En Europa, como recordará, utilizando un irrespetuoso humor negro , el excelente ensayista de origen checo Patrik Ourednik (Praga, 1957), que desde hace décadas vive en París y escribe en francés , se han producido no pocas paradojas a lo largo de su accidentada historia. Así lo refleja en ‘Europeana. Una breve historia del siglo XX’, en clave irónica, como si se tratara de una deconstrucción del taller experimental del Oulipo . Se han ido dando la mano numerosas ‘reencarnaciones’ y rápidas sustituciones para sus mayores abominaciones, expolios y secuestros de la democracia, siempre tan frágil y siempre tan exultante, como nos cuenta, en sus momentos de gloria bélica.Ensayo ‘Europeana. Una breve historia del siglo XX’ Autor Patrik Ourednik Editorial Periférica Año 2026 Páginas 224 Precio 16,50 euros Valoración ****Ensayo ‘Hotel Exilio’ Autora Jane Rogoyska Editorial Salamandra Año 2026 Precio 24 euros Valoración ****Desde que los estadounidenses desembarcaron en Normandía en 1944 («unos muchachos con una estatura media de 1’73, también los muchachos alemanes eran apuestos, aunque los más apuestos de todos eran los tiradores senegaleses de la Primera Guerra Mundial, que medían 1’76, por lo cual los enviaron a la primera línea del frente») pasando por esas guerras de trincheras, con zanjas llenas de lodo, en las que luchaban los franceses («comedores de gusanos», según sus enemigos ) contra los alemanes («cabezas de chucrut», según los otros), mientras que los rusos, ya entonces, en el 1914, predicaban que «toda Europa estaba en decadencia» todo ha ido avanzando a trompicones para «no dejar que Europa prosiguiera —como decían los nazis— su declive, hasta la descomposición total». Ya fuera con el comunismo y el nazismo, caminando permanentemente en paralelo con sus millones de muertos (cifras que, en cada hecatombe, a Ourednik le gusta detallar minuciosamente en su «pequeña enciclopedia» ), con sus leyes aberrantes, sus incasables progresos en los campos científicos y tecnológicos, sus innovaciones en psiquiatría y sexología, sus persecuciones raciales y deportaciones, hasta llegar a la muerte industrializada en Birkenau y otros campos , nada, a lo largo de ese fatídico y a la vez fascinante siglo que muchas veces parecía endemoniado, parecía dispuesto a morir del todo. Nada se dejaría de utilizar ni reencarnar : desde el arte, los espacios públicos para lo bueno y lo malo, o las tradiciones y las novedades. Como contará Ourednik en su obra, traducida a una gran cantidad de idiomas, la defensa de las tradiciones convivía sin cesar con entusiastas «retornos a la naturaleza». Retornos que permitirían, según los habitantes de comienzos del siglo pasado, «enfrentarse a las crisis morales y a un mundo lleno de violencia, miseria e injusticias». Así, un grupo de anarquistas alemanes y austriacos se trasladaron a Suiza para f undar una comuna, Monte Verità. Pasado el tiempo, uno de aquellos idealistas miembros que cultivaban con pasión «el naturismo y la armonía natural», en una más de las enloquecidas paradojas que señala sin cesar Ourednik, acabaría trabajando para los nazis, con el objeto de que «los trabajadores alemanes aumentaran la productividad en las fábricas de armamento». Otro de los más célebres e insólitos ‘reciclajes’ que tuvieron lugar en esa Europa que desde el atentado de Sarajevo de 1914 contra el heredero del trono austríaco pareció no dejar de estar en estado de guerra permanente, sería el que, muy simbólica y también tétricamente, protagonizaría la rápida ‘readaptación’ de un bello lugar parisino de estilo decó, el mítico Hotel Lutetia , nada más producirse la rendición de Alemania en 1945. La investigadora Jane Rogoyska, en un magnífico libro, de nuevo tan inclasificable como el anterior de Ourednik, ‘Hotel Exilio’, auténtica enciclopedia de la Ocupación en Francia, por el que pululan un número incontable de grandes escritores y artistas, de infames delatores y colaboracionistas, de exiliados de todos los países, de estrategas y miembros de la Resistencia, no solo contará la historia paradójica de este hotel ‘tomado’ por los nazis nada más ocupar París. En Europa se han producido no pocas paradojas a lo largo de su accidentado transcurrir Fue escogido para albergar el cuartel general del temible