Madrid, 1924. En la Residencia de Estudiantes, Luis Buñuel, Federico García Lorca y Salvador Dalí preparan una versión surrealista del “Don Juan Tenorio” de Zorrilla. A ellos se unen Pepín Bello, Maruja Mallo, Margarita Manso y Moreno Villa, dispuestos a convertir el drama romántico en un juego de humor, provocación y vanguardia. “A estos tres genios, o “gamberros”, se les ocurrió montar “La profanación de Don Juan” para quitarle solemnidad y emocionalidad al Tenorio”, explica Juan Carlos Pérez de la Fuente, director del Teatro Fernán Gómez, sobre un hecho muy poco conocido de la Residencia de Estudiantes, que tuvo la idea de rememorar junto al director Juan Mairena, incrédulo de que no se mencione nunca ese pasaje.
“El episodio estaba ahí, pero había pasado inadvertido y a nadie se le había ocurrido hacer una película, un documental, o bien una obra teatro como hacemos ahora nosotros –apunta–, con una pieza inspirada en esa representación que hicieron, seguramente a propuesta de Buñuel, que mostró siempre una especial fascinación por el “Don Juan Tenorio” de Zorrilla, especialmente por sus dos últimos actos. La aparición espectral de don Gonzalo, el padre de doña Inés, le recordaba a su padre, de quien contó que se le presentó después de muerto. Él hizo este montaje desde su llegada a la Residencia en 1917, cuando todavía no estaban Lorca ni Dalí. “El Tenorio” se convirtió para Buñuel en una cita habitual cada año por el día de los difuntos, pero con la incorporación de Lorca primero y luego Dalí, la cosa cogió otro cariz -subraya el dramaturgo-. Deciden darle una vuelta a todo y hacer una versión completamente surrealista influidos como estaban por el surrealismo incipiente de la época, por el ultraísmo y también por un movimiento propio que llamaron “los putrefactos”, donde se burlaban de toda la solemnidad del romanticismo y de la sensiblería ñoña”, afirma el director.
Un juego
“Fundamentalmente, esto era un juego para ellos –señala Mairena–, no intentaban profanar nada, eran unos jóvenes jugando a darle la vuelta a todo y a poner en práctica sus ideas más locas e irreverentes en forma de diversión. No sabían qué iban a hacer diez años después, ni en qué se iban a convertir”. En esta obra son unos amigos ensayando “La profanación de Don Juan” en la Residencia y, para ponerla en pie -cuentan De la Fuente y Mairena-, han tenido que investigar y documentarse mucho. “Sabemos que a lo largo de los años se intercambian los personajes. Buñuel, que dirige la función, siempre hace de Don Juan, pero Lorca, por ejemplo, en 1920 hace de escultor. No sabemos todos los papeles que hicieron en realidad, pero sí que se los intercambiaban”. Y explica el director. “A Lorca, he querido darle aquí el personaje de Don Gonzalo, entre otras razones porque sale con el vestido de espectro que salía en la Barraca cuando hacía de sombra en “La vida es sueño”, la idea era recrear ese personaje e incorporarlo”.
Fruto de esa investigación exhaustiva que les ha llevado seis meses, han encontrado documentos gráficos muy interesantes. “Hay fotografías que muestran los elementos anacrónicos que incorporaban, por ejemplo, don Juan, escribía a doña Inés en una máquina de escribir, por eso nosotros incorporamos innovaciones de la época, como el autogiro de Juan de la Cierva, o el escultor, que aparece con una linterna y un plumero y tenemos imágenes –explica el director-. Hemos encontrado también anotaciones del propio Buñuel sobre un texto de Zorrilla donde hace sus primeros cambios de frases y de nombres intentado hacer algo surrealista y con mucho humor del absurdo, por ejemplo, a don Gonzalo lo llama don González, cambia escalera por ascensor o al escultor lo llaman botones, constantemente da una vuelta a todo tendiendo siempre a lo paródico, a la comedia, a lo surrealista”. Por otro lado, continúa Mairena, “hemos partido también de las memorias de Dalí y de Buñuel “de las que hemos sacado su obsesión por el Don Juan y el episodio de la aparición de su propio padre después de muerto, que incorporamos también en la obra porque parece que de alguna forma explica esa obsesión suya, sobre todo las últimas escenas espectrales de Don Gonzalo”.
