Estaba Hitler acorralado en su búnker de Berlín, desesperado antes de quitarse la vida, cuando dijo: “Yo soy la última oportunidad para Europa”. Mientras ardía un continente devastado por su obra, él aún se proclamaba la última esperanza para proteger a Europa de sus enemigos: los bolcheviques, los judíos, las democracias confabuladas con el capital para aprovecharse del obrero.
Nadie parece capturar bien el sentido del malestar que impulsa el populismo ultra en unos países anémicos de esperanzas
Estaba Hitler acorralado en su búnker de Berlín, desesperado antes de quitarse la vida, cuando dijo: “Yo soy la última oportunidad para Europa”. Mientras ardía un continente devastado por su obra, él aún se proclamaba la última esperanza para proteger a Europa de sus enemigos: los bolcheviques, los judíos, las democracias confabuladas con el capital para aprovecharse del obrero.
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