Abwehr, el servicio de inteligencia militar y de contraespionaje, dirigido por el famoso almirante Canaris, creado nada más caer la República de Weimar. Aunque no sería el único hotel de lujo capturado. También se adueñaron del Hotel Crillon, del Meurice, del Georges V (donde se alojaría el Estado Mayor), mientras que el alto mando militar encabezado por el general Otto von Stülpnagel ‘se encaprichó’ del Hotel Majestic. En el momento de la Liberación, el Hotel Lutetia, por orden del general De Gaulle, se convertiría en el punto de encuentro de los sobrevivientes de los campos nazis. Se habilitaron otros lugares, pero este centro mítico sería el más conocido, como dice Rogoyska «en parte por su esplendor, pero también por recibir el mayor número de repatriados : entre 18.000 y 20.000 deportados, más de un tercio de los que regresaron». La dramaturga Charlotte Delbo, recién regresada de Auschwitz, escribió nada más llegar a su habitación: «Durante toda la deportación había soñado con la libertad. ¿Era esto la libertad: esta soledad intolerable, esta habitación, este cansancio…?». En Europa, como recordará, utilizando un irrespetuoso humor negro , el excelente ensayista de origen checo Patrik Ourednik (Praga, 1957), que desde hace décadas vive en París y escribe en francés , se han producido no pocas paradojas a lo largo de su accidentada historia. Así lo refleja en ‘Europeana. Una breve historia del siglo XX’, en clave irónica, como si se tratara de una deconstrucción del taller experimental del Oulipo . Se han ido dando la mano numerosas ‘reencarnaciones’ y rápidas sustituciones para sus mayores abominaciones, expolios y secuestros de la democracia, siempre tan frágil y siempre tan exultante, como nos cuenta, en sus momentos de gloria bélica.Ensayo ‘Europeana. Una breve historia del siglo XX’ Autor Patrik Ourednik Editorial Periférica Año 2026 Páginas 224 Precio 16,50 euros Valoración ****Ensayo ‘Hotel Exilio’ Autora Jane Rogoyska Editorial Salamandra Año 2026 Precio 24 euros Valoración ****Desde que los estadounidenses desembarcaron en Normandía en 1944 («unos muchachos con una estatura media de 1’73, también los muchachos alemanes eran apuestos, aunque los más apuestos de todos eran los tiradores senegaleses de la Primera Guerra Mundial, que medían 1’76, por lo cual los enviaron a la primera línea del frente») pasando por esas guerras de trincheras, con zanjas llenas de lodo, en las que luchaban los franceses («comedores de gusanos», según sus enemigos ) contra los alemanes («cabezas de chucrut», según los otros), mientras que los rusos, ya entonces, en el 1914, predicaban que «toda Europa estaba en decadencia» todo ha ido avanzando a trompicones para «no dejar que Europa prosiguiera —como decían los nazis— su declive, hasta la descomposición total». Ya fuera con el comunismo y el nazismo, caminando permanentemente en paralelo con sus millones de muertos (cifras que, en cada hecatombe, a Ourednik le gusta detallar minuciosamente en su «pequeña enciclopedia» ), con sus leyes aberrantes, sus incasables progresos en los campos científicos y tecnológicos, sus innovaciones en psiquiatría y sexología, sus persecuciones raciales y deportaciones, hasta llegar a la muerte industrializada en Birkenau y otros campos , nada, a lo largo de ese fatídico y a la vez fascinante siglo que muchas veces parecía endemoniado, parecía dispuesto a morir del todo. Nada se dejaría de utilizar ni reencarnar : desde el arte, los espacios públicos para lo bueno y lo malo, o las tradiciones y las novedades. Como contará Ourednik en su obra, traducida a una gran cantidad de idiomas, la defensa de las tradiciones convivía sin cesar con entusiastas «retornos a la naturaleza». Retornos que permitirían, según los habitantes de comienzos del siglo pasado, «enfrentarse a las crisis morales y a un mundo lleno de violencia, miseria e injusticias». Así, un grupo de anarquistas alemanes y austriacos se trasladaron a Suiza para f undar una comuna, Monte Verità. Pasado el tiempo, uno de aquellos idealistas miembros que cultivaban con pasión «el naturismo y la armonía natural», en una más de las enloquecidas paradojas que señala sin cesar Ourednik, acabaría trabajando para los nazis, con el objeto de que «los trabajadores alemanes aumentaran la productividad