Huellas documentales
Entre las huellas documentales que dejaron, “hay también cartas, entrevistas e incluso poemas, como uno inédito que nos aportó la Fundación García Lorca que habla de la Residencia y del Don Juan, un poema anónimo que he querido poner en la voz de Dalí porque no me extrañaría que lo hubiera escrito él y por su comicidad”. La banda sonora de la pieza es el jazz. “Para ellos era fundamental, Buñuel era un apasionado de esta música y muchas noches acudían a los bajos del Palace donde había un club de jazz”. Mientras ensayaban esta función, Lorca, Maruja Mallo, Margarita Manso y Dalí protagonizaron un episodio insólito, desafiando las convenciones de la época, se quitaron el sombrero en plena Puerta del Sol, lo que acabaría dando nombre años después a “Las Sinsombrero”. Y concluye Mairena: “Con todo lo recopilado hemos tratado de reconstruir, no la obra en sí, sino los ensayos, donde van debatiendo en cada escena qué les gusta, qué no y qué incorporarían desde las ideas más locas, absurdas y surrealistas, para quitarle todo lo solemne, sentimental y putrefacto al don Juan de Zorrilla”.
En el reparto, Manuel Moya (Buñuel, Don Juan); Carlos Algaba (Lorca, Don Gonzalo); Quique Meléndez (Dalí, Luis Mejía); María Jáimez (Maruja Mallo, Doña Inés); Samuel Viyuela (Pepín Bello, Ciutti, Escultor); Sara Moraleda (Margarita Manso, Brígida, Centellas) y Rodrigo Sáenz de Heredia (Moreno Villa, Don Diego, Doña Inés, Avellaneda)
- Dónde: Teatro Fernán Gómez, Madrid. Cuándo: Del 29 de octubre al 1 de noviembre. Cuánto: 22 euros.
El Fernán Gómez presenta una obra inspirada en el surrealista montaje que realizaron estos artistas en 1924 en la Residencia de Estudiantes sobre el ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla
Madrid, 1924. En la Residencia de Estudiantes, Luis Buñuel, Federico García Lorca y Salvador Dalí preparan una versión surrealista del “Don Juan Tenorio” de Zorrilla. A ellos se unen Pepín Bello, Maruja Mallo, Margarita Manso y Moreno Villa, dispuestos a convertir el drama romántico en un juego de humor, provocación y vanguardia. “A estos tres genios, o “gamberros”, se les ocurrió montar “La profanación de Don Juan” para quitarle solemnidad y emocionalidad al Tenorio”, explica Juan Carlos Pérez de la Fuente, director del Teatro Fernán Gómez, sobre un hecho muy poco conocido de la Residencia de Estudiantes, que tuvo la idea de rememorar junto al director Juan Mairena, incrédulo de que no se mencione nunca ese pasaje.
“El episodio estaba ahí, pero había pasado inadvertido y a nadie se le había ocurrido hacer una película, un documental, o bien una obra teatro como hacemos ahora nosotros –apunta–, con una pieza inspirada en esa representación que hicieron, seguramente a propuesta de Buñuel, que mostró siempre una especial fascinación por el “Don Juan Tenorio” de Zorrilla, especialmente por sus dos últimos actos. La aparición espectral de don Gonzalo, el padre de doña Inés, le recordaba a su padre, de quien contó que se le presentó después de muerto. Él hizo este montaje desde su llegada a la Residencia en 1917, cuando todavía no estaban Lorca ni Dalí. “El Tenorio” se convirtió para Buñuel en una cita habitual cada año por el día de los difuntos, pero con la incorporación de Lorca primero y luego Dalí, la cosa cogió otro cariz -subraya el dramaturgo-. Deciden darle una vuelta a todo y hacer una versión completamente surrealista influidos como estaban por el surrealismo incipiente de la época, por el ultraísmo y también por un movimiento propio que llamaron “los putrefactos”, donde se burlaban de toda la solemnidad del romanticismo y de la sensiblería ñoña”, afirma el director.
