Los versos de Lope, Calderón, Moreto o Shakespeare, entre otros, han sonado en las calurosas noches de una ciudad, Cáceres, que todos los años por estas fechas convierte su plaza de San Jorge, en pleno casco histórico, en un atractivo espacio escénico al aire libre capaz de albergar a 420 espectadores. Es aquí donde Marisa Caldera, directora del Festival de Teatro Clásico de Cáceres, suele servir los platos fuertes de una programación, explica ella, “pensada para satisfacer los variados gustos de un público que está muy acostumbrado a ver teatro clásico y que es, por tanto, muy exigente”.
Si atendemos exclusivamente a la calidad artística de los trabajos, y no tanto a la promoción que a veces los acompaña, uno de esos platos fuertes en esta 37ª edición, recién terminada, ha sido ‘Guitón Onofre (El pícaro perdido)’, una adaptación de la novela de Gregorio González que tiene a Pepe Viyuela como gran protagonista y que la Compañía Nacional de Teatro Clásico ha incluido en su programación la temporada que viene. Acompañado únicamente en escena de la maravillosa arpista Sara Águeda -muy curtida ya como intérprete en proyectos puramente teatrales-, el popular cómico saca a relucir toda su colección de talentos interpretativos, que no es pequeña, para hacer una verdadera exhibición -imbuida de su proverbial vis cómica- en el manejo de la voz, el gesto, el movimiento y el ritmo dramático. Él mismo firma la adaptación del texto, junto a Bernardo Sánchez, de este hermoso juguete dirigido por Luis d’Ors, donde queda demostrado que el teatro popular puede estar hecho de manera extraordinaria sin tener que renunciar para ello a una cierta ambición intelectual.
Pero ha habido mucho más a lo largo de estos 25 días –y no solo vinculado al teatro de texto– dentro de una programación, según Marisa Caldera, configurada con dinero… y también con ingenio. “Es habitual que los programadores nos quejemos de no tener suficiente presupuesto -afirma la directora-; pero no es mi caso. Yo tengo un buen presupuesto, y allá donde no llega el dinero…, llega la imaginación para seguir inventando y proponiendo cosas interesantes”.
La danza ha estado presente, por ejemplo, en el ballet ‘Romeo y Julieta’ que ha traído hasta nuestro país el coreógrafo ucraniano Alexey Bogutskyi y su compañía Worldwide Ballet Theater, que reúne a bailarines de primer nivel internacional formados en academias como la Vaganova de San Petersburgo o la Ópera de París.
Mucho menos exótica ha resultado en Cáceres la presencia de Rafael Álvarez, el Brujo, que es ya casi tan clásico como el propio festival. El conocido actor llegaba enfundado en uno de sus personajes favoritos, y que da nombre al bululú en el que está sumido en estos últimos tiempos: ‘El Lazarillo de Tormes’.
Más espectacular y vistoso, en cuanto a formato, ha sido el montaje que Teatro del Temple ha hecho de ‘La vengadora de las mujeres’, una obra de Lope de Vega muy transgresora, y muy poco conocida, que la compañía aragonesa dirigida por Carlos Martín ha coproducido, por primera vez a lo largo de su trayectoria, con la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
También ha habido en San Jorge dos estrenos absolutos sobre textos de Calderón de la Barca: la adaptación en prosa de ‘Casa con dos puertas mala es de guardar’, dirigida por Fernando Ramos, y ‘El sueño es vida’, la reversión en clave contemporánea de ‘La vida es sueño’ que propone la compañía ilicitana Arroz con Costra.
Y, antes de que Borja Rodríguez cerrase este año la programación en ese espacio con su aproximación a ‘El lindo don Diego’, protagonizada por Alfonso Lara, llegaba otro de los grandes reclamos para los más teatreros: Els Joglars. La histórica compañía fundada por Albert Boadella ha recurrido en esta ocasión a Cervantes para arremeter contra la hipocresía de la sociedad actual en una particular y mordaz versión de ‘El retablo de las maravillas’.
En cuanto a lo que ha deparado la programación en el resto de espacios, que no son pocos, es obligado hablar de ‘Dulcinea’ por su vocación comercial, es decir, por el interés que siempre despierta un espectáculo así dentro de eso que llamamos “el gran público”. El Gran Teatro de Cáceres ha acogido dos días consecutivos esta función que combina humor e ironía, y que el infatigable dramaturgo y director Juan Carlos Rubio ha concebido a medida de Paloma San Basilio. Acompañada en escena únicamente del pianista y director musical Julio Awad, la veterana cantante y actriz ha vuelto a incorporarse, con este montaje, al circuito teatral de nuestro país después de un tiempo apartada de él.
Como curiosidad, este año ha tenido lugar, también en el Gran Teatro, una nueva actividad de la que se siente muy orgullosa la directora del festival: “Hemos montado un campamento infantil, de una semana de duración, donde los niños han aprendido de manera lúdica todas las mañanas a hacer títeres, máscaras… Para finalizar el campamento hemos hecho una representación, donde los padres y las madres han podido disfrutar del trabajo de sus hijos”.
