Sería un cartel más que interesante que tres de las llamadas máximas figuras de la actualidad se anunciaran con una corrida como la de hoy del hierro de Pedraza de Yeltes; sería una buena ocasión para comprobar si son toreros de pitiminí ante toretes bondadosos o artistas heroicos de las zapatillas a la coleta.
Sería un cartel más que interesante que tres de las llamadas máximas figuras de la actualidad se anunciaran con una corrida como la de hoy del hierro de Pedraza de Yeltes; sería una buena ocasión para comprobar si son toreros de pitiminí ante toretes bondadosos o artistas heroicos de las zapatillas a la coleta. Seguir leyendo
Sería un cartel más que interesante que tres de las llamadas máximas figuras de la actualidad se anunciaran con una corrida como la de hoy del hierro de Pedraza de Yeltes; sería una buena ocasión para comprobar si son toreros de pitiminí ante toretes bondadosos o artistas heroicos de las zapatillas a la coleta.
Es que la corrida de hoy, muy bien presentada, muy seria, con astifinos pitones, ha sido muy exigente para los toreros; y áspera y dura y desigual también, como lo ha sido su comportamiento en varas y ante los engaños. No ha habido ninguno que haya regalado un muletazo, lo que ha obligado a la terna a sudar la camiseta y emplearse a fondo a sabiendas de que poco le servirá para su futuro.
Porque ese es el problema, que se juegan de verdad la vida ante estas corridas y no tienen recompensa alguna; por el contrario, le servirá de justificación a más de un empresario para borrarlos de la agenda.
Los dos primeros toros salieron adormilados, como recién levantados de la siesta, aplomados, con andares de bueyes, sin oportunidad alguna para el lucimiento. El tercero, sí, acudió largo y a galope a la llamada del picador, y empujó con los riñones al caballo que montaba Oscar Alba; ese toro llegó al tercio final con ganas de comerse la muleta, a veces con temple, otras con la cara por las nubes, muy complicado para un torero tan poco placeado como Jarocho. El cuarto, soso y soltando la cara a cada paso; desordenado y brusco el también manso quinto, que arrolló al banderillero Víctor Manuel Martínez a la salida de un par y le produjo contusiones pendientes de estudio radiológico, según el parte médico. Y el sexto, que también empujó en la primera vara y permitió el lucimiento de Juan Melgar, llegó a la muleta sin claridad en su comportamiento hasta que se templó, quizá en demasía, y permitió uno de los escasos momentos brillantes de la tarde: un manojo de naturales a cámara lenta de Jarocho, largos y hermosos, que permitieron deleitar por un momento el toreo caro.
En su primero, ese encastado tercero, con el que hizo el ridículo la cuadrilla en el segundo tercio, le costó a Jarocho encontrar el sitio, el fondo y la forma para el lucimiento. No era nada fácil su oponente, encastado sí, pero de corto recorrido y noble solo por momentos. Sufrió enganches, un desarme y, en el desorden de la pelea, Jarocho consiguió robar cinco naturales en dos tandas distintas que le permitieron respirar ante un toro tan emocionante como dificultoso. A los dos los mató mal, lo que es un borrón que debe cuidar para seguir adelante.
Sus compañeros tuvieron peor suerte. Fonseca se encontró con el dormido primero, con el que solo pudo estar más comprometido y entregado de lo que el toro merecía. El cuarto lo atropelló al inicio de la faena de muleta cuando intentaba dar un pase cambiado por la espalda y él fue el único en toda la plaza que no se dio cuenta de que el toro venía cruzado y dispuesto a voltearlo, como así sucedió, aunque sin consecuencias, por fortuna. Tras reponerse del golpe se hincó de rodillas y trazó hasta seis derechazos que no fueron el preludio más que de una buena actitud ante un toro imposible.
Imposible fue el primero de Molina, otro que salió con la resaca de la siesta vespertina, y el torero estuvo aseado, que era lo mejor que se podía estar. Lo volvió a intentar sin éxito ante el quinto, otro animal deslucido y con la cara por las nubes.
Corrida interesante, sí, pero muy complicada para toreros entregados a los que nadie, seguro, les reconocerá su esfuerzo.
Toros de Pedraza de Yeltes, bien presentados, mansos en varas a excepción del lidiado en tercer lugar, que acudió de largo al caballo en los dos encuentros y empujó sobre todo en el segundo, y fue encastado en la muleta; aplomados primero y segundo; soso el cuarto, áspero el quinto, y empujó en varas el sexto. En conjunto, una corrida seria, dura y desigual.
Isaac Fonseca: gran estocada -aviso- (ovación); -aviso- tres pinchazos, estocada baja _2º aviso_ (silencio).
José Fernando Molina: estocada atravesada -aviso- (silencio); media estocada -aviso- y buena estocada (silencio).
Jarocho: pinchazo y bajonazo (leves palmas y sale a saludar); dos pinchazos y estocada (silencio).
Plaza de toros de Las Ventas. 27 de mayo. Decimoséptimo festejo de la Feria de San Isidro. Casi lleno (19.58 espectadores, según la empresa).
EL PAÍS
