Cuando Pedro Sánchez se pone serio , y todavía no hemos visto ni la mitad de lo que es capaz, suele pedir a los españoles que se informen a través de «organismos oficiales y medios de comunicación contrastados». Cuando Pedro Sánchez se pone serio es porque se ha ido la luz para todo el día, porque llueve mucho por la parte de Valencia o porque ha descarrilado un tren pasando Córdoba. Y cuando Pedro Sánchez se pone serio, España entera pone la tele más seria que hay, que es TVE, emisora que acaba de redoblar su firme compromiso con la transparencia, el contraste de sus fuentes y la identificación de las mismas con una etiqueta –nueva a estrenar, pero de uso discrecional; emisión en pruebas– que advierte al espectador de la procedencia de la señal que retransmite, como esos pescados que vienen con la matrícula del barco que les echó las redes. Trazabilidad de mercado. «Imagen cedida por el PSOE», pone en la esquina de la pantalla en la que aparece el presidente del Gobierno, estrenando cazadora en un mitin de la campaña aragonesa.En TVE convergen las dos condiciones –organismo oficial y medio de comunicación contrastado– que impone Sánchez al pueblo desinformado para que se entere con fiabilidad y perspectiva de lo que pasa y le interesa, y justo es reconocer el avance que en aras de la deontología representa el cartelito de la cesión de imágenes que colocaron el otro día en la cadena pública, u oficial, según el propio nomenclátor sanchista.Nos encontramos así, semietiquetados, a mitad de camino del largo proceso de exhumación y afloramiento de las fuentes subterráneas de la información que filtra y suministra la cadena estatal, que en un notable ejercicio de rastreo y catalogación identifica ya la procedencia de la señal televisiva –Ferraz– mientras camufla de mala manera el origen y la inspiración de su línea editorial.«¿Cómo hacen frente a la campaña de intoxicación en marcha?», preguntan a Óscar Puente en el cuartel de Intxaurrondo. Por ‘campaña de intoxicación’ la cuartelera se refería el otro día a las revelaciones de los medios a los que, replicando el delirio y el instinto de Sánchez, acusó en abril de 2024 y a través de un manifiesto de «golpismo».Apenas nos encontramos a mitad de camino. «Desvarío inducido por La Moncloa» es el rótulo que maneja la dirección de TVE para advertir al espectador de los estados condicionados que atraviesa su cuadrilla de locutores. Trazabilidad. Cuando Pedro Sánchez se pone serio , y todavía no hemos visto ni la mitad de lo que es capaz, suele pedir a los españoles que se informen a través de «organismos oficiales y medios de comunicación contrastados». Cuando Pedro Sánchez se pone serio es porque se ha ido la luz para todo el día, porque llueve mucho por la parte de Valencia o porque ha descarrilado un tren pasando Córdoba. Y cuando Pedro Sánchez se pone serio, España entera pone la tele más seria que hay, que es TVE, emisora que acaba de redoblar su firme compromiso con la transparencia, el contraste de sus fuentes y la identificación de las mismas con una etiqueta –nueva a estrenar, pero de uso discrecional; emisión en pruebas– que advierte al espectador de la procedencia de la señal que retransmite, como esos pescados que vienen con la matrícula del barco que les echó las redes. Trazabilidad de mercado. «Imagen cedida por el PSOE», pone en la esquina de la pantalla en la que aparece el presidente del Gobierno, estrenando cazadora en un mitin de la campaña aragonesa.En TVE convergen las dos condiciones –organismo oficial y medio de comunicación contrastado– que impone Sánchez al pueblo desinformado para que se entere con fiabilidad y perspectiva de lo que pasa y le interesa, y justo es reconocer el avance que en aras de la deontología representa el cartelito de la cesión de imágenes que colocaron el otro día en la cadena pública, u oficial, según el propio nomenclátor sanchista.Nos encontramos así, semietiquetados, a mitad de camino del largo proceso de exhumación y afloramiento de las fuentes subterráneas de la información que filtra y suministra la cadena estatal, que en un notable ejercicio de rastreo y catalogación identifica ya la procedencia de la señal televisiva –Ferraz– mientras camufla de mala manera el origen y la inspiración de su línea editorial.«¿Cómo hacen frente a la campaña de intoxicación en marcha?», preguntan a Óscar Puente en el cuartel de Intxaurrondo. Por ‘campaña de intoxicación’ la cuartelera se refería el otro día a las revelaciones de los medios a los que, replicando el delirio y el instinto de Sánchez, acusó en abril de 2024 y a través de un manifiesto de «golpismo».Apenas nos encontramos a mitad de camino. «Desvarío inducido por La Moncloa» es el rótulo que maneja la dirección de TVE para advertir al espectador de los estados condicionados que atraviesa su cuadrilla de locutores. Trazabilidad. Cuando Pedro Sánchez se pone serio , y todavía no hemos visto ni la mitad de lo que es capaz, suele pedir a los españoles que se informen a través de «organismos oficiales y medios de comunicación contrastados». Cuando Pedro Sánchez se pone serio es porque se ha ido la luz para todo el día, porque llueve mucho por la parte de Valencia o porque ha descarrilado un tren pasando Córdoba. Y cuando Pedro Sánchez se pone serio, España entera pone la tele más seria que hay, que es TVE, emisora que acaba de redoblar su firme compromiso con la transparencia, el contraste de sus fuentes y la identificación de las mismas con una etiqueta –nueva a estrenar, pero de uso discrecional; emisión en pruebas– que advierte al espectador de la procedencia de la señal que retransmite, como esos pescados que vienen con la matrícula del barco que les echó las redes. Trazabilidad de mercado. «Imagen cedida por el PSOE», pone en la esquina de la pantalla en la que aparece el presidente del Gobierno, estrenando cazadora en un mitin de la campaña aragonesa.En TVE convergen las dos condiciones –organismo oficial y medio de comunicación contrastado– que impone Sánchez al pueblo desinformado para que se entere con fiabilidad y perspectiva de lo que pasa y le interesa, y justo es reconocer el avance que en aras de la deontología representa el cartelito de la cesión de imágenes que colocaron el otro día en la cadena pública, u oficial, según el propio nomenclátor sanchista.Nos encontramos así, semietiquetados, a mitad de camino del largo proceso de exhumación y afloramiento de las fuentes subterráneas de la información que filtra y suministra la cadena estatal, que en un notable ejercicio de rastreo y catalogación identifica ya la procedencia de la señal televisiva –Ferraz– mientras camufla de mala manera el origen y la inspiración de su línea editorial.«¿Cómo hacen frente a la campaña de intoxicación en marcha?», preguntan a Óscar Puente en el cuartel de Intxaurrondo. Por ‘campaña de intoxicación’ la cuartelera se refería el otro día a las revelaciones de los medios a los que, replicando el delirio y el instinto de Sánchez, acusó en abril de 2024 y a través de un manifiesto de «golpismo».Apenas nos encontramos a mitad de camino. «Desvarío inducido por La Moncloa» es el rótulo que maneja la dirección de TVE para advertir al espectador de los estados condicionados que atraviesa su cuadrilla de locutores. Trazabilidad. RSS de noticias de play
