Desde la localidad segoviana de La Velilla de Pedrajas a torear y triunfar en las plazas más importantes del planeta taurino. Andrés Hernando, al que siempre le acompañó la sobriedad castellana en su toreo, ha fallecido a los ochenta y siete años en un accidente de tráfico al colisionar el vehículo que conducía contra un autobús muy cerca de su residencia en la abulense La Colilla. Su afición se forjó en una familia sin raíces taurinas, y a partir de su debut con picadores a finales de los años cincuenta, su carrera tomó vuelo. Tardes de éxito en la Maestranza y en las madrileñas de Las Ventas y Vista Alegre, impulsaron a una alternativa en Segovia el 1 de julio de 1962 de manos de Victoriano Valencia con El Viti como testigo y toros de Arranz. Confirmó el doctorado el 29 de marzo de 1964 ante un toro de Salvador Guardiola, en una actuación que fue clave para verse anunciado en la tradicional Corrida de Beneficiencia de aquel año en la que logró dar su primer aldabonazo para colocarse en un lugar entre los de arriba. «La plaza entera aclamaba al torero de Segovia. Arcos del prodigioso acueducto de su tierra fueron sus pases naturales», escribió Antonio Díaz-Cañabate en la crónica abecedaria, en la que no regateó elogios: «Pases naturales en los que el toro iba toreado con la naturalidad, el temple, el dominio, la suavidad y el valor para que sean completos, cabales, no caricatura ni remedo». Abrió la Puerta Grande, como hizo dos veces más en la temporada de 1967, cuando Andrés Hernando, disfrutaba de sus mejores momentos. Sus triunfos le llevaron ha hacer campañas en las plazas americanas, y en otro coso en donde caló hondo su toreo fue Barcelona, en donde en 1963 fue herido de gravedad por un toro de Miura. Cinco años después, el 23 de mayo de 1968, escribe una de las páginas más importantes de la historia de la Monumental barcelonesa. Se enfrenta a un toro de desbordante bravura, Potrico, de la mítica ganadería de Pablo Romero, al que torea de forma espléndida en una conjunción tal que provoca el delirio en los tendidos hasta el punto de conseguir el indulto del animal. Desde entonces, Barcelona fue otro de los feudos del segoviano.En 1974, el 5 de octubre, decide poner punto final a su vida en los ruedos. Tenía que ser en Segovia junto a dos toreros castellanos, El Viti y Roberto Domínguez. La retirada no supuso apartarse de su mundo. Al contrario, comenzó una entusiasta carrera como ganadero con reses procedentes de los encastes Núñez y Domecq en divisas a nombre de su esposa, Sonsoles Aboín, y más tarde de sus hijos Hermanos Hernando Aboín. No acabó ahí la vinculación con el toreo, pues quiso unir su afición y su vida con una acción solidaria. Ahí surgió la colaboración con la entidad Apadefim, de ayuda a niños discapacitados, que durante casi dos décadas se tradujo en la celebración de un festival taurino en Segovia en el que se anunciaron todas las figuras del toreo de los setenta y ochenta. La cita anual de los mejores del toreo por un beneficio social era esperada por los aficionados que respondían con generosidad, como después respaldaron algunos otros festivales que Andrés Hernando promovió en mejora de centros de ancianos.Como reconocimiento a su carrera en los ruedos, en el sesenta aniversario de su alternativa, un azulejo recuerda en la plaza de Las Ventas, lo que este diestro segoviano aportó a la Fiesta. Desde la localidad segoviana de La Velilla de Pedrajas a torear y triunfar en las plazas más importantes del planeta taurino. Andrés Hernando, al que siempre le acompañó la sobriedad castellana en su toreo, ha fallecido a los ochenta y siete años en un accidente de tráfico al colisionar el vehículo que conducía contra un autobús muy cerca de su residencia en la abulense La Colilla. Su afición se forjó en una familia sin raíces taurinas, y a partir de su debut con picadores a finales de los años cincuenta, su carrera tomó vuelo. Tardes de éxito en la Maestranza y en las madrileñas de Las Ventas y Vista Alegre, impulsaron a una alternativa en Segovia el 1 de julio de 1962 de manos de Victoriano Valencia con El Viti como testigo y toros de Arranz. Confirmó el doctorado el 29 de marzo de 1964 ante un toro de Salvador Guardiola, en una actuación que fue clave para verse anunciado en la tradicional Corrida de Beneficiencia de aquel año en la que logró dar su primer aldabonazo para colocarse en un lugar entre los de arriba. «La plaza entera aclamaba al torero de Segovia. Arcos del prodigioso acueducto de su tierra fueron sus pases naturales», escribió Antonio Díaz-Cañabate en la crónica abecedaria, en la que no regateó elogios: «Pases naturales en los que el toro iba toreado con la naturalidad, el temple, el dominio, la suavidad y el valor para que sean completos, cabales, no caricatura ni remedo». Abrió la Puerta Grande, como hizo dos veces más en la temporada de 1967, cuando Andrés Hernando, disfrutaba de sus mejores momentos. Sus triunfos le llevaron ha hacer campañas en las plazas americanas, y en otro coso en donde caló hondo su toreo fue Barcelona, en donde en 1963 fue herido de gravedad