No hay palabras para describir a Morante. Es tal torero total , que a un toro que nadie veía por ningún lado le corta las dos orejas, gracias a una técnica prodigiosa, un valor descomunal y una afición única. Sumando todo eso a las bolitas que Dios le ha dado, sale la faena al cuarto, un Chulo que no tenía nada que ver al resto de la corrida, unos superclases con más o menos fuerza. Pero ya es harto comentado que el dios de los toros no tiene mucha amabilidad con el Genio , y le puso en su camino a este animal de Domingo Hernández, con el que comenzó pegado a tablas. El animal fue embistiendo feo, sin recorrido ni nada. Pues menuda serie alargándole el viaje le pegó por la diestra a las primeras de cambio. De escándalo. Y ese fue el pitón ‘bueno’ del animal, ya que por la izquierda iba muy desordenado y era mironcete, además de ser desclasadísimo y no acudir al engaño dos veces de la misma forma: una vez iba con pies, y otra se le colaba. Pues le faltó tiempo para ponerse por ahí, robándole unos naturales de un mérito tan grande como despaciosos resultaron los muletazos, como sólo él sabe, porque a ver quién era el guapo que torea al ralentí a este animal.Llegados a este punto, podría haber cogido el cigarrero la espada. Todo el mundo había visto el mérito y había cantado la faena como merecía. Pues no, volvió a coger la muleta con la izquierda. Como si de un reto personal se tratara, intentando demostrar(se) que es el mejor. No hacía falta, porque ya lo sabemos, pero una vez más lo hizo. Y le sacó otra tanda, ante un silencio expectante, que rugía a cada pase. No sonó la banda, pero no hacía falta. La entrega de la gente ponía una música más emocionante a semejante faenón, que culminó por la diestra con unos pedazo de derechazos que pusieron la plaza en pie. Si uno era bueno, mejor el siguiente. «Van a salir fotos preciosas», se oía. De cuadro quedarán todas. Levantaba la mano Morante tras enterrar un estoconazo, que culminó como merecía tan importantísima y soberbia obra.Estoconazo de Morante al cuarto Plaza de toros de AlbaceteMientras que ver al Genio es un deleite, torear después de él es más fastidiado. Porque Borja Jiménez hizo una faena, y sólo paseó un trofeo. Fue en el último, con el que estuvo muy templadito, haciendo todo a favor de un toro agradecido. Cuando Algodonero salió de toriles, lo recibió con tres largas cambiadas, bordando el toreo a la verónica, que abrochó con una eterna media belmontina. Dejó un precioso quite por chicuelinas tras el puyazo, haciéndole el toro un extraño por el izquierdo. Pero no volvió a hacer un feo un animal tan enclasado como noble, con el que comenzó Borja rodilla en tierra muy templado y torero. Y casi lo mejor fue la primera serie, con la figura relajada, suave, bordándolo hasta el trincherazo de cartel que cerró esta primera parte de la obra. El de Domingo Hernández iba largo y con alegría, respondiendo bien a la exigencia que cada vez le iba presentando Jiménez en mayor medida. Eso sí, se puso incómodo a la hora de matar, como si tuviera algún calambre en los cuartos traseros, pero no impidió que dejara una gran estocada. Una oreja supo a poco, pero la obra de Morante fue el centro y protagonista de la tarde, que, cuando comenzó, estaba la gente aún intentando localizar sus asientos. Pese a dar unos minutos de cortesía, Preferido salió con la gente aún intentando subir las escaleras, en busca del estrechito asiento. Y ya sentados, o bien aún en pie, disfrutaron de esos monumentos que sólo Morante sabe esculpir de capa, es decir, sus verónicas. El paso del abreplaza por el caballo fue largo, y salió sin excesiva fuerza, que tampoco tenía, llegando a la pañosa de José Antonio con más querer que poder. Unos bonitos pasajes por ambas manos dejó el cigarrero, pero faltó enemigo.Sí lo tuvo Ureña, que a pies juntos recibió al segundo de la tarde, un animal que manseó los primeros tercios, pero que rompió en la faena, que comenzó por estatuarios el murciano. Desde