“Mi idea del verano es un verano muy melancólico, muy nostálgico y muy lleno de momentos abrasadores, donde lo único que puedes hacer es estirarte a la sombra de un árbol así, bien frondoso, a pensar sobre tu existencia. O sea, yo tengo una idea muy poco pizpireta, más existencialista, de lo que es el verano para mí”, dice con voz suave Laura Aznar Grau (Barcelona, 25 años). En sus canciones retuerce los estereotipos, juega con las expectativas. Eso es su música: melodías pop y letras crudas, ironía y crítica social envueltas en ritmos pegadizos, con retazos de jotas, coplas y boleros. Le encanta Ethel Cain, fantasea con una colaboración con Carmen París, Amaral o Amaia. Su proyecto, Laaza, comenzó hace cuatro años; entonces cantaba en inglés, tenía el pelo azulmorado y colgaba vídeos en YouTube.
“Mi idea del verano es un verano muy melancólico, muy nostálgico y muy lleno de momentos abrasadores, donde lo único que puedes hacer es estirarte a la sombra de un árbol así, bien frondoso, a pensar sobre tu existencia. O sea, yo tengo una idea muy poco pizpireta, más existencialista, de lo que es el verano para mí”, dice con voz suave Laura Aznar Grau (Barcelona, 25 años). En sus canciones retuerce los estereotipos, juega con las expectativas. Eso es su música: melodías pop y letras crudas, ironía y crítica social envueltas en ritmos pegadizos, con retazos de jotas, coplas y boleros. Le encanta Ethel Cain, fantasea con una colaboración con Carmen París, Amaral o Amaia. Su proyecto, Laaza, comenzó hace cuatro años; entonces cantaba en inglés, tenía el pelo azulmorado y colgaba vídeos en YouTube. Seguir leyendo
“Mi idea del verano es un verano muy melancólico, muy nostálgico y muy lleno de momentos abrasadores, donde lo único que puedes hacer es estirarte a la sombra de un árbol así, bien frondoso, a pensar sobre tu existencia. O sea, yo tengo una idea muy poco pizpireta, más existencialista, de lo que es el verano para mí”, dice con voz suave Laura Aznar Grau (Barcelona, 25 años). En sus canciones retuerce los estereotipos, juega con las expectativas. Eso es su música: melodías pop y letras crudas, ironía y crítica social envueltas en ritmos pegadizos, con retazos de jotas, coplas y boleros. Le encanta Ethel Cain, fantasea con una colaboración con Carmen París, Amaral o Amaia. Su proyecto, Laaza, comenzó hace cuatro años; entonces cantaba en inglés, tenía el pelo azulmorado y colgaba vídeos en YouTube.
En 2024 sacó Canciones para olvidarte, con una portada pintada por ella [estudió Bellas Artes mientras se formaba en el conservatorio del Liceu], ya con dejes folclóricos; en 2025 colaboró con Rodrigo Cuevas en Verde y aunque está trabajando en un nuevo disco para 2027 (con Twin Peaks en mente), en mayo lanzó Margarita, un EP en cuya portada sale con una escopeta vestida de novia. ¿A quién apunta? “Hacia el pasado, con sus símbolos tradicionales del vestido de novia, la cruz y la escopeta. Ella apunta al pasado y lo amenaza”, responde con una sonrisa. Un par de personas que la ven durante la sesión comentan luego: “Me encanta lo que hace esa chica en internet”. Se ha ganado una estela de seguidores fieles, que en los conciertos le regalan un peinador de organza, un martillo con lacitos o le piden que firme su diario. “Es un público muy diverso y eso me sorprende”, apunta, “y en esa diversidad está la clave, porque creo que son personas que de alguna manera se han sentido arropadas por mi música y mi manera de decir las cosas, que es bastante fuerte y radical porque así han sido mis experiencias”.

Pregunta. En sus conciertos hay un público entregado.
Respuesta. Me encuentro a personas muy bellas, en las que me siento muy reflejada. Creo que de alguna manera se han sentido arropadas por mi música y mi manera de decir las cosas, que es una manera bastante fuerte y radical porque así han sido mis experiencias. Y que resuenan con eso, se sienten comprendidas.
P. Cuenta que su primer recuerdo musical es una misa baturra.
R. Es de mis primeros recuerdos, en mi pueblo, Castel de Cabra, Teruel, Cuencas Mineras [comarca al norte de esa provincia].
