Un par de meses antes del Golpe de Estado contra Salvador Allende, en septiembre de 1973, la banda Quilapayún entonó El pueblo unido jamás será vencido frente a La Moneda para apoyar al mandatario socialista. Lo hicieron en el marco de una marcha de las mujeres allendistas y leyendo las estrofas en un papel porque aún no se la sabían. Tras el quiebre democrático, su compositor, Sergio Ortega, se exilió en Francia, donde murió en 2003. Su canción, sin embargo, es eterna. Y ha sido precisamente en la capital del país europeo que este fin de semana se ha vuelto a escuchar el emblema de la protesta política. En medio del estallido, la orquesta de estudiantes franceses -Orchestre du Nouveau Monde- interpretó la obra musical a los pies del palacio municipal Hôtel de Ville. No es la primera vez que París la hace suya. A finales de 2018, durante las protestas de los chalecos amarillos contra el Gobierno del presidente Emmanuel Macron por el alza en el costo de la vida, también se entonó el himno.
Compuesta meses antes del golpe de Estado de 1973, el himno político ha sonado en Japón, Brasil o Estados Unidos, en alguna de sus más de 150 versiones
Un par de meses antes del Golpe de Estado contra Salvador Allende, en septiembre de 1973, la banda Quilapayún entonó El pueblo unido jamás será vencido frentea La Moneda para apoyar al mandatario socialista. Lo hicieron en el marco de una marcha de las mujeres allendistas y leyendo las estrofas en un papel porque aún no se la sabían. Tras el quiebre democrático, su compositor, Sergio Ortega, se exilió en Francia, donde murió en 2003. Su canción, sin embargo, es eterna. Y ha sido precisamente en la capital del país europeo que este fin de semana se ha vuelto a escuchar el emblema de la protesta política. En medio del estallido, la orquesta de estudiantes franceses -Orchestre du Nouveau Monde- interpretó la obra musical a los pies del palacio municipal Hôtel de Ville. No es la primera vez que París la hace suya. A finales de 2018, durante las protestas de los chalecos amarillos contra el Gobierno del presidente Emmanuel Macron por el alza en el costo de la vida, también se entonó el himno.
El fenómeno de la canción chilena es bastante universal. Los militantes de la izquierda y progresistas de diversas latitudes han difundido la canción, que en el último tiempo también ha estado presente en protestas contra el candidato presidencial de la ultraderecha brasileña, Flávio Bolsonaro. Los simpatizantes de Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores, han cantado O povo unido jamais será vencido en mítines y también la han utilizado durante la campaña en redes sociales para defender programas sociales y la democracia. A su vez, la consigna se ha escuchado en las manifestaciones estadounidenses contra la brutal política migratoria del Gobierno de Donald Trump en rincones de Minnesota, Arizona y California, entre otros.
La vocación global de El pueblo unido jamás será vencido viene de larga data. Durante la Revolución Islámica de 1979, un grupo de estudiantes iraníes opositores a la dictadura del Sah Mohammad Reza Pahlaví adaptaron el himno socialista, conservando su melodía, pero con otra letra, bajo el título Bar Pa Khiz, que se traduce como Levántate o Arriba. El musicólogo y director chileno Martín Farías, produjo un documental llamado Himno (2023) en el que relata la historia de la canción y su lugar en la memoria colectiva. “El pueblo unido tiene una solemnidad que no solemos encontrar en el movimiento de la Nueva Canción ni en la música popular chilena en general”, dijo Farías al diario turco BirGün, donde relataba que en su investigación había recolectado más de 150 versiones alrededor del mundo. “Que una canción evoque esperanza y a la vez transmita la unidad del pueblo de una manera tan seria, casi sagrada, es increíblemente poderoso. Creo que esa es una de las razones por las que la canción se ha vuelto tan universal y perdurable”, añadió.
Lejos de Chile, la canción ha cobrado nuevos sentidos. En Japón fue revivida a propósito del movimiento antinuclear surgido tras el accidente de Fukushima, un ejemplo de cómo, según Farías, “ha sido apropiada por otras causas”. En Colombia, una orquesta juvenil la interpretó en mayo de 2021, durante el paro nacional contra el Gobierno de Iván Duque, y más recientemente, contra las medidas económicas del nuevo mandatario, Abelardo de la Espriella.
Los integrantes de Quilapayún han relatado que mientras vivían en el exilio siempre les pedían que terminaran sus conciertos con la famosa canción. Así ocurrió en ciudades como Londres, en septiembre de 1975, en medio de un tributo al cantautor chileno Víctor Jara. De hecho, en algunos países como Dinamarca o Noruega se han encontrado discos de los setenta con la canción en los que se la atribuyen a Jara. Pero la historia es distinta. Uno de los fundadores de la banda y actual director, Eduardo Carrasco, relató a radio BioBioChile que la canción nació en una reunión en casa de Sergio Ortega. Carrasco intentó tocar en el piano un sexteto del compositor alemán Johannes Brahms, Ortega lo desplazó del asiento y empezó a improvisar sobre esos mismos acordes, y de ahí apareció la melodía de El pueblo unido que, más de medio siglo después, continúa su eco.
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