de los abdominales marcados. «Ya sabes que ser de izquierdas es aceptar los tiros difíciles», le dice al alcalde neoyorquino. «Y meterlos», le responde este.Después los vemos lanzando: Mamdani lo hace con el gesto del triple exagerado, como de niño jugando a ser estrella de NBA, a Sánchez se le ve más suelto; empieza por debajo de las piernas, a lo Magic Johnson, una decisión que hace no tanto sería denunciada como apropiación cultural por la misma izquierda a la que ahora se abraza. Luego Sánchez emula el skyhook de Abdul Jabbar, y Mamdani lo dice, por si alguien no lo ha pillado: «el skyhook». Y así acaba. Es un anuncio multicultural.Los dos van con traje y corbata y juegan la carta de la energía de la juventud, aunque Sánchez ya pasa de los cincuenta y Mamdani tiene veinte años menos: el uno quiere verse en el otro, y viceversa, y ninguno quiere envejecer, pero sí mandar, que debiera ser una forma de envejecer.El spot ha recibido aplausos de los comunicólogos, por lo visto por la informalidad, la iluminación, el ritmo, la gracia. No se ha hablado tanto de la literalidad, que es asombrosa, pues en medio minuto el vídeo resume el arte político de la última década, que consiste en una competición que se resuelve siempre con una decisión instintiva del líder, tomada con la ligereza de quien no tiene miedo a fallar ni tiempo para pensar.Donde antes teníamos hombres grises, ahora tenemos a estos chavales que han aprendido a vivir en el filo, que gobiernan reaccionando, apostando, tirándose triples. Lo que quieren mandar y molar.Todo esto lo anticipó Óscar Puente cuando bautizó a Sánchez como «nuestro Michael Jordan». No se me ocurre un deportista peor para gobernar un país. Temo que el futuro del mundo esté en manos de un hombre a punto de lanzar una pelota de papel a la papelera de su despacho. —Venga, esta con los ojos cerrados. —Si la meto, me firmas el acuerdo.—Va.De niños jugábamos a eso: si la meto, apruebo el examen; si la meto, la llamo; si la fallo, me muero; bueno, tengo otro intento; a la tercera va la vencida; y así. Sánchez ha ido a Nueva York a jugar a este baloncesto con Mamdani, en un spot que nos recuerda que es un hombre que viene del baloncesto, que está en el baloncesto, que quizá esté yendo al baloncesto, imbuido por un espíritu odiseico o la simple nostalgia de los abdominales marcados. «Ya sabes que ser de izquierdas es aceptar los tiros difíciles», le dice al alcalde neoyorquino. «Y meterlos», le responde este.Después los vemos lanzando: Mamdani lo hace con el gesto del triple exagerado, como de niño jugando a ser estrella de NBA, a Sánchez se le ve más suelto; empieza por debajo de las piernas, a lo Magic Johnson, una decisión que hace no tanto sería denunciada como apropiación cultural por la misma izquierda a la que ahora se abraza. Luego Sánchez emula el skyhook de Abdul Jabbar, y Mamdani lo dice, por si alguien no lo ha pillado: «el skyhook». Y así acaba. Es un anuncio multicultural.Los dos van con traje y corbata y juegan la carta de la energía de la juventud, aunque Sánchez ya pasa de los cincuenta y Mamdani tiene veinte años menos: el uno quiere verse en el otro, y viceversa, y ninguno quiere envejecer, pero sí mandar, que debiera ser una forma de envejecer.El spot ha recibido aplausos de los comunicólogos, por lo visto por la informalidad, la iluminación, el ritmo, la gracia. No se ha hablado tanto de la literalidad, que es asombrosa, pues en medio minuto el vídeo resume el arte político de la última década, que consiste en una competición que se resuelve siempre con una decisión instintiva del líder, tomada con la ligereza de quien no tiene miedo a fallar ni tiempo para pensar.Donde antes teníamos hombres grises, ahora tenemos a estos chavales que han aprendido a vivir en el filo, que gobiernan reaccionando, apostando, tirándose triples. Lo que quieren mandar y molar.Todo esto lo anticipó Óscar Puente cuando bautizó a Sánchez como «nuestro Michael Jordan». No se me ocurre un deportista peor para gobernar un país.

Temo que el futuro del mundo esté en manos de un hombre a punto de lanzar una pelota de papel a la papelera de su despacho.
—Venga, esta con los ojos cerrados.
—Si la meto, me firmas el acuerdo.
—Va.
De niños jugábamos a eso: si la meto, apruebo el examen; si la meto, la llamo; si la fallo, me muero; bueno, tengo otro intento; a la tercera va la vencida; y así.
Sánchez ha ido a Nueva York a jugar a este baloncesto con Mamdani, en un spot que nos recuerda que es un hombre que viene del baloncesto, que está en el baloncesto, que quizá esté yendo al baloncesto, imbuido por un espíritu odiseico o la simple nostalgia de los abdominales marcados. «Ya sabes que ser de izquierdas es aceptar los tiros difíciles», le dice al alcalde neoyorquino. «Y meterlos», le responde este.
Después los vemos lanzando: Mamdani lo hace con el gesto del triple exagerado, como de niño jugando a ser estrella de NBA, a Sánchez se le ve más suelto; empieza por debajo de las piernas, a lo Magic Johnson, una decisión que hace no tanto sería denunciada como apropiación cultural por la misma izquierda a la que ahora se abraza. Luego Sánchez emula el skyhook de Abdul Jabbar, y Mamdani lo dice, por si alguien no lo ha pillado: «el skyhook». Y así acaba. Es un anuncio multicultural.
Los dos van con traje y corbata y juegan la carta de la energía de la juventud, aunque Sánchez ya pasa de los cincuenta y Mamdani tiene veinte años menos: el uno quiere verse en el otro, y viceversa, y ninguno quiere envejecer, pero sí mandar, que debiera ser una forma de envejecer.
El spot ha recibido aplausos de los comunicólogos, por lo visto por la informalidad, la iluminación, el ritmo, la gracia. No se ha hablado tanto de la literalidad, que es asombrosa, pues en medio minuto el vídeo resume el arte político de la última década, que consiste en una competición que se resuelve siempre con una decisión instintiva del líder, tomada con la ligereza de quien no tiene miedo a fallar ni tiempo para pensar.
Donde antes teníamos hombres grises, ahora tenemos a estos chavales que han aprendido a vivir en el filo, que gobiernan reaccionando, apostando, tirándose triples. Lo que quieren mandar y molar.
Todo esto lo anticipó Óscar Puente cuando bautizó a Sánchez como «nuestro Michael Jordan». No se me ocurre un deportista peor para gobernar un país.
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