P. ¿Cómo eran esos veranos en el pueblo, sus padres se dedicaban a algo creativo?
R. No, mi padre es ingeniero de telecomunicaciones y mi madre estudió también ingeniería y ahora es investigadora de temas de ayuda para pacientes en un hospital, supercientíficos, nada que ver, cartesianos. Yo soy hija única y es el pueblo de la familia de mi padre, íbamos para fiestas, te vestías para ir a misa, jugaba con un set de muñecas de Pinypon de mi tía Ana. Escuchábamos mucha música en el coche,Mecano, Abba, Dire Stratis, Supertramps, los Beatles, Amaral… Muchísimo Amaral.
P. Empezó a tocar el piano pronto.
R. Mi tía Clara, que es la hermana menor de mi madre, se apuntó a clases de piano y me dijo que creía que me iban a ir muy bien. Y entonces mi madre me apuntó y yo no lo soportaba porque había que estudiar un montón y yo estaba muy dispersa, tenía problemas en el colegio, muy serios, y no conectaba con eso. Conforme fui creciendo y me fui a mi segundo colegio, porque yo fui a dos colegios religiosos, comencé a tocar más, tocaba el piano en misa.
P. ¿La música fue su vía de escape de esos problemas?
R. Desde luego. Escuchaba música y de repente era la protagonista de mi película. Yo buscaba crear un mundo de fantasía en el cual no viviese todo eso que estaba viviendo. He sufrido bullying desde prácticamente que entré al colegio. No viví para nada el tener un grupo de amigos normal, una integración social normal. La gente siempre se ha metido conmigo por mi manera de hablar, mi manera de hacer, mi manera de vestir, por cualquier motivo. Todo lo que son artes, porque no solo hice música, también dibujaba muchísimo, te permite entrar en un mundo que es tuyo y donde tú pones las reglas, sientes que agarras las riendas de tu vida.

P. Margarita nace del poema “Margarita, está linda la mar…” [A Margarita Debayle, de Rubén Darío, publicado en 1908].
R. Me lo leía mi abuela Mercedes, habla de una princesa que se va a los campos del señor a buscar una estrella. Y su padre le echa la bronca porque se ha ido sin su permiso y entonces aparece Jesús y le dice que no, que las flores de su campo son para las niñas que al soñar piensan en él. Ella para mí encarna la inocencia silvestre, que no pasa por un ojo patriarcal de lo que es la vergüenza y de lo que las mujeres deberían tener. Es incómoda porque es libre. Para mí Margarita ha sido básicamente la metamorfosis de mis creencias y las de las de las generaciones de mujeres anteriores a mí, condensadas en la creación de este personaje. Y a través de este personaje me estoy inventando una narrativa para el disco que estoy preparando para el año que viene.
P. En sus temas incide en el silencio femenino, no incomodar, ¿qué la lleva a cantar “te gustaría verme y no tenerme que escuchar”?
R. Es que somos de carne y hueso, o sea, esta noción de que tenemos que acatar, obedecer y agachar la cabeza es muy deshumanizadora y muy humillante de aguantar a lo largo de toda tu vida. Todo este proyecto es una forma de recuperar el control sobre esa narrativa. El silencio acumulado de varias generaciones y la imposición de mantener ese silencio, esa incomodidad de “Yo me callé y entonces tú también te tienes que callar, porque si no es como si ese sufrimiento no hubiera valido la pena”… Hay un dolor muy profundo ahí. Cuando entras en estas conversaciones te das cuenta de que vivimos en piloto automático muchas veces.
P. Toca temas profundos, pero envueltos en música pegadiza.
R. Todos vamos a morir para mí es una canción del verano, la compuse porque hay cosas que me parecen muy injustas y de las que necesito permitirme hablar. Y para mí la utilización de la juventud como arma arrojadiza para la opresión, sobre todo de las mujeres, es querer amargar. Sientes una crisis de edad porque de repente igual no has vivido tu vida de manera muy consciente y te crees que puedes comprar esa juventud, comprar ese acceso al cuerpo de las personas. Lo veo tanto y lo veo tan normalizado en esta sociedad… Oyes comentarios que te dejan de piedra, yo el día que decidí dejarme el vello en el cuerpo fue una batalla campal. Hay mucha gente que quiere no oír otras cosas, que dice: “Nada que ver conmigo. Ay, qué aburrida, eres una bajona”. Y no, bajona es la sociedad que te estoy narrando ahora mismo, ¿puedes parar?