ahí se vio la calidad que tenía Enredado, que fue largo y con ritmo al pase de las flores (bonito y ceñido) con el que comenzó Paco el toreo en redondo. Poderosa fue una faena de mano baja, durando el cuatreño con recorrido, repetición y muchísima fijeza. En algunos muletazos no terminaba de entregarse, pero en otros colocaba la cara de categoría. Roto el torero, le pegó muletazos profundos por ambas manos, antes de pegar varios circulares invertidos, que, junto con el vestido, hacían recordar al maestro Dámaso González. Feria de la Virgen de los Llanos Plaza de toros de Albacete Sábado, 12 de septiembre de 2026. Lleno en los tendidos. Toros de Domingo Hernández. Morante de la Puebla, de tabaco y oro. Pinchazo y estocada corta baja (ovación). Estocada (dos orejas). Paco Ureña, de caña y oro. Dos pinchazos, media y descabello (saludos). Estocada baja (oreja). Borja Jiménez, de obispo y oro. Estocada trasera y atravesadilla (vuelta tras petición). Estocada contraria (oreja).Entregado estuvo también Ureña con un Veneciano enclasado, con el que comenzó de hinojos en los medios, para (ya en pie) sacarle hasta el último muletazo que tenía este quinto. Con el compás abierto, lo citaba con la mano baja, aliviándolo siempre al final, ya que tenía las fuerzas justitas. Para sorpresa de los asistentes, quiso matarlo recibiendo, pero se le fue la mano, cortando solamente una oreja en una tarde en la que si hubiera estado acertado con los aceros, habría salido a hombros.En realidad Borja también, si bien es cierto que no terminó de cuajar la petición en el tercero. Y tampoco terminó él de cuajar al toro, de tantas o más virtudes que el segundo de la tarde. Ya se vio su nobleza cuando se fue el de Espartinas a portagayola -porque la actitud no siempre es irreprochable-, y de milagro se libró de un susto. Con la emoción del momento, le pegó vibrantes delantales, viéndose lo bien que iba el animal, que se fue al relance al caballo que hacía puerta, sujetándolo bien Vicente González. Tras brindar al público, el sevillano se quedó en los medios para comenzar con una espaldina templadita, no pudiendo rematar el inicio al perder el animal las manos, cosa que hizo reiteradamente por la zurda. Una lástima porque también tenía calidad. Pero el pitón era el derecho, para disfrutarlo, aguantando la exigencia de Jiménez, que nunca lo alivió ni terminó de darle la suavidad ni distancia que pedía el toro. No hay palabras para describir a Morante. Es tal torero total , que a un toro que nadie veía por ningún lado le corta las dos orejas, gracias a una técnica prodigiosa, un valor descomunal y una afición única. Sumando todo eso a las bolitas que Dios le ha dado, sale la faena al cuarto, un Chulo que no tenía nada que ver al resto de la corrida, unos superclases con más o menos fuerza. Pero ya es harto comentado que el dios de los toros no tiene mucha amabilidad con el Genio , y le puso en su camino a este animal de Domingo Hernández, con el que comenzó pegado a tablas. El animal fue embistiendo feo, sin recorrido ni nada. Pues menuda serie alargándole el viaje le pegó por la diestra a las primeras de cambio. De escándalo. Y ese fue el pitón ‘bueno’ del animal, ya que por la izquierda iba muy desordenado y era mironcete, además de ser desclasadísimo y no acudir al engaño dos veces de la misma forma: una vez iba con pies, y otra se le colaba. Pues le faltó tiempo para ponerse por ahí, robándole unos naturales de un mérito tan grande como despaciosos resultaron los muletazos, como sólo él sabe, porque a ver quién era el guapo que torea al ralentí a este animal.Llegados a este punto, podría haber cogido el cigarrero la espada. Todo el mundo había visto el mérito y había cantado la faena como merecía. Pues no, volvió a coger la muleta con la izquierda. Como si de un reto personal se tratara, intentando demostrar(se) que es el mejor. No hacía falta, porque ya lo sabemos, pero una vez más lo hizo. Y le sacó otra tanda, ante un silencio