por un toro de Miura. Cinco años después, el 23 de mayo de 1968, escribe una de las páginas más importantes de la historia de la Monumental barcelonesa. Se enfrenta a un toro de desbordante bravura, Potrico, de la mítica ganadería de Pablo Romero, al que torea de forma espléndida en una conjunción tal que provoca el delirio en los tendidos hasta el punto de conseguir el indulto del animal. Desde entonces, Barcelona fue otro de los feudos del segoviano.En 1974, el 5 de octubre, decide poner punto final a su vida en los ruedos. Tenía que ser en Segovia junto a dos toreros castellanos, El Viti y Roberto Domínguez. La retirada no supuso apartarse de su mundo. Al contrario, comenzó una entusiasta carrera como ganadero con reses procedentes de los encastes Núñez y Domecq en divisas a nombre de su esposa, Sonsoles Aboín, y más tarde de sus hijos Hermanos Hernando Aboín. No acabó ahí la vinculación con el toreo, pues quiso unir su afición y su vida con una acción solidaria. Ahí surgió la colaboración con la entidad Apadefim, de ayuda a niños discapacitados, que durante casi dos décadas se tradujo en la celebración de un festival taurino en Segovia en el que se anunciaron todas las figuras del toreo de los setenta y ochenta. La cita anual de los mejores del toreo por un beneficio social era esperada por los aficionados que respondían con generosidad, como después respaldaron algunos otros festivales que Andrés Hernando promovió en mejora de centros de ancianos.Como reconocimiento a su carrera en los ruedos, en el sesenta aniversario de su alternativa, un azulejo recuerda en la plaza de Las Ventas, lo que este diestro segoviano aportó a la Fiesta.
Desde la localidad segoviana de La Velilla de Pedrajas a torear y triunfar en las plazas más importantes del planeta taurino. Andrés Hernando, al que siempre le acompañó la sobriedad castellana en su toreo, ha fallecido a los ochenta y siete años en un … accidente de tráfico al colisionar el vehículo que conducía contra un autobús muy cerca de su residencia en la abulense La Colilla.
Su afición se forjó en una familia sin raíces taurinas, y a partir de su debut con picadores a finales de los años cincuenta, su carrera tomó vuelo. Tardes de éxito en la Maestranza y en las madrileñas de Las Ventas y Vista Alegre, impulsaron a una alternativa en Segovia el 1 de julio de 1962 de manos de Victoriano Valencia con El Viti como testigo y toros de Arranz. Confirmó el doctorado el 29 de marzo de 1964 ante un toro de Salvador Guardiola, en una actuación que fue clave para verse anunciado en la tradicional Corrida de Beneficiencia de aquel año en la que logró dar su primer aldabonazo para colocarse en un lugar entre los de arriba. «La plaza entera aclamaba al torero de Segovia. Arcos del prodigioso acueducto de su tierra fueron sus pases naturales», escribió Antonio Díaz-Cañabate en la crónica abecedaria, en la que no regateó elogios: «Pases naturales en los que el toro iba toreado con la naturalidad, el temple, el dominio, la suavidad y el valor para que sean completos, cabales, no caricatura ni remedo».
Abrió la Puerta Grande, como hizo dos veces más en la temporada de 1967, cuando Andrés Hernando, disfrutaba de sus mejores momentos. Sus triunfos le llevaron ha hacer campañas en las plazas americanas, y en otro coso en donde caló hondo su toreo fue Barcelona, en donde en 1963 fue herido de gravedad por un toro de Miura. Cinco años después, el 23 de mayo de 1968, escribe una de las páginas más importantes de la historia de la Monumental barcelonesa. Se enfrenta a un toro de desbordante bravura, Potrico, de la mítica ganadería de Pablo Romero, al que torea de forma espléndida en una conjunción tal que provoca el delirio en los tendidos hasta el punto de conseguir el indulto del animal. Desde entonces, Barcelona fue otro de los feudos del segoviano.
Noticia relacionada
En 1974, el 5 de octubre, decide poner punto final a su vida en los ruedos. Tenía que ser en Segovia junto a dos toreros castellanos, El Viti y Roberto Domínguez. La retirada no supuso apartarse de su mundo. Al contrario, comenzó una entusiasta carrera como ganadero con reses procedentes de los encastes Núñez y Domecq en divisas a nombre de su esposa, Sonsoles Aboín, y más tarde de sus hijos Hermanos Hernando Aboín.
No acabó ahí la vinculación con el toreo, pues quiso unir su afición y su vida con una acción solidaria. Ahí surgió la colaboración con la entidad Apadefim, de ayuda a niños discapacitados, que durante casi dos décadas se tradujo en la celebración de un festival taurino en Segovia en el que se anunciaron todas las figuras del toreo de los setenta y ochenta. La cita anual de los mejores del toreo por un beneficio social era esperada por los aficionados que respondían con generosidad, como después respaldaron algunos otros festivales que Andrés Hernando promovió en mejora de centros de ancianos.
Como reconocimiento a su carrera en los ruedos, en el sesenta aniversario de su alternativa, un azulejo recuerda en la plaza de Las Ventas, lo que este diestro segoviano aportó a la Fiesta.
RSS de noticias de cultura