Un juego
“Fundamentalmente, esto era un juego para ellos –señala Mairena–, no intentaban profanar nada, eran unos jóvenes jugando a darle la vuelta a todo y a poner en práctica sus ideas más locas e irreverentes en forma de diversión. No sabían qué iban a hacer diez años después, ni en qué se iban a convertir”. En esta obra son unos amigos ensayando “La profanación de Don Juan” en la Residencia y, para ponerla en pie -cuentan De la Fuente y Mairena-, han tenido que investigar y documentarse mucho. “Sabemos que a lo largo de los años se intercambian los personajes. Buñuel, que dirige la función, siempre hace de Don Juan, pero Lorca, por ejemplo, en 1920 hace de escultor. No sabemos todos los papeles que hicieron en realidad, pero sí que se los intercambiaban”. Y explica el director. “A Lorca, he querido darle aquí el personaje de Don Gonzalo, entre otras razones porque sale con el vestido de espectro que salía en la Barraca cuando hacía de sombra en “La vida es sueño”, la idea era recrear ese personaje e incorporarlo”.
Fruto de esa investigación exhaustiva que les ha llevado seis meses, han encontrado documentos gráficos muy interesantes. “Hay fotografías que muestran los elementos anacrónicos que incorporaban, por ejemplo, don Juan, escribía a doña Inés en una máquina de escribir, por eso nosotros incorporamos innovaciones de la época, como el autogiro de Juan de la Cierva, o el escultor, que aparece con una linterna y un plumero y tenemos imágenes –explica el director-. Hemos encontrado también anotaciones del propio Buñuel sobre un texto de Zorrilla donde hace sus primeros cambios de frases y de nombres intentado hacer algo surrealista y con mucho humor del absurdo, por ejemplo, a don Gonzalo lo llama don González, cambia escalera por ascensor o al escultor lo llaman botones, constantemente da una vuelta a todo tendiendo siempre a lo paródico, a la comedia, a lo surrealista”. Por otro lado, continúa Mairena, “hemos partido también de las memorias de Dalí y de Buñuel “de las que hemos sacado su obsesión por el Don Juan y el episodio de la aparición de su propio padre después de muerto, que incorporamos también en la obra porque parece que de alguna forma explica esa obsesión suya, sobre todo las últimas escenas espectrales de Don Gonzalo”.
Huellas documentales
Entre las huellas documentales que dejaron, “hay también cartas, entrevistas e incluso poemas, como uno inédito que nos aportó la Fundación García Lorca que habla de la Residencia y del Don Juan, un poema anónimo que he querido poner en la voz de Dalí porque no me extrañaría que lo hubiera escrito él y por su comicidad”. La banda sonora de la pieza es el jazz. “Para ellos era fundamental, Buñuel era un apasionado de esta música y muchas noches acudían a los bajos del Palace donde había un club de jazz”. Mientras ensayaban esta función, Lorca, Maruja Mallo, Margarita Manso y Dalí protagonizaron un episodio insólito, desafiando las convenciones de la época, se quitaron el sombrero en plena Puerta del Sol, lo que acabaría dando nombre años después a “Las Sinsombrero”. Y concluye Mairena: “Con todo lo recopilado hemos tratado de reconstruir, no la obra en sí, sino los ensayos, donde van debatiendo en cada escena qué les gusta, qué no y qué incorporarían desde las ideas más locas, absurdas y surrealistas, para quitarle todo lo solemne, sentimental y putrefacto al don Juan de Zorrilla”.
En el reparto, Manuel Moya (Buñuel, Don Juan); Carlos Algaba (Lorca, Don Gonzalo); Quique Meléndez (Dalí, Luis Mejía); María Jáimez (Maruja Mallo, Doña Inés); Samuel Viyuela (Pepín Bello, Ciutti, Escultor); Sara Moraleda (Margarita Manso, Brígida, Centellas) y Rodrigo Sáenz de Heredia (Moreno Villa, Don Diego, Doña Inés, Avellaneda)
- Dónde: Teatro Fernán Gómez, Madrid. Cuándo: Del 29 de octubre al 1 de noviembre. Cuánto: 22 euros.
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