expectante, que rugía a cada pase. No sonó la banda, pero no hacía falta. La entrega de la gente ponía una música más emocionante a semejante faenón, que culminó por la diestra con unos pedazo de derechazos que pusieron la plaza en pie. Si uno era bueno, mejor el siguiente. «Van a salir fotos preciosas», se oía. De cuadro quedarán todas. Levantaba la mano Morante tras enterrar un estoconazo, que culminó como merecía tan importantísima y soberbia obra.Estoconazo de Morante al cuarto Plaza de toros de AlbaceteMientras que ver al Genio es un deleite, torear después de él es más fastidiado. Porque Borja Jiménez hizo una faena, y sólo paseó un trofeo. Fue en el último, con el que estuvo muy templadito, haciendo todo a favor de un toro agradecido. Cuando Algodonero salió de toriles, lo recibió con tres largas cambiadas, bordando el toreo a la verónica, que abrochó con una eterna media belmontina. Dejó un precioso quite por chicuelinas tras el puyazo, haciéndole el toro un extraño por el izquierdo. Pero no volvió a hacer un feo un animal tan enclasado como noble, con el que comenzó Borja rodilla en tierra muy templado y torero. Y casi lo mejor fue la primera serie, con la figura relajada, suave, bordándolo hasta el trincherazo de cartel que cerró esta primera parte de la obra. El de Domingo Hernández iba largo y con alegría, respondiendo bien a la exigencia que cada vez le iba presentando Jiménez en mayor medida. Eso sí, se puso incómodo a la hora de matar, como si tuviera algún calambre en los cuartos traseros, pero no impidió que dejara una gran estocada. Una oreja supo a poco, pero la obra de Morante fue el centro y protagonista de la tarde, que, cuando comenzó, estaba la gente aún intentando localizar sus asientos. Pese a dar unos minutos de cortesía, Preferido salió con la gente aún intentando subir las escaleras, en busca del estrechito asiento. Y ya sentados, o bien aún en pie, disfrutaron de esos monumentos que sólo Morante sabe esculpir de capa, es decir, sus verónicas. El paso del abreplaza por el caballo fue largo, y salió sin excesiva fuerza, que tampoco tenía, llegando a la pañosa de José Antonio con más querer que poder. Unos bonitos pasajes por ambas manos dejó el cigarrero, pero faltó enemigo.Sí lo tuvo Ureña, que a pies juntos recibió al segundo de la tarde, un animal que manseó los primeros tercios, pero que rompió en la faena, que comenzó por estatuarios el murciano. Desde ahí se vio la calidad que tenía Enredado, que fue largo y con ritmo al pase de las flores (bonito y ceñido) con el que comenzó Paco el toreo en redondo. Poderosa fue una faena de mano baja, durando el cuatreño con recorrido, repetición y muchísima fijeza. En algunos muletazos no terminaba de entregarse, pero en otros colocaba la cara de categoría. Roto el torero, le pegó muletazos profundos por ambas manos, antes de pegar varios circulares invertidos, que, junto con el vestido, hacían recordar al maestro Dámaso González. Feria de la Virgen de los Llanos Plaza de toros de Albacete Sábado, 12 de septiembre de 2026. Lleno en los tendidos. Toros de Domingo Hernández. Morante de la Puebla, de tabaco y oro. Pinchazo y estocada corta baja (ovación). Estocada (dos orejas). Paco Ureña, de caña y oro. Dos pinchazos, media y descabello (saludos). Estocada baja (oreja). Borja Jiménez, de obispo y oro. Estocada trasera y atravesadilla (vuelta tras petición). Estocada contraria (oreja).Entregado estuvo también Ureña con un Veneciano enclasado, con el que comenzó de hinojos en los medios, para (ya en pie) sacarle hasta el último muletazo que tenía este quinto. Con el compás abierto, lo citaba con la mano baja, aliviándolo siempre al final, ya que tenía las fuerzas justitas. Para sorpresa de los asistentes, quiso matarlo recibiendo, pero se le fue la mano, cortando solamente una oreja en una tarde en la que si hubiera estado acertado con los aceros, habría salido a hombros.En realidad Borja también, si bien es cierto que no terminó de