Después de una trepidante vida personal, profesional y literaria, nómada e itinerante entre España y Francia, Rafael Chirbes publicó durante los últimos años de su vida dos de las novelas más clarividentes de las letras españolas desde el comienzo de siglo, una de ellas ‘Crematorio’ (2007) que, tras su adaptación audiovisual en una miniserie, retorna ahora en una versión teatral protagonizada por Fernando Cayo y que será estrenada este fin de semana en Valladolid
Desde el observatorio de su residencia en Beniarbeig (Alicante), retrató la época del ‘boom’ inmobiliario costero y la especulación salvaje con la cooperación necesaria de los políticos, una suerte de corrupción y degradación moral que Chirbes (1949-2015) diseccionó en una novela «en la que hay de todo: poder, corrupción, sueños y pérdidas de afectos», ha explicado Fernando Cayo.
Nueve actores y cuatro técnicos en gira, «toda una heroicidad» en estos tiempos, sustentan esta producción a partir de un texto «de tesis filosófica, poética, de crítica social y que, a priori, puede resultar incómodo de hacer y vender», ha añadido Cayo durante la presentación, este viernes en el Teatro Calderón, de este estreno nacional que dirige Antonio Simón.
Corrupción a escena
«¿Por qué nos traicionamos a nosotros mismos? ¿Por qué cedemos tan fácilmente al dinero y a la corrupción, a la degradación ética y moral?», se ha preguntado el director antes de recordar cómo la Celestina, atribuida a la pluma de Fernando de Rojas, «fue el modelo de Rafael Chirbes» como arquetipo del discurso que, en busca de su objetivo, socava voluntades a través de las principales debilidades del ser humano en forma de avaricia, placer, soberbia, dinero y poder.
Han transcurrido más de cinco siglos desde aquella ‘Tragicomedia de Calisto y Melibea’ (1499) pero «cualquier persona se va a sentir identificada (con ‘Crematorio’) porque «casa lo público, lo privado, ético y moral», ha afirmado el director antes de apelar al optimismo desde la «luz y esperanza con los conflictos familiares» que Chirbes deslizó en la novela para representar las dos facciones: la del aprovechamiento rápido, por una parte, y la del respeto a los valores tradicionales, por otra.
«¿Qué es lo que nos pasa cuando dejamos en el tintero nuestros sueños de juventud? ¿Cómo es posible que nazca un personaje como Bartomeu?», se ha vuelto a preguntar el director del montaje para insinuar cómo la historia se repite, se cometen los mismos errores, el ser humano no aprende y emprende un alocada carrera hacia la disolución moral también con consecuencias como la transformación del paisaje, su deterioro y desaparición definitiva.
Del monólogo al diálogo
Se ha referido el director a la dificultad que ha supuesto la adaptación escénica de una novela de 800 páginas que necesitó de hasta ocho capítulos en la miniserie audiovisual que, con el mismo nombre, estrenó Jorge Sánchez-Cabezudo en 2011, dentro de un texto que Chirbes estructuró en forma de monólogos con el añadido de diversas variantes en forma de narrador omnisciente o de reflexión interior.
Simón ha apostado por el diálogo a través de quince cuadros con algunas aportaciones personales aunque inspiradas en la novela de un autor, Rafael Chirbes, que económicamente pudo sobrevivir como crítico gastronómico y que alumbró una obra casi desapercibida o marginal hasta que fue reconocida, por dos veces, con el Premio Nacional de la Crítica por ‘Crematorio’ (2007) y ‘En la orilla’ (2013).
«¿Por qué nos traicionamos a nosotros mismos? ¿Por qué cedemos tan fácilmente al dinero y a la corrupción, a la degradación ética y moral?», se pregunta el director, Fernando Cayo
Después de una trepidante vida personal, profesional y literaria, nómada e itinerante entre España y Francia, Rafael Chirbes publicó durante los últimos años de su vida dos de las novelas más clarividentes de las letras españolas desde el comienzo de siglo, una de ellas ‘Crematorio’ (2007) que, tras su adaptación audiovisual en una miniserie, retorna ahora en una versión teatral protagonizada por Fernando Cayo y que será estrenada este fin de semana en Valladolid
Desde el observatorio de su residencia en Beniarbeig (Alicante), retrató la época del ‘boom’ inmobiliario costero y la especulación salvaje con la cooperación necesaria de los políticos, una suerte de corrupción y degradación moral que Chirbes (1949-2015) diseccionó en una novela «en la que hay de todo: poder, corrupción, sueños y pérdidas de afectos», ha explicado Fernando Cayo.
Nueve actores y cuatro técnicos en gira, «toda una heroicidad» en estos tiempos, sustentan esta producción a partir de un texto «de tesis filosófica, poética, de crítica social y que, a priori, puede resultar incómodo de hacer y vender», ha añadido Cayo durante la presentación, este viernes en el Teatro Calderón, de este estreno nacional que dirige Antonio Simón.
Corrupción a escena
«¿Por qué nos traicionamos a nosotros mismos? ¿Por qué cedemos tan fácilmente al dinero y a la corrupción, a la degradación ética y moral?», se ha preguntado el director antes de recordar cómo la Celestina, atribuida a la pluma de Fernando de Rojas, «fue el modelo de Rafael Chirbes» como arquetipo del discurso que, en busca de su objetivo, socava voluntades a través de las principales debilidades del ser humano en forma de avaricia, placer, soberbia, dinero y poder.
Han transcurrido más de cinco siglos desde aquella ‘Tragicomedia de Calisto y Melibea’ (1499) pero «cualquier persona se va a sentir identificada (con ‘Crematorio’) porque «casa lo público, lo privado, ético y moral», ha afirmado el director antes de apelar al optimismo desde la «luz y esperanza con los conflictos familiares» que Chirbes deslizó en la novela para representar las dos facciones: la del aprovechamiento rápido, por una parte, y la del respeto a los valores tradicionales, por otra.
«¿Qué es lo que nos pasa cuando dejamos en el tintero nuestros sueños de juventud? ¿Cómo es posible que nazca un personaje como Bartomeu?», se ha vuelto a preguntar el director del montaje para insinuar cómo la historia se repite, se cometen los mismos errores, el ser humano no aprende y emprende un alocada carrera hacia la disolución moral también con consecuencias como la transformación del paisaje, su deterioro y desaparición definitiva.
Del monólogo al diálogo
Se ha referido el director a la dificultad que ha supuesto la adaptación escénica de una novela de 800 páginas que necesitó de hasta ocho capítulos en la miniserie audiovisual que, con el mismo nombre, estrenó Jorge Sánchez-Cabezudo en 2011, dentro de un texto que Chirbes estructuró en forma de monólogos con el añadido de diversas variantes en forma de narrador omnisciente o de reflexión interior.
Simón ha apostado por el diálogo a través de quince cuadros con algunas aportaciones personales aunque inspiradas en la novela de un autor, Rafael Chirbes, que económicamente pudo sobrevivir como crítico gastronómico y que alumbró una obra casi desapercibida o marginal hasta que fue reconocida, por dos veces, con el Premio Nacional de la Crítica por ‘Crematorio’ (2007) y ‘En la orilla’ (2013).
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