Nunca es fácil decir adiós. Pronunciar la palabra es sencillo, pero no lo es tanto desatar el nudo en la garganta que produce ver, a pie de pista en Casablanca, partir el avión con tu amor destino Lisboa. En cada despedida, sobre todo cuando te importa algo o alguien, te dejas inevitablemente una parte de ti. No pasa eso con el final de ‘The Boys’ , que se va como vino y no se lleva nada más que las horas de tiempo perdidas de quienes pensábamos que Carnicero y compañía tenían un plan. Espóiler: nunca lo han tenido. La serie de Prime Video acaba de terminar pero podía haberlo hecho después de la primera temporada, pues, estirada hasta la extenuación, ha acabado desvirtuando a sus personajes, desdibujados, sin desarrollo, sin motivaciones; también su propia esencia, esa que la hizo emerger como una parodia irreverente del cine de superhéroes, que al principio criticaba y al que ha terminado pareciéndose demasiado. ‘The Boys’ no es tan diferente a Marvel y, desde luego, es exactamente lo mismo que Vought, esa empresa que dice controlar a los enmallados con poderes pero que no hace otra cosa, en el fondo, que plegarse al artificio, al merchandising, a la estafa. El universo de ‘The Boys’ ha sido tan rentable que ha durado cinco temporadas, con un ‘spin-off’ cancelado que prometía jugar un papel fundamental en la trama y se ha resuelto con un cameo de figuración innecesaria, imagino que por contrato, y una precuela en camino que aspira, como tantas, a inmortalizar un universo en el que ni el Patriota es eterno, por mucho que se hayan esforzado en darle cancha a sus atrocidades. La sangre, las referencias escatológicas y demás marcas de la casa siguen ahí, pero el efectismo, la tensión, la corrección política de la que sardónicamente se burlaba, han terminado explotando como las cabezas de tantos personajes, ya sin violencia, como por costumbre, sin sorpresa, cansadas de vivir en la misma estancia que esos personajes deteriorados.Noticia relacionada general No No Series De ‘Euphoria’ a ‘The Boys’: los estrenos indispensables de abril Lucía CabanelasNunca es fácil decir adiós. A mí me gusta que, de algún modo, el final no sea tanto un cierre, un remiendo de agujeros de guion, de explicaciones que, por las prisas, se cierran de forma precipitada. Disfruto cuando las cuentas pendientes se resuelven en el momento que tocan, de modo que el punto final, aunque no continúa, pueda ser un aparte. Si los cabos sueltos, por falta de un propósito, se van demorando simplemente por alargar el idilio con el público otra temporada, la decepción es inevitable, pero la burla escuece más que una despedida. Nunca es fácil decir adiós. Pronunciar la palabra es sencillo, pero no lo es tanto desatar el nudo en la garganta que produce ver, a pie de pista en Casablanca, partir el avión con tu amor destino Lisboa. En cada despedida, sobre todo cuando te importa algo o alguien, te dejas inevitablemente una parte de ti. No pasa eso con el final de ‘The Boys’ , que se va como vino y no se lleva nada más que las horas de tiempo perdidas de quienes pensábamos que Carnicero y compañía tenían un plan. Espóiler: nunca lo han tenido. La serie de Prime Video acaba de terminar pero podía haberlo hecho después de la primera temporada, pues, estirada hasta la extenuación, ha acabado desvirtuando a sus personajes, desdibujados, sin desarrollo, sin motivaciones; también su propia esencia, esa que la hizo emerger como una parodia irreverente del cine de superhéroes, que al principio criticaba y al que ha terminado pareciéndose demasiado. ‘The Boys’ no es tan diferente a Marvel y, desde luego, es exactamente lo mismo que Vought, esa empresa que dice controlar a los enmallados con poderes pero que no hace otra cosa, en el fondo, que plegarse al artificio, al merchandising, a la estafa. El universo de ‘The Boys’ ha sido tan rentable que ha durado cinco temporadas, con un ‘spin-off’ cancelado que prometía jugar un