cuajar la petición en el tercero. Y tampoco terminó él de cuajar al toro, de tantas o más virtudes que el segundo de la tarde. Ya se vio su nobleza cuando se fue el de Espartinas a portagayola -porque la actitud no siempre es irreprochable-, y de milagro se libró de un susto. Con la emoción del momento, le pegó vibrantes delantales, viéndose lo bien que iba el animal, que se fue al relance al caballo que hacía puerta, sujetándolo bien Vicente González. Tras brindar al público, el sevillano se quedó en los medios para comenzar con una espaldina templadita, no pudiendo rematar el inicio al perder el animal las manos, cosa que hizo reiteradamente por la zurda. Una lástima porque también tenía calidad. Pero el pitón era el derecho, para disfrutarlo, aguantando la exigencia de Jiménez, que nunca lo alivió ni terminó de darle la suavidad ni distancia que pedía el toro.
No hay palabras para describir a Morante. Es tal torero total, que a un toro que nadie veía por ningún lado le corta las dos orejas, gracias a una técnica prodigiosa, un valor descomunal y una afición única. Sumando todo eso a las bolitas … que Dios le ha dado, sale la faena al cuarto, un Chulo que no tenía nada que ver al resto de la corrida, unos superclases con más o menos fuerza. Pero ya es harto comentado que el dios de los toros no tiene mucha amabilidad con el Genio, y le puso en su camino a este animal de Domingo Hernández, con el que comenzó pegado a tablas. El animal fue embistiendo feo, sin recorrido ni nada. Pues menuda serie alargándole el viaje le pegó por la diestra a las primeras de cambio. De escándalo. Y ese fue el pitón ‘bueno’ del animal, ya que por la izquierda iba muy desordenado y era mironcete, además de ser desclasadísimo y no acudir al engaño dos veces de la misma forma: una vez iba con pies, y otra se le colaba. Pues le faltó tiempo para ponerse por ahí, robándole unos naturales de un mérito tan grande como despaciosos resultaron los muletazos, como sólo él sabe, porque a ver quién era el guapo que torea al ralentí a este animal.
Llegados a este punto, podría haber cogido el cigarrero la espada. Todo el mundo había visto el mérito y había cantado la faena como merecía. Pues no, volvió a coger la muleta con la izquierda. Como si de un reto personal se tratara, intentando demostrar(se) que es el mejor. No hacía falta, porque ya lo sabemos, pero una vez más lo hizo. Y le sacó otra tanda, ante un silencio expectante, que rugía a cada pase. No sonó la banda, pero no hacía falta. La entrega de la gente ponía una música más emocionante a semejante faenón, que culminó por la diestra con unos pedazo de derechazos que pusieron la plaza en pie. Si uno era bueno, mejor el siguiente. «Van a salir fotos preciosas», se oía. De cuadro quedarán todas. Levantaba la mano Morante tras enterrar un estoconazo, que culminó como merecía tan importantísima y soberbia obra.
(Plaza de toros de Albacete)
Mientras que ver al Genio es un deleite, torear después de él es más fastidiado. Porque Borja Jiménez hizo una faena, y sólo paseó un trofeo. Fue en el último, con el que estuvo muy templadito, haciendo todo a favor de un toro agradecido. Cuando Algodonero salió de toriles, lo recibió con tres largas cambiadas, bordando el toreo a la verónica, que abrochó con una eterna media belmontina. Dejó un precioso quite por chicuelinas tras el puyazo, haciéndole el toro un extraño por el izquierdo. Pero no volvió a hacer un feo un animal tan enclasado como noble, con el que comenzó Borja rodilla en tierra muy templado y torero. Y casi lo mejor fue la primera serie, con la figura relajada, suave, bordándolo hasta el trincherazo de cartel que cerró esta primera parte de la obra. El de Domingo Hernández iba largo y con alegría, respondiendo bien a la exigencia que cada vez le iba presentando Jiménez en mayor medida. Eso sí, se puso incómodo a la hora de matar, como si tuviera algún calambre en los cuartos traseros, pero no impidió que dejara una gran estocada.