Compañías ya históricas como Els Joglars o Teatro del Temple junto a populares artistas como Pepe Viyuela, el Brujo o Paloma San Basilio han sido protagonistas de la 37ª edición del Festival de Teatro Clásico de Cáceres
Los versos de Lope, Calderón, Moreto o Shakespeare, entre otros, han sonado en las calurosas noches de una ciudad, Cáceres, que todos los años por estas fechas convierte su plaza de San Jorge, en pleno casco histórico, en un atractivo espacio escénico al aire libre capaz de albergar a 420 espectadores. Es aquí donde Marisa Caldera, directora delFestival de Teatro Clásico de Cáceres, suele servir los platos fuertes de una programación, explica ella, “pensadapara satisfacer los variados gustos de un público que está muy acostumbrado a ver teatro clásico y que es, por tanto, muy exigente”.
Si atendemos exclusivamente a la calidad artística de los trabajos, y no tanto a la promoción que a veces los acompaña, uno de esos platos fuertesen esta 37ª edición, recién terminada, ha sido ‘Guitón Onofre (El pícaro perdido)’, una adaptación de la novela de Gregorio González que tiene a Pepe Viyuela como gran protagonista y que la Compañía Nacional de Teatro Clásico ha incluido en su programación la temporada que viene. Acompañado únicamente en escena de la maravillosa arpista Sara Águeda -muy curtida ya como intérprete en proyectos puramente teatrales-, el popular cómico saca a relucir toda su colección de talentos interpretativos, que no es pequeña, para hacer una verdadera exhibición -imbuida de su proverbial vis cómica- en el manejo de la voz, el gesto, el movimiento y el ritmo dramático. Él mismo firma la adaptación del texto, junto a Bernardo Sánchez, de este hermoso juguete dirigido por Luis d’Ors, donde queda demostrado que el teatro popular puede estar hecho de manera extraordinaria sin tener que renunciar para ello a una cierta ambición intelectual.
Pero ha habido mucho más a lo largo de estos 25 días -y no solo vinculado al teatro de texto- dentro de una programación, según Marisa Caldera, configurada con dinero… y también con ingenio. “Es habitual que los programadores nos quejemos de no tener suficiente presupuesto -afirma la directora-; pero no es mi caso. Yo tengo un buen presupuesto, y allá donde no llega el dinero…, llega la imaginación para seguir inventando y proponiendocosas interesantes”.
La danza ha estado presente, por ejemplo, en el ballet ‘Romeo y Julieta’ que ha traído hasta nuestro país el coreógrafo ucranianoAlexeyBogutskyi y su compañía Worldwide Ballet Theater, que reúne a bailarines de primer nivel internacional formados en academias como la Vaganova de San Petersburgo o la Ópera de París.
Mucho menos exótica ha resultado en Cáceresla presencia de Rafael Álvarez, el Brujo, que es ya casi tan clásico como el propio festival. El conocido actor llegaba enfundado en uno de sus personajes favoritos, y que da nombre albululú en el que está sumido en estos últimos tiempos: ‘El Lazarillo de Tormes’.
Más espectacular y vistoso, en cuanto a formato, ha sido el montaje que Teatro del Temple ha hecho de ‘La vengadora de las mujeres’, una obra de Lope de Vega muy transgresora, y muy poco conocida, que la compañía aragonesa dirigida por Carlos Martín ha coproducido, por primera vez a lo largo de su trayectoria, con la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
También ha habido en San Jorge dos estrenos absolutossobre textos de Calderón de la Barca: la adaptación en prosa de ‘Casa con dos puertas mala es de guardar’, dirigida por Fernando Ramos, y ‘El sueño es vida’, lareversión en clave contemporánea de ‘La vida es sueño’ que propone la compañía ilicitana Arroz con Costra.
Y, antes de que Borja Rodríguez cerrase este año la programación en ese espacio con su aproximación a ‘El lindo don Diego’, protagonizada por Alfonso Lara, llegaba otro de los grandes reclamos para los más teatreros: Els Joglars. La histórica compañía fundada por Albert Boadella ha recurrido en esta ocasión a Cervantes para arremeter contra la hipocresía de la sociedad actual en una particular y mordaz versión de ‘El retablo de las maravillas’.
En cuanto a lo que ha deparado la programación en el resto de espacios, que no son pocos, es obligado hablar de ‘Dulcinea’ por su vocación comercial, es decir, por el interés que siempre despiertaun espectáculo asídentro de eso que llamamos “el gran público”. El Gran Teatro de Cáceres ha acogido dos días consecutivos esta funciónque combina humor e ironía, y que el infatigable dramaturgo y director Juan Carlos Rubio ha concebido a medida de Paloma San Basilio. Acompañada en escena únicamente del pianista y director musical Julio Awad, la veterana cantante y actriz ha vuelto a incorporarse, con este montaje, al circuito teatral de nuestro paísdespués de un tiempo apartada de él.
Como curiosidad, este año ha tenido lugar, también en el Gran Teatro, una nueva actividad de la que se siente muy orgullosa la directora del festival: “Hemos montado un campamento infantil,de una semana de duración, donde los niños han aprendido de manera lúdica todas las mañanas a hacer títeres, máscaras… Para finalizar el campamento hemos hecho una representación, donde los padres y las madres han podido disfrutar del trabajo de sus hijos”.
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