Roca Rey se erigió ayer en protagonista de la Feria del Caballo de Jerez de la Frontera al cortar cuatro orejas en una corrida marcada desde el inicio por la enorme expectación mediática que rodeaba la reaparición de Morante.
Roca Rey se erigió ayer en protagonista de la Feria del Caballo de Jerez de la Frontera al cortar cuatro orejas en una corrida marcada desde el inicio por la enorme expectación mediática que rodeaba la reaparición de Morante. Seguir leyendo
Roca Rey se erigió ayer en protagonista de la Feria del Caballo de Jerez de la Frontera al cortar cuatro orejas en una corrida marcada desde el inicio por la enorme expectación mediática que rodeaba lareaparición de Morante.
El diestro sevillano presidió por la mañana la inauguración del monumento a Rafael de Paula que ha fundido en bronce el escultor Martín Lagares
Antes de que saliera el primero ya le habían tocado las clásicas palmas por bulerías. Con el capote en la mano, dispuesto a torear desde el primer encuentro, hubo dos o tres lances que resplandecieron como relámpagos, pero el animal evidenció no estar sobrado de fuerzas. Morante renunció al quite y pidió el cambio.
Inició su faena con hermosos ayudados por alto. Al toro, obediente, le faltaba clase y orden en la embestida en una faena marcada por el compromiso del diestro de La Puebla que, paciente, llegó a exprimirle meritísimos naturales. Una ovación final rubricó que volvía sin mayor novedad.

Aún le quedaba el cuarto, al que iba a parar con unos airosos recortes girando sobre sí mismo. El galleo por chicuelinas tuvo torería añeja, reforzada con la evocadora larga cordobesa que terminó de dejar colocado al toro. El trasteo, que comenzó por ayudados, tuvo que medir una embestida áspera y desclasada a la que acabó dando fiesta con una ecuación de ciencia y gracia.
Andrés Roca Rey, que también había fijado su reaparición en Jerez, 23 días después de su grave percance de Sevilla, encontró la conexión del público en un largo y trepidante quite trufado de saltilleras y lances a una mano que abrochó con un capotazo de pecho.
Roca supo mantener ese hilo en una faena extensa e intensa, iniciada de rodillas, casi dejándose coger, que supo apurar la buena embestida y rajadita del tercero -con aire de toro de Núñez- al que toreó sobre ambas manos con ritmo y sentido. Remató con unas ceñidísimas bernadinas que preludiaron una estocada atravesada que necesitó el refrendo de un descabello que no impidió que cortara las orejas.
El diestro limeño se marchó a portagayola para saludar al sexto con lances a pies juntos. Su labor con la muleta no fue tan redonda como la anterior -tampoco lo era el toro, deslucido y loco por rajarse- y acabó pasándose de rosca de puro machacón, aunque el espadazo espoleó la concesión de otros dos trofeos, de muy distinto peso.
Castella, encastrado entre los dos gallos del corral, se encontró con un precioso burraco -el segundo- de alegre galope y que le permitió lucirse en un ceñido quite por tafalleras. La faena comenzó con estatuarios, ligados a buenos muletazos cambiados por bajo, pero el toreo fundamental nunca llegó a la altura de la profundidad de la embestida.
Con el quinto, un toro que se movió a trompicones en el último tercio, acabó construyendo una faena firme, algo apresurada y destemplada, que contó con la respuesta del público.
Toros de Jandilla, bien presentados. Resultó informal el primero; de buena condición el segundo, algo tardo al final; rajadito y con mucha clase el tercero; áspero el cuarto; se movió sin estilo el quinto y resultó manso y deslucido el sexto
Morante de la Puebla, ovación y palmas
Sebastián Castella, palmas tras aviso y ovación tras aviso
Roca Rey, dos orejas y dos orejas.
Plaza de Jerez de la Frontera (Cádiz). 15 de mayo. Primera corrida de la Feria del Caballo. Lleno.
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