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Una oreja supo a poco, pero la obra de Morante fue el centro y protagonista de la tarde, que, cuando comenzó, estaba la gente aún intentando localizar sus asientos. Pese a dar unos minutos de cortesía, Preferido salió con la gente aún intentando subir las escaleras, en busca del estrechito asiento. Y ya sentados, o bien aún en pie, disfrutaron de esos monumentos que sólo Morante sabe esculpir de capa, es decir, sus verónicas. El paso del abreplaza por el caballo fue largo, y salió sin excesiva fuerza, que tampoco tenía, llegando a la pañosa de José Antonio con más querer que poder. Unos bonitos pasajes por ambas manos dejó el cigarrero, pero faltó enemigo.
Sí lo tuvo Ureña, que a pies juntos recibió al segundo de la tarde, un animal que manseó los primeros tercios, pero que rompió en la faena, que comenzó por estatuarios el murciano. Desde ahí se vio la calidad que tenía Enredado, que fue largo y con ritmo al pase de las flores (bonito y ceñido) con el que comenzó Paco el toreo en redondo. Poderosa fue una faena de mano baja, durando el cuatreño con recorrido, repetición y muchísima fijeza. En algunos muletazos no terminaba de entregarse, pero en otros colocaba la cara de categoría. Roto el torero, le pegó muletazos profundos por ambas manos, antes de pegar varios circulares invertidos, que, junto con el vestido, hacían recordar al maestro Dámaso González.
Feria de la Virgen de los Llanos
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Plaza de toros de Albacete
Sábado, 12 de septiembre de 2026. Lleno en los tendidos. Toros de Domingo Hernández.
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Morante de la Puebla,
de tabaco y oro. Pinchazo y estocada corta baja (ovación). Estocada (dos orejas). -
Paco Ureña,
de caña y oro. Dos pinchazos, media y descabello (saludos). Estocada baja (oreja). -
Borja Jiménez,
de obispo y oro. Estocada trasera y atravesadilla (vuelta tras petición). Estocada contraria (oreja).
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Entregado estuvo también Ureña con un Veneciano enclasado, con el que comenzó de hinojos en los medios, para (ya en pie) sacarle hasta el último muletazo que tenía este quinto. Con el compás abierto, lo citaba con la mano baja, aliviándolo siempre al final, ya que tenía las fuerzas justitas. Para sorpresa de los asistentes, quiso matarlo recibiendo, pero se le fue la mano, cortando solamente una oreja en una tarde en la que si hubiera estado acertado con los aceros, habría salido a hombros.
En realidad Borja también, si bien es cierto que no terminó de cuajar la petición en el tercero. Y tampoco terminó él de cuajar al toro, de tantas o más virtudes que el segundo de la tarde. Ya se vio su nobleza cuando se fue el de Espartinas a portagayola -porque la actitud no siempre es irreprochable-, y de milagro se libró de un susto. Con la emoción del momento, le pegó vibrantes delantales, viéndose lo bien que iba el animal, que se fue al relance al caballo que hacía puerta, sujetándolo bien Vicente González. Tras brindar al público, el sevillano se quedó en los medios para comenzar con una espaldina templadita, no pudiendo rematar el inicio al perder el animal las manos, cosa que hizo reiteradamente por la zurda. Una lástima porque también tenía calidad. Pero el pitón era el derecho, para disfrutarlo, aguantando la exigencia de Jiménez, que nunca lo alivió ni terminó de darle la suavidad ni distancia que pedía el toro.
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