Los chistes clásicos sobre vascos —nacen donde quieren, van a setas y no a rolex y comen como si no existiera el colesterol— tienen una larga tradición. Que los vascos cometan la transgresión de mofarse de sus mitos fundacionales, no tanto. Quizás haya que hurgar en las catacumbas del underground de los 80 para buscar sus orígenes: por ejemplo, en la guasa de las procesiones ateas que recorrían las calles de Vitoria, en algunas tiras de la revista TMEO o en aquella canción de Hertzainak que ironizaba con la necesidad de tomar drogas para sobrellevar lo que conllevaba ser un “basko” ideal.
Iban Zaldua reedita ‘Si Sabino viviría’, una novela de ciencia ficción que se sirve de la sátira para cuestionar los mitos y los lugares comunes de los nacionalismos vasco y español
Los chistes clásicos sobre vascos —nacen donde quieren, van a setas y no a rolex y comen como si no existiera el colesterol— tienen una larga tradición. Que los vascos cometan la transgresión de mofarse de sus mitos fundacionales, no tanto. Quizás haya que hurgar en las catacumbas del underground de los 80 para buscar sus orígenes: por ejemplo, en la guasa de las procesiones ateas que recorrían las calles de Vitoria, en algunas tiras de la revista TMEO o en aquella canción de Hertzainak que ironizaba con la necesidad de tomar drogas para sobrellevar lo que conllevaba ser un “basko” ideal.
Los límites del humor se expandían en los reducidos círculos del ecosistema contracultural vasco: no existían los memes, pero sí la irreverente sátira política de los carteles de EMK (Movimiento Comunista de Euskadi, en su acrónimo en euskera) que empapelaban las calles. Y con la primera época del programa Vaya Semanita en la televisión pública vasca a principios de los 2000, la de Cobeaga y San José, la ruptura de los tabúes —desde el cachondeo y no la crítica política— alcanzó al gran público.
Hay muchos más ejemplos y algunos de los mencionados serán impugnados, pero uno que no tiene discusión sobre un humor que cuestiona la solemnidad del imaginario oficial vasco es la novela Si Sabino viviría, una descacharrante aventura de ciencia ficción en la que un detective, Cosmic Josemi, recibe el encargo del Tecno Buru Batzar del planeta Nueva Euzkadi para viajar a la Tierra y recuperar los restos de Sabino Arana, fundador del PNV, y así poder utilizar su ADN para remendar la inteligencia artificial que gobierna el planeta. “No creo en el humor inocuo, creo en un tipo de humor que le tiene que molestar a alguien en un momento dado”, defiende el autor de la novela, Iban Zaldua (San Sebastián, 60 años), en conversación con EL PAÍS en Vitoria. La novela fue originalmente publicada por Lengua de Trapo en 2005 y ha sido reeditada por la editorial independiente Episkaia.
Si Sabino viviría —frase de una habanera anónima que añade que “la patria sería libre y Euzkadi sería feliz”— es una “sátira bastante gamberra, hecha con humor, con cierto cariño y algo de mala leche” en la que Zaldua se chotea de la Euskadi mítica de Sabino Arana. Aparecen mutantes que creen que el origen extraterrestre de la humanidad es más vasco que el bacalao al pil-pil. En Nueva Euzkadi hay “gente con kaiku, boina y trenzas rastafari por todas partes” y los aerotaxis para maketos van más lentos. Zaldua quería jugar con los “mitos inamovibles del nacionalismo vasco que me parecían un poco rancios” y con la presencia “eterna” del PNV en el poder: “Esa condena que parece que pesa sobre nosotros de que, pase lo que pase, el PNV siempre va a estar ahí gobernando”. Zaldua vacila con la nueva cocina vasca, el Guggenheim, los académicos de la lengua vasca, el folclore, la corrupción y todo lo que se le cruce en el camino.
Pero no solo. También el nacionalismo español recibe su cera, encarnado en Tauro, un planeta concedido a sus colonizadores porque está iluminado todo el día por dos soles y en él, literalmente, “nunca se pone el sol”. Un planeta en el que prima la “Unidad de la Nación” y se vive en recreaciones de realidad virtual del Siglo de Oro o el franquismo autárquico. La España Una, Grande y Libre, que menciona la escritora Edurne Portela en el prólogo que acompaña a esta reedición. “El nacionalismo español no se ha renovado demasiado, sigue recurriendo a las mismas imágenes, a los mismos tópicos de siempre, la reconquista, la colonización”, argumenta Zaldua, que recuerda que, con algunos retoques para la nueva edición, el libro está escrito en la era Aznar, “que es donde empezó todo esto que nos ha llevado hasta lo que existe ahora, Aznar haciéndose fotos vestido de guerrero de la reconquista; entonces hubo un rearme del nacionalismo español que era preocupante y que ahora lo es mucho más. En fin, de aquellos polvos, estos lodos”.
Cosmic Josemi, el detective galáctico, dice en la novela que “agarrarse a un mito, sobre todo si está muy manido, tiene el riesgo de que el mismo se venga abajo a la primera embestida”, pero no parece que sea tan sencillo. Cuando en 2005 Zaldua publicó la novela (el origen está en un cuento galardonado a mediados de los noventa), “lo que más preocupaba en ciertos sectores era el nacionalismo vasco extremo, pero ahora mismo lo que yo creo que tendría que preocuparnos más es el nacionalismo español extremo”. La novela es muchas cosas, pero una de ellas es una crítica divertida a los nacionalismos por parte de un escritor sin apegos patrióticos: “Yo no me emociono cuando la selección española gana, pero tampoco cuando gana la selección vasca”.

¿Y por qué elegir la ciencia ficción para satirizar sobre los tiempos que corren? Una cita de Ricardo Piglia que aparece en el libro lo aclara: “Las historias que se ubican deliberadamente en el futuro lo hacen para hablar con más claridad del presente”. Y hay además una inercia personal: “Mi educación como lector y escritor joven fue la ciencia ficción y los profesores del instituto me decían que estaba bien, pero que leyera otros libros, y ahí me di cuenta de que para ser un escritor serio tenía que disimular un poco. Al principio, lo llevé al pie de la letra, pero luego me fui desmandando”.
Al frente de la novela, Zaldua pone a un detective muy torpe, acompañado de un robot que “le saca las castañas del fuego, un Sancho Panza que es más listo que él”. José Miguel López Belausteguieta, alias Cosmic Josemi, es un exterrorista chapucero, un adicto y hedonista sin moral alguna, un tipo entrañable, inmundo y patoso que no sabe cocinar (“no todo el mundo es Carvalho”, se excusa), criado en el planeta La Margen, por la Margen Izquierda de la ría de Bilbao y por vivir en los márgenes del sistema. “No está planteado como un personaje ideal, pero sí que es un contrapunto a los dos esencialismos que marcan los planetas Nueva Euzkadi y Tauro”.
Por cierto, otro mito vasco en el que no cree Iban Zaldua es el de que en Euskadi no se folla. Cosmic Josemi atraviesa por esas dificultades (“entonces, de follar, ¿nada?”, es una de sus frases recurrentes), pero es un subrayado de un personaje al que todo le sale mal y no pretende ser un estereotipo de lo vasco. “Yo creo que aquí se folla bastante, seguramente ahora más que antes, pero yo creo que es un mito que oculta otra serie de cuestiones, como una cierta toma de conciencia feminista mayor que en otros lugares de España. En ese sentido no intentaba explotar un tópico social, sino que me interesaba que el personaje no follara, que fuera un torpe”. Espóiler: al final Cosmic Josemi se da un atracón a follar.
EL PAÍS