P. ¿La ironía es su arma? En Juan Antonio un hombre le escribe mensajes por redes a una chica de la edad de su hija.
R. Sí, es que yo creo que a veces hay que recuperar la vergüenza ajena. Es válido que encuentres atractivas a mujeres jóvenes. Ahora, que pases a acosarlas o pedirles favores sexuales por la cara porque crees que puedes hacerlo, porque internet es libre… Y es una actitud que está normalizada, silenciada. Nadie habla de ello. No sé cuántas fotos sexuales recibirá la gente, pero el cúmulo debe ser gigantesco. Para mí era una cosa que se tenía que decir y ya.
P. ¿Se ha encontrado a muchos Juan Antonios?
R. Muchísimos. También muchos que no son Juan Antonio, pero es que ser Juan Antonio está en tu mano, es una decisión que puedes tomar en tu día a día. Las actitudes negativas y de abuso hay que confrontarlas. Si queremos que cambie, tenemos que empezar a hablar de nuestras realidades y hacerlas difíciles de ignorar.
P. Empezó haciendo vídeos, es su propia directora creativa, hace la música y pinta, ¿necesita ese enfoque transmedia?
R. Yo en Bellas Artes hacía pintura figurativa, mis referentes eran Hopper, Sorolla… Entonces me obsesioné con eso porque quería entender la composición, el color. Es una constante: cuando me he metido a estudiar algo, me he metido a estudiar lo antiguo, lo añejo, creo que es muy importante para después ya poder hacer lo que tú quieras.
P. ¿Por eso canta jotas, no hay que tener miedo a revisar esas raíces?
R. En la generación de mis padres hay una partición enormísima con todo lo que tiene que ver con el folclore. Es entendible porque ahí hay un sufrimiento y una opresión, la apropiación del folclore para hacer propaganda nacionalista fue una cosa muy real del franquismo. Tú no tienes esa connotación, no has vivido esa represión, no has estado en todo eso, lo vives de otra manera totalmente diferente.

P. ¿Estaría donde está sin las redes sociales? Rodrigo Cuevas la contactó a través de ellas, y surgió una colaboración…
R. Me dio un subidón, estaba yo saltando por la casa y mi madre, que no le gusta nada el folclore: “¿Que ya estás otra vez con el folclore?”. Y yo, claro, es que es el grandísimo referente del nuevo folclore y las transformaciones de todo esto. Fue de una generosidad increíble. La verdad es que las personas grandes no te hacen sentir pequeño.
P. ¿Hay una nueva visión de esos temas tradicionales?
R. Sí, por ejemplo Verde[la canción que canta con Rodrigo Cuevas] está basada en un bolero que interpretaba Antonio Molina como una copla, Camino verde, sobre un hombre que extraña a una mujer. Y yo Verde la escribí bajo el punto de vista de ella, que igual tendría motivos para irse por el camino verde y no volver nunca más.
P. También le da una vuelta a la imaginería religiosa…
R. Es darle una vuelta no solo por fines estéticos, sino por toda la incomodidad que supone negociar con esas generaciones anteriores. Es profundamente incómodo, pero también satisfactorio porque al otro lado de repente encuentras puentes. Pueden no estar de acuerdo contigo al completo, pero lo que necesitas es encontrar un hilo que lo una, y de repente no sois tan diferentes.

P. ¿Dar esos toques de atención tiene más sentido que nunca ahora, en un contexto de retroceso generalizado?
R. El folclore no es del franquismo, es de todo el mundo. Mi background cultural, que es católico, de España profunda y tal, no es solo de las personas conservadoras. Si tú puedes usar esos símbolos, yo puedo usarlos porque no te pertenecen. Es como el aire, o el agua del mar, no te pertenecen. Yo crecí rezando el Ave María todas las mañanas y, sin embargo, soy una feminista medio punky, y tú has decidido llevar un estilo de vida así como el de tus abuelos. ¿Pues qué pasa, que este símbolo es más tuyo que mío, por qué, quién te ha dado la denominación de origen? Yo creo que hay que romper estas expectativas sobre ti mismo, sobre lo que te rodea y por qué. Cuestiónalo, manoséalo, aprópiatelo.
P. ¿Cómo ve su evolución desde 2022?
R. Siento que está desapareciendo mi voluntad de querer ser validada por los demás. Madurar ha sido empezar a decir: “Bueno, Laura, quizá lo tuyo es bueno. Toda la miel la tienes tú dentro”.
Estilismo Paula Delgado
EL PAÍS