en las fábricas de armamento». Otro de los más célebres e insólitos ‘reciclajes’ que tuvieron lugar en esa Europa que desde el atentado de Sarajevo de 1914 contra el heredero del trono austríaco pareció no dejar de estar en estado de guerra permanente, sería el que, muy simbólica y también tétricamente, protagonizaría la rápida ‘readaptación’ de un bello lugar parisino de estilo decó, el mítico Hotel Lutetia , nada más producirse la rendición de Alemania en 1945. La investigadora Jane Rogoyska, en un magnífico libro, de nuevo tan inclasificable como el anterior de Ourednik, ‘Hotel Exilio’, auténtica enciclopedia de la Ocupación en Francia, por el que pululan un número incontable de grandes escritores y artistas, de infames delatores y colaboracionistas, de exiliados de todos los países, de estrategas y miembros de la Resistencia, no solo contará la historia paradójica de este hotel ‘tomado’ por los nazis nada más ocupar París. En Europa se han producido no pocas paradojas a lo largo de su accidentado transcurrir Fue escogido para albergar el cuartel general del temible Abwehr, el servicio de inteligencia militar y de contraespionaje, dirigido por el famoso almirante Canaris, creado nada más caer la República de Weimar. Aunque no sería el único hotel de lujo capturado. También se adueñaron del Hotel Crillon, del Meurice, del Georges V (donde se alojaría el Estado Mayor), mientras que el alto mando militar encabezado por el general Otto von Stülpnagel ‘se encaprichó’ del Hotel Majestic. En el momento de la Liberación, el Hotel Lutetia, por orden del general De Gaulle, se convertiría en el punto de encuentro de los sobrevivientes de los campos nazis. Se habilitaron otros lugares, pero este centro mítico sería el más conocido, como dice Rogoyska «en parte por su esplendor, pero también por recibir el mayor número de repatriados : entre 18.000 y 20.000 deportados, más de un tercio de los que regresaron». La dramaturga Charlotte Delbo, recién regresada de Auschwitz, escribió nada más llegar a su habitación: «Durante toda la deportación había soñado con la libertad. ¿Era esto la libertad: esta soledad intolerable, esta habitación, este cansancio…?».
En Europa, como recordará, utilizando un irrespetuoso humor negro, el excelente ensayista de origen checo Patrik Ourednik (Praga, 1957), que desde hace décadas vive en París y escribe en francés, se han producido no pocas paradojas a lo largo de su accidentada historia.
Así lo refleja en ‘Europeana. Una breve historia del siglo XX’, en clave irónica, como si se tratara de una deconstrucción del taller experimental del Oulipo. Se han ido dando la mano numerosas ‘reencarnaciones’ y rápidas sustituciones para sus mayores abominaciones, expolios y secuestros de la democracia, siempre tan frágil y siempre tan exultante, como nos cuenta, en sus momentos de gloria bélica.
Ensayo
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‘Europeana. Una breve historia del siglo XX’

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Autor
Patrik Ourednik -
Editorial
Periférica -
Año
2026 -
Páginas
224 -
Precio
16,50 euros -
Valoración
****
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Ensayo
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‘Hotel Exilio’ Autora Jane Rogoyska Editorial Salamandra Año 2026 Precio 24 euros

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Autora
Jane Rogoyska -
Editorial
Salamandra -
Año
2026 -
Precio
24 euros -
Valoración
****
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Desde que los estadounidenses desembarcaron en Normandía en 1944 («unos muchachos con una estatura media de 1’73, también los muchachos alemanes eran apuestos, aunque los más apuestos de todos eran los tiradores senegaleses de la Primera Guerra Mundial, que medían 1’76, por lo cual los enviaron a la primera línea del frente») pasando por esas guerras de trincheras, con zanjas llenas de lodo, en las que luchaban los franceses («comedores de gusanos», según sus enemigos) contra los alemanes («cabezas de chucrut», según los otros), mientras que los rusos, ya entonces, en el 1914, predicaban que «toda Europa estaba en decadencia» todo ha ido avanzando a trompicones para «no dejar que Europa prosiguiera —como decían los nazis— su declive, hasta la descomposición total».
