Los titulares dicen «como una alumna más». El latiguillo periodístico, el cliché, funciona aquí como una antítesis, y por esa vía nos llega la poesía del lugar común, donde nadie dice lo que piensa, pero piensa lo que piensa, y eso es mucho pensar. En los vídeos vemos a una joven llegando a la universidad, perseguida por una multitud que la graba con su móvil mientras caminan lento, como en una persecución ceremonial, casi zombi. Si no fuera por su sonrisa, sería una escena inquietante, chunguísima, como de ‘Dream Scenario’, aquella película en la que Nicolas Cage se colaba en los sueños de los demás, primero como gracia y luego como pesadilla. Pero ella sonríe, posa con la naturalidad de la experiencia, la gente de los balcones recibe el gesto y lo celebra. Le gritan guapa, hay flashes, fotógrafos profesionales, cámaras, televisiones, el tinglado de la actualidad. Otra vez el latiguillo: la Princesa Leonor, como una alumna más. En los titulares sobre la Princesa se junta la política con el corazón, en un cóctel de comillas, estilismo y análisis sociopolítico: tertulianeo, al cabo. Han analizado su gesto con el mundo progre al elegir carrera (ciencias políticas) y universidad, y también su bolso. Es otro acercamiento al pueblo, celebran. Pablo Simón, que le va a dar clase de Fundamentos de Ciencia Política, ha dicho en ‘El país’: «Viene de tres años de formación militar con gente con un sesgo ideológico muy concreto y ahora va a juntarse con personas con una visión muy diferente. Algún republicano va a tener sentado en la clase y creo que eso va a ser muy positivo». Me acordé de Van Gaal, ahora que es difícil distinguir a un político de un entrenador de fútbol…En La 1 contaron que el rector de la Carlos III ha enviado un mensaje claro a sus profesores: tratadla como a una alumna más, otra contradicción prodigiosa. Si algo hemos aprendido en el último lustro en España es que la insistencia en la normalidad es la prueba de su ausencia.Nada es normal en Doña Leonor, que nació con el destino marcado, igual que los héroes de la antigüedad, aunque lo más extraño de su llegada a la Carlos III era ver a una figura de lo público haciendo uso de aquello que representa, en este país en que los ministros de Educación mandan a sus hijos a estudiar a la privada y el Estado les paga a sus funcionarios un seguro para que no hagan las mismas colas que los contribuyentes. Eso sí que es raro. Los titulares dicen «como una alumna más». El latiguillo periodístico, el cliché, funciona aquí como una antítesis, y por esa vía nos llega la poesía del lugar común, donde nadie dice lo que piensa, pero piensa lo que piensa, y eso es mucho pensar. En los vídeos vemos a una joven llegando a la universidad, perseguida por una multitud que la graba con su móvil mientras caminan lento, como en una persecución ceremonial, casi zombi. Si no fuera por su sonrisa, sería una escena inquietante, chunguísima, como de ‘Dream Scenario’, aquella película en la que Nicolas Cage se colaba en los sueños de los demás, primero como gracia y luego como pesadilla. Pero ella sonríe, posa con la naturalidad de la experiencia, la gente de los balcones recibe el gesto y lo celebra. Le gritan guapa, hay flashes, fotógrafos profesionales, cámaras, televisiones, el tinglado de la actualidad. Otra vez el latiguillo: la Princesa Leonor, como una alumna más. En los titulares sobre la Princesa se junta la política con el corazón, en un cóctel de comillas, estilismo y análisis sociopolítico: tertulianeo, al cabo. Han analizado su gesto con el mundo progre al elegir carrera (ciencias políticas) y universidad, y también su bolso. Es otro acercamiento al pueblo, celebran. Pablo Simón, que le va a dar clase de Fundamentos de Ciencia Política, ha dicho en ‘El país’: «Viene de tres años de formación militar con gente con un sesgo ideológico muy concreto y ahora va a juntarse con personas con una visión muy diferente. Algún republicano va a tener sentado en la clase y creo que eso va a ser muy positivo». Me acordé de Van Gaal, ahora que es difícil distinguir a un político de un entrenador de fútbol…En La 1 contaron que el rector de la Carlos III ha enviado un mensaje claro a sus profesores: tratadla como a una alumna más, otra contradicción prodigiosa. Si algo hemos aprendido en el último lustro en España es que la insistencia en la normalidad es la prueba de su ausencia.Nada es normal en Doña Leonor, que nació con el destino marcado, igual que los héroes de la antigüedad, aunque lo más extraño de su llegada a la Carlos III era ver a una figura de lo público haciendo uso de aquello que representa, en este país en que los ministros de Educación mandan a sus hijos a estudiar a la privada y el Estado les paga a sus funcionarios un seguro para que no hagan las mismas colas que los contribuyentes. Eso sí que es raro.

Los titulares dicen «como una alumna más». El latiguillo periodístico, el cliché, funciona aquí como una antítesis, y por esa vía nos llega la poesía del lugar común, donde nadie dice lo que piensa, pero piensa lo que piensa, y eso es mucho pensar.
En los vídeos vemos a una joven llegando a la universidad, perseguida por una multitud que la graba con su móvil mientras caminan lento, como en una persecución ceremonial, casi zombi. Si no fuera por su sonrisa, sería una escena inquietante, chunguísima, como de ‘Dream Scenario’, aquella película en la que Nicolas Cage se colaba en los sueños de los demás, primero como gracia y luego como pesadilla. Pero ella sonríe, posa con la naturalidad de la experiencia, la gente de los balcones recibe el gesto y lo celebra. Le gritan guapa, hay flashes, fotógrafos profesionales, cámaras, televisiones, el tinglado de la actualidad. Otra vez el latiguillo: la Princesa Leonor, como una alumna más.
En los titulares sobre la Princesa se junta la política con el corazón, en un cóctel de comillas, estilismo y análisis sociopolítico: tertulianeo, al cabo. Ya han analizado su gesto con el mundo progre al elegir carrera (ciencias políticas) y universidad. Es otro acercamiento al pueblo, celebran.
Pablo Simón, que le va a dar clase de Fundamentos de Ciencia Política, ha dicho en ‘El país’: «Viene de tres años de formación militar con gente con un sesgo ideológico muy concreto y ahora va a juntarse con personas con una visión muy diferente. Algún republicano va a tener sentado en la clase y creo que eso va a ser muy positivo». Me acordé de Van Gal, ahora que es difícil distinguir a un político de un entrenador de fútbol…
En La 1 contaron que el rector de la Carlos III ha enviado un mensaje claro a sus profesores: tratadla como a una alumna más, otra contradicción prodigiosa. Si algo hemos aprendido en el último lustro en España es que la insistencia en la normalidad es la prueba de su ausencia.
Nada es normal en Doña Leonor, que nació con el destino marcado, igual que los héroes de la antigüedad, aunque lo más extraño de su llegada a la Carlos III era ver a una figura de lo público haciendo uso de aquello que representa, en este país en que los ministros de Educación mandan a sus hijos a estudiar a la privada y el Estado les paga a sus funcionarios un seguro para que no hagan las mismas colas que los contribuyentes.
Eso sí que es raro.
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