Imagínese a un niño de nueve años que sale hacia Estados Unidos sin compañía. A traviesa tres fronteras, se encuentra en el camino con otros migrantes como él, los ve desaparecer, algunos lo ayudan, se convierten en familia momentánea. Sufre violencia, soledad, frío y sed. Va rumbo a lo desconocido, a un mundo brutal. Todo lo vivido —y lo sufrido— se queda pegado en la memoria y el cuerpo. Por mucho que pase el tiempo esa costra de dolor serenado por los años se añeja, muta, se convierte en trauma. Y el trauma de la migración no se diluye con un permiso de residencia ni con el éxito editorial. Lo sabe el escritor salvadoreño Javier Zamora (La Herradura, 36 años), quien a los 9 años cruzó en solitario tres fronteras —Centroamérica, México y el desierto de Sonora— para reunirse con sus padres en Estados Unidos.
El autor del celebrado ‘Solito’, que cruzó tres fronteras cuando era un niño, analiza el miedo persistente en su cuerpo, el desencanto y el uso de la literatura como un acto de restitución y resistencia
Imagínese a un niño de nueve años que sale hacia Estados Unidos sin compañía. A traviesa tres fronteras, se encuentra en el camino con otros migrantes como él, los ve desaparecer, algunos lo ayudan, se convierten en familia momentánea. Sufre violencia, soledad, frío y sed. Va rumbo a lo desconocido, a un mundo brutal. Todo lo vivido —y lo sufrido— se queda pegado en la memoria y el cuerpo. Por mucho que pase el tiempo esa costra de dolor serenado por los años se añeja, muta, se convierte en trauma. Y el trauma de la migración no se diluye con un permiso de residencia ni con el éxito editorial. Lo sabe el escritor salvadoreño Javier Zamora (La Herradura, 36 años), quien a los 9 años cruzó en solitario tres fronteras —Centroamérica, México y el desierto de Sonora— para reunirse con sus padres en Estados Unidos.
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