Ya fuera con el comunismo y el nazismo, caminando permanentemente en paralelo con sus millones de muertos (cifras que, en cada hecatombe, a Ourednik le gusta detallar minuciosamente en su «pequeña enciclopedia»), con sus leyes aberrantes, sus incasables progresos en los campos científicos y tecnológicos, sus innovaciones en psiquiatría y sexología, sus persecuciones raciales y deportaciones, hasta llegar a la muerte industrializada en Birkenau y otros campos, nada, a lo largo de ese fatídico y a la vez fascinante siglo que muchas veces parecía endemoniado, parecía dispuesto a morir del todo. Nada se dejaría de utilizar ni reencarnar: desde el arte, los espacios públicos para lo bueno y lo malo, o las tradiciones y las novedades.
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Como contará Ourednik en su obra, traducida a una gran cantidad de idiomas, la defensa de las tradiciones convivía sin cesar con entusiastas «retornos a la naturaleza». Retornos que permitirían, según los habitantes de comienzos del siglo pasado, «enfrentarse a las crisis morales y a un mundo lleno de violencia, miseria e injusticias».
Así, un grupo de anarquistas alemanes y austriacos se trasladaron a Suiza para fundar una comuna, Monte Verità. Pasado el tiempo, uno de aquellos idealistas miembros que cultivaban con pasión «el naturismo y la armonía natural», en una más de las enloquecidas paradojas que señala sin cesar Ourednik, acabaría trabajando para los nazis, con el objeto de que «los trabajadores alemanes aumentaran la productividad en las fábricas de armamento».
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Otro de los más célebres e insólitos ‘reciclajes’ que tuvieron lugar en esa Europa que desde el atentado de Sarajevo de 1914 contra el heredero del trono austríaco pareció no dejar de estar en estado de guerra permanente, sería el que, muy simbólica y también tétricamente, protagonizaría la rápida ‘readaptación’ de un bello lugar parisino de estilo decó, el mítico Hotel Lutetia, nada más producirse la rendición de Alemania en 1945.
La investigadora Jane Rogoyska, en un magnífico libro, de nuevo tan inclasificable como el anterior de Ourednik, ‘Hotel Exilio’, auténtica enciclopedia de la Ocupación en Francia, por el que pululan un número incontable de grandes escritores y artistas, de infames delatores y colaboracionistas, de exiliados de todos los países, de estrategas y miembros de la Resistencia, no solo contará la historia paradójica de este hotel ‘tomado’ por los nazis nada más ocupar París.
En Europa se han producido no pocas paradojas a lo largo de su accidentado transcurrir
Fue escogido para albergar el cuartel general del temible Abwehr, el servicio de inteligencia militar y de contraespionaje, dirigido por el famoso almirante Canaris, creado nada más caer la República de Weimar. Aunque no sería el único hotel de lujo capturado. También se adueñaron del Hotel Crillon, del Meurice, del Georges V (donde se alojaría el Estado Mayor), mientras que el alto mando militar encabezado por el general Otto von Stülpnagel ‘se encaprichó’ del Hotel Majestic.
En el momento de la Liberación, el Hotel Lutetia, por orden del general De Gaulle, se convertiría en el punto de encuentro de los sobrevivientes de los campos nazis. Se habilitaron otros lugares, pero este centro mítico sería el más conocido, como dice Rogoyska «en parte por su esplendor, pero también por recibir el mayor número de repatriados: entre 18.000 y 20.000 deportados, más de un tercio de los que regresaron».
La dramaturga Charlotte Delbo, recién regresada de Auschwitz, escribió nada más llegar a su habitación: «Durante toda la deportación había soñado con la libertad. ¿Era esto la libertad: esta soledad intolerable, esta habitación, este cansancio…?».
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