papel fundamental en la trama y se ha resuelto con un cameo de figuración innecesaria, imagino que por contrato, y una precuela en camino que aspira, como tantas, a inmortalizar un universo en el que ni el Patriota es eterno, por mucho que se hayan esforzado en darle cancha a sus atrocidades. La sangre, las referencias escatológicas y demás marcas de la casa siguen ahí, pero el efectismo, la tensión, la corrección política de la que sardónicamente se burlaba, han terminado explotando como las cabezas de tantos personajes, ya sin violencia, como por costumbre, sin sorpresa, cansadas de vivir en la misma estancia que esos personajes deteriorados.Noticia relacionada general No No Series De ‘Euphoria’ a ‘The Boys’: los estrenos indispensables de abril Lucía CabanelasNunca es fácil decir adiós. A mí me gusta que, de algún modo, el final no sea tanto un cierre, un remiendo de agujeros de guion, de explicaciones que, por las prisas, se cierran de forma precipitada. Disfruto cuando las cuentas pendientes se resuelven en el momento que tocan, de modo que el punto final, aunque no continúa, pueda ser un aparte. Si los cabos sueltos, por falta de un propósito, se van demorando simplemente por alargar el idilio con el público otra temporada, la decepción es inevitable, pero la burla escuece más que una despedida.

Nunca es fácil decir adiós. Pronunciar la palabra es sencillo, pero no lo es tanto desatar el nudo en la garganta que produce ver, a pie de pista en Casablanca, partir el avión con tu amor destino Lisboa. En cada despedida, sobre todo cuando te … importa algo o alguien, te dejas inevitablemente una parte de ti. No pasa eso con el final de ‘The Boys’, que se va como vino y no se lleva nada más que las horas de tiempo perdidas de quienes pensábamos que Carnicero y compañía tenían un plan. Espóiler: nunca lo han tenido. La serie de Prime Video acaba de terminar pero podía haberlo hecho después de la primera temporada, pues, estirada hasta la extenuación, ha acabado desvirtuando a sus personajes, desdibujados, sin desarrollo, sin motivaciones; también su propia esencia, esa que la hizo emerger como una parodia irreverente del cine de superhéroes, que al principio criticaba y al que ha terminado pareciéndose demasiado. ‘The Boys’ no es tan diferente a Marvel y, desde luego, es exactamente lo mismo que Vought, esa empresa que dice controlar a los enmallados con poderes pero que no hace otra cosa, en el fondo, que plegarse al artificio, al merchandising, a la estafa.
El universo de ‘The Boys’ ha sido tan rentable que ha durado cinco temporadas, con un ‘spin-off’ cancelado que prometía jugar un papel fundamental en la trama y se ha resuelto con un cameo de figuración innecesaria, imagino que por contrato, y una precuela en camino que aspira, como tantas, a inmortalizar un universo en el que ni el Patriota es eterno, por mucho que se hayan esforzado en darle cancha a sus atrocidades. La sangre, las referencias escatológicas y demás marcas de la casa siguen ahí, pero el efectismo, la tensión, la corrección política de la que sardónicamente se burlaba, han terminado explotando como las cabezas de tantos personajes, ya sin violencia, como por costumbre, sin sorpresa, cansadas de vivir en la misma estancia que esos personajes deteriorados.
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Nunca es fácil decir adiós. A mí me gusta que, de algún modo, el final no sea tanto un cierre, un remiendo de agujeros de guion, de explicaciones que, por las prisas, se cierran de forma precipitada. Disfruto cuando las cuentas pendientes se resuelven en el momento que tocan, de modo que el punto final, aunque no continúa, pueda ser un aparte. Si los cabos sueltos, por falta de un propósito, se van demorando simplemente por alargar el idilio con el público otra temporada, la decepción es inevitable, pero la burla escuece